El inquieto peso de la memoria: el caso Martins y otros recuerdos tachados

En su columna para 88 Grados, José Luis Durán reflexiona sobre la memoria histórica a partir de Marcelo Martins, Bochini y el mar.

Pasaron diez años antes de que nazca. Maradona brillaba en el mundial México 86. Durante la semifinal contra Bélgica, Argentina llevaba una ventaja de dos goles y poco, muy poco, antes de que el partido acabara, el DT gaucho Salvador Bilardo toma la decisión de meter al juego al histórico Ricardo Bochini. Maradona le da un preámbulo emotivo a este ingreso y dice su famosa frase: “Bienvenido, maestro. Lo estábamos esperando…”.

Lo de Bochini siendo elegido para formar parte de la selección argentina de 1986 tiene varias aristas. La primera es la de cerrar una deuda histórica. Bochini no fue parte de la selección de los mundiales de 1978 y 1982, a pesar de ser una de las estrellas centrales del fútbol de aquel entonces, y siendo también el ídolo de un adolescente Maradona. Pero los gauchos saben manejar muy bien su memoria social y sus deudas históricas. Se cree que Bochini no entró a los anteriores mundiales por culpa de César Luis Menotti, el Flaco, que aceptó la presión del gobierno militar en turno de incluir al 10 de River, Noberto Alonso. Después Menotti desmentiría esto asegurando que Bochini no se presentó por una enfermedad, posiblemente cancerígena. Sin embargo, el Flaco tampoco incluyó a Bochini el 82, lo que daba la impresión de una trifulca personal. A pesar de todo, el DT argentino Carlos Salvador Bilardo lo convocó para ir a México el 86. Hay diferentes historias, quizá todas ciertas, entre las que están la influencia de Maradona, quién deseaba ver a Bochini vistiendo la camiseta de la selección en un mundial para saldar una merecida deuda histórica, y las diferencias que Salvador tenía con Menotti; casi para darle la contra y hacer ver su error. Como sea, Bochini jugó alrededor de dos minutos el partido contra Bélgica, compartió jugadas y cancha con Maradona y Argentina saldó su deuda. Un final casi alegre.

Es una larga historia que me hizo pensar en las deudas e inquietudes memorísticas que atraviesan a nuestra sociedad en 2026. Mi primera pregunta es si Marcelo Martins merecía ser convocado para jugar el Repechaje en Monterrey. Hay una radical diferencia entre lo técnico-práctico y lo histórico-memorístico. Si algo no es la memoria es pragmática. La selección boliviana está cerrada, las estrellas que tenemos están en sus correspondientes posiciones y el plantel tiene una estrategia establecida. Parece que Martins no entra en dicho esquema. Pero repasando la primera mitad de las eliminatorias desde 2022, la selección con desventaja técnica y con un equipo diferente al actual, tuvo a Martins dando la cara, sufriendo las derrotas, pero intentando pelearla con la verde. Martins no lo consiguió, pero ahí estuvo, en la primera parte del camino, en el momento más difícil.

¿Tenemos alguna deuda histórica con él? La verdad, no lo sé. ¿Estaba de más convocarlo? No creo. 

Qué pasó ahí. Pues pasó la inactividad de casi dos años de Martins desde su temporal retiro y su fanfarronería. A los bolivianos no nos gustan los habladores. En cambio Bochini sí estaba en forma y actividad, a pesar de su edad. Y, como me dijo un amigo, Argentina tenía ese privilegio de poder tener a un veterano de peso simbólico en su selección, a diferencia de Bolivia que no tiene porcentaje de riesgo. Martins puede que —puede que sí, puede que no— tenga su aporte a la selección. Pero cuando todo pase, la pregunta se mantendrá, la duda estará presente, y habrá una deuda histórica (una más) que no conseguimos saldar. Lo dejo sobre la mesa.

Algo similar ocurre con nuestra relación con la historia. La más vueltera y polémica es la de nuestra relación con la pérdida del acceso al mar y la guerra del Pacífico. El ministerio de Educación optó por ya no hacer participar al sector educativo en los desfiles por el Día del Mar. Pero Panamericana continúa con su audio radial que sobre todo repite esa inquieta parte de “…Volveremos a los puertos del progreso”. Es bastante molesta. Mucho se ha hablado e investigado de este caso. Hay una necesidad política de mantener viva la pérdida marítima. Parece que si un gobierno no soporta el tema de la guerra del Pacífico, es un gobierno sin identidad ni memoria ni fortaleza, por lo que, en términos de Carlos Montengro, es un gobierno antiboliviano y antinacional. 

A pesar de ello, las nuevas generaciones inevitablemente tienen una natural desvinculación con la pérdida del Litoral. Primero que nada porque no les interesa la historia de Bolivia. En otras generaciones, lo charlábamos con mi maestro y amigo Toto Loayza, el hecho de que se niegue el mar boliviano era un síntoma de tu alienación y eras el peor de los bolivianos. Ahora si alguien abiertamente dice que le vale tres papayas el tema del Pacífico, nadie le reclama nada, incluso lo siguen y ratifican su idea. El mar está dejando de inquietar. Pero todo tiene una consecuencia y esto podría ser visto como una libertad que tanto anhelábamos con nuestra historia, es decir que por fin hicimos las pases, o una amnesia social que nos desvincularía de nuestra idea de buscar mejores condiciones comerciales para Bolivia por nuestra desconexión marítima. 

En lo personal, me alegra mucho ya no ver niños disfrazados del defensor de Calama, portando un rifle M16 de plástico, desfilando por una idea quebrada y agotadora. Mucho depende del profesor de historia, que muy muy buenos que digamos tampoco son. Con las correspondientes disculpas, ya que debe haber algún que otro buen profesor, pero justos pagan por pecadores. Más aún en el sistema educativo. 

El caso Martins y el tema del mar son asuntos que me quedan pendientes. Me generan preguntas de las que no tengo respuestas certeras. Pero pienso que ahí deben estar, pendientes.

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