La educación en la era de la técnica
Vivimos plagados de tecnología. Nuestra forma de interactuar dentro de nuestras relaciones cada vez es más digitalizada. Todo es pantallas. Todo es IA. Todo es shorts y reels. Algunos la llaman hiperrealidad, un contexto en donde la tecnología digital y móvil nos ha consumido y es el medio determinante de nuestra relación con la realidad misma.
La educación también está siendo interpelada. Dentro de este caos informativo y del abrumador avance tecnológico, se ve obligada a dos caminos: a resistir o a adaptarse. Claramente en Bolivia observamos ambos ejemplos. O nos integramos o nos hundimos en el pesimismo crítico de los apocalípticos, en términos de Umberto Eco.
Entonces aparece una respuesta radical: la adaptación. De una debemos adaptarnos, dice la institución educativa. Con algo de freno, claro: se prohíben los celulares en las aulas. Pero en general debemos adaptarnos lanzándonos como una bomba dentro de la piscina de la tecnología. Ingresando cuerpo completo en el agua. ¿Cómo lo hacemos? Lo que se ve se anota: universidades cambiando el curso educativo para responder a la era de la técnica; posgrados de temas empresariales, comunicacionales y administrativos relacionados directamente con la tecnología, con la IA, con lo digital. INNOVACIÓN DIGITAL; MARKETING E IA; COMUNICACIÓN ESTRATÉGICA Y TICs. Los pregrados igual están plagados de palabras como “digital”, “tecnología”, etc.
Este cambio inmediato (bastante inmediato) tiene una filosofía pedagógica clara: debemos crear profesionales técnicamente buenos, adaptados; técnicos en su área, técnicos en su uso y relación con la tecnología. Técnicos en su cotidianidad con su oficina. Porque eso requiere la era de la abrumadora técnica, profesionales especializados solamente en el uso y desarrollo de los dispositivos, paquetes y métodos tecnológicos para su beneficio profesional. Y las materias de formación que se llevan se repliegan también a lo técnico.
¿Eso es malo? Para nada. A más licenciados técnicos (quizá, no estoy del todo seguro), más trabajadores que respondan a lo que la vida empresarial necesita.
Entonces, si todo anda bien, por qué escribir esta columna; por qué preocuparnos y debatirlo. Porque como todo en la vida, se debe instaurar una mirada plural, a veces alejada, de lo que está ocurriendo. Intentar ver cada parte y estudiar todos los pedazos de esa completa torta de varios gustos y sabores que es la realidad.
Comenzaré por la siguiente afirmación: el desarrollo de conocimiento y práctica técnica en el profesional siempre existió y siempre fue adaptativo con o sin cambios curriculares y pedagógicos. Al día de hoy vemos profesionales ya adultos que no se titularon en una época con mayor contenido educativo destinado a lo técnico, y su adaptación es completa: usan las redes sociales, usan la IA, tiene buenas estrategias y estadísticas. Usan la tecnología sin haber pasado en su formación educativa materias técnicas. Esto sucede porque la tecnología es parte de nuestra rutina y lo técnico mayormente se aprende en terreno. No en vano existe ese dicho de “no lo vi en la universidad, pero sí me hice experto en la práctica laboral”. Así te lo cuentan camárografos, gente que usa redes sociales, incluso gente que usa la IA.
Es decir, que tengamos a la institución educativa abarrotada de contenidos destinados a la práctica técnica, no va a cambiar en gran cosa al profesional. Lo digo de frente y directo. Esto porque el desarrollo individual del profesional se determina por muchas razones que superan los contenidos curriculares. Pero erróneamente creemos que llenando todo, absolutamente todo, cada pregrado, cada posgrado, de temas destinados a lo técnico, haremos profesionales más competentes. Y la realidad es que no es así. No pasará.
En cambio, al inundarnos de contenidos sometidos a lo técnico en la universidad, y de manera indirecta a la educación primaria y secundaria, perdemos varias oportunidades de desarrollo humano en nuestros profesionales. Con esto quiero decir que lo técnico se aprende, un buen profesional lo hace de forma hasta casi natural con su práctica y dedicación exigida por la coyuntura y la cotidianidad laboral.
Pero cuál sería el otro lado de la moneda de lo técnico. Yo opino que lo crítico. El pensamiento crítico ha sido relegado en la vida universitaria del país. Si bien antes existían, en el caso de comunicación, materias sobre realidad nacional, historia, estudio de la cultura; ahora nada de eso se encuentra en las mallas curriculares. Incluso en comunicación corporativa y estratégica necesitas de herramientas críticas para un completo análisis de la opinión pública y la realidad social a la que interpelarás con los intereses de la empresa. Los mejores estrategas son los más críticos y analíticos; comprenden varios aspectos de la cotidianidad social, económica, política y cultural. Hay carreras mucho más técnicas como auditoria, que de hecho deben permanecer con el cálculo exacto en sus profesionales, pero incluso antes, en materias administrativas y algunas ingenierías encontrabas análisis de la realidad social y metodologías de investigación aplicadas al pensamiento crítico. Hoy es muy limitado.
Resalto esto porque creo que esos cuatro o cinco años de vida universitaria, además de ser tan cortos, son el único momento en donde existe una mínima oportunidad de formar no solo profesionales técnicos (lo cual, como lo dije antes, está bien) sino también críticos y reflexivos. Una mínima chance que está desapareciendo. Queremos profesionales que asciendan en su área laboral, que sean jefes o directores; ya les aseguro que el desarrollo crítico del profesional con contenidos culturales y análisis de la realidad lo puede potenciar aún más rápido.
No me voy a ningún radicalismo. Creo que un buen profesional, uno completo, es tanto buen técnico como reflexivo, analítico, cuestionador y crítico. Creo que profesionales con ese perfil tienen muchas más oportunidades con el mundo laboral en diferentes países, y que están capacitados no solo para usar métricas y métodos técnicos, sino para liderar y diseñar estrategias creativas por su reflexión crítica.
