'Catalina de dos mundos', entre el humor y la solvencia histórica

Gabriela Orozco reseña la novela 'Catalina de dos mundos' de Juan Claudio Lechín, resaltando la sintonía de los arcaísmos, la narrativa, la solvencia histórica y el humor.
Editado por : Adrián Nieve

Entre arcaísmos que evocan un castellano sonoro y escenas narradas con cadencia cinematográfica, Juan Claudio Lechín confirma que la historia puede ser contada con rigor y, al mismo tiempo, con profusa imaginación y gracia, con un humor que desarma la solemnidad. 

Catalina de dos mundos es una novela histórica que entrelaza la vida de la joven andaluza Catalina con los escenarios de la España monárquica y la Villa Imperial de Potosí en el siglo XVII, donde la obra recrea tensiones políticas, conspiraciones monetarias y pasajes íntimos con rigor documental y solvencia literaria. El resultado es un relato convertido en puente vivo entre la historia y la ficción.

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Archivo Libreria El Virrey-Perú

Los arcaísmos

Lo primero que tengo que decir sobre Catalina de dos mundos, la novela de 588 páginas de Juan Claudio Lechín, es que mi lectura transcurrió con un diccionario al lado. Sin embargo, el uso frecuente de palabras del español antiguo, además de un desafío, fue una verdadera ganancia para que el relato, en el Potosí y la Andalucía del siglo XVII, sea más genuino y legítimo.

Es notable como la prosa se enriqueció incorporando vocabulario antiguo, que, dicho sea de paso, aportó en la descripción de condiciones humanas, como por ejemplo el servilismo del adulador cronista Bartolomé Dueñas en una escena con el temible y violento corregidor Velarde de Potosí, la Villa imperial. Cito: “Cuida, en cada frase, de no activar una bombarda en su espíritu convulsionado. Se disculpa por la temperatura de la taza y le sugiere aprovechar su calor para calentarse las manos mientras la bebida se enfría”. 

Siguiendo con los términos antiguos, se utiliza un castellano con resonancias del siglo XVII, reflejado en una sintaxis que es llamativamente solemne, pero no por ello difícil de entender. Los arcaísmos y el léxico jurídico y religioso con giros propios de la época dan verosimilitud histórica al texto. Es interesante como la novela recrea por ejemplo la conspiración monetaria de Potosí con un estilo que recuerda al castellano sonoro y elegante de la época, con palabras como “docto”, “señorío”, “merced”, “donaire”.

La dimensión literaria

Junto a la ilación de voces y expresiones antiguas, las contribuciones literarias son significativas para que el lector entre más y mejor en las historias narradas casi cinematográficamente. Metáforas, personificaciones y alegorías potencian la expresividad y profundidad de las historias. Por ejemplo, en las siguientes dos frases advierto una clara personificación seguida de una bella metáfora: "La noche cayó de golpe”, personificación de la noche como alguien con voluntad propia. Y, “La luna era una uña musulmana que colgaba del cielo", una hermosa comparación visual y cultural, que evoca misterio.

Digo historias porque son varias historias, todas de gran vitalidad narrativa, aunque las dos más importantes son las desarrolladas en los contextos de la España monárquica, con el rey Felipe IV como centro de las decisiones y con la extraordinaria vida de Catalina, y, por otro lado, la que tiene lugar en lo que hoy es Bolivia, es decir, en la Real Audiencia de Charcas, dependiente del Virreinato del Perú, que respondía a la Corona Española, donde todo gira alrededor de la falsificación monetaria.

El tono cinematográfico de la narración también se detiene en escenas de valía literaria donde la ternura aflora tras un pasaje en el que un sacerdote dominico se ve sacudido por tentaciones concupiscentes hacia la joven Catalina. Luego, la prosa se suaviza y muestra la vulnerabilidad de la protagonista:

“Buscando seguridad en la única persona que le queda en la intemperie del mundo, se acurrucó junto al fraile dormido, pero sin tocarlo, pues empezaba a comprender que la palabra concupiscencia sonaba graciosa, pero era el umbral hacia la destrucción de los últimos saldos de su inocencia”.

La investigación histórica

Catalina de dos mundos es una novela histórica que se sostiene en una investigación minuciosa, la cual se convierte en el cimiento fértil de una imaginación desbordante. 

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Archivo Libreria El Virrey-Perú

Ese rigor histórico que se entreteje con la ficción aporta a la verosimilitud del contenido del libro. Y, claro, un texto del siglo XVII escrito en pleno siglo XXI — que entrelaza la ficción con el pasado colonial de nuestro país— alcanza legitimidad porque su autor se ha tenido que sumergir, durante largas jornadas en bibliotecas de España y Bolivia, para revisar archivos coloniales, consultar centenares de sitios especializados y recorrer libros sobre la realeza española y el auge de la plata potosina del 1600. Todo ese bagaje histórico se ha convertido en brújula y cimiento de la imaginación abundante y estructurada de Juan Claudio Lechín.

El humor 

El libro de Juan Claudio Lechín es divertido: el humor atraviesa la obra como un recurso que aligera la densidad histórica y humaniza a sus personajes. 

Para contextualizar la cita que viene, refiero que el trasfondo es grave: la falsificación de la moneda en Potosí amenazaba con entorpecer las negociaciones de paz en Münster en los años 40 del siglo XVII y prolongar una guerra que mantenía a España exhausta. A pesar de ello, Lechín convierte la escena en un pasaje cargado de ironía mostrando las debilidades humanas del rey Felipe IV, que aparece irritado frente a su consejo de asesores y, en medio de la tensión política, la narración se detiene en un detalle cómico: la barba, la apariencia del conde de Castrillo, presidente del consejo de Indias:

“A través de la gasa Felipe IV volvió a mirar el felpudillo ridículo que el conde de Castrillo llevaba debajo de la boca a modo de barba. Cuánto no hubiera deseado ordenarle que se afeitara ese horrible adorno que lo desprestigiaba”.

Para aprender y disfrutar

Catalina de dos mundos se convierte en un puente vivo entre el siglo XVII y el XXI. Una obra que no solo se lee, sino que se experimenta como un viaje de memoria y creación, prueba de que la literatura histórica puede ser vibrante, divertida y profundamente humana.

Tanto el lector curioso que busca aprender sobre el pasado como aquel que se deja llevar por la fuerza de la narración hallarán aquí una obra vivaz y accesible, capaz de conectar la erudición con el placer de la lectura.

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