Piloto Coraje

Mónica Siles nos relata la vida de Josué Vidal Blass, quien tras perder las manos reconstruyó su negocio, crió a su familia y volvió a las carreras para desafiar la adversidad.
Editado por : Juan Pablo Gutiérrez

No existe mayor gloria que levantarse después de haber caído.
Nelson Mandela

Los motores rugen con fuerza encendiendo la chispa de la partida, la carrera automovilística ha empezado. La salida es decisiva, pero afianzarse en la carretera puede determinar la diferencia entre la vida y la muerte. Es la ciudad de Sucre, noviembre del año 2021, sábado por la mañana y en el interior de su automóvil, el sudor baña el rostro de Josué que mira fijamente la sinuosa carretera. Está tan concentrado que olvida todo; siente que están solos, él y su máquina. Cada curva a gran velocidad es un reto y un gran riesgo, elige tomar la oportunidad que se presenta; esta vez rebasa a un piloto paceño, el velocímetro marca 120 km por hora. La tensión es casi insostenible, por el retrovisor observa al corredor que desde atrás intenta superarlo; pisa el acelerador y derrapa peligrosamente, su Toyota Corolla se desestabiliza, Josué mantiene la calma; su experiencia gana terreno; a pesar del volante que arde bajo su piel, no pierde el control ni por un segundo. 54 km después, Josué ingresa entre los primeros corredores a la histórica plaza 25 de Mayo; son los 50 años de las tradicionales carreras de automovilismo Oscar Crespo. 

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El Piloto Coraje junto a al Toyota Corolla que le acompañó en varias competiciones. / Fotografía: Cortesía de Josué Vidal Blass (Lente Xtremo [Facebook]).

Una muchedumbre espera a los vencedores, Josué sale del carro completamente mojado, una gran sonrisa ilumina su rostro cubierto por tierra y lágrimas de emoción. Su escudería lo aplaude y los espectadores quedan paralizados durante una fracción de segundo. Josué es llevado en hombros como todo un campeón a pesar de no ocupar el primer lugar. Estira los brazos hacia arriba en señal de triunfo y entonces; en lugar de manos, aparecen dos muñones cubiertos por ajustadas vendas. Una ovación atronadora estalla, hay lágrimas entre los espectadores.

Se llama Josué Vidal Blass; aunque no es alto, su porte es erguido y ágil. En su rostro anguloso y delgado destacan los ojos grandes y una expresión siempre risueña. Josué es un hombre que ama los deportes, la actividad física es parte importante de su rutina semanal. Está a punto de cumplir cincuenta años, pero su piel revela algunos menos. Detrás de un gran mostrador, destaca el letrero de “Salteñas el Hornito” rodeado de afiches del carnaval con diablos y morenos. Es el rey de las salteñas, posee un próspero negocio, cuenta con una sucursal y varios carritos ambulantes. Tenía 14 años cuando aprendió el oficio de un tío que llegó desde la Argentina hasta su ciudad, Oruro. Es el tercero de siete hermanos y durante varios años estudió y trabajó en Sucre con gran ahínco hasta establecer un pequeño negocio. 

Había conocido a una chica especial y, aunque no llegaron a casarse, tuvieron dos hijos gemelos: los llamó Jack Mauricio y Jack Marcelo. Por algunas diferencias, ella se había establecido en la ciudad de La Paz durante los últimos meses, él ignoraba que estaba enferma. Un día gris que no olvidaría, de manera abrupta, le dieron la noticia: un cáncer fulminante había acabado con la vida de la madre de sus bebés. Josué quedó devastado.

Su destino tuvo un giro inesperado cuando se vio en la necesidad de retornar a su ciudad natal, Oruro. allí su familia lo apoyaría en la crianza de los pequeños. Con ahínco, volvió a levantar su negocio, desde un principio su producto tuvo gran aceptación. Josué siempre disfrutó jugar pelota de mano, fútbol de salón, le gustaban las carreras desde muy joven. Una tarde memorable, cupido flechó su corazón cuando conoció en la cancha de fútbol de salón a una joven llamada Gabriela; era alta y de ojos grandes, una mujer fuerte. Se enamoraron y ella lo aceptó con sus niños. Desde el principio del matrimonio la pareja se complementó muy bien, pues ella había estudiado gastronomía y era una entusiasta deportista. Transcurrido un tiempo, llegaría la pequeña Lindsay, Josué siempre había querido tener una hija mujer. Su felicidad era completa. 

Recibían el año nuevo del 2010, era una tradición reunirse con los hermanos y sus familias; la fiesta y la comida estuvieron muy bien, no faltó la bebida que alegró la noche. Habitualmente, Josué era el encargado de la pirotecnia en medio de la algarabía de los niños y mayores; por alguna razón, esa noche no encendieron todas las bengalas. La madrugada del primero de enero de 2010, todavía con la cabeza algo embotada, Josué decide encender los fuegos artificiales que restaban. En fracción de segundos un brillo letal resplandece y estalla en sus manos, dos pedazos de carne saltan lejos, se estrellan contra la pared dejando un cuadro de horror en manchas escarlata. De sus antebrazos cuelgan jirones de piel que derraman sangre copiosamente; haciendo un torniquete, le amarran los antebrazos con los cordones de sus propios zapatos. 

Josué recuerda haber rogado al chofer de un taxi que lo llevara; el conductor argumentó que mancharían su vehículo, finalmente es conducido hasta la clínica más cercana. Durante varias horas lo dejan esperando sin la presencia de un médico; solo le limpian las heridas. Casi inconsciente, Josué decide escapar hasta otra clínica donde pudiera ser atendido por un médico. Habían transcurrido tres horas y una ambulancia finalmente lo deja en la clínica Cristo Rey, donde lo recibe un doctor. En ese instante, Josué pierde la conciencia y solo despierta 24 horas después para observar consternado dos vendas que no dejan de mancharse en el lugar de sus manos. Durante las primeras semanas, Josué es intervenido; una, dos, tres y finalmente una cuarta vez para salvarle la vida. “No podrás trabajar ni realizar ninguna actividad durante cinco años”, sentenció un médico, dejándolo sumido en la tristeza.

La pirotecnia representa muchos peligros, especialmente para los niños, personas con autismo, adultos mayores, animales y medio ambiente. De acuerdo con registros del Ministerio de Salud de Bolivia, más de la mitad de las lesiones son quemaduras. “Los niños son los más afectados. Del total de las lesiones más comunes generadas por el uso de pirotecnia, el 40% se produce en las manos, 19% en la cabeza, cara, oídos, el 15% en el tronco (torso), 13% en las piernas, 12% en los ojos y el 1% en brazos”.

Josué sentía que su mundo se había roto, todo estaba perdido. Los días de ocio eran demasiado largos; su único compañero durante días sin final era el dolor, empezaba a deslizarse por el túnel oscuro de la depresión. La frustración corroía su alma lentamente, le desesperaba estar sentado y no poder ayudar a Gabriela con la pesada carga del trabajo y los hijos. “Mis amigos y la familia fueron un gran apoyo en todo ese tiempo”, me dice.

Habían transcurrido un par de meses; cierto día, su esposa entró en crisis y lo llamó llorando porque no podía con todo, el chofer que debía ayudarla había faltado, necesitaba provisiones. A pesar de la impotencia, Josué decidió que no podía seguir así; tomó la decisión de sacar su carro, debía llevar los productos. Todavía hoy no entiende cómo pudo encender la camioneta y hacer los cambios, mil agujas se clavaban en sus muñones, se sobrepuso y milagrosamente encendió el motor, llegó a destino. Los días siguientes, lentamente, pero sin tregua, volvió a colaborar en las diferentes tareas de su trabajo. El roce inevitable con las pesadas cargas de productos, su piel convaleciente que debía manipular latas y ollas calientes, cada instante era un reto que debía superar y vencer.

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Vidal listo para la carrera. / Fotografía: Cortesía de Josué Vidal Blass (Lente Xtremo [Facebook]).

Sin saberlo, Josué había iniciado su recuperación; nunca volvió a dejar el trabajo, inició intensas y largas sesiones de fisioterapia por más de un año; cada día, todos los días. Durante esa etapa, muchas veces mojó sus vendas por la intensidad del esfuerzo y la hipersensibilidad de los muñones aún tiernos, era una mezcla de sangre, sudor y lágrimas. 

Karina Castro, la fisioterapeuta encargada de su recuperación, relata que el caso de Josué fue uno de los más difíciles que le tocó atender, pero recuerda que él fue el mejor paciente que tuvo en todos los años de ejercicio de la profesión. “Era impresionante, a pesar de la gravedad de sus lesiones y los dolorosos procedimientos, Josué siempre se aferró a la vida, cumplía con todos los ejercicios y se sometía a las pruebas indicadas sin protestar. Me preguntaba con frecuencia: ‘Qué más puedo hacer para mejorar?’”.

“Al principio le preocupaba que su esposa se cansara, dependía de ella hasta para lo indispensable. ‘Quiero restablecerme para ser independiente’, —le decía”.

Pero lo que más le impresionaba era la energía que Josué contagiaba a los otros pacientes con lesiones menos severas, dándoles ánimo y entusiasmo para seguir adelante.

Visitó el consultorio del Dr. Rafael Martínez, el médico traumatólogo que realizó las últimas cirugías que salvaron la vida a Josué. Martínez afirma que, superados los periodos de gran dolor por la amputación, este ha sido uno de los pacientes más valientes que ha podido atender, dueño de una voluntad de acero. 

Luego de su restablecimiento (físico y emocional), él le aconsejó utilizar una prótesis mioeléctrica. Hicieron las averiguaciones en Argentina, pero finalmente Josué desistió de adquirirla, había logrado que sus muñones fueran una pieza útil de su cuerpo, usar una prótesis significaría volver a empezar y perder las destrezas que había logrado. 

Se aproximaba el primer convite para el carnaval... una idea revoloteaba en su febril cabeza. Con timidez, casi miedo, le confesó al Dr. Martínez que quería bailar (lo había hecho por muchos años) y le consultó si él lo autorizaba. La respuesta del galeno fue que no debería, pero que, si estaba decidido, debería intensificar aún más su terapia de restablecimiento. Tres meses después, Josué le ofreció su devoción y gratitud a la Virgen de la Candelaria bailando para ella, estaba vivo. 

La vida le presentaría un reto aún mayor con el que siempre había soñado; recibió con ilusión la invitación para ser copiloto en las carreras de automovilismo departamentales. Su participación fue aplaudida y altamente valorada, un aliciente que le devolvió paulatinamente la seguridad perdida. 

***

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Vidal con el Faro de Plata, el reconocimiento al mejor deportista del 2019. / Fotografía: Cortesía de Josué Vidal Blass.

Es miércoles, día de feria, los clientes empiezan a llegar desde temprano. Josué y su esposa están en pie desde las cinco de la mañana, tienen todo listo para cumplir su tarea. Desde la discreta mesa en la que estoy sentada disfruto de un delicioso jugo de lima que me invitó Gabriela, observo la agitada labor que la pareja realiza junto a sus colaboradores. La joven mujer de mejillas sonrosadas, se sienta en la mesa por unos instantes y me dice con tono de sincero orgullo: “Si no fuera por él no estaríamos así, nadie le puede decir que algo es imposible, él lo consigue”. 

Ha transcurrido una hora y Josué se reúne conmigo por unos minutos en la mesa. “Todo era difícil, los primeros años me ayudaba mi esposa, ahora me he vuelto más práctico y hago muchas cosas solo”. Responde cuando le pregunto qué fue lo más complicado al principio. Añade con una sonrisa “No debemos dejarnos vencer por la adversidad, mientras tenemos vida, hay esperanza, yo me siento feliz pues tengo la compañía de mi familia y muy buenos amigos”, me dice mientras sus ojos atentos se aseguran que los clientes estén bien atendidos. 

Frente al amplio mesón ubicado en la entrada, que además sirve de mesa de trabajo, Josué sonríe y su sonrisa es uno de los atractivos más grandes del local, pues es hombre de muchos amigos, todos lo llaman por su nombre. Frente a la masa, suave y esponjosa, se desenvuelve como en la cancha; con seguridad y entusiasmo. La dobla con agilidad, luego la extiende y golpea, vuelve a doblarla rotándola contra el mesón —para que quede crocante—, me indica y forma esferas idénticas que luego aplana y rellena con el jigote previamente preparado. Con la misma rapidez, una vez cerradas las salteñas, Josué las coloca en grandes latas que lleva hasta el horno sobre los antebrazos desnudos, con varias cicatrices.  Quince minutos después, una deliciosa fragancia llega hasta el olfato de los clientes que esperan con ansiedad. Los platillos que son servidos con diligencia desaparecen de inmediato y vuelve a empezar el proceso casi mágico de la elaboración del manjar boliviano. 

Han transcurrido algunos años, la llegada de su cuarto hijo, Shamyr alegra la vida de Josué. Como emprendedor nato, decide expandir el negocio, ahora también hace pizzas. En el deporte volvió a ser tan activo como antes del accidente, juega pelota de mano y fútbol de salón. Esta vez llegó una oportunidad que había esperado durante mucho tiempo; volver a correr, su verdadera pasión desde que tenía 14 años. Con gran esfuerzo, tanto material, como físico y moral, Josué participó en las carreras nacionales; ahora como piloto oficial. 

Una carrera automovilística no solo requiere el conocimiento del automóvil, su motor y cada una de sus partes. Un corredor es un atleta que cuida su cuerpo. Josué sabía esto cuando participó en las carreras nacionales. Cuando la prensa lo entrevistó, con orgullo manifestó que su carro no tenía ninguna modificación, él había adaptado su cuerpo al automóvil. Al principio corría sin vendas, pero la fricción constante de sus muñones con el volante hacía que lleguen a sangrar, por lo que prefirió vendarse. 

Josué Vidal Blass no fue el primero en llegar, pero la ovación recibida en Sucre, los medios nacionales y las redes sociales que aplaudieron al Campeón indiscutible de la carrera lo llamaron “Piloto Coraje”, era el verdadero Campeón absoluto de la vida. 

P.D.: Al momento de redactar esta crónica, Josué, en continuo ascenso en su carrera, ha sido reconocido con diversas distinciones, destacando entre ellas el galardón Faro de Plata, que lo consagró como el Mejor Deportista del Año. Recientemente fue designado vicepresidente de la Federación Boliviana de Automovilismo Deportivo, cargo al que presentó su renuncia provisional, debido a su actual rol como presidente de la Asociación de Automovilismo de Oruro.

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