El déficit es un bochorno
Dispersión, improvisación, desorganización, desideologización, confusión y aventura… Las elecciones subnacionales del 22 de marzo reafirmaron la grave crisis del sistema político del país y sus eventuales consecuencias en la democracia.
Esto ya es un bochorno. No puede ser posible que el llamado “cambio de ciclo” devele las peores miserias de la política. Si bien en las elecciones generales de 2025 vimos improvisación, candidatos advenedizos, alquiler de organizaciones políticas (“taxipartidos”) y desinstitucionalización partidaria (y chicanas judiciales), ahora la situación es peor: sobre todos los males se cierne la ingobernabilidad en algunas gobernaciones y alcaldías.
Acaba de ocurrir un escándalo en La Paz y a pocos parece interesarles el caso. Un partido, Nueva Generación Patriótica (NGP), de un empresario recién vuelto al país, declinó pugnar en la segunda vuelta por la Gobernación. Al contrario, su candidato, René Yahuasi, denunció que la decisión partidaria fue unilateral y que le corresponde seguir en carrera. En tanto, el Tribunal Supremo Electoral (TSE) informó que aceptó la declinatoria de NGP, que no corresponde la convocatoria a segunda vuelta y que procede la “proclamación de la otra candidatura”, en este caso Luis Revilla, de la alianza Patria Sol.
Revilla había logrado 20,0% de los votos, lejos del 40% y la diferencia de 10 puntos porcentuales necesarios, y Yahuasi, 9,1%, debajo de los nulos (12,2%) y los blancos (11,2%). ¿Cómo se lee esto? Quizás legal, porque lo definió así el TSE, pero no legítimo. Así, la situación del nuevo gobernador es complicada debido a las escasas confianza y legitimidad. En los hechos, solo dos de 10 ciudadanos terminó decidiendo por el conjunto del departamento.
El panorama no es distinto en la elección de los alcaldes de los municipios capital y El Alto. Salvo Manuel Saavedra, de Santa Cruz de la Sierra, que consiguió más de dos tercios de la votación, la mayoría de los nuevos alcaldes fue elegida por menos del 30%. Los casos de Potosí y El Alto son preocupantes: La Paz 23,7% (IH); El Alto 17,7% (UPC); Trinidad 39,3% (Patria Unidos); Sucre 20,2% (AGN); Cochabamba 46,7% (APB-Súmate); Oruro 28,4% (NGP); Cobija 29,5% (Libre); Potosí 16,7% (MTS); Santa Cruz de la Sierra 71,5% (VOS) y Tarija 55,4% (PT).
El caso de los candidatos a gobernador, el límite mínimo del 40% implica una salvaguarda para asegurar su legitimidad. Sin embargo, entre los seis candidatos para el balotaje, algunos se ganaron ese derecho con una baja votación. Revilla, como dijimos, obtuvo 20,0% frente a Yahuasi, un pobre 9,1%; en Beni, Hugo Vargas (MNR) consiguió 20,1% frente a Jesús Egüez (Patria Unidos), 36,5%; en Chuquisaca, en una votación interesante y reñida, Luis Ayllón (ANG) tuvo 34,6% de votos y Franz García (Patria Unidos), 34,0%; en Oruro, Óscar Chambi (Patria Unidos) logró el 11,0% de los votos, incluso debajo de nulos y blancos, frente el 35,2% de Édgar Sánchez (Jach’a); en Santa Cruz, en una pareja votación, Juan Pablo Velasco (Libre) recibió 28,3% de los votos y Otto Ritter, 27,0%; y en Tarija, Adrián Oliva (Patria) tuvo 35,7% y María René Soruco (CDC), 28,4%.
El sistema político no está preparado para un cambio de ciclo. Los cuadros no son capaces de mostrarse como alternativa, las organizaciones políticas no son sostenibles ni orgánicamente ni ideológicamente, y las leyes y normas no acompañan al propósito de promover una democracia sólida. El déficit político es bochornoso.
