Charlas breves con autores: Nathan Leaño

Una breve charla con un emocionante autor boliviano: Nathan Leaño nos cuenta sobre sus perspectivas del cine, la literatura y su más reciente novela, “Fritz”, que presenta este viernes 7 de agosto en la Feria Internacional del Libro de La Paz.
Editado por : Adrián Nieve

Hoy conversamos con Nathan Leaño (2002), escritor y cineasta boliviano especializado en literatura de terror. Tras publicar cuentos en las antologías Pueblo Místico y Yawar: Cuentos sobre vampiros latinoamericanos, además de la novela Hikari no akuma, presenta Fritz, una novela que parte del imaginario pulp de la ciencia ficción para reflexionar sobre la guerra, la memoria y aquello que realmente nos hace humanos. Entre robots nazis, veteranos traumatizados y películas clase B, Leaño construye una historia donde el horror no proviene únicamente de las máquinas, sino también de las personas.

¿Qué forma de consumir ficción es la más importante en tu vida: los libros, el cine o alguna otra forma de narrar?

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El cine, definitivamente. Es el arte superior de todas formas, hasta que los videojuegos lo rebasen cuando ya superen sus propias barreras. La literatura es importante y fundamental para mí, pero por un buen tiempo terminé peleado con ella y me decanté por el estudio obsesivo del cine. Se podría decir que empecé esta carrera como escritor apenas me reconcilié con la literatura, luego de muchísimos intentos fallidos de escribir cuando era niño o adolescente.

Naciste en 2002, tu generación creció con un maravilloso acceso a películas, videojuegos, series e internet. Más allá de lo que mencionas del cine, ¿sientes que esos formatos cambiaron la forma en que imaginas una historia?

No te lo diré en términos de “formato”. Yo creo que al hablar de mi generación y de lo que aprendí y todo… nací en el momento apropiado como para maravillarme de niño con todo lo que es metanarrativo. La metaficción no es un invento postmoderno, porque el mismo Cervantes introdujo en El Quijote elementos tales como los falsos autores o la realidad chocando con la ficción en un mismo ambiente. Pero de niño, sea en un videojuego, o en una película, o en otro formato, a mí me maravillaba justamente ese choque de realidades. Por eso nunca me vas a escuchar hablando mal sobre lo que fue el creepypasta, porque definitivamente, aun si muchas de estas historias no estaban bien escritas, influyeron notablemente en mi visión sobre lo que es una buena ficción. Por eso siempre a mi trabajo intento agregarle esos pequeños toques de metaficción. Sin que el formato importe demasiado.

Considerando lo que me dijiste del cine, no quiero preguntarte cómo influye el cine en tu escritura, mejor preguntar: ¿qué es lo que más te gusta de lo que puede hacer una novela que una película no?

Bueno… una novela es un espacio para explayarte y lanzar todo al sobre: conceptos, ideas, estructura, de todo. Mientras que en el cine, uno puede resumir ese tipo de ideas en solo una imagen. Pero igual la discusión entre ambos formatos me parece muy interesante, porque como tal son formatos enemistados, pero que comparten ventajas muy poderosas para contar una historia. Existe la anécdota de que David Cronenberg siempre quiso ser un novelista, y tuvo la oportunidad de oro una vez para conocer a Salman Rushdie, su ídolo; y al conversar se generó una ironía muy interesante. Rushdie siempre vio al cine como el arte superior y le dijo a Cronenberg que daría lo que fuera para hacer películas en lugar de novelas. Y Cronenberg le dijo todo lo contrario, que la literatura era el arte superior y que si pudiera dedicarse a escribir novelas en lugar de hacer cine, lo haría. Algún día me gustaría escribir al respecto, no sé si será una novela o un cuento, pero esa conversación me parece muy interesante para estudiar estas diferencias entre formatos.

En Bolivia el terror, la ciencia ficción o el pulp se sienten todavía géneros periféricos. ¿Sientes tú que existe el prejuicio de que una obra es menos "literaria" por pertenecer a ellos?

Ese debate es viejísimo y al final yo creo que el tiempo es el único juez en este problema. Porque, claro está que, dentro de estos géneros, hay referentes de lo que se tiene que hacer y lo que no. Evidentemente, una historia demasiado genérica se pierde entre muchísimas otras que pueden resultar más o menos entretenidas. Pero cuando un escritor realmente crea algo único dentro del género, ya es parte de la historia de la literatura y se crean escuelitas o subgéneros al respecto, así de fuerte es la cosa cuando una obra de ese estilo se hace bien.

¿Cómo describirías tú el actual panorama literario boliviano?

Pecaré de arrogancia al decir que le tengo muchísima fe a la actualidad de la literatura nacional. Siento que estamos corrigiendo muchos de los errores de algunos de los escritores del pasado que injustamente hemos endiosado. Quizás no seamos la generación de oro de la literatura boliviana, pero por lo menos, gracias a los esfuerzos de gente como Viscarra, Cárdenas, Urrelo o Paz Soldán, y al continuo esfuerzo de tantos autores relativamente recientes. Ahí quiero resaltar que muchos que deben creerse viejos siguen siendo muy jóvenes para el estándar… Yo creo que, si no triunfamos en esta época, por lo menos, como premio consuelo, influiremos de manera positiva en las generaciones futuras que harán un trabajo muchísimo mejor que el nuestro.

¿Crees que la literatura hace una distinción entre alta cultura y cultura popular? ¿Debería?

Eso es lo que quieren que creas. Es una mentira fatal, porque los jóvenes de hoy en día pecan de una falta de curiosidad que da miedo, y todo es por culpa de críticos estúpidos que le atribuyen complejidades a la literatura que no son reales. En el fondo, hasta las obras más complejas son muy simples de leer, y muy divertidas además. No hay que ser un intelectual para leer, ni mucho menos para escribir. 

¿Buscas que el lector experimente algo en específico cuando termina una historia tuya?

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Foto: Nathan Leaño

El lector sentirá lo que tenga que sentir, eso no lo controlo yo. Si tengo un gusto particular por expresarle un sentir al lector, sonará cliché pero me gusta incomodar. No incomodar en plan Orweliano y que se ponga a cuestionar la vida y la política. Me parece una pérdida de tiempo, yo no pertenezco ni quiero pertenecer a la escuela Orweliana. Cuando digo incomodar, realmente disfruto de la incomodidad. Sin aditamentos intelectualoides.

¿Y tú? ¿Hay emociones que se repitan mientras escribes o es otro tipo de proceso el que experimentas al escribir?

Miles, pero todo desaparece cuando termino de escribir. Es como un sueño que te olvidas por no anotarlo. O que sí lo anotaste, pero estabas tan adormecido que te cuestionas si tú mismo lo soñaste tal y como lo describes.

Dime: ¿qué nos hace realmente humanos?

La hipocresía, o como lo expreso como muletilla en Fritz: la contradicción. 

¿Fue esa la inquietud con que empezaste a escribir tu novela Fritz o apareció durante el proceso?

Al principio iba a ser otro tonto cuento sobre robots asesinos. Pero ya le tengo una empatía tan antigua y vivencial hacia esas criaturas, que sentí como un deber moral alargar la historia hasta llegar a un punto empático. No necesariamente el dilema natural que se crea con respecto a la consciencia dentro de la máquina, me motivaron otras temáticas.

En ese libro tomas elementos del pulp y de la ciencia ficción clásica para hacer preguntas sobre la memoria, la culpa y la humanidad. ¿Esa subversión hace más comprensible hablar de nuestra realidad que una historia completamente realista?

Desde luego que sí. Yo comparto la opinión que tiene Clive Barker sobre el tema y es que, a veces, una metáfora extrañísima puede decirnos más de nosotros mismos que un hecho vivencial. 

Menciona a Baker, ¿qué otros autores —de cualquier país o época— sientes que dialogan con la historia y personajes de Fritz?

Es curioso que lo preguntes, porque yo creo que esta es la única novela que he escrito de la cual no soy del todo consciente de sus influencias. Si me hubieras preguntado eso por otra novela, no tendría problema en decírtelo, pero con Fritz sigo preguntándome hasta ahora a quién le robé las vibras. Si puedo decir que la idea era tomar una historia pulp, algo que Ed Wood hubiera creado, y darle un carácter realista y también empático. Más allá de eso, ni idea.

Y en Bolivia, ¿qué de la actualidad boliviana dialoga directamente con tu novela?

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Imagen: Editorial 3600

Mirá, la Segunda Guerra Mundial siempre fue una de mis pasiones históricas desde que era un niño. Pero es una realidad que hablamos de un evento que está a nada de cumplir los 100 años y todo lo que se tenía que decir sobre el tema se dijo. Así que decidí contribuir un poco al ofrecer la perspectiva de que este hecho ya forma parte del pasado y que ya no podemos juzgar a los alemanes con la misma vara. Es inmoral olvidar lo que hicieron, tanto ellos como todo el Eje, pero tampoco podemos simplemente linchar a un alemán que cruce nuestras calles por un revanchismo histórico. Siento que, de cierto modo y sin querer queriendo, necesitamos un poquito de esa perspectiva aquí en Bolivia. Y con muchísimos temas. Pongámosle nuestros odios pelotudos contra los chilenos, o los españoles, o cambas versus collas, o el copyright del Ekeko y la diablada, u otras estupideces que ya son viejísimas y no tienen cabida en la sociedad actual. Si tuviera que enlazar a la fuerza a Fritz con la Bolivia de hoy, más o menos tira por ahí.

Hoy se producen más historias que nunca, pero también competimos con miles de estímulos. ¿Qué crees que todavía puede ofrecer la literatura que otros medios no consiguen?

La literatura no va a morir. Porque no es como que uno quiera sacar sus angustias y trascender más allá de estas creando una película, o un videojuego, o un álbum musical de la nada y solo por mera intención. No funciona así la cosa. Es mucho más fácil desfogarse con una hoja de papel que gastando millones para escenificar tus proyectadas. Lo que venga a continuación, siempre va a ser un misterio, una sorpresa grata o ingrata, dependiendo de quién y cómo escriba.

¿Qué estás leyendo actualmente?

Acabo de terminar el Back to Blood (estúpidamente “traducido” como Bloody Miami en habla hispana) de Tom Wolfe. Una novela muy divertida, desopilante, exagerada y que me sacó de un bloqueo lector que tuve gracias a la insoportable Fin de Semana de Juan de Recacoechea.

¿Qué autores o autoras recomendarías leer? 

Voy a recomendar dos que me parecen muy infravalorados. En primer lugar quiero hacer todo lo posible para que la gente lea a Harlan Ellison, es uno de mis héroes y me parece una tremenda injusticia que su obra no haya sido traducida en su totalidad al español. Suena como una proeza cortaziana como él mismo se dedicó a traducir todo lo que Poe escribió, pero si me dieran la venia y me pasaran el material, yo podría fácilmente decirle adiós a las publicaciones de mis libros con tal de dedicarme a traducir a Ellison. La gente más o menos lo está conociendo ahora gracias al boom de popularidad que tuvo recientemente su obra más famosa I Have No Mouth But I Must Scream, popularizada por cosas como su adaptación al videojuego, o su inspiración en la gran serie que fue The Amazing Digital Circus, pero Harlan Ellison fue mucho más que ese cuento, definitivamente mucho más. Y por otro lado, el año pasado, coincidiendo con mi propio “debut” (por así decirlo) dentro de la novela boliviana, recomiendo enteramente a Teresa Peña Blacutt y su obra Ítaca de los Nómadas, que es un lobo con piel de oveja, porque es un ensayo muy interesante sobre la migración, vestido con el traje de una novela de época, muy como La Casa de los Espíritus. Novela muy recomendable y que recientemente, creo, tuvo una reedición en una editorial española.

¿Qué libro llevas tiempo queriendo leer y todavía no has podido?

Si pudiera mencionar todo lo que tengo pendiente no acabaríamos nunca, pero quedaremos así: tengo una deuda pendiente con Dostoyevski, porque cuando era niño creí haber leído Crimen y Castigo, hasta que al crecer sufrí la decepción de que lo que había leído en realidad era un libro resumido, mutilado y adaptado. Por eso, para disfrutar del buen Fiodor como se debe, aún estoy en busca de una buena edición. Y por otro lado, en cuanto a literatura boliviana, lo mismo: tengo varios pendientes, pero sobre todo le tengo muchísimo interés a mis contemporáneos, que me interesan y me cautivan más que muchos autores ya “clásicos” por así decirlo. Quiero leer la trilogía que hizo Guillermo Ruiz Plaza, desde Días Detenidos hasta Viaje Febril al invierno. Tengo una deuda con esos libros porque mi maldición es que prácticamente conozco a buena parte de la literatura nacional sin leerlos o conocerlos del todo. Y me dio mucho nerviosismo y timidez cuando me encontré con Guillermo el año pasado (por esa misma timidez no me atreví a saludar a Rodrigo Urquiola cuando pasaba por ahí) y el Guillermo pues se llevó mi libro, y yo se lo firmé. Así que sobre todo tengo una deuda muy grande con sus libros.

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