Cosmovisión albiceleste
“Yo soy Pachamama
Y en ti sigo latiendo”
-Walter I.
La Pachamama está en todo lado, hasta en la boca de los argentinos, que parecen vivir en una estratosfera distinta, singular, dominada por el fútbol, lejos de las conexiones con la tierra o con las deidades, porque —todos saben— que tienen a su propio Ser D1vin0. Es por este motivo que quedé incrédulo cuando vi un anuncio de un taller de la Pachamama y los apus, dictado en el país que parecía marcar distancia mayormente frente a las expresiones indígenas.
Por la suma de 25 mil pesos argentinos (185 bolivianos, más o menos, o 25 dólares), una tarotista te envía un link para que ingreses a su Meet, donde vacía sus conocimientos ancestrales sobre esta creencia andina, que desde niño siempre creí propias de mi abuelita, de mi madre, de mis vecinos y veía a los extranjeros inmutables frente al sahumerio o a los pedidos de salud, dinero y amor a la tierra.
Y es que es culpa de la televisión que me vendió a VideoMatch, Pasión de Sábado y los Cebollitas como el anclaje referencial sobre la imagen de los argentinos. Hasta ahora, me resulta difícil y curioso, que se hable de la Pachamama fuera de las fronteras, sabiendo que Bolivia —hasta en cultura— exporta poco en relación a las importaciones.
“Ahora, ya se acostumbraron, incluso algunos argentinos que son muy cercanos a las familias bolivianas, son invitados a ser parte de la ceremonia. Y se acoplan muy fácilmente, les gusta aprender de nuestras costumbres, ya que son únicas”, me cuenta Waldir, un compañero de colegio que vive hace años en Buenos Aires, en la zona de Parque Avellaneda, cerca del estadio de Atlético Español.
En las villas, los bolivianos hacen explotar cohetillos para espantar la mala suerte, dan de beber y comer a la Pachamama con la facilidad de tener un portal mágico, que les permite estar en Bolivia y a la vez en Argentina. Pero fuera de ese perímetro hay que andar con cuidado, porque no todos entienden el significado de estos rituales.
“En mi caso, una vez que hicimos la challa, era un barrio nuevo para nosotros, y como siempre charlamos y tiramos los cohetillos, en menos de cinco minutos vino la Policía a preguntar qué había pasado por la queja de un vecino”, relata Waldir. Con el pasar de los años, los agentes se han familiarizado y bajado la guardia con las manifestaciones culturales bolivianas.
Los dulces de colores en forma de autos, casas o tiendas, son infaltables en la mesa boliviana, de agradecimiento y petición. En Argentina, la singularidad está en que hay dulces que tienen grabados talleres de costura, la mayor actividad de los bolivianos migrantes, después de la agricultura, el comercio y la construcción. Según el Censo de 2022, realizado en el vecino país, hay 338.299 coterráneos viviendo allá, de forma legal, y se estima que la cifra sube a un millón, tomando en cuenta a los ilegales, con un 70% en Buenos Aires.
Dentro de esa nostalgia, que tiene su himno en la voz de David Castro, los compatriotas reciben agosto con ofrendas para la prosperidad y con los resultados a la vista, con bolivianos dueños de verdulerías, negocios y conduciendo camionetas. El crédito de la Pachamama aumentó, siendo vista, entre los tarotistas, como una aliada, una defensora y protectora, acomodándose en los hogares argentinos.
“En las Alasitas vi a mucha gente que no es boliviana (argentinos, paraguayos, peruanos) comprar, hacer challar y bendecir sus miniaturas. Muchos ya creen en nuestras costumbres, ya que les funcionó, porque lo hacen con la fe que nosotros les enseñamos, y es muy lindo ver que nuestra cultura es muy contagiosa”, cuenta Waldir, quien, con su esposa, también boliviana, formaron una familia allá, donde “en todo el tiempo que estoy aquí, la gente nos trató bien”.
Pero, ¿qué contiene la mesa de ofrenda de un argentino? ¿Qué lugares sagrados tiene Argentina? ¿El Obelisco? ¿Hay sullus debajo de la Bombonera o del Monumental? ¿El Diegote le pidió ayuda en el Mundial 86? ¿En serio que la Pachamama quita lo mufa? Muchas preguntas, che.
Supongamos que sí, que el Diego hablaba fluido con la Pachamama, ella en su infinita bondad lo cubrió de un aura que le permitió al “10” ser intocable para los ingleses en la jugada del épico gol y no contenta con eso, le regaló la Mano de Dios, que vendría a ser en realidad la Mano de la Pachamama.
Sin embargo, de la manera que se pide, se va. El precio de la gloria eterna, vino en forma de castigo —seguro por no cumplir con alguna promesa a la Madre Tierra— y, desde México 86´, el Diego quedó como mufa, en su faceta como futbolista y entrenador, hasta pagar con su vida el encargo (25 de noviembre de 2020). En Qatar 2022, el maleficio había desaparecido.
Y, bueno, yendo más atrás, el general José San Martín y Manuel Belgrano han debido escuchar algo de la Pachamama durante el Cruce de los Andes (1817), en su campaña por llevar libertad a los pueblos oprimidos de la región, soportando el sorojchi. Ahí imagino que saltó la tecla del “Fantasma de la Altura”, como pretexto por encima del carácter de desafío.
Ese conocimiento ancestral quedó enraizado en el norte argentino, en Salta y Jujuy, por La Rioja, donde se percibe un aire más de tradiciones, todavía el viento esparce cultura antigua; tal vez ahí, dialogan con lo Sagrado, sobando alto mate. De ahí, el salto a la capital bonaerense llegó como humo de incienso y fue reforzado con la migración de coterráneos, laburantes que ocupan los talleres de costura y los sembradíos.
A finales de julio, el portal Soyturistalarioja informaba que: “una impactante imagen de la Estación 3 del Cable Carril refleja la magnitud del incendio que afecta a las sierras de Chilecito”, una noticia compartida por Marcelo, tarotista argentino y dueño de un restaurante en La Rioja, agregando que: “Ya podemos ver como nuestra Pacha está enojada por faltarle el respeto y olvidarla”. Para él, cuidar la tierra es cuidar la vida.
“¡Feliz Pachamama para todos!”, con esta enhorabuena, Marcelo abre el grupo de WhatsApp de la Escuela de Magia Esotérica. Nunca, en este lado de Bolivia, había escuchado que te feliciten el 1 de agosto. Se están perdiendo valores, dirá alguno. En la Calle de las Brujas se comercializan las mesas, con y sin fetos de llamas, donde el precio va de 50 bolivianos hasta 250, dependiendo de los favores solicitados. Estas mesas arderán como chimeneas de fábricas en las puertas de los negocios urbanos, paradójicamente, contaminando al aire.
En la Sagarnaga, la conversación es de vendedor a comprador, distinto a comparación del ambiente donde Marcelo fue a comprar sus ofrendas. Otro motivo de envidia, porque allá es “un día de fiesta y lo lindo de hoy, cuando me vine a comprar todo lo mejor al mercado, dos personas dijeron ´feliz día de la Pacha´, que agradable escuchar eso, emocionante”, cuenta Marcelo, quien, como es su costumbre, cada mañana del 1 de agosto, prepara y toma, un licor de Caña de Ruda (con el nombre comercial de Pachamama), una bebida fermentada, que alivia los cólicos estomacales y protege de la mala suerte.
Entonado por esta bebida, Marcelo desafía al mal augurio: “Hay que empezar bien arriba (agosto)” e invita a los miembros del grupo de WhatsApp a hacer sus pedidos de limpieza y purificación, por la suma de 15 mil pesos argentinos (o 15 dólares) antes del viaje a las afueras de La Rioja.
Su llamado ha tenido respuesta y la naturaleza también ha dado su aprobación. Con el cielo azul despejado, en medio de cerros y montañas, una veintena de personas han armado sus mesas de ofrenda para la Pacha. Hay zanahorias, frutas, frutas secas, legumbres, flores comestibles, azúcar, agua, licor, encima de manteles depositados en el suelo, antes de ser enterradas. “Ni estas cosas me compro para mí, pero para ella (Pacha) todo, todo, todo, porque trabajo me da, salud, y me pone gente tan bella como ustedes”, se regocija Marcelo, quien le dio un Like a un poema de Walter I, uno de los miembros del grupo.
Cuando se trata de danzas y gastronomía arrebatadas por los otros vecinos, Bolivia no duerme esperando una retractación; sin embargo, frente a algo intangible y eterno, como la Pachamama, dudo que florezcan movimientos de indignación. ¿Por qué? Quizá porque lo que conocemos viene y termina en ella, para todos.
Mientras, en el norte de Argentina desborda la pasión, sin miramientos, hasta enaltecer a la Pachamama, con un lazo afectuoso y de respeto, dándole de comer directo a la boca, sin intervención del fuego. Esa gratitud queda como la garantía de que la apropiación ha pasado por un filtro de reciprocidad.
“La Pachamama es nuestro hogar, nuestro primer abrazo, el paraíso mismo bajo nuestros pies.
Nos lo brinda todo:
el alimento, el agua, el aire, el lugar que nos acoge… y no nos exige nada.”
-Walter I.

