Breves apuntes sobre el odio y el enemigo: caso 'Santa Cruz $.A.' y otros

En su columna para 88 Grados, José Luis Durán nos habla de los enemigos, de la necesidad que a veces se tiene de ellos.

1. El odio es por naturaleza desinformado. Porque cualquier odio informado sería amor. 

2. Cuando le pregunté a mi tío por qué siempre peleaba en las fiestas, me respondió que las farras sin peleas son aburridas. Rápido, directo y simple. Ni siquiera pensó un poco su respuesta. La disparó sin más, sin un ápice de duda.  Y comencé a pensar que en la vida necesitamos de enemigos. Que es mucho mejor conseguirlos sin tener que buscarlos. Nos alimentamos. Parece que necesitamos rechazar. Necesitamos compararnos, necesitamos enfrentarnos; no solo creamos al enemigo, sino que con él nos creamos a nosotros mismos. 

3. ¿El enemigo es siempre una ficción? Pienso que sí. 

4. Es inevitable no pensar en el malestar, el odio desinformado, alrededor del libro Santa Cruz $.A. En las alabanzas a Tatiana Marset. O en las fotografías atacadas sobre la coca machucada y el pijcho. Si el enemigo es una amenaza, estos ejemplos nos demuestran que nosotros elegimos nuestras amenazas. Los disparos con armas de fuego, cada vez más diarios, no despiertan nuestras alarmas. Pero parece que un hombre mascando hoja de coca con el cachete inflado es la amenaza que nos destruirá, que afectará al “nosotros”. 

5. “…la primera persona del plural es muy conflictiva”, escribió Antonio Muñoz Molina en Todo lo que era sólido, un libro muy personal que viaja entre el ensayo y la anécdota, estudiando la crisis del 2008 en España. Qué cómodo y a la vez perverso es decir “nosotros”. Parece una forma de escudarnos de un problema no identificado, de escondernos detrás de la identidad. “Nosotros”.  Muñoz Molina continúa: “Si hay algo que puedo recordar con claridad de ese ayer que se quedó tan lejos es la escalada en la vehemencia y en la multiplicación de los diferentes nosotros, en cada caso acompañada por la hostilidad hacia unos 'otros' o 'ellos' a los que se definía cada vez más torvamente”.

5. Para Ambrose Bierce el odio es un “sentimiento cuya intensidad es proporcional a la superioridad que lo provoca”. Una investigación como la de Santa Cruz $.A. (buena o mala, no lo sabemos porque no la leemos) es superior. Una publicación es superior. La exposición de datos, referencias, metodología, bibliografía, genera un espacio de mensaje superior. No porque los datos sean perfectos o irrefutables, sino porque hacen que una enunciación sea “legítima”. Y esa superioridad inquieta, molesta. 

6. Pero nos molesta por otra razón: no queremos debatir. Toda publicación debería incitarnos al debate, al enfrentamiento de ideas. Y lo hace. Pero esta es otra causa de molestia, porque en lugar de dejarme en mi endogamia digital, en la comodidad de mi algoritmo, me inquietas, me mueves el piso y me obligas a cuestionarme. Eso no me gusta. Molesta mucho más el hecho de que no es que no quiera debatir, sino que no puedo hacerlo. 

6. Por eso odiamos sin informarnos. Rechazamos por pura simpleza emocional. Creamos con urgencia al enemigo porque lo necesitamos. 

7. No había la necesidad de leer el libro Santa Cruz $.A. Había la necesidad de odiar.  

8.  En el libro El enemigo en política (escrito por tres autores: Finlay, Holsti y Fagen) se resalta una idea central de la manipulación del conflicto y creación de enemigos: el ratificar la existencia del nosotros y mantener su unidad. “Esta actividad (la de la manipulación del conflicto con un enemigo) permite mantener la estructura del grupo y fortalecer la cohesión amenazada por el relajamiento de las energías o la discrepancia”. 

9. Más adelante, en el mismo libro, dice algo mucho más interesante: “una dimensión importante del concepto de enemigo se refiere a la política de justificación ideológica –es decir, la utilización del enemigo para racionalizar, explicar o legitimar actos y hechos, y para movilizar energías encaminadas al mantenimiento o realización de ciertas metas”.

10. Entonces creamos al enemigo porque necesitamos que exista. ¿Para ciertas metas? Quizá. Qué metas a realizar hay detrás de mostrar al colla como “atacante y un envidioso de los éxitos del camba” o atentar contra fotografías de coca machucada o el acto del pijcho, cada vez más común y presente en nuestras actividades corporativas y sociales. Es una cuestión importante.

11. ¿Por qué un libro, un comentario, una imagen molestan tanto? Creo que porque estamos intentando defender los imaginarios equivocados. Intentando mantener a partir del rechazo identidades sostenidas por la imaginación, la narración, los medios y la ficción. Imaginarios que se han idealizado y reforzado en la única dimensión accesible: la simbólica. 

12. Recordemos lo que dice Jean Baudrillard. En un mundo donde el contacto con la realidad está anulado por los filtros mediáticos, por la pantalla, nos dedicamos a trabajar con representaciones y ellas intentan reforzar su falta de lo “real” con la potenciación de lo simbólico. En un mundo digital, no se necesita acabar con el enemigo a tiros; sino que se necesita destrozar el peso simbólico de su representatividad. Y viceversa, se necesita defender a muerte, con toda bronca, rechazo y odio, lo simbólico. Caso contrario, el imaginario no tendría la fuerza de aparentar “realidad” y “verdad”, y con ambas, legitimidad.

13. Por qué creo que son imaginarios equivocados. Porque se sustentan en el odio. Los invito a buscar el video de Los Juegos del Hambre en Santa Cruz del podcast Modo Espectador de este señor llamado Mario del Alcázar. Es preocupante. 

14. Mi tío se la pasa muy bien peleando estando borracho. Podría parecer una banalidad, pero no lo es. A pesar de estar borracho, es una acción bastante racional. Porque en su odio, en cada golpe contra alguien, él intenta reforzar esa ficción que cree ser.

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