Donde hay dolor, habrá una historia
Desde la computadora él ve el calendario. Se avecina el amanecer, luego de un día lluvioso es lo que se necesita en la ciudad, para generar esperanza y renovar los sueños. Los ideales se midieron en una balanza, se transformaron en un camino por los cuales la gente pasa sin mirar. El conocimiento ayudó al emprendimiento de algunos. Hubo un método para leer la realidad.
Eso es lo que él se dice mientras prepara el desayuno y piensa en la amistad de los que vendrán, sus hijos, nietos, todos los demás. Pero le llega la duda. Y se le arrebata la felicidad. Suspira entonces, y se precipita hacia la ventana. Mira las puertas de los edificios ahí abajo.
Hubo un aprendizaje basado en la historia. Hubo otro basado en la experiencia. La educación queda en el pasado. La empatía hizo que se casara muy joven, pero la armonía se rompió. El matrimonio se diluyó. Así que se fue de la ciudad natal.
Las preguntas vinieron como reproches. Ni la psicología de los libros le sostuvo en aquel momento de sombras. Pero buscó un procedimiento para salir adelante. Quiso recuperar la felicidad. Y su estímulo fue que toda la vida se reconstruye sobre la base de los fracasos, porque de las victorias no se aprende.
Da la mano con gratitud a aquella persona que le vende la casa que habitará. Le inunda el agradecimiento por tener un bosque a unas cuadras. Está lejos del mundanal ruido, pero es lo que necesita.
Y ese día le llega la comprensión. El día sufre una transformación. Es un maravilloso nuevo amanecer y las flores en primavera se despiertan y la fragancia inunda el camino de piedra. Es el origen del nuevo mundo. Tan cerca. Tan vivo.
Entonces se viste con la confianza de quien empieza todo de nuevo. La investigación es verse de nuevo frente al espejo y reconocerse como alguien distinto. La adaptación tiene sus ventajas, es más fácil ser libre dejando la ilusión del control en el olvido. La analogía de la poesía no le sirve. Lo que vive ahora es real.
Un divorcio. Una fractura en el hilo del amor. Eso es lo que queda. Pero de lo que queda también se arman los nuevos valores y nacen los objetivos de una nueva vida.
El amor siempre estará ahí, siempre volverá a nacer. Siempre será una nueva casa, un nuevo bosque, una nueva ciudad, todo podrá ser nuevo, pero lo que tiene en el interior solo responderá a la voluntad y a la perseverancia de buscar más allá del dolor.
Todo reproche quedará, entonces, sepultado bajo el peso de las nuevas certezas. La vida tiene sus contradicciones.
Ahora se mira en el reflejo del río. Dice su nombre y evoca el pasado. Cuestionar las razones y las voluntades del amor, no es virtud, es vana inclusión de todos los factores por comprender lo incomprensible.
Así que lo deja estar, lo dice todo en voz alta junto al río, para que el agua que fluye se lleve su malestar.
Cuando lo hace se siente mejor. Y grita y llora y mira el cielo y es imposible abarcarlo con la mirada. Así que se sienta. Prende un cigarrillo y espera cómo la noche llega sobre él y la brisa fresca refresca su existencia.
Es sin duda, otro día en el planeta tierra, donde todo gira y sigue como siempre, pero para él, la vida, por fin, es otra.

