Y ahora un poema…

Los memes son una experiencia universal y son parte de nuestro día a día; de pronto nos encontramos formulando chistes, alegorías o conversaciones haciendo referencia a ellos. Estos podrán ser menos o más complejos, pero sí capaces de generar alguna emoción, identificación o interpretación en quien los ve, ya sea por casualidad.

Te levantas y tomas tu celular mientras te estrujas los ojos y despejas las lagañas como haciendo espacio entre la maleza. Desbloqueas la pantalla y empiezas a abrir las aplicaciones. Primero, los mensajes del grupo de la familia: son diez mensajes sin leer. La mayoría de ellos son memes, algunos te hacen reír, otros solo los miras y ya. Así sucesivamente por todos los grupos y charlas que tienes pendientes. Luego abres Facebook, Instagram, Twitter; también ves memes y los compartes. Así puede irse toda la mañana o gran parte del día, viendo memes, reaccionando a ellos, ignorándolos, algunos no los entiendes, otros los modificas para hacer reír a tus amistades. Es difícil decir con exactitud hace cuánto tiempo los memes se volvieron una parte tan importante en nuestras conversaciones diarias. En publicidad se le llama insight a una experiencia universal, un hábito o situación con la que todas las personas o al menos la gran mayoría nos podemos identificar, ese tipo de experiencia es la que expresan los memes y es por eso que, a pesar del idioma, su código visual funciona sin importar las diferencias geográficas, idiomáticas o culturales. En estos momentos alguna joven de otro continente está haciendo un gesto tan gracioso que, afortunada o desgraciadamente, está siendo registrado y subido a internet; alguien más ve esa expresión tan genuina y decide colocarle una frase que exprese una situación, sentimiento o circunstancia tan peculiar y a la vez tan universal que empieza a circular por toda la red. Así nace un meme, y su esperanza de vida puede ser corta o puede ser muy larga, pero no puede ser borrada.

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Resulta imposible que no se nos atraviese un meme a lo largo de nuestro día. / Fotografía: Mauricio Paco.

Hace meses, mientras mataba el tiempo en Twitter, me crucé con un pensamiento, hecho tuit, de la poeta argentina Valeria Mussio, donde hacía una comparación entre el efecto del meme y el de un poema. En ese sentido, hasta entonces no había relacionado de forma tan precisa al meme y la poesía. ¿Qué es la poesía? Eso quizás es tema para otro texto, se han escrito mares de tinta y texto digital (hasta videos) debatiendo al respecto, pero, para avanzar, diremos que la poesía –según Wikipedia– sería una manifestación de la belleza o del sentimiento estético por medio de la palabra. Por otro lado, los memes llegarían a ser elementos culturales o de comportamiento que se transmiten de persona a persona o de generación en generación; según Richard Dawkins, los memes serían unidades culturales aprendidas o asimiladas genéticamente; así que, de una forma más intuitiva, podemos definir los memes como imágenes o videos que se transmiten en internet y que, en ese proceso, se van modificando, pero manteniendo su propio código. Con esto me refiero a que podemos cambiar ciertas palabras para que el meme se apegue a la coyuntura y su humor crezca para un grupo de personas.

Entonces, ¿qué tiene que ver esto con la poesía? El poema además de desafiar el lenguaje, genera imágenes, emociones, pensamiento e ideas; pues así también funciona el meme. El del meme puede ser diferente al de un poema, pero su efecto y peso emocional podría ser similar. En su momento los poemas eran aprendidos de memoria y asimilados por las sociedades como propios, muchas veces desapareciendo la figura del autor; los memes también son apropiados por las personas y el creador original se mantiene en el anonimato o es desplazado por la cantidad de resignificaciones y modificaciones que adquiere su creación.

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Hemos visto evolucionar los memes; su crecimiento y alcance son universales. / Fotografía: Mauricio Paco.

Las líneas entre poesía y meme se hacen aún más difusas cuando artistas trabajan estos formatos, como fue “LOGIN”, la más reciente exposición de Carmen Fonseca y Rayssa Viana, en el Museo de Arte Contemporáneo de Santa Cruz. En la muestra se podían apreciar piezas dadaístas que utilizaban elementos como stickers y códigos meméticos con la intención de expresar la poética de una generación que creció no solo consumiendo ese tipo de humor y contenido, sino, y sobre todo, creándolo. Memes pintados en lienzo con acrílico, memes bordados, pensamientos o poemas hechos memes. “LOGIN” fue una muestra lúdica que también generaba diálogo y cuestionamiento del uso de las redes sociales y su peso en nuestras personalidades e identidades. Quizá la línea se borra por completo cuando se trata de poesía visual y meme, pues el código visual del meme y el uso de las palabras pueden generar un efecto poético. Otro ejemplo del meme como objetivo poético es la obra creada y difundida por el colectivo mexicano Broken English, que con herramientas y recursos digitales generan una poética desde y a través de memes.

Es posible que en estos momentos una persona esté siendo grabada mientras discute con otra, que el encuentro esté siendo registrado y subido a internet; el resto es un poema.

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Los memes pueden ser citados, parafraseados, compartidos, adaptados. Su lenguaje puede ser llegar o estar cargado de referencias que lo hagan más complejo. / Fotografía: Mauricio Paco.
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