¿En verdad nos importa la educación?
El gobierno de Rodrigo Paz anunció el fin de la Ley 070 Avelino Siñani – Elizardo Pérez, que establece, desde el 2010 hasta la actualidad, el modelo educativo boliviano. Durante toda su vigencia, la Ley 070 recibió críticas por su contenido político ideológico, más que pedagógico. La tacharon de dogmática y doctrinaria, y comenzó a aparecer la utopía del cambio real, la búsqueda de un nuevo modelo que responda a la demanda competitiva y laboral. Por lo visto este “nuevo modelo esperanzador” no llegará hasta el siguiente año, a pesar de que el Ministerio de Educación afirmó que se instauraron mesas de trabajo para plantear un nuevo proyecto de ley que reforme el sistema educativo, esperando presentar resultados a finales del 2026.
Pero, con los correspondientes límites a todo pesimismo, hagámonos una pregunta reflexiva: ¿De verdad tenemos la creencia, convicción y esperanza de que una nueva ley hará que la educación en Bolivia mejore? Nos encontramos en una situación crítica, tanto a nivel primario, secundario y universitario. Estudiantes llegan a la universidad sin muchas competencias básicas esperadas y el docente se ve forzado a hacer de las aulas universitarias en espacios de educación escolar, retrasando e incluso perdiendo importantes oportunidades de formación profesional. Además, crece la cantidad de universitarios a punto de ser licenciados con errores ortográficos y el mundo profesional no se salva, hay graduados que no responden bien a sus empresas y los chismes corren a los oídos de sus docentes.
Mis años de docente me han dado una respuesta mucho más preocupante: los contenidos no son la causa de la crisis educativa del país. Efectivamente, necesitamos una renovación de la malla curricular urgente y repensar los contenidos en todas las disciplinas para cumplir con la demanda de la realidad actual, pero las fallas de nuestro sistema educativo no yacen ahí y si no las identificamos de manera precisa, seguiremos cambiando y cambiando los contenidos las veces que queramos sin encontrar ni un ápice de mejora.
Partamos de una idea básica de la filosofía educativa: toda educación responde y se forma constantemente y en sintonía con la realidad social y política a la que pertenece. Bolivia no es un país en las mejores condiciones ni sociales ni políticas; nuestras brechas de desigualdad están a punto de volverse a ampliar, hay una vigente desinistitucionalidad democrática que da paso a la injusticia, la arbitrariedad y el oportunismo de grupos movilizados; hay juegos de intereses específicos que también afectan a la educación.
Entidades e instancias políticas han impedido que exista competitividad entre los profesores y docentes; esto es fundamental, ya que la competencia docente permite que profesionales con una amplia capacidad, preparación y formación den clases. En cambio, hay intereses políticos y de relaciones personales que posibilitan que una persona pueda ser profesor y dedicarse a la educación. No debería ser así. Sin embargo, el problema de la baja calidad de los educadores también se refleja en la baja inversión económica destinada a la educación; en pocas palabras, el salario es muy bajo. La calidad económica por supuesto que tiene mucho que ver con la calidad administrativa de la educación y su ejercicio.
Otro punto que ocurre, es parte de ese día a día que no es visible, es que el sistema educativo del país está quebrado por la falta de ética profesional y moral, lo que llevó a una desconfianza de las entidades educativas en los futuros educadores. Poco se habla. Los rumores y denuncias de relaciones entre profesores y estudiantes han quebrado la oportunidad de ejercicio educativo de nuevos, y posiblemente buenos, profesores y docentes. Sin duda, la justicia y la administración de los establecimientos educativos debe urgentemente encargarse de estos casos con las penas correspondientes al profesorado acusado. De haber tolerancia cero. Es una obligación el ajustar la regularización y vigilancia del profesorado y hacer serio seguimiento de las acusaciones para dar sentencia a los responsables de estos actos atroces.
Aún así, en investigaciones que realicé, me enteré de que muchos colegios han optado por dejar de contratar profesores jóvenes, como una medida (equivocada desde mi punto de vista, porque parte de un prejuicio, y hay adulto mayores metidos en el problema) para evitar estas demandas de que un docente o profesor “viejo verde” acose o establezca una relación sentimental con una estudiante. Pero el corte en el contrato de nuevas generaciones de maestros nos lleva a perder la oportunidad de establecer nuevas posibilidades dinámicas y generacionales de profesores. El entendimiento de la realidad parte de una serie de perspectivas y relacionamiento de la realidad que posibilitan la mejora de la educación. Un docente de 30 años no observa el mundo ni sus dinámicas como un docente de 60 años. Esto no significa que uno sea mejor que el otro, para nada; pero sí es necesaria una diversidad de experiencias y visiones para que una educación tenga su nivel de complejidad en sus dinámicas y actividades.
En fin, hablar de sistema educativo es hablar de una gama aún más amplia de categorías que una normativa no corregirá si es que están en un punto crítico. La educación es una actividad humana y social, una institución formada por las interacciones de sujetos y colectivos. Pero madres y padres de familia, profesores e incluso estudiantes se pasan la toalla, se estacan en ideas que no se practican y la educación en Bolivia, mucho antes de la Ley 070, está en un fango lleno de trincheras donde nadie puede dar un solo paso.
