En Coelho pensando en Borges
¿En qué se parecen Jorge Luis Borges y Paulo Coelho? ¿Cuál era el tema común que atormentó al artífice de algunas de las mayores ficciones de la literatura y al autor de uno de los libros más vendidos en Latinoamérica?
Hace tiempo leí una de esas cosas que Borges escribía y que les atribuía a otros: “Historia de los dos que soñaron”, en El Aleph. Era demasiado parecido a El Alquimista de Paulo Cohelo, el amado, odiado y bien vendido autor brasileño. Parado desde mis prejuicios, no lo podía creer. ¿Me estás diciendo que Borges escribió el cuento que fue la base para que Coelho escriba su libro de autoayuda? ¿Y de paso volverla uno de los libros más vendidos en español? El terror aumentó cuando vi la sombra de uno en el reflejo del otro. No había opción. A investigar en internet.
Hurgando un poco, descubrí que la historia de un personaje que deja todo atrás para buscar una fortuna inimaginable para los hombres no es nueva. Ni siquiera es exclusiva de Borges. Se repite con variaciones en la tradición religiosa y narrativa. El personaje se avienta a lo desconocido, armado solo con la confianza en un sueño que tuvo, y descubre que su objetivo siempre estuvo a su lado. Es una variación del “Ciclo del Héroe”, enfocada en el aprendizaje y la confianza. Pero el mentor no es Gandalf, sino uno mismo. ¿El requisito para esta aventura? Fácil: dejar todo atrás.
En “Historia de los dos que soñaron”, un hombre deja Bagdad siguiendo las instrucciones de un sueño que le dice que su tesoro está en El Cairo, pero lo espera un atraco, la cárcel y la burla de un juez; “hombre crédulo”, le dice, porque confió en algo tan etéreo, siendo que él, un hombre de letras y leyes, jamás dejaría su vida en las manos nebulosas de un sueño, como el que tuvo recién y que le decía que su tesoro está en Bagdad. Golpeado y maltrecho, el hombre vuelve a su tierra y escarba en la tierra bajo la higuera vieja del jardín donde tuvo el premonitorio sueño. Sus dedos pronto tocan algo sólido y antiguo: un cofre lleno de oro, como el de sus sueños. Durmió encima de él todo este tiempo, pero si no hubiera viajado a El Cairo el juez no le habría dado la pista final. Se arrodilló y dio gracias a Alá por la fortuna.
El cuento es un prodigio de simplicidad, y no deja lugar a dudas sobre su origen: una muestra de relojería borgiana. El argentino lo atribuyó a uno de los relatos en Las Mil y Una Noches, pero su referencia es también ficticia y no concuerda con el orden nocturno de la antología árabe. Clásico Borges. Como siempre que uno trata con este autor, la realidad se comienza a contagiar de los mecanismos de la ficción.
Por mi parte, tenía en mis manos un misterio que no podía ser simplemente casualidad.
No obstante, pocas cosas se pueden ocultar en internet. El sagrado arte de confiar nuestra vida a los sueños, respetar y propiciar nuestra suerte, y la importancia del camino por encima de la meta, no es original del autor argentino. Menos del brasileño. Ni siquiera es exclusiva de la narrativa occidental. Es una creencia que nació en oriente (ahí la pista de Borges es correcta), y se extendió a través de todas las tradiciones en las que las personas buscaban el sentido de la vida más allá de lo cotidiano. Es el maktub (مكتوب, que significa “está escrito”), la confianza en que, si bien la historia ya está escrita, uno debe propiciarla con su acción y con su fe en el proceso. Todo está escrito, encaminado hacia nosotros, pero no basta con esperarlo. Es requisito indispensable actuar y confiar en que ese destino va a manifestarse.
El maktub árabe fue la base para enseñanzas místicas posteriores. El poeta persa Yalal ad-Din Muhammad Rumi contaba la versión original, sobre la que se basó Borges, y que se encuentra en Las mil y una noches, dándole su primer famoso título: “En Bagdad soñando con El Cairo, en El Cairo soñando con Bagdad” . En la tradición judía, es relatada como la parábola de “El judío de Praga”. Incluso se pueden encontrar pinceladas de la constante superación personal que requiere al personaje principal su confianza en la certeza de que alcanzará lo que busca si persiste en el camino, como pasa en el Siddartha de Herman Hesse o La Divina Comedia de Dante. Viajes iniciáticos que llevan a la verdad a través de una entrega quijotesca a la leyenda que uno escribe a cada paso.
Aunque la historia fue variando en la descripción de sus elementos, la esencia es la misma. El tesoro nunca está donde creemos. El camino es tan valioso como la meta. La vida, como el oro, debe purificarse de elementos adicionales y distractivos, lo que usualmente ocurre a través del fuego, de la entrega de nuestras sólidas a lo incontrolable.
Y su más reciente propuesta, se vendió como pan en el siglo XX y es un super coloso de ventas hasta este momento en el que escribo: El Alquimista de Paulo Cohelo. Llegó a mis manos, precedido por su fama, y lo que me impresionó —incluso ahora— es su enorme factibilidad. Es un libro que se deja leer. Proporciona la alegría más inmediata para los hedonistas, simplifica la lógica. Tal vez por eso sigue haciendo ecos hasta el día de hoy, en que todos los medios disponen de escasos segundos para retener la atención del consumidor. De alguna forma, esa es la magia de El Alquimista. Pone al alcance de la mano una antigua tradición oriental de descubrimiento y arrojo.
Pero, ¿qué haces si quieres encontrar tu leyenda personal? ¿Siquiera tenemos una leyenda personal? Tal vez ahora tengamos más oportunidades de encontrarla. Este tiempo de seguros de vida, de tutoriales en internet, de ver al error como una enfermedad, es el mejor para adentrarse sin mapa en el bosque para aprender la lección humana que teníamos pendiente: que el camino es más importante que el destino.
Después de todo, la historia de la leyenda personal ha enseñado durante siglos que vale la pena confiar en la voz interna, en lo que los animales llaman instinto. De sus características, esa es la que más me gusta. No es ciencia. Es sencillo. Y ya lo dijeron los Rolling Stones: “No siempre puedes obtener lo que quieres, pero si lo intentas, puedes obtener lo que necesitas”.

