Batman reinicia

Eres Bruce Wayne y necesitas aceptar tu oscuridad, tu pasado y comenzar de nuevo, en este inmersivo texto de Alan Santos.
Editado por : Adrián Nieve

Usted provocó el incendio, señor Wayne.

Cenizas quedan del olimpo que construyó al saberse mortal en tierra de dioses. Torre de Babel infestada de traumas que blasfemaban en mil lenguas ultrasónicas. Autoexiliado en la garita de la cima, vigilaba el horizonte hasta que la curvatura de la realidad descendía y le obligaba a contemplar la profundidad del vacío. 

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Imagen: 88 Grados

No podía permitirse un respiro, siquiera una siesta. Habitar la pesadilla era preferible a soñarla, no estaba dispuesto a perder el control. Usó el insomnio como moneda para pagar su estadía en el presente continuo. 

Parpadeó. Despertó entre las llamas: había soñado el insomnio. 

No debe sentirse culpable por haber huido. Su única obligación era salvarse usted. No podía hacer nada por nadie más.

Culpa.

Sudoración, taquicardia, cefalea, náuseas y más. Culpa: ecuación casi divina que explica el todo. Fruto del miedo. Vamos a escarbar profundo, hasta encontrar la raíz. 

El Freak Show que exhibía a sus demonios en los bajos de la torre —la cueva— era una estructura rizomática enmarañada. ¿Qué pasó después del incendio? Soñaba que despertaba y despertaba antes de saber porqué escapó. Pesadilla fractal que hacía del tiempo una camisa de fuerza. 

Debe volver al presente. Respire. 

Y de pronto todo era un deber. El único destino posible era seguir las reglas.

No siempre se puede encontrar la raíz. Haber perdido a sus padres, tal vez. De alguna forma, aprendió a convivir con la parte de usted que provocó el incendió. Ahora es una persona diferente. Todos tenemos derecho a cambiar. Aprenderá a vivir con lo que pasó y seguirá con su vida. No deje la terapia y verá que no es el fin. 

Respire. 

Bruce Wayne guarda sus pertenencias. Respira y vuelve al presente. Está curado, le dicen. ¿Qué día es? Ninguno en especial. La culpa sigue ahí, con un filtro compresor que hace sus gritos inaudibles para un humano.

Qué somos sin nuestros demonios. Nuestra sombra es la prueba de nuestra existencia. Wayne voltea, no para ver la fachada del hospital psiquiátrico ni para volver al momento en el que inició el incendio. Confirma que su sombra aún existe. Bendita oscuridad. 

Ya no hay un mundo que defender. Debe construirse uno nuevo. De entre los escombros, rescata la máscara tereomórfica que daba forma a su sombra. Se la prueba; está tan caliente que se funde con las cicatrices queloideas de su rostro. 

Wayne vuelve a escuchar los gritos ultrasónicos de los demonios murciélago que regresan para ayudar. 

La hierba seca que avivó las llamas limpió la tierra de maleza. Tira las pastillas para dormir: servirán como abono. Entonces recuerda que no huyó: fue un incendió controlado.

El final del final. Batman reinicia.

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