La estampida
Las personas cercanas a mí conocen sobre mis apasionamientos. Me puede pasar con gente, cosas, situaciones, libros, bandas, historias, películas y un largo etcétera. Ese ímpetu hace de mi vida un espacio divertido. Sin embargo, sé que a veces este carácter puede significar que mi entorno deba armarse de paciencia para acompañarme hasta que el episodio pase para hacerme entender que el tamaño de mis sueños excede, no sabría decir cómo, cuánto o por qué, pero excede.
La paciencia de los otros tal vez (sonrío).
Para haber llegado a este momento, ya han pasado meses. Así como en los libros de los que voy a hablar y ya he hablado, —en las semanas pasadas se publicaron unas reseñas/crónicas relacionadas a este tema—, en este tiempo me sucedieron muchas cosas y, a pesar de los obstáculos, el ímpetu no desapareció.
Eso, para un ser fantasioso como yo, ya es señal de que las cosas tenían que suceder.
El 2023 conocí al autor cochabambino Iván Gutiérrez en una visita que él realizó a La Paz. En aquella ocasión, intercambiamos libros de nuestra autoría. Yo le di un ejemplar de En tránsito y él me entregó una copia de El último ninja. Sin embargo, Iván había publicado ya varios libros y ofreció obsequiarme más ejemplares en una siguiente oportunidad.
“Seguro”, pensé yo.
Durante un viaje que realicé a Cochabamba el 2024, pude conocer mejor al caballo salvaje. Esta denominación la utilizo a propósito. La extraje de un relato que se encuentra en el libro Bucear en el cielo, del escritor Rodrigo Villegas, quien escogió estas palabras como una especie de guiño a uno de las novelas de Iván.
Aquella fue una tarde de chelas, risas y muchas palabras. Cuando ya estaba por irme, Iván sacó de su morral un par de libros y me los entregó: “Ya no tengo Los decapitados, pero seguro podrás encontrarlo en la 3600”, me dijo. No me dejó pagarle.
En la Feria del Libro del 2025 pude comprar el primer libro de la trilogía, compuesta por Los decapitados (2017), Ella es una skinhead motorizada (2018) y Caballos salvajes (2019). Desde el principio, la fotografía de la tapa, que muestra una muchedumbre en un concierto, me atrapó. Unas semanas después, comencé a leerlo. Al mes y medio había acabado con la trilogía.
Créanme que lo hubiera hecho más rápido si el tiempo me hubiera ayudado. Los tres libros fueron una experiencia enriquecedora para mí por varias razones.
¿Qué es lo real y qué es lo ficticio?
Dependiendo de la perspectiva con que veamos los hechos, hasta la Historia puede ser ficticia. En ese sentido, los tres libros de Iván Gutiérrez juegan con la mente del lector a través de varios recursos de metaficción e intertextualidad, como correos electrónicos, capítulos de libros escritos por algunos de los personajes, fragmentos de ensayos, notas de prensa e, incluso, la misma música de Los Decapitados.
Los personajes están tan bien desarrollados y trabajados que hasta sustentan posturas filosóficas, sociológicas y psicológicas en teorías, desarrollo investigativo y análisis que otros personajes han consultado para establecer ellos mismos sus propios análisis, como lectores,. No solo asistimos a escenas de lo que les “sucede” a los personajes, sino que también atestiguamos las concepciones que configuran su interpretación del mundo y de la realidad, de los hechos que se suscitan en su sociedad ficcional.
La música
La identidad de los tres libros gira en torno a la música punk rock. Bandas reales y ficticias -o reales/ficticias- confluyen en las páginas de Los Decapitados y marcan varias acciones de la vida de los personajes. A su vez, cada personaje, es fan, y establece una relación permanente con la música.
La banda argentina de punk rock, Flema, transita por las tres novelas en el imaginario de varios personajes que relatan la mítica muerte del vocalista Ricky Espinosa, que es un hecho real, pero relatado con toques de ficción añadidos por “la gente” para procesar las circunstancias misteriosas en que perdió la vida.
En el libro homónimo, el primero en esta colección, conocemos a la banda de rock Los Decapitados, que desempeña un rol capital de influencia intergeneracional y de instauración del mito del underground en la ciudad donde los personajes habitan (una especie de Cochabamba). Si bien esta banda es ficticia, Gutiérrez nos presenta un EP real, al que podemos acceder a través de la plataforma digital Soundcloud.
A lo largo de la novela, leemos algunas letras de las canciones de la banda y las circunstancias en que fueron escritas o el significado que tienen para algunos de los personajes. Así, con la muerte de Ricky Espinosa se construye un mito en torno al fallecimiento del vocalista, Arturo Borja, quien aparece en diálogos a lo largo de los tres libros y cuyo legado e influencia se extiende a otras bandas del universo ficcional, como Los Endemoniados.
El EP que escuchamos fue grabado, en realidad, por la banda argentina Isla Común, con el propio Iván Gutiérrez en la batería, quien conjuga allí dos de sus grandes pasiones: escritura y música.
La muerte
Puede que los tres libros constituyan distintas maneras de encarar y de lidiar con la muerte. Transitamos a través de historias de personas que matan, que se suicidan, que sobreviven a la muerte de seres queridos y de seres, quizás, no tan queridos. Acompañamos los procesos que los llevan a decisiones que, de un modo u otro, transforman por completo las versiones de sí mismos que concebían / concebíamos al inicio.
La escritura de estas tres novelas, transformaron a Iván y, por experiencia propia, puedo decir que transforman igualmente a quien las lee. Gutiérrez comparte su pasión por la música, la construcción de un legado y de una comunidad unida por su amor e identificación con ella, comparte su proceso de duelo por el suicido de un amigo, la búsqueda y las diferentes formas en que los seres humanos pueden o se ven obligados a decir adiós.
Todas esas pequeñas acciones me conmovieron, me apasionaron.
En medio de todas las formas en que el mundo te puede decir “no”, estos tres libros me llevaron a soñar con un “sí”, con la afirmación de que aún es posible soñar. Soñar con leer libros que te hagan sentir que vivir vale la pena, aunque sea solo para leerlos. Soñar con que es posible escribir la gran novela y que esta pueda ocurrir en Bolivia.
Como las palabras y el corazón no me alcanzaban, arrastré en este proyecto reseñístico a mi cuate Vadik Barrón, a quien pude transmitir esa pasión melancólica y quien me ayudó a hacerla realidad.
Mi cabeza soñadora imaginó seguir la línea delgada que Iván desarrolla en la trilogía, entre la realidad y la ficción, generar todo un movimiento en torno a Los Decapitados y llevar a la gente a escuchar su música, asumiéndolos como un grupo real. Soñé un relanzamiento de las tres novelas con un multitudinario concierto donde bandas de la escena actual rendían tributo a Los Decapitados, haciendo covers de sus temas.
Soñé con el Iván feliz, disfrutando ese momento, recibiendo reconocimiento, tocando la batería. Pero, mientras, entre las cosas que solo están en mi imaginación y las que puedo hacer realidad, pudimos escribir estas reseñas, la primera sobre el EP de Los Decapitados, firmada por Pablo Ríos, personaje del universo ficcional, aunque el Vadik fue quien la escribió. Las demás más “reales”, develando lo que cada libro nos dejó a cada uno.
De una u otra forma, nos dimos modos para ingresar en ese limbo entre realidad y ficción a manera de agradecerle a Iván por haber soñado y, luego, por haber escrito.

