Decía Paz y la realidad que lo supera
Decía Rodrigo Paz en campaña que su gobierno iba a inundar de combustible nada más llegar al poder. Decía que ya tenía contratos adelantados para garantizar la provisión.
Decía en su posesión que “desde anoche” están entrando cisternas por las fronteras “para acabar con las malditas filas” heredadas por el gobierno de Luis Arce.
Decía.
Decía Paz hace unos días, a casi nueve meses de iniciada su gestión, “es de hombres” reconocer “que el problema había sido más grande”.
Claro que era grande, pero el mandatario prometió acabar con el mayor de los problemas que afecta al país desde el primer día de su gobierno. Su ímpetu no solo hizo aguas con la realidad, sino también con la mentira, la ineficiencia y con la corrupción.
La realidad es que el problema no es tan fácil de resolver: Bolivia importa más de lo que produce en combustibles y —especialmente el gobierno de Evo Morales— no hizo mucho por buscar más reservas de hidrocarburos. Lo que menos dice el gobierno de Paz: la escasez de dólares afecta la sostenibilidad de la provisión. Y si quitaron la subvención, ¿por qué sigue faltando dinero y dólares para la compra de combustibles?
Es la realidad.
La “gasolina basura”, como se llamó al combustible, no fue herencia de la anterior administración, hay que decirlo, sino de la ineficiencia de la actual gestión. ¿Por qué no hubo los miles de vehículos dañados durante el gobierno de Arce?
A la ineficiencia se sumó la mentira, y de la más ingenua. Se tejieron varias leyendas sobre el origen de los combustibles nocivos: tanques de almacenamiento sucios, mezcla con aguas servidas (¿se acuerdan de cuando mostraron un charco en Arica?) o la culpa de los cisterneros (uno de ellos detenido).
Al final, ineficiencia también. Si se atribuyeron la condición de un gobierno meritocrático, ¿acaso no pudieron hacer mejor las cosas, por ejemplo, cerciorándose que todo esté bien antes de despachar combustibles?
También la corrupción los carcome, y tan temprano. Ya son incontables los casos sospechosos en el Ministerio de Hidrocarburos, Yacimientos Petrolíferos Fiscales Bolivianos (YPFB) y la Agencia Nacional de Hidrocarburos (ANH).
Hasta ahora no fue explicado ni aclarado el sobreprecio en la compra de diésel y gasolina, por ejemplo. Y los medios hegemónicos casi nada lo abordaron.
A casi nueve meses de la administración Paz, las malditas filas persisten y comienzan a configurar un segundo momento de crisis social, con resultados inciertos, a sabiendas de que, del primero, el gobierno de Paz no salió contundentemente bien parado. La primera crisis, de los 53 días bloqueos, tuvo un parangón con la crisis de febrero de 2003, durante el gobierno de Gonzalo Sánchez de Lozada. Se acuerdan cómo siguió en octubre.
Esta frágil situación de gobernabilidad se acentúa con la crisis política fruto de la improvisación partidaria en la Asamblea Legislativa: el quiebre del oficialismo, la anulación del larismo y la ruptura de la oposición.
Y esto recién comienza.
A Paz no le alcanza su constante lavado de manos con los anteriores gobiernos del Movimiento Al Socialismo (MAS), su insistencia en esas alusiones, sus planes sin concretarse, la ausencia de políticas reales y la ineficiencia lo delatan. ¿Cómo se entiende que, a nueve meses, no haya un solo embajador nombrado bajo su premisa de “Bolivia vuelve al mundo y el mundo vuelve a Bolivia”?
“Me disculpo por algunas cosas que tal vez no están saliendo tan rápido como quisiéramos”, decía hace horas Paz.
¿Bastará?
