Microtonos en escala de grises

Alan Santos nos habla del arte como un puente simbólico que conecta el inconsciente con la consciencia y da forma al vacío existencial y a la finitud humana.
Editado por : Adrián Nieve

Carl Gustave Jung postula que el símbolo no es una señal monosemántica. Lo describe, en cambio, como un puente entre el inconsciente y la mente consciente. Plagado de símbolos, imagino al arte como un tejido de puentes entre islas. Estos, a su vez, confluyen en el hub del arquetipo. 

Interpretamos lo esencial–inasible a través de nuestros sentidos; en consecuencia, podemos inferir que el cuerpo de la realidad depende de la experiencia individual. 

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¿Cuando el primer ser humano fue consciente de su finitud? 

Cuando el primer ser humano fue consciente de su finitud se enfrentó al sinsentido. La realidad pura es inaccesible e intolerable per se, es el caos del vacío existencial. Una de las funciones del arte es dar forma a ese vacío. La literatura, la música y las artes visuales —por citar algunos ejemplos— enmarcan la nada y dan significado a aquello invisible que intuimos. 

El resultado de este proceso es la oquedad. El lienzo y la página en blanco, el silencio que precede la interpretación de un huayño-sinfonía en el altiplano o El grito de Edvard Munch. La necesidad del vacío es, entonces, comparable al porqué de la caja de resonancia de un cordófono que amplifica el significado de aquello que la obra revela, como una imagen que se consigue tras someter la propia experiencia a la alquimia del alma. 

Cuando miras largo tiempo a un abismo, el abismo también mira dentro de ti, Siempre Nietzsche. Frente a la obra, comprendemos que el abismo es sempiterno. Observa y ha sido observado. Será observado. Los arquetipos lo habitan: anhelos y terrores primigenios que configuran el ethos de nuestra especie.

Desde otra perspectiva y detrás del gran angular de la filosofía china, observamos al abismo como la totalidad de la nada que permite la creación, por medio del flujo vital. Yin y yang como metáfora de movimiento perpetuo. Creador y creación como fuerzas complementarias que crean y son creadas. 

El tránsito interdisciplinario es, no solo, posible, sino necesario. Cada creación revela secciones del alma, sin la pretención de iluminar su cara oculta. Cada sección por si misma carece de significado; muchas, en contraste, son los atomos —-la escala de grises microtonal— que sostienen un puente, en este caso, audiovisual.

El puente descrito por Jung puede, también, ir a contracorriente; es decir: de la mente consciente al inconsciente. El paso obligatorio por el arquetipo permite la resignificación y permutación de conceptos. 

Podemos ilustrar esta idea de la siguiente forma. Cada expresión artística es comparable a una familia lingüística. El rumano y el catalán, por ejemplo, son lenguas romance; aunque ambas derivan del latín vulgar, son casi ininteligibles entre sí. El vocabulario en común es una prueba de su consanguinidad. Si seguimos la pista, encontraremos que las lenguas romance están emparentadas con las familias de  lenguas germánicas, celtas, eslavas y otras. El ancestro común es el indoeuropeo. La semilla germina en la necesidad humana de comunicar la abstracción. 

La conjetura lógica es que existe un ancestro común entre las expresiones sonoras y visuales. 

La extrapolación de conceptos no es nueva, en absoluto. La musicalidad, por ejemplo, es una búsqueda infructuosa para la poesía; podría afirmarse, incluso, que para la literatura. La musicalidad para la música, en cambio, es tan natural que su existencia sin ésta no se sostiene. Aunque esto parece una obviedad, existen ensayos literarios sobre musicalidad que podrían reducirse a la escucha activa de la polirritmia que se produce durante la ejecución de tambores en la saya. En contraste, bohemios coloquios sobre lo esquiva que aparenta ser la inspiración necesaria para escribir una canción romántica, podrían encontrar fin en un curso de escritura creativa. 

Conceptos como armonía, tonalidad y cromatismo resuenan con familiaridad en islas de expresión artística diversas. Inteligibles entre sí, la necesidad de comunicación invita a la creación de dialectos que toman como base las conexiones arquetípicas. Las islas son tierras emergidas de la misma materia. 

El dominio de la primera dinastía de inteligencia artificial generativa sostiene los pilares del proceso creativo presente. Cuando la ejecución de algoritmos permite la perfección artificial, ¿cuál es el sentido de la contemplación del abismo, de la permanente creación y tránsito de puentes interdisciplinares entre la mente consciente y el inconsciente?

El control absoluto de cada variable simula perfección: el fin de la necesidad de contemplación. Antinatural, incómoda como un rostro de simetría milimétrica. 

Tessera hopitalis es un objeto que al partirse en dos mitades cumple la función de santo y seña. Al volver a unirse, encajan a la perfección y dos individuos saben que entre ellos existe un pacto. Perfecta antítesis ilustrativa. 

La práctica prueba que conceptos compartidos por artes visuales y sonoros no se acoplan como piezas de Lego. El vacío se abre espacio entre las fisuras, hendiduras, asimetrías y otras imperfecciones. 

Blanco nacarado en do menor. Dominante de Vantablack. Cientos de imágenes que se sobreponen para simular la ilusión de continuidad. Rock postcontemporáneo que diluye las fronteras tonales de los trastes. 

Se dice que una obra saturada por la totalidad impide la autocontemplación. Cada técnica, concepto, escuela de pensamiento o herramienta es un intento por vencer al vacío. El vacío, sin embargo, es silencio y lienzo en blanco que permite el flujo vital que da cuerpo a aquello que ya existe y será revelado cuando el observador deje de buscarlo.

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