Charlas breves con autores: Rodrigo Simmons

Hoy charlamos con Rodrigo Simons, diseñador gráfico, dibujante, ilustrador y, por encima de todo, escritor. En esta FIL Santa Cruz 2026 Simons estrena un nuevo libro de cuentos de terror: “Iliotopía” y en esta conversación nos habla un poco de su trayectoria y su nuevo libro.
Editado por : Adrián Nieve

Hoy charlamos con Rodrigo Simons, diseñador gráfico, dibujante, ilustrador y, por encima de todo, escritor. Rodrigo ha escrito los libros de cuentos Bogart y otras apariciones (2008) Metal Resplandeciente (2023), Teratológica (2024) y Eigengrau (2025), libros que han tenido una maravillosa aceptación entre los lectores boliviano.  Este año, Rodrigo, que fue coeditor de la revista literaria Batiscafo (2006), estrena un nuevo libro de cuentos de terror: Iliotopía y en esta entrevista nos habla del género de terror, su contacto con el público y su afición por la música heavy metal.

Vienes del diseño gráfico, la ilustración y la música antes que de lo académico literario, ¿podría decirse que llegaste a la literatura por un camino alternativo?

Podría decir que todos los caminos se cruzaron. En mi casa familiar siempre hubo música, siempre hubo libros y revistas de toda clase, siempre hubo cine. Y el cine se alimenta de todas las anteriores y me alimenté de todo lo anterior.

2014
Imagen: 88 Grados

Cuando estás concibiendo tus cuentos, ¿piensas las historias primero como imágenes?

En mi caso, tiene muchas formas la concepción de una historia. Puede surgir de una palabra, de alguna anécdota, de algún hecho sin importancia, un sueño o de cualquier estímulo ya sea auditivo, visual o hasta olfativo. A esto sigue una sucesión de imágenes como un storyboard que se va ordenando hasta empezar a despejar la página en blanco. Las historias están en todos nuestros sentidos, solo hay que saber cazarlas. 

Escritura o ilustración, ¿cuál de los dos terminó abriendo en tu mente otra forma de imaginar?

Mi gusto por ilustrar viene antes de escribir. Esto no quiere decir que uno influya en el otro. En el proceso de cada uno, ya sea escritura o ilustración, las ideas van ramificándose de distintas maneras y los resultados pueden llegar a ser muy distintos de la idea inicial. Solo de forma reciente, a la hora de ilustrar mis cuentos para los libros, es que he partido desde el concepto de lo escrito. Por lo general mis dibujos solo parten de algo mecánico como empezar con un garabato, luego un bosquejo que se va haciendo más detallado. En ese punto ya sé si funciona o debo pasar a otra idea. Con esto quiero decir que cada uno a su forma lleva por distintos caminos a mi imaginación.

El heavy metal ha construido durante décadas una estética de lo oscuro, lo apocalíptico y lo excesivo, ¿ese imaginario terminó filtrándose en tu manera de narrar?

Más que la estética el concepto del metal y su sonido nació con el cine de terror. Aunque muy miedoso, desde niño fui fanático de este cine, probablemente esto influyó para que me sintiera atraído por el heavy metal, que por supuesto se ha decantado en mis escritos. Hay que hacer notar que no todo el “metal” se basa en esa estética, ya que hay metal cristiano, “happy” metal y cientos de ramificaciones en que se canta acerca de todos los aspectos. Por supuesto lo que más provoque polémica es lo que siempre estará en la palestra. El imaginario del metal se filtró en mi manera de narrar, pero no fue su inicio, en ello está también las lecturas y las propias experiencias.

El metal también trabaja mucho con intensidad emocional y con ritmo, ¿en qué parte de tu escritura podemos encontrar estas influencias?

El heavy metal y en sí, parte de la corriente del metal funciona con estructuras parecidas a la música clásica. Creo que, en ese sentido, trato de componer mis escritos con una serie de emociones, una subida y bajada de adrenalina, para que al final te deje esa sensación de haberte tomado un cóctel que te deje mareado durante un tiempo.

2015
Fotografía: Rodrigo Simons

Te convertiste en uno de los autores de terror más leídos en Bolivia, ¿esto condicionó de alguna forma tu manera de abordar el género?

Ejerce cierta presión y te supedita a mejorar y encontrar nuevas formas de escribir. 

¿Te sorprendió descubrir que hay en Bolivia un público tan dispuesto a entrar en ese territorio?

Me sorprendió encontrar las verosimilitudes entre un coleccionista de heavy metal boliviano y un gran lector de literatura boliviana; los dos son grandes apasionados, siempre en búsqueda de algo nuevo y que apoyan lo que se produce en el país. En ese sentido, pude conocer personas que realmente conocen del ámbito. Por otro lado, también está el lector casual, que siente mucha curiosidad, quizás más acostumbrado al cine del género y que sin ser un consumidor acérrimo de literatura, ni boliviana ni internacional, da una oportunidad al escritor y él mismo se da una oportunidad de leer un género literario no tan cultivado en nuestro medio.

Hay mucho terror que depende del shock o del giro final, pero tus cuentos parecen buscar algo más persistente y atmosférico. ¿Qué crees que debería hacer el terror que casi nunca hace?

Quizás lo más difícil es salir de caminos demasiado transitados. El último desafío es no ahogarse en clichés. Tampoco de dar demasiadas vueltas con infinidad de detalles. Creo que en el terror hay muchos autores que llenan y llenan páginas por el puro ego. Por eso Stephen King me gusta más como cuentista que como novelista. 

Hoy en día estamos más desensibilizados a lo grotesco y lo extraño es más común en lo cotidiano, si ese es el panorama, ¿cuál es el mecanismo para generar miedo?

El terror muchas veces funciona como el humor. Nos reímos por lo absurdo o por un giro inesperado. Simplemente tenemos que tener el suficiente raciocinio para darnos cuenta que estamos contando un chiste o un cuento de terror, no vaya a ser que hagamos reír a quienes queremos asustar. 

2016
Fotografía: Rodrigo Simons

¿A qué le temes tú?

Probablemente el miedo es como la materia, no se crea ni se destruye, solo se transforma. Habrán temores que se harán realidad inevitablemente y por otra parte, está el miedo a la imposibilidad. Hay miedos latentes de la niñez que aún no se cumplen y están los cotidianos, los de la madurez. Cualquiera de los dos nos mantienen despiertos, en la lucha, aun sabiendo que no les ganaremos.

A veces se dice que los escritores escriben desde ideas y otras veces desde obsesiones. Leyendo tus cuentos da la impresión de que ciertas imágenes y giros regresan una y otra vez, ¿reconoces alguna obsesión que atraviese tu trabajo?

Es un poco difícil responder sin que alguien tome al pie de la letra lo que responda y alguien diga: “¡Ah, es cierto! Ya sabía que era esto así”. Trato de tomar cada cuento como una historia totalmente independiente y sobre todo, alejarme de convertirme yo en un personaje. Al decir que ciertas imágenes y giros regresan una y otra vez, alguien pensaría que estoy un poco falto de imaginación, ja, ja, ja. 

Si el terror retrata aquello que una sociedad prefiere no mirar de frente, ¿qué dirías que revelan tus cuentos sobre nuestro país?

He sido muy sutil en mis cuentos en este aspecto. Ahora bien, creo que esa sutilidad desaparece en mi próximo libro. No quería entrar en la onda tipo “sos sudamericano, tenés que hacer una crítica social”, así que me concentro un poco más en la parodia, que más que buscar risa, busca asustar a tu propia idiosincrasia. 

Has dado charlas sobre el género tanto en universidades como en coliseos de barrio, incluso tienes gente que se tatúa imágenes de tus libros. Al conocer a tantos lectores, ¿podrías decir que encontraste una curiosidad real por el terror?

Sí, como te comentaba líneas arriba, si hay un público sediento por el género. Ellos están ahí, la tarea es llegar hasta ellos. Por eso las ferias del libro son tan importantes y aún dentro de ellas, tenés que saber llegar a los miles de ojos que están sobrevolando las cientos de portadas que se les ofrecen. Ahí también he tratado de entrar, haciendo portadas llamativas que de alguna forma encierren el concepto total de lo publicado. Aunque también hay cierto prejuicio, pero bueno, para todo lo hay.

2017
Fotografía: Rodrigo Simons

A menudo se habla de la falta de lectores en Bolivia, ¿crees que el problema está realmente en el público o también en cómo se está escribiendo y publicando?

Antes mencionaba al lector casual y también al lector acérrimo, por supuesto ninguno de los dos es mayoría en la idiosincrasia boliviana. Cuando ahora domina la experiencia rápida y fugaz, la inyección de adrenalina sin el mínimo esfuerzo, se tiene un duro competidor para la lectura. También falta una política estatal al respecto de la lectura y no solo centrada en los clásicos del pasado y el folklore, sino también en la literatura contemporánea. En el colegio, en mi caso, nunca nos hicieron leer nada más o menos interesante, se imponía como tarea, y como tal, era algo tedioso, casi un castigo y eso que hablo de antes del internet, donde se pelea contra el ocio de manera analógica, por decirlo de alguna manera y esto lo digo sin querer llegar al tipo queja de viejo de mierda. El costo de los libros también es una enorme barrera, peor aún teniendo en cuenta los actuales precios de los insumos. Pienso que, así como hay ediciones tapa dura y rústica, también debería haber más ediciones de bolsillo, libros más cortos, más económicos. Pero al final de cuentas todo viene desde casa, si tu padre o tu madre son de los que se sientan a comer en la mesa y apoyan su teléfono en la alcuza para mirar a alguien lavar una alfombra… pues no hay mucho futuro que digamos. 

¿Cómo nace Iliotopía? ¿Qué intentaste hacer de nuevo o diferente para este nuevo libro de cuentos de terror?

El principal reto es no repetirse, huir del tropo.  Que cada historia nazca y muera. Comentaba que también he recurrido a la parodia y a nuevos juegos narrativos. Pienso que, como cada libro, este se ha construido solo, sin pensar en el anterior, que cada página es su propio monstruo y cada línea es un alarido de distinto tipo. Son nuevas sombras para una nueva oscuridad.

En Iliotopía los cuentos dan la impresión de empezar en un género narrativo específico, para luego ser llevados hacia el terror, ¿cómo lograste esta construcción?

Ser catalogado en un estilo específico, en este caso el terror, puede que de alguna manera juegue en tu contra. Si vas a mirar una película de miedo, ya estás supeditado a asustarte, por lo tanto, ese susto que te provoca puede llegar a ser un poco actuado, como tu cuerpo diciendo “ya que estamos aquí, pues, asustémonos”. Es por eso que pienso que la mayoría de mis cuentos, puestos fuera de contexto serían más efectivos. Ahora bien, como eso no se puede, debo trabajar con el elemento sorpresa, que una cosa parezca algo y no lo sea. Probablemente decir más sería contraproducente, ja, ja, ja. 

En tu literatura, ¿te interesa más explorar lo que tememos o lo que pone en duda lo que creemos real?

Encendemos la pantalla y eso que nos muestra es mucho más terrorífico que pensar en que hay un fantasma en tu baño. En muchos casos el terror nos reconforta, solo cerramos el libro y ya está. Lo real es el verdadero enemigo de un sueño plácido. Me gusta jugar con la idea de que quizás haya algo más, sería el tipo más feliz del mundo si ese fantasma en mi baño fuera real, aunque esa felicidad me dure un par de días al asimilar que quizás la fantasía no es tan divertida como pensaba. Un nuevo temor fantástico quizás sea más excitante que haber sobrevivido a una peritonitis o a una botella de Jagermeister, aunque por supuesto, nunca descarto a ninguna de las dos. Lo real produce miedo, pero puede llegar a ser aburrido.

2018
Fotografía: Rodrigo Simons

¿Hay algo que todavía no has logrado hacer dentro del terror, algo que sientes que el género permite pero que todavía no has encontrado cómo escribir?

Uno siempre es su propia limitación. Es como imaginar una hermosa ilustración y terminar dibujando un retrato policial boliviano. Pero claro, vas a seguir y seguir dibujando. Hay varios experimentos que he ido archivando, probablemente el medio impreso no ayude, así como las palabras también se pueden escapar. Como el fuego, es difícil reinventar la oscuridad. Hay aún muchas perspectivas, guardo archivos con muchas ideas, llegado el momento de su inhumación, veremos cómo hacerlas vivir.

Si tuvieras que dividir tu historia como escritor en “épocas”, ¿en qué época estás actualmente?

Como dirían en Les Luthiers, pienso que ya estoy dejando un poco la etapa juvenil, para entrar en una etapa más maduril.  Como se dice por aquí, quiero que mis historias tengan más jane, un mayor contenido, no solo entretenimiento, también algo que se te quede entre las muelas molestándote tiempo después. Aún conservo algunos de mis cuentos escritos hace como 30 años. Cuando los revisé hace poco, creí que me reiría y burlaría como alguien que grabó un videoclip en los años 80 con mullets y bermudas. Pero no, no era algo magnífico lo que escribí en ese tiempo, ni sorprendente, solo era yo con una idea, unas hojas y tratando de sortear la larga noche. Poco ha cambiado.

Mirando el panorama literario boliviano actual, ¿qué cosas te parecen más estimulantes y qué cosas todavía te resultan limitantes?

Me parece estimulante que el escritor boliviano tenga ya una proyección internacional, el limitante es que en muchos casos sea producto de su género, origen o ideología. Tener que ser demasiado social -o socialista como dijo uno por ahí-, me parece una gran limitante.

Después de varios libros dentro del género, ¿te interesa seguir profundizando en el terror o ir hacia territorios donde todavía no ha entrado?

Aún tengo muchos relatos inéditos en el género del terror, pero también en diversos géneros. Quizás en un futuro publique un compilatorio de estos. Mi principal proyecto, ahora que está terminado mi libro Iliotopía y pronto a ser editado, es una novela, que tiene poco que ver con mis relatos actuales y a la que le he invertido mucho tiempo, y, al menos en este momento, le tengo mucha fe -fe de ateo, claro-. 

2019
Fotografía: Rodrigo Simons

¿Qué estás leyendo ahora? 

Con la preparación de mi libro estuve varios meses sin leer. He retomado las lecturas de Joe Hill, Cormac McCarthy, Ligotti, Peter Straub, Mariana Enríquez, Richard Price. Un ensayo más acerca de Homero y la Odisea (ya no sé cuántos he leído). He releído el Quijote (debe ser las 6ta vez). Sigo conservando la costumbre de consultar enciclopedias de mis libreros. 

¿Qué autores o autoras recomiendas leer? 

Una pregunta muy difícil, no quiero extenderme, pero tampoco me gustaría dejar a nadie sin nombrar, así que en esto el silencio es mi mejor aliado.

¿Qué libros quieres leer, pero todavía no lo hiciste?

Esa también sería una lista interminable, hay tanto para leer y la vista está cada vez más quemada. Y aun así, todavía quedan tantas películas y tanta música. Yo soy de los que leen todo lo que le cae en las manos, por supuesto, hay una gran diferencia en que lo que cae por gravedad en tus manos o por un intercambio monetario, a estos últimos les presto más atención.

2020
Fotografía: Rodrigo Simons
2021
Fotografía: Rodrigo Simons
8 me gusta
69 vistas