Piedad Bonnett: En el borde (Sintaxis de un reencuentro)

24 años después de encontrarse en Madrid, Milan M.A. Gonzales vuelve a estar frente a la poeta Piedad Bonnett, ganadora del premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana. He aquí un breve recuento de ese reencuentro.
Editado por : Adrián Nieve

En 2002, la Casa de América en Madrid reunió a un grupo de poetas que, más que representar geografías, compartían una misma lengua y su búsqueda. Entre ellos estábamos Raúl Zurita, Luis García Montero, Eugenio Montejo, Piedad Bonnett, Jaime Quezada, y quien escribe, entre otros. Algunos, como Zurita o Montejo, llegaban con una intensa trayectoria; otros apenas nos estrenábamos en el oficio. Sin embargo, si algo igualaba aquella mesa era una forma compartida de humanidad frente a la palabra, una conciencia de que la poesía no se posee, se construye desde los lazos.

1989
Piedad Bonnett en el Classik Hotel Alexander Plaza. Fotografía: Milan M.A. Gonzales

Han pasado veinticuatro años desde entonces. El reencuentro tuvo lugar en el Instituto Cervantes el pasado lunes 20 de abril, donde Bonnett fue invitada para compartir su historia y a leer algunos de sus poemas. Tras la bienvenida del director del Cervantes, Ignacio Martínez-Castignani, la poeta y novelista llevó adelante la velada, campeando contra el tiempo, en una sala repleta, y con un público que esperaba pacientemente escuchar los poemas que, la premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana 2024, leería como parte de las noches literarias, denominadas El jardín de las musas

Tras un paseo por su niñez, y adolescencia, dejó latente la dureza de su padre y la decisión de su madre de dejarla en el internado, donde abrigo de la lectura y empezó a participar en concursitos, como la autora de Qué hacer con estos pedazos (Alfaguara, 2022) los cataloga, dónde lo usual era ganar el segundo puesto, -creí que siempre sería un segundo puesto- confesaba a los asistentes. Tras ello encaminó la noche hacía la negritud de sus jornadas, cuando le toca enfrentar la muerte de su hijo Daniel en Nueva York.  Tras conquistar un espacio para la lectura de sus poemas, entre otros, leyó dos con su padre como protagonista de sus castigos y de sus temores; Lo demás es el silencio 5, y de su más reciente poemario Los habitados (Visor, 2024), leyó En el borde, y Pido al dolor, poemario que permite honrar la pérdida de su hijo y de mitigar el dolor a través de la poesía. Existe allí una conciencia del lenguaje como refugio, pero también como herramienta para entender lo que no siempre se deja nombrar. Bonnett no intenta explicar el dolor ni hacerlo llevadero, tampoco lo dramatiza, lo sostiene, lo abraza.  La enfermedad mental de su hijo, vivida durante una década, aparece sin estridencias, pero con una intensidad que no necesita descripción. Los símbolos de su escritura se manifiestan como si fueran una invitación al dolor, un modo de honrar y, quizá, también de curar.

1990
II Festival Internacional de Poesia - La poesía tiene la palabra 2002 - Casa de América, Madrid - Fotografía: Archivo Casa de América

En medio de la lectura, la escritora colombiana volvió a una idea que atraviesa su trabajo: el poeta siente desde el lenguaje, pero no desde su uso habitual, sino desde una lógica y un latido que lo eleva a ese lenguaje privilegiado. En la noche de las musas la poeta evocó a Eugenio Montejo, el vate venezolano que con su sonrisa prolija, su seriedad rigurosa y el traje impecable, rompía toda penumbra. Me nace su verso La tierra giró para acercarnos, del libro Alfabeto del mundo (1986), que resonó como llamado para entender lo que pasaba la noche del Cervantes: el tiempo, la distancia, la memoria, todo girando para que tras un cuarto de siglo las musas permitan un guiño a sus poetas. 

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