La intemperie como refugio: sobre 'Tanto' de Nurit Kasztelan
La narrativa argentina contemporánea ha dado en los últimos años un conjunto de voces que, desde lo íntimo y lo cotidiano, exploran la fragilidad y la potencia de la experiencia humana. Entre esas voces, la de Nurit Kasztelan resuena con una singularidad particular. Reconocida principalmente como poeta, editora y librera, con varios libros de poesía publicados y traducidos al inglés y al portugués, Kasztelan incursiona en la novela con Tanto, un libro que desde sus primeras páginas desarma las expectativas del lector: no es una trama lineal, no es un relato sostenido en giros narrativos, sino más bien una experiencia de inmersión en el silencio, en la soledad, en la percepción de lo mínimo. Y, al mismo tiempo, es un viaje de reconexión con lo esencial: la tierra, el agua, el fuego, las estaciones, la memoria.
En esta reseña crítica busco trazar un recorrido amplio por la novela, no solo como sinopsis de su argumento, sino también como análisis de sus símbolos, su lenguaje y su lugar en la literatura actual. Para hacerlo, propongo leer Tanto desde ocho ejes: la introducción a la obra y a su autora, la trama y su atmósfera, la protagonista como figura de transformación, los motivos simbólicos que atraviesan la novela, el cruce cultural con Japón, el estilo poético de Kasztelan, la recepción crítica y relevancia de la obra, y finalmente una conclusión sobre su significado como experiencia de lectura.
Una poeta en la narrativa
Nacida en Buenos Aires en 1982, Nurit Kasztelan es una autora que ha transitado principalmente el territorio de la poesía. Sus libros —Movimientos Incorpóreos (2007), Teoremas (2010), Lógica de los accidentes (2013) y Después (2018)— le han otorgado un lugar dentro de la poesía argentina contemporánea. Además, su labor como editora y librera le ha permitido mantenerse cerca de los circuitos culturales independientes y de nuevas voces literarias.
Cuando Kasztelan se aproxima a la novela, lo hace sin abandonar el lirismo que caracteriza su obra. Tanto, publicada en 2021, fue finalista del Premio Estímulo de Escritura La Nación-Proa y obtuvo una mención en el concurso de Letras del Fondo Nacional de las Artes en 2022. Estos reconocimientos ya anticipaban que estábamos ante un texto distinto, uno que en lugar de perseguir la espectacularidad narrativa buscaba, más bien, detenerse en lo imperceptible.
Desde la primera página queda claro que se trata de una novela escrita por una poeta: la economía de las palabras, la capacidad de condensar un estado emocional en una imagen, la construcción de atmósferas a partir de lo sensorial. Todo esto se traduce en un libro breve, de capítulos cortos, pero de enorme densidad simbólica.
Trama y atmósfera: la vida en la intemperie
La historia de Tanto es aparentemente sencilla: Helena, la protagonista, se muda a una casa en el campo, aislada, lejos de la ciudad, y desde allí inicia un proceso de adaptación, exploración y transformación. La trama no avanza a partir de grandes sucesos, sino que se sostiene en la experiencia cotidiana: el silencio del campo, el sonido de la lluvia, la compañía de los pájaros, el fuego en la chimenea.
Lo que Kasztelan construye es, sobre todo, una atmósfera. Cada capítulo breve funciona como una pincelada que va delineando el paisaje emocional de Helena. La soledad no es presentada únicamente como carencia, sino también como un espacio de descubrimiento. El silencio se vuelve protagonista: “La amistad es cuando traspasás un umbral y podés compartir el mismo espacio en silencio”, dice uno de los fragmentos de la novela.
La sensación es la de acompañar a Helena en un proceso de despojo: lejos de la ciudad y de sus voces, privada incluso de un automóvil para trasladarse al pueblo cercano, la protagonista se enfrenta a la intemperie. Pero esa intemperie, que podría leerse como hostil, se convierte en refugio. El campo, los objetos, los ciclos naturales comienzan a hablarle, a sostenerla, a convertirse en interlocutores de su vida interior.
Helena: el personaje como tránsito
Helena no es una protagonista en el sentido clásico: no tiene un objetivo que cumplir ni una trama externa que resolver. Es, más bien, un personaje en tránsito. Se encuentra atravesada por un dolor, por una huida, por la necesidad de recomenzar. La novela nunca ofrece demasiadas explicaciones sobre su pasado: en ese vacío de información se genera un espacio de resonancia que permite al lector proyectar sus propias experiencias de pérdida o de búsqueda.
Uno de los momentos más significativos es su encuentro con “el vecino”, un personaje masculino efímero. Al principio despierta en ella una atracción y un deseo que parecen interrumpir su soledad, pero pronto desaparece, dejándola sumida en una memoria corporal que insiste en volver: “Quiere recordar a toda costa su cuerpo; poder ver con precisión sus ojos verdes, el movimiento del mechón sobre la frente...”. Este episodio funciona como metáfora del anhelo y de la imposibilidad de retener lo fugaz.
Helena oscila entre la memoria y el deseo de olvidar. Su introspección se acompasa con las estaciones del año: el otoño que la invita a soltar, el invierno que la obliga a mirar hacia adentro, la primavera como insinuación de renacer. De este modo, Helena no es solo un personaje: es un espacio narrativo donde el lector observa el movimiento del duelo, de la soledad y de la resiliencia.
Motivos simbólicos: estaciones, naturaleza y casa
La fuerza de Tanto radica en sus símbolos. Kasztelan utiliza los elementos naturales para expresar los estados internos de Helena.
- Las estaciones del año: el otoño aparece como un tiempo de desprendimiento; el invierno, como una invitación a la introspección; la primavera, como un umbral de posibilidad.
- El agua: la lluvia no es solo meteorología, sino catalizador emocional. Helena llora cuando llueve, como si el afuera legitimara su interior.
- El fuego: la chimenea, el calor, el resguardo nocturno son imágenes de protección y transformación.
- La casa: más que escenario, es un personaje en sí misma. Habitarla significa también ser habitada por ella. La protagonista se refleja en los objetos, los muebles, las grietas.
Estos símbolos permiten leer la novela como un texto de introspección ecológica: la naturaleza no es decorado, sino espejo y guía. En un mundo literario donde muchas veces la ciudad y lo urbano dominan las narrativas, Tanto recupera el campo y la intemperie como espacios de subjetividad.
El cruce con Japón: lo intraducible
Un aspecto llamativo de la novela es la presencia de referencias a la cultura japonesa. En un pasaje se menciona que en japonés no existe una palabra que traduzca el verbo “extrañar”, porque el sentimiento es demasiado complejo. Esta idea abre una reflexión sobre lo intraducible, sobre esos estados emocionales que no pueden nombrarse de manera directa.
La resonancia con Japón no es casual: el estilo fragmentario de la novela recuerda a la estética del haiku, a la importancia de lo mínimo, a la contemplación del instante. El silencio, la soledad, la naturaleza como compañía: todos son elementos que remiten a una sensibilidad cercana a la filosofía oriental.
En este cruce cultural se potencia el tema central de Tanto: la imposibilidad de nombrar del todo la ausencia, la necesidad de habitar lo que no se puede explicar con palabras.
Lenguaje y estilo: la poeta en la prosa
El mayor mérito de la novela es su lenguaje. Kasztelan escribe con un lirismo contenido, capaz de generar imágenes potentes en frases breves. Cada capítulo parece un poema en prosa, con ritmo propio, con una cadencia que invita a la lectura pausada.
La fragmentación narrativa recuerda a autoras como Alejandra Pizarnik en su prosa breve, o a contemporáneas como Selva Almada, que también exploran la vida en la intemperie y la densidad del paisaje rural. Sin embargo, Kasztelan mantiene una voz singular: más contemplativa que testimonial, más poética que narrativa.
Su escritura se aproxima a lo que Roland Barthes llamaba “escritura de lo neutro”: un espacio donde lo que importa no es la acción, sino la vibración de la experiencia. Esa cualidad la convierte en una novela que exige un lector atento, dispuesto a detenerse en lo pequeño, en lo no dicho.
Recepción y relevancia
Que Tanto haya sido finalista del Premio Estímulo de Escritura La Nación-Proa y reconocida por el Fondo Nacional de las Artes no es casual. Se trata de una obra que, desde la sencillez de su planteo, consigue abrir un espacio de resonancia universal: todos, en algún momento, hemos habitado la soledad, el dolor, el intento de recomenzar.
En el panorama de la narrativa latinoamericana actual, donde conviven tendencias de realismo crudo, autoficción y experimentación formal, Tanto se distingue como una novela de contemplación. Su aporte es mostrar que lo íntimo, lo mínimo, también merece ser narrado. En un tiempo de saturación de información y ruido, Kasztelan propone escuchar el silencio.
Además, la novela ofrece una mirada femenina sobre la experiencia de la soledad en el campo, un espacio históricamente masculinizado en la literatura argentina. Helena no aparece como víctima, sino como exploradora de su propio mundo interior.
Conclusión: la invitación del silencio
Al cerrar Tanto, queda la sensación de haber acompañado a Helena en un viaje de introspección, pero también de haber atravesado, junto a ella, un paisaje emocional que nos invita a revisar nuestra propia relación con el silencio, con la intemperie, con lo elemental.
La novela no busca resolver enigmas ni cerrar historias. Su propuesta es más radical: aceptar lo abierto, lo inacabado, lo intraducible. En ese sentido, la lectura de Tanto se convierte en una experiencia de contemplación, donde lo más profundo se dice con lo mínimo.
Nurit Kasztelan logra con esta primera novela confirmar lo que ya su poesía insinuaba: que su voz literaria es capaz de encontrar belleza en la fragilidad, de construir sentido en medio del vacío, de hacer del silencio un espacio fértil.
En un mundo saturado de narrativas rápidas, Tanto se levanta como un recordatorio de que la literatura también puede —y quizás debe— invitarnos a detenernos, a escuchar, a contemplar llover y, en esa contemplación, reconocernos.

