Crónica no oficial del origen de Las Alasitas
Dice que, ancestralmente, en fechas cercanas a lo que hoy conocemos como solsticio de verano, los habitantes del valle de Chuquiago celebraban fiestas vinculadas a la abundancia que traen las lluvias y el sol en su máximo esplendor. Banquetes y sacrificios se hacían por doquier, una especie de saturnalia que duraba varias semanas.
Se recordaba el viaje de Thunupa: cómo emergió del lago Titicaca tras el gran diluvio, cómo limpió los cielos para que aparezca el sol y cómo enterró su báculo en la tierra para dar lugar a las tierras que prometían abundancia y paz entre las personas.
Muchos años después, cuando los andes se hicieron modernos y no eran habitados únicamente por quienes creían en Thunupa, o sea, en la época colonial, las fiestas de la abundancia fueron restringidas y masomenos cambiadas por las de la natividad de Jesús.
Ya no se festejaba el máximo esplendor del sol y la llegada de las lluvias, sino que las fiestas giraban en torno a la llegada del nazareno. Se empezó a rememorar el viaje que hicieron María y José hacia Belén para evitar el tormento que vivía Nazareth. La abundancia pasó a segundo plano y se decía que la paz entre las personas solo era alcanzable a través del Dios que enviaba a su hijo para ser sacrificado.
Uno de esos años coloniales, tras el hartazgo que produjeron los muchos años de coloniaje, un señor llamado Julián Apaza Nina, a.k.a. Túpac Katari, por razones anticoloniales, obviamente, lideró una rebelión.
La rebelión cercó la La Paz, impidió que ingresen alimentos a la hoyada y privó todo tipo de contacto entre la ciudad y pueblos cercanos. Su objetivo, que cayese en manos de quienes se afirmaban como más ancestrales que los otros.
Cabe resaltar que la rebelión ocurrió en antesala de las fiestas, es decir, cuando se esperaba la colonial natividad de Jesús y los resabios de la ancestral saturnalia andina de la abundancia. La rebelión de Túpac Katari duró como tres meses y su paso provocó hambruna y necesidad.
En una rebelión contra lo que ocurría y en franco intento de supervivencia a la colonial rebelión ancestral, las personas empezaron a practicar el trueque. Unas daban papa y recibían haba. Otras daban especies y recibían verduras. Lo particular de la práctica fue que, cada día que pasaba, los intercambios se hacían en cantidades más pequeñas. Un poco de esto por un poco de esto otro.
Así, para que alcance la comida, también fueron reduciendo el tamaño de las porciones, pero no era suficiente. Entonces, los habitantes de la hoyada tomaron la decisión de reducir el tamaño de todo, incluso el de ellos mismos, a excepción de las pocos alimentos que quedaban. Aplicaron el conocimiento de antiguos yatiris y los rezos de algunos párrocos. Personas y objetos fueron reduciendo su tamaño hasta quedar en miniatura. De esa forma, las fiestas de la abundancia y la natividad de Jesús se celebraron con normalidad.
Al poco tiempo, la rebelión de Apaza fue sometida y todo volvió a su tamaño habitual. Sin embargo, en recuerdo a esos días, cada 24 de enero, se conmemora la rebelión contra la rebelión mediante Las Alasitas. Un día en el que todos y todo se vuelve miniatura para que los habitantes de la hoyada tengan todo a su alcance y pidan a esos brujos párrocos (Ekekos) que sus pequeños sueños se hagan realidad.

