Heated Rivalry: I need sunshine
Este artículo debe leerse como si fuera un comentarista de fútbol APASIONADO, que respira, suda y vive por el amor y la pasión entre estos dos ñatos.
“¿Rivalidad? Tenemos. ¿Hombres guapos? Tenemos. ¿Amor prohibido? También. La serie más comentada del momento, Heated Rivalry, llega este 6 de febrero a HBO Max”.
Así se anuncia, con una imagen más que cuestionable, los mejores seis episodios en la historia de la televisión en las redes sociales por el distribuidor que se hizo cargo de sacar a esta pequeña serie de la televisión canadiense a las pantallas de todo el mundo.
Damas y caballeros, todo comenzó con un librito, el segundo de una serie de romance erótico sobre hombres que juegan hockey y luego juegan hockey.
Con la cola.
Siguió con Jacob Tierney, un director canadiense gay, que leyó los libros en la pandemia, lanzó su anzuelo en forma de un DM para la autora, Rachel Reid, y ahí, ahí comenzó de verdad este viaje.
Con Ether, el álbum de Peter Peter, en repeat, Tierney se puso a escribir —como dije previamente, y no a la ligera— los mejores seis capítulos de la historia de la televisión. Dato curioso: Peter Peter luego se convirtió en el artista que musicalizó la serie tan perfectamente que juro que se queda en la psiquis de todos los que la ven. La canción Inferno, nonono, me la tatuaría. Esa canción construye perfecto una de las escenas más cargadas sexualmente de la serie.
Heated Rivalry cuenta la historia de “CANADA´S SHANE HOLLANDER AND RUSSIA´S ILYA ROSANOV”. Dos jugadores de hockey que empiezan su carrera profesional al mismo tiempo que comienzan una relación sexo-afectiva, la cual nadie, ni su gente más cercana, conoce. Una relación que eventualmente se convierte (o siempre fue) mucho más que solo física.
Con esta premisa uno se puede confundir y decir: “esto ya lo vi, una y mil veces, es una raya más al tigre”. Pero no, señoras y señores, LO EQUIVOCADOS que estarían al pensar así.
Esta serie ES el tigre.
Es precursora al mismo tiempo que es recuperadora.
Heated Rivalry precursa —no existe esta palabra, pero la vamos a usar igual— una historia adulta, a partir de una fantasía adolescente. Y, al hacerlo, recupera la corrección de color con intención, cosa que se ha perdido en el cine moderno donde TODO TOOODOOOO se ve IGUAL. Lindo, pero igual.
Y me voy a agarrar de esas dos cosas para comentar absolutamente TODO acerca de esta serie.
Los aburro primero con lo técnico.
La serie utilizó dos cámaras ARRI Alexa 35 con un lente anamórfico Panavision T-Series. El uso de dos cámaras fue una inversión que sirvió para acortar los días de rodaje. Esta obra maestra se rodó en 36 días. Una puta y absoluta locura. Si bien si tenían poca plata para hacer la serie, taaaan poca plata no era porque estas cámaras son una bala. Pero obviamente tener buen equipo NO asegura un buen resultado. Tiene que haber visión ahí, cuidado, intención y ganas. Y en esta serie hay un montón, de sobra. Cada plano que se decidió incluir fue intencional para maximizar lo que se quería lograr en cada escena. Y sí, ya sé, parece obvio. PERO NO LO ES, GENTE, NO LO ES. Sobre todo cuando hay algún plano que podría considerarse “menos importante” o “de relleno”. Tierney no tenía tiempo en pantalla que perder. Y ese cuidado por el detalle, lo es todo amigos. Lo es todo.
Ahora, a lo que más nos compete.
La premisa podría, potencialmente, haber sido otra cosa. Una serie disneyficada donde vemos sexo vainilla, mala actuación, musiquita de mierda y tiempos en pantalla que no funcionan. Sin embargo, SIN EMBARGO, lo que nos llegó fue todo lo contrario.
SPOILERS, gente. Vayan a ver la serie y vuelvan.
Primero que nada, me gustaría mencionar una de las primeras buenas decisiones de la serie, que, si se meten un poco a ver las ruedas de prensa, van a entender por completo. Más allá de la química de nuestros dos protagonistas (Hudson Williams como Shane Hollander y Connor Storrie como Ilya Rozanov) hubo ALGO: Dios, la Virgen, las estrellas que se alinearon y decidieron que estos dos actores sean del mismo tamaño. En el libro, Ilya es un ruso enorme y Shane es pequeño, al punto que se hacen chistes con su altura. Y si bien ese es un trope que funciona, siento que para la serie es VITAL que los dos personajes sean del mismo tamaño. Una particularidad que se discute sobre la serie es que ambos personajes son deportistas, los típicos jocks que estamos acostumbrados a ver, ambos bien asentados en su masculinidad, y que no hay una figura “femenina” en esa pareja. Ambos son personajes que tienen cualidades muy particulares de su entorno y de su personalidad que hacen que estén, más o menos, emocionalmente disponibles durante la serie. Visualmente, siento que este balance perfecto que logra la serie, hubiera sido alterado si uno de los actores hubiera sido significativamente más grande que el otro.
En segundo lugar, es importante decir que el director rechazó más plata a cambio de más control creativo y se nota. La historia entre Ilya y Shane transcurre en un lapso de nueve años en el que podemos ver cómo se va desarrollando su relación. Desde su primer encuentro íntimo se establece una dinámica donde Ilya le da instrucciones a Shane —very top/bottom, tintes de dom/sub—, sin embargo, también desde ese primer encuentro se establece que Ilya es un asshole (un patán, un canalla, un cabrowwwn), pero al mismo tiempo, es considerado con sus parejas sexuales. Ilya está todo el tiempo asegurándose que la otra persona esté cómoda. Si bien esto puede parecer un detalle menor, no lo es para nada. Hay momentos donde Shane está más distante y momentos donde Ilya está más distante. Y esta distancia no está justificada con un trauma pasado que no tiene sentido.
Ilya está constantemente presionado por su padre, que eventualmente muere después de sufrir demencia senil por muchos años, y también presionado por su hermano que es una sanguijuela coquera a la cual Ilya tiene que mantener. A eso se añade que Ilya está traumado por el suicidio de su madre y consumido por una soledad que lo acompaña siempre.
Otra adición vital a la serie es nuestra queen, Svetlana, que en el libro tiene un papel bastante menor, pero que en la serie es la única constante en la vida de Ilya, la única persona con la que vemos que él puede estar tranquilo. Lo conoce desde que son niños, conoce su situación familiar, sabe de hockey y no le exige a Ilya más de lo que puede dar. Y con unas pocas palabras, le hace saber que está bien que esté enamorado de un hombre, que ella lo amará igual.
Shane, por otro lado, es una persona dentro del espectro autista que le cuesta mucho entender y expresar sus sentimientos. Debido a su contexto, tiene que luchar todo el tiempo contra la homofobia internalizada que existe en su profesión. No es sino hasta ocho años después de su situationship con Ilya que Shane acepta que es gay. Y solo acepta esa parte de sí mismo porque otra reina absoluta le da el espacio para hacerlo: su noviecita famosa Rose Landry —chiste interno (prosigue con acento ruso): you not so gay you can´t fuck Rose Landry)—, la cual, sin rabia, sin escrúpulos y con impresionante ligereza le da la facilidad a Shane de confesarle a alguien, por primera vez, que prefiera estar con hombres.
Para Ilya es otra la historia. No le jode para nada el hecho de que es bisexual, le jode que es ruso y en Rusia lo lincharían por estar con un hombre. Y, como buen hombre eslávico, no se queda pensando en lo imposible. Son todos estos conflictos los que hacen que no puedan estar —del todo— juntos. Y, volviendo al punto del tamaño de los actores, creo fehacientemente que, si el personaje de Ilya hubiera sido físicamente mucho más grande que Shane, instintivamente hubiéramos virado a un power play donde Ilya siempre tiene la ventaja.
El hecho de que la relación de estos dos personajes se vaya balanceando durante esos nueve años, donde hay un jale y empuje de ambos lados, hace que el hecho de que los dos se enamoren al final, tenga sentido. Son rivales, sí, pero para las cámaras. En las camas de hotel donde se encuentran, en la casa de Ilya y en el depa que Shane compra solamente para culear con Ilya, no hay competencia, no hay odio. Hay respeto, consentimiento y una intimidad visceral compartida.
Por Dios, Jacob Tierney es un genio.
Hay una escena, una de las más hermosas de la serie, donde acaba de morir el padre de Ilya y llama a Shane. Shane le hace muchas preguntas, pero Ilya no las puede responder, está abrumado y le cuesta expresarse en inglés. Shane sugiere que le hable en ruso, que, aunque él no lo pueda entender, tal vez Ilya sentirá alivio al expresarse. Y, amigas, amigos, ¡QUÉ MOMENTO PARA LA TELEVISIÓN MODERNA! Connor Storrie no es ruso, ni eslavo, ni europeo. ES TEJANO. DE TEXAS. YU ES EI. El monólogo que se mandó no les puedo explicar. Habla de que en su familia lo ven como un banco o como un enemigo, que ahora que su padre murió, él está solo. Habla de que lo destroza no haber podido cuidar de su padre. Y que está enamorado de Shane.
NO QUIERO TIRAR HATE AL LIBRO, pero lo leí después de ver la serie y no hubo nada más insatisfactorio que ver que toda esa escena maravillosamente armada en la serie, en el libro es solamente algo como “Ilya habló en ruso y se dijeron adiós”. Cambia el punto de vista y es “Ilya estaba rari porque le acababa de confesar a Shane que estaba enamorado de él y no sabía qué hacer con eso”.
WTFFF.
Jacob Tierney eres un puto genio.
Y el amado de Connor Storrie también por mandarse tres minutos de ruso puro y duro.
Y en medio de todo esto, Jacob Tierney también logro adaptar, en un capítulo y 10 minutos, el primer libro de esta serie de hockey gay, en el que seguimos la historia de Scott Hunter y Kip Grady, que son otra pareja que se establece en el capítulo tres de la serie. Scott es un jugador estadounidense que conoce a Kip, un estudiante de arte que vende smoothies para pagar su educación. MUY fanfic. Sin embargo, funciona. Te la crees. Scott y Kip están en la misma página desde el día uno. Quieren estar juntos y están juntos, pero en privado. Scott no puede salir del closet porque sería demasiada presión. Recordemos que esto es el 2017, todavía no eran todos woke, menos en el mundo del hockey, según me informa la gente.
El capítulo tres termina con ellos separados porque Kip ya no quiere que sean un secreto. Pero el capítulo cinco, uno de los mejores valorados de la historia de internet, termina con Scott llevando a Kip a la pista de hielo después de ganar su primer Stanley cup, para besarlo en frente de toda la multitud, haciendo su sexualidad y su relación un asunto público.
Lo brillante es que esto cambia la vida de Ilya.
Y la mía.
No me quiero adjudicar ningún logro, pero desde mis 12 años que he militado los derechos LGBT. Tengo un hermano gay, le he agarrado la mano a mi hermana mientras les decía a mis papás que estaba enamorada de una mujer. Quizás por eso es que hay una parte de mi corazón que sintió alivio y absoluta y pura felicidad al ver a Scott besar a Kip en frente a toda esa gente. Yo he sido un lugar seguro para muchas personas que no se sentían cómodas con su sexualidad. Por eso AMO que esta serie pueda dar ese espacio a mucha gente de manera masiva. Ver, aunque sea en ficción, a dos personas dejar las sombras y besarse sin vergüenza y de esa manera espectacular en una escena hermosa, construida a partir de la canción I´ll believe in anything —en la que escuchas las palabras Give me your eyes, I need sunshine—, ha sido y sigue siendo importante. Inclusive trascendental para algunas personas.
Y el último capítulo. POR DIOS EL ÚLTIMO CAPÍTULO. The cottage. El chiste de que todos seguimos in the cottage. Vemos a Shane e Ilya explorar cómo sería si estuvieran juntos. Cómo SERÍAN si estuvieran juntos.
No hay condiciones, no hay tiempo, no hay límites.
Los vemos en momentos tan íntimos que hasta sentimos que no deberíamos estar viendo —y nos quedamos viendo igual porque esos lomazos, ¡mamita!—. Los vemos decirse que se aman, casi sin querer. Vemos a Connor Storrie dar indicios, con los más sutiles gestos, de la tormenta interna que tiene Ilya por ser amado sin condiciones por primera vez. Vemos el agua con el sol, siempre el sol como elemento que utiliza Tierney para representar que ya no viven en oscuridad. Esos planos hermosos y cálidos, donde la corrección de color es intencional, no simplemente una decisión estética. Vemos a Shane decirles a sus papás que es gay. Vemos a la mamá de Shane pedirle perdón por no haberle dado el espacio de ser sincero. Vemos a Shane perdonarla. Vemos que se dicen que se aman.
Y, en la mejor end credit scene de la historia, los vemos literalmente manejando hacia el sol. Hacia la luz, lejos, muy lejos de las sombras.

