Charlas breves: The Bolivian Bookaholic
Hoy conversamos con The Bolivian Bookaholic, María Rossy Liaño Teruya, una de las creadoras de contenido literario más influyentes del país. A través de sus redes sociales —donde reúne a más de 18.000 lectores— comparte reseñas, recomendaciones y reflexiones sobre libros, además de impulsar iniciativas como #LeemosBolivia, un proyecto dedicado a visibilizar y promover la literatura nacional. En esta conversación hablamos sobre la experiencia de leer en Bolivia, las alegrías y desafíos de crear contenido literario en redes sociales, y el papel que pueden jugar las comunidades digitales para acercar nuevos lectores a los libros.
¿Cómo empezó tu relación con la lectura? ¿Recuerdas algún libro o momento que haya marcado ese vínculo?
Empezó desde muy pequeña. Mi madre es una lectora empedernida, así que crecí rodeada de libros, enciclopedias y revistas por toda la casa. Recuerdo que me preguntaba: “¿por qué mi mamá tiene varios libros con el mismo título?” y años después lo entendí… porque yo también hago lo mismo.
Hay tres libros que marcaron diferentes etapas de mi vida lectora. En mi infancia, Las Fábulas de Esopo. Se suponía que debía leer un cuento por día, pero yo no podía quedarme con solo uno, ¡quería leerlos todos! Así empezó la aventura, aún conservo ese libro.
En la adolescencia, La Odisea de Homero. Fue el primer libro que realmente amé entre todas las lecturas asignadas en el colegio y gracias a él descubrí la mitología griega, que hasta hoy me fascina.
Y en mi etapa escolar posterior, Oda a Billy Joe de Herman Raucher. Hasta entonces había leído principalmente clásicos o literatura costumbrista boliviana, así que encontrar una novela juvenil que abordara temas de salud mental fue abrir la puerta a un mundo distinto. Lamentablemente el libro dejó de imprimirse hace años, por lo que los ejemplares que existen se consideran casi de colección.
Hoy muchas personas te conocen como The Bolivian Bookaholic, ¿en qué momento pasaste de leer para ti a compartir esas lecturas con otros?
Antes solía conversar de mis lecturas únicamente con mi familia y amigos, pero llegó un punto en el que sentí que no era suficiente y no quería abrumarlos (todos sabemos lo intensos que podemos ser los lectores).
Por lo que en 2013 empecé a subir fotos de mis libros a Instagram desde mi cuenta personal, que estaba en inglés.
Con el tiempo, empecé a conectar con más lectores y así fui encontrando a más creadoras de contenido de la comunidad lectora del país.
Al inicio mi cuenta personal era una mezcla de todo; vida diaria, viajes, libros, etcétera. Un verdadero carnaval visual. Entonces mi sobrina me sugirió abrir una cuenta exclusiva para hablar de libros. Al principio me resistí —no quería empezar desde cero— pero seguí su consejo.
Y, finalmente, en 2019, abrí oficialmente mi cuenta literaria The Bolivian Bookaholic en Instagram. El nombre nació de una taza que me regaló mi madre que dice: Hello my name is Ma. Rossy and I’m a Bookaholic.
En 2021 decidí cambiar el contenido del inglés al español para conectar mejor con la comunidad local, y en 2023 expandí mi contenido a TikTok, abriendo nuevas formas de compartir mi pasión por la lectura.
Contaste que tu sobrina fue quien te animó a abrir tus cuentas literarias. Cuando le hiciste caso, ¿qué tan diferente imaginabas que sería esta experiencia?
Tomar esa decisión realmente cambió todo. En ese momento no imaginaba la magnitud de lo que vendría después. Pensé que sería solo un espacio personal para ordenar mis lecturas y compartir recomendaciones de vez en cuando.
No esperaba encontrar tantos lectores y mucho menos personas genuinamente interesadas en leer lo que yo tenía para decir sobre libros. Descubrí que crear una cuenta exclusivamente literaria te conecta con el nicho, hace que te encuentren lectores con tus mismos intereses y al mismo tiempo, te permite descubrir nuevos autores y propuestas editoriales.
También cambió mi forma de vivir la lectura. Ya no era solo una experiencia individual, sino compartida. Empecé a conocer novedades, intercambiar opiniones y dialogar constantemente con personas que sienten la misma pasión por los libros.
Pero, sobre todo, encontré una comunidad increíblemente bonita y unida. Una red de lectores que se apoyan, se recomiendan historias y celebran juntos el amor por la lectura. Eso fue algo que nunca imaginé y que hoy valoro profundamente.
Ser booktoker o creadora de contenido literario no es algo tan común en Bolivia. Cuando empezaste, ¿sentías que estabas entrando en un territorio en el que nadie hacía nada?
No diría que era un territorio vacío, ya que existían creadoras de contenido literario en Bolivia, especialmente en Youtube, y tengo el gusto de conocer a varias de ellas. Sin embargo, sí era un espacio pequeño, poco visibilizado y con mucho potencial por desarrollar.
Más que sentir que “nadie hacía nada”, lo que yo sentía era una necesidad muy personal de compartir mis lecturas y mis opiniones con otras personas. Los lectores entienden esa sensación cuando un libro te emociona, te transforma o te deja pensando durante días, querés hablar de él, recomendarlo y encontrar a alguien que sienta lo mismo. Compartir esas emociones con la “tribu” correcta, es profundamente gratificante.
En ese sentido, empezar a crear contenido literario fue mi forma de encontrar comunidad y de aportar mi voz a un espacio cultural que estaba creciendo.
Crear contenido en redes suele parecer sencillo desde fuera, pero tiene su propio trabajo y disciplina. ¿Cuáles han sido las mayores dificultades de mantener un proyecto literario en redes?
Uno de los principales desafíos ha sido adaptarme a los cambios constantes del algoritmo en las distintas plataformas. Es un reto que enfrentamos todos los creadores de contenido, sin importar el nicho. Mantenerse actualizado no es opcional; de ello depende la visibilidad de lo que publicas y el alcance que puede tener.
Muchas veces un contenido al que le dedicaste horas puede pasar desapercibido simplemente porque las dinámicas de la plataforma cambiaron. Eso exige aprendizaje continuo y mucha capacidad de adaptación.
Otro gran desafío es el tiempo. Cuando las redes sociales no son tu fuente principal de ingresos —como es mi caso— sostener un proyecto literario es un compromiso personal. Combinar el trabajo profesional y tu vida personal con la creación de contenido implica organizar muy bien tu agenda y priorizar.
Sin embargo, la constancia es la clave, mantener un proyecto literario en redes no es fácil, sobre todo en un país donde la comunidad literaria todavía está en crecimiento.
Y, en contraste, ¿cuáles han sido las mayores alegrías o sorpresas que te ha dado esta comunidad de lectores que se ha formado alrededor de tus cuentas?
Sin duda, las relaciones de amistad que nacieron gracias a este espacio. Nunca imaginé encontrar tantas personas tan lindas, sobre todo en Instagram que fue donde empecé, tanto lectores como autores. Con algunos he tenido la alegría de coincidir en persona en ferias y eventos literarios y con otros he construido vínculos de manera virtual que se sienten igual de reales.
Algo que me sigue sorprendiendo es lo unida que puede ser la comunidad. En momentos complicados, como cuando alguien ha utilizado mi contenido sin permiso o sin dar crédito, otras creadoras y lectores me han avisado y me han apoyado para resolver la situación. Ese sentido de compañerismo y cuidado mutuo es invaluable.
Más allá de los libros, esta comunidad me regaló una red de personas que comparten la misma pasión y que celebran juntas cada logro, sin importar la edad. Eso hace que todo el esfuerzo valga completamente la pena.
Uno de tus proyectos más visibles es #LeemosBolivia, que busca promover la literatura nacional. ¿Cómo nació esta iniciativa y en qué está actualmente?
Cuando empecé a crear contenido literario, leía algunos libros nacionales, pero no en la misma proporción que autores internacionales. En gran parte, porque desconocía la existencia de muchas obras bolivianas.
Las Ferias del Libro y redes sociales fueron clave en ese proceso; ahí empecé a buscar activamente más literatura nacional y a recomendarla, especialmente en agosto, nuestro mes patrio. Comprendí que hacía falta visibilizar más a nuestros autores y mostrar la diversidad de géneros y propuestas que existen en Bolivia.
Así el 6 de Agosto de 2021 nació oficialmente #leemosBolivia. El hashtag surgió como una herramienta para que los lectores pudieran encontrar fácilmente reseñas y recomendaciones de literatura nacional. Desde el inicio mi intención fue que no se limitara solo al mes patrio, sino que acompañara todas las lecturas bolivianas durante el año, aunque agosto sigue siendo el mes más fuerte de difusión.
La evolución del proyecto ha sido profundamente satisfactoria. La comunidad lectora ha sido un soporte invaluable compartiendo sus lecturas con el hashtag, amplificando el alcance de la iniciativa. También hemos organizado lecturas conjuntas de obras seleccionadas, generando espacios de conversación colectiva en torno a autores bolivianos.
Actualmente #leemosBolivia avanza con mucha fuerza gracias al compromiso de los lectores y compañeras creadoras de contenido, pero también gracias al apoyo de autores y editoriales de todo el país que confían en mi trabajo y me envían sus libros para reseñarlos. Me siento profundamente honrada y agradecida por esa confianza.
Cuando empezaste a impulsar #LeemosBolivia, ¿qué descubriste sobre la literatura boliviana que quizás no se dice mucho?
Descubrí que, lamentablemente, todavía nos cuesta valorar lo nuestro antes que lo extranjero. Arrastramos desde pequeños la idea de que los libros de afuera “son mejores” y que la literatura nacional puede ser aburrida. Es un prejuicio cultural que necesitamos desaparecer con hechos.
También entendí que el sistema educativo sigue igual, no ayuda a fomentar el amor por la lectura —y remarco la palabra amor, porque no es lo mismo leer por obligación que leer por gusto—. Cuando un niño conecta con una historia que él mismo escogió y la disfruta, es mucho más probable que en el futuro se abra a nuevas lecturas, incluso aquellas que no elige por sí mismo.
En mi experiencia personal, durante el colegio leímos principalmente obras costumbristas como Raza de Bronce de Alcides Arguedas. En ese momento no la disfruté; años después la releí y me pareció una de las novelas bolivianas más impactantes que he leído. Simplemente, mi yo adolescente no supo entenderla, mucho menos apreciarla.
Otro aspecto que no se menciona lo suficiente es la crisis de comprensión lectora actual. No solo se observa en niños, sino también en adultos. Muchas personas leen, pero no siempre comprenden lo que leen, eso se hace evidente incluso en conversaciones cotidianas en redes sociales. Este problema afecta la literatura.
Además, no podemos ignorar los factores socioeconómicos. Para muchas familias, comprar libros representa un gasto difícil de asumir. Y aunque en las ferias de libros se pueden encontrar libros desde los 5 Bs. Leer como hobby en Bolivia todavía es costoso y esa realidad influye directamente en los hábitos lectores del país.
Muchas veces se dice que en Bolivia “no se lee”. Desde tu experiencia directa con lectores en redes, ¿qué tan cierta crees que es esa afirmación?
Creo que es una afirmación que tiene matices. En parte es cierta; todavía no se lee tanto como quisiéramos ni con la frecuencia que se ve en otros países. Sin embargo, decir simplemente que “no se lee” invisibiliza muchos esfuerzos y cambios positivos que están ocurriendo.
Desde mi punto de vista, cada año surgen más cuentas literarias, especialmente de gente joven que habla de libros actuales, comparten tendencias literarias y generan conversaciones activas. Eso demuestra que sí existe un interés real por la lectura y que hay una nueva generación de lectores construyendo comunidad.
Y aunque los libros en el país tienen precios elevados, yo veo lectores comprometidos, curiosos y con ganas de descubrir nuevas historias. Más que ausencia de lectura, percibo un ecosistema en crecimiento que necesita mayor apoyo y difusión para fortalecerse.
Según tu contacto con los lectores, ¿qué leemos más en Bolivia? ¿Ficción, no ficción? ¿Autores nacionales, internacionales?
Mi perspectiva se basa principalmente en mi experiencia con la comunidad que se ha formado en mis redes sociales. Allí la ficción tiene una clara predominancia sobre la no ficción. Gran parte de mi audiencia está compuesta por lectores entre 25 y 34 años, con una mayoría de mujeres; sin embargo, la diferencia con la audiencia masculina no es muy amplia, entonces creo que el interés por la lectura se mantiene bastante equilibrado. Dentro de este segmento, los géneros narrativos —novela contemporánea, fantasía, romance y thriller— son los más leídos y comentados.
En cuanto al origen de los autores, la literatura internacional todavía se impone sobre la nacional, en gran medida por la oferta comercial disponible en el mercado. Esto se percibe fácilmente en la presencia que tienen los títulos extranjeros en librerías, vitrinas digitales y en espacios como las Ferias del Libro de los distintos departamentos del país, donde suelen contar con mayor visibilidad y estrategias de exhibición más llamativas.
Sin embargo, creo que el panorama está cambiando. En los últimos años he observado un crecimiento acelerado del sector editorial boliviano: están surgiendo nuevos autores, editoriales independientes y proyectos que priorizan la publicación y difusión de literatura nacional.
Y gran parte de este avance se debe al enorme esfuerzo de difusión que realizan desde sus propias plataformas y espacios culturales. Cada vez hay más lectores interesados en descubrir historias locales y en apoyar la producción literaria del país.
¿Cómo dirías que las redes sociales han cambiado la forma en que las personas descubren libros y autores?
Las redes sociales han transformado profundamente la forma en que descubrimos libros y autores. Hoy son una herramienta fundamental para la difusión literaria, especialmente en el caso de la producción nacional.
Hay un alto porcentaje de la población conectada a plataformas digitales —ya sea por trabajo o entretenimiento— y es muy probable que las personas se encuentren en algún momento con contenido relacionado con libros. Esa exposición constante amplía las posibilidades de descubrimiento más allá de los canales tradicionales.
En ese contexto, creo que los creadores de contenido literario cumplen un rol clave al reseñar, recomendar, explicar tendencias y acercar la lectura a públicos diversos con un lenguaje accesible y formatos dinámicos.
Además las redes han abierto espacios de interacción directa que antes eran poco frecuentes, como clubes de lectura virtuales a nivel nacional, e incluso encuentros con autores sin moverte de tu casa. Esa posibilidad de diálogo directo entre lectores y escritores aporta una experiencia mucho más cercana y participativa. Por eso, más que solo proporcionar libros, las redes sociales han convertido la lectura en una conversación colectiva.
Hay quienes sostienen que las redes sociales simplifican la conversación sobre literatura, mientras que otros creen que la democratiza. Desde tu experiencia, ¿qué crees que realmente está pasando?
Desde mi experiencia, creo que ambas cosas ocurren al mismo tiempo. Las redes han cambiado la forma en que hablamos de libros, los formatos son más breves, visuales y cercanos, lo que puede dar la impresión de que la conversación se simplifica.
Sin embargo, también han democratizado el acceso a la literatura. Hoy en día cualquier lector puede compartir su experiencia, descubrir nuevas voces y formar parte de una comunidad sin importar su edad o formación académica.
Más que superficialidad, veo una transformación en el lenguaje cultural, la lectura se ha vuelto más accesible y más presente en la vida cotidiana.
Cuando recomiendas libros bolivianos, ¿qué tipo de reacciones encuentras en tu comunidad?
Me enorgullece decir que las reacciones suelen ser muy positivas. Muchas personas muestran un interés genuino por la literatura boliviana; me piden que comparta más contenido de mi sección de libros nacionales, que adelante cuáles serán mis próximas lecturas locales y que recomiende más autores del país.
También recibo con frecuencia preguntas sobre dónde y cómo conseguir esos libros. Ese interés es muy valioso, porque demuestra que la recomendación no se queda solo en el contenido digital, sino que puede traducirse en nuevas lecturas.
Sin embargo, ahí también aparece un desafío importante: la necesidad de mayor presencia digital por parte de autores, especialmente independientes. En muchas ocasiones comparto los datos de contacto cuando están disponibles, pero varios de mis libros los adquiero en Ferias del Libro y no siempre es fácil encontrar después canales directos para conectar con el autor o con quienes los publican.
Fortalecer esos puentes entre lectores y autores ayudaría a que el interés por la literatura boliviana se transforme más fácilmente en acceso y circulación de libros.
¿Cómo percibes hoy la relación entre lectores bolivianos y autores bolivianos? ¿Sientes que hay interés por la literatura nacional? ¿Qué falta para que ambos terminen de “enamorarse”?
Percibo una relación cada vez más cercana y humana entre lectores y autores bolivianos. Las redes sociales han sido clave en este proceso; hoy podemos ponerle un rostro al autor de un libro que nos marcó, algo que antes era mucho más difícil. Esa cercanía genera identificación y fortalece el vínculo con la obra.
También se notan más espacios de encuentro presencial. En las Ferias del Libro de todo el país, los autores participan activamente en presentaciones, firmas de libros y conversatorios, e incluso realizan visitas a unidades educativas. Para un niño o joven lector, conocer en persona a un escritor puede convertirse en un recuerdo decisivo; ese momento queda grabado y transforma la lectura en una experiencia viva. La conexión autor-lector es invaluable. Además, el crecimiento de clubes de lectura —tanto presenciales como virtuales— demuestra que existe una comunidad lectora activa y con ganas de dialogar sobre literatura nacional. El interés está presente.
Para que ese vínculo se fortalezca aún más, ayudaría contar con mayor difusión sostenida, acceso más amplio a los libros y más espacios de conversación cultural. También sería valioso que más autores tengan presencia en redes sociales como mencioné anteriormente; estos espacios permiten mostrar sus obras, compartir calendarios culturales y generar un contacto más directo con los lectores.
Entiendo que algunos autores prefieren mantener un perfil más reservado, pero la presencia digital puede ser una herramienta poderosa para acercar sus historias a nuevas audiencias. Cuando las historias locales circulan con mayor facilidad, el encuentro entre lectores y autores ocurre de manera natural.
¿Sientes que tu forma de leer o de recomendar libros ha cambiado desde que empezaste este proyecto?
Mi esencia como lectora no ha cambiado demasiado; sigo siendo una lectora de moods, guiada por lo que siento ganas de leer en diferentes momentos. Sin embargo, ahora priorizo mejor mis elecciones. Por ejemplo, organizo mis lecturas según fechas y temáticas: en mayo suelo enfocarme en libros que aborden la salud mental, mientras que en diciembre disfruto leer y recomendar historias con ambientación navideña.
Lo que sí ha evolucionado notablemente es la forma en que organizo y comparto mi contenido. Al inicio mi perfil era más espontaneo y desordenado; publicaba sin conocer mucho sobre algoritmos, planificación de contenido o fechas literarias importantes. Con el tiempo aprendí a estructurar mejor mi calendario y dar mayor coherencia a lo que comparto.
También me he vuelto más cuidadosa al reseñar y recomendar, especialmente cuando se abordan temas sensibles. Procuro comunicar con responsabilidad y respeto hacia diferentes públicos.
Además, cada plataforma me ha enseñado dinámicas distintas. He aprendido a adaptarme a las exigencias de cada una, para cumplir con las normas en cada espacio y lograr que las publicaciones lleguen a más personas.
Más allá de las redes, ¿cómo ha cambiado la lectura tu vida personal?
Leer me da balance y paz mental. Para mí, los libros son un refugio. En etapas de mi vida donde salir al colegio, la universidad o el trabajo me generaba (y lo sigue haciendo) mucha ansiedad y agotamiento emocional, la lectura se convirtió en un espacio seguro para calmar la mente y recuperar energía.
Muchas veces leemos la frase “leer es viajar sin moverse de lugar”, para personas como yo, eso es completamente real. La lectura es una parte fundamental de mi vida y la ha mejorado.
En Bolivia todavía existe la idea de que leer es una actividad solitaria y engorrosa. Sin embargo, proyectos como el tuyo muestran que también puede ser una experiencia compartida y apasionante. ¿Qué crees que diferencia a esa comunidad que se ha formado alrededor de tus cuentas de otras comunidades de consumo cultural en Bolivia?
Creo que la principal diferencia es que mi comunidad no se limita solo a consumir contenido, sino que participa activamente en la experiencia lectora. Si bien la lectura es principalmente un acto individual, la necesidad de expresar tus opiniones con otras personas, es algo que la mayoría de los lectores compartimos.
En mis espacios digitales los lectores no solo reciben recomendaciones; comentan, cuestionan, comparten sus propias lecturas, nos emocionamos juntos y creamos vínculos. Además, hay un propósito compartido que nos une: apoyar y visibilizar la literatura nacional. Mis cuentas se han convertido en un espacio de difusión constante para autores y libros nacionales, lo que fortalece el vínculo entre lectores, escritores y editoriales del país.
A esto también se suma el componente creativo que también nos conecta; disfruto integrar proyectos DIY relacionados o inspirados en libros, lo que hace que la lectura dialogue con otras formas de expresión artística.
Mirando hacia adelante, ¿qué proyectos o ideas te gustaría desarrollar en el futuro dentro de este espacio de promoción lectora?
En el futuro me gustaría seguir ampliando los formatos en los que comparto contenido literario. Desde hace un tiempo estoy considerando incursionar en Youtube, un espacio que permite desarrollar análisis más profundos y contenidos audiovisuales más elaborados. Aún estoy construyendo esa idea, pero es un proyecto que me interesa mucho y tengo que analizarlo muy bien por la falta de tiempo.
También quiero fortalecer los espacios de comunidad; impulsar más lecturas conjuntas y crear dinámicas donde los lectores puedan interactuar entre sí, no solo conmigo.
Por supuesto, uno de mis mayores objetivos es seguir promoviendo la literatura, sobre todo la nacional, dándole mayor visibilidad a nuestros autores y conectando sus obras con nuevos lectores.
A largo plazo, me gustaría que mi proyecto continúe creciendo como un espacio de referencia para quienes buscan recomendaciones confiables y una comunidad lectora activa en Bolivia.
¿Qué estás leyendo ahora?
Actualmente estoy leyendo Donde Habitan Las Sirenas de María Martínez y mi próxima lectura será Inframundos de Fernanda Verdesoto Ardaya.
¿Qué autores o autoras recomiendas leer?
Elegir es difícil porque depende mucho de los gustos de cada lector, pero puedo recomendar desde mis géneros favoritos.
Soy fan de la ciencia ficción, así que empezaría con Frank Herbert y su obra Dune, ideal para quienes disfrutan mundos complejos y personajes profundamente construídos. También recomiendo a Andy Weir, quien logra que seas parte de la historia explicando conceptos científicos de forma clara y entretenida con El Marciano y Proyecto Hail Mary. En una línea más juvenil, Pittacus Lore y la saga Lorien Legacies son perfectos si te gustan los súper poderes Si te gustan los conflictos entre humanos y alienígenas tengo propuesta nacionales increíbles como Made Aguirre con su saga Mundo Inmortal y Adhara Stanley con su trilogía Vuntor.
Si hablamos de ficción histórica, leer a Diana Gabaldon y su saga Outlander es como viajar por la historia escocesa mientras seguís aventuras inolvidables. También destaco a Kristin Hannah, cuya novela Los Cuatro Vientos retrata de forma conmovedora La Gran Depresión. Si te apasiona el arte, Guillermo Ruíz Plaza te transporta a Francia para conocer a grandes artista de la historia en su novela El Hombre Tocado de Viento.
Amo los clásicos, creo que no necesitan una explicación del por qué son tan leídos en todo el mundo, mis recomendaciones son Cuento de Navidad y Grandes Esperanzas de Charles Dickens, Jane Eyre de Charlotte Bronte, Cien Años de Soledad de Gabriel García Márquez, El Conde de Monte Cristo de Alejandro Dumas…. y así podría seguir.
En misterio policiaco, Agatha Christie es mi autora por default, no importa qué libro de ella lea, siempre cumple.
Si te gusta la mitología, La Odisea es imprescindible; y en lo nacional César Herrera con El Libro Viviente rescata la mitología del oriente boliviano.
Si los thrillers contemporáneos son lo tuyo Stephen King con Misery y The Body no decepcionan, Edmundo Páz Soldán con Los Días de La Peste te dejará impactado y Adrián Nieve con Porcelana te dejará con sentimiento encontrados.
Si tenés niños en casa Mariana Ruíz Romero es la reina de las historias infanto-juveniles con su saga Uma y Graciela Ortuño con El Silencio de Los Jóvenes habla de temas delicados.
Cuando perderte en la fantasía es lo tuyo Leigh Bardugo con su bilogía Seis de Cuervos te transportará a reinos lejanos y Ana Triveño te mostrará lo que la magia puede hacer en Sibelle Para Benjamín.
¿Qué libros quieres leer, pero todavía no lo hiciste?
La lista es larga, pero estos son los que más me emocionan y esperan pacientes su turno en mi carrito de pendientes.
Nacionales
Las Olvidadas – César Herrera
Lazos de Sangre, Hilos Rojos y Otras Superficies Inquebrantables – Avril Pol
Vuntor III – Adhara Stanley
El Peso del Amor – Juan Pablo García Hinojosa
La jaula Se ha Vuelto Pájaro – Ariadne Ávila
Catalina de Dos Mundos – Juan Claudio Lechín
Cómo Salvar una Vida – S.L. Rejas
Internacionales
Nuestra Señora de París – Víctor Hugo
No Dejes Entrar al Bosque – C.G. Drews
Las Huellas del Mal – Federico Andahazi
El Aviso – Paul Pen

