Vadik Barrón: 'Más que la música, lo que puede desaparecer es el artista'
El patrimonio cultural no solo se mide en monumentos, artesanías o fiestas tradicionales. También lo intangible —la música, las canciones y, en especial, la capacidad de componer desde la propia experiencia— corre el riesgo de perderse en medio de un panorama dominado por la repetición y las tendencias globales.
Para hablar de la composición propia como patrimonio vivo, la mirada de Vadik Barrón resulta fundamental. Cantautor, poeta y gestor cultural con más de 30 años de trayectoria, Barrón se ha consolidado como una de las voces más singulares de la música boliviana contemporánea. Su obra, que combina poesía y canción, no se limita a interpretar repertorios ajenos, él se centra en la creación original. Esa apuesta lo convierte en un referente para entender por qué la composición en sí misma debe ser reconocida como un bien cultural en riesgo.
“La música tradicional se va replicando conforme a códigos antiguos… y también existe la música de autor, que ha aportado mucho a la identidad musical del país”, señala, mencionando referentes como Ulises Hermosa, Matilde Casazola o Gerardo Arias.
Barrón sostiene que el verdadero peligro no está en que las canciones desaparezcan, sino en que los creadores dejen de existir como tales.
“Más que desaparecer la música original, lo que puede desaparecer es el artista. Muchos terminan silenciados por falta de espacios, de apoyo, de políticas que incentiven la creación. Lo que se pierde ahí no es solo una voz individual, sino una parte de la memoria colectiva”, explica.
El cantautor advierte que la música boliviana, en todas sus formas, se ha sostenido gracias a la tradición de la composición propia, desde los grandes autores de la cueca y el taquirari hasta las propuestas urbanas actuales. Pero la falta de fomento a la creación hace que muchos opten por interpretar repertorios ajenos, lo que debilita el tejido cultural.
La composición como patrimonio intangible
La UNESCO reconoce la música como parte del patrimonio cultural inmaterial de los pueblos. Sin embargo, poco se discute sobre el rol de la composición dentro de esa categoría. Barrón insiste en que crear canciones originales es, en sí mismo, un acto patrimonial.
“Una canción escrita en Bolivia, con nuestras palabras y nuestras emociones, es un documento cultural. Si dejamos de componer, dejamos de escribir nuestra historia sonora. Ese es el riesgo que enfrentamos”, señala.
Para él, la composición no solo refleja identidades, también las renueva. “El patrimonio no es una pieza de museo. Es algo vivo que se transforma con cada creador. Cuando se descuida ese proceso, lo que se pone en riesgo es la continuidad cultural”, agrega.
Factores que amenazan la creación
Barrón critica la falta de políticas culturales sólidas, la ausencia de legislación efectiva y la escasa valorización de la música por parte del Estado y de la sociedad. “Falta un sistema de integración y valorización de la música boliviana. La producción sigue siendo a pulmón, a pérdida, esperando fondos o grabando con recursos propios”, comenta, evidenciando la precariedad que enfrenta el sector.
Para él, existen dos obstáculos principales para la música original: la identidad cultural, que a veces margina géneros considerados “no bolivianos”, y la industria, que prioriza fórmulas comerciales y repetitivas sobre la creación innovadora. “Aquí hay mucha gente que dice: ‘No se puede vivir de la música’. Pero se puede, si no te limitas a tocar lo que todos esperan”, asegura.
“Cuando todo se orienta a la inmediatez, el trabajo del compositor queda invisibilizado. Es más fácil reproducir lo que ya funciona que invertir tiempo en algo propio. Esa lógica es la que tenemos que revertir”, advierte.
Entre la poesía y la canción
Barrón ha transitado por escenarios dentro y fuera del país, y su obra dialoga con la literatura tanto como con la música. Para él, la composición no es un ejercicio aislado, sino un puente entre disciplinas.
“La canción es una forma de poesía. Y la poesía, una forma de memoria. En Bolivia tenemos una tradición enorme de cantautores que han escrito nuestra historia reciente. Si ellos hubieran dejado de componer, hoy tendríamos un vacío en nuestra identidad”, subraya.
Vadik también reflexiona sobre la influencia de la música global en su obra. “El rock argentino, Charly García, Spinetta, Fernando Cabrera… han significado una manera de hacer música en español que yo he ido filtrando con mis recursos”, explica, destacando que su objetivo siempre ha sido mantener la integridad artística y el valor de la poesía en la letra de sus canciones.
El rol del público y los nuevos creadores
Otro aspecto central es la relación con el público. Barrón reconoce que muchas veces los oyentes prefieren lo ya conocido, pero afirma que el gusto también se forma y se educa.
“Si en los medios y escenarios solo se ofrece lo repetido, el público no tendrá acceso a lo nuevo. Pero cuando la gente escucha algo auténtico, suele conectar profundamente. La tarea es abrir esos espacios para que la novedad se vuelva parte de lo cotidiano”, explica.
Al mismo tiempo, valora el papel de las nuevas generaciones de artistas, que encuentran en la tecnología y las plataformas digitales una vía de difusión.
“Las redes pueden ser una amenaza por la saturación de contenidos, pero también una oportunidad para que la composición boliviana llegue a más lugares. Todo depende de cómo las usemos”, apunta.
¿Qué hacer para proteger la composición propia?
Barrón plantea varias claves para incluir la creación musical en un verdadero mapa de riesgos culturale,s como reconocer la composición como patrimonio intangible; incentivar políticas públicas que apoyen la autoría musical, con fondos y programas de estímulo; fortalecer los espacios de formación en composición, desde escuelas hasta talleres independientes; y garantizar circuitos de difusión para obras originales, tanto en medios tradicionales como en plataformas digitales.
A pesar de estas dificultades, Vadik reconoce avances en la democratización tecnológica y en la accesibilidad para producir y difundir música. Plataformas digitales y equipos más accesibles han permitido a los músicos registrar y distribuir su obra, aunque lamenta la falta de reconocimiento formal de los autores y de control sobre la explotación de su música.
“El patrimonio no se defiende solo con discursos. Se defiende creando, cantando, componiendo. La mejor manera de proteger la música boliviana es asegurar que sigamos produciendo canciones propias”, concluye.
A soplar 30 velas
Vadik celebrará 30 años de carrera con un concierto el 9 de octubre en el Espacio Kúu Inti, de La Paz. A guisa de invitación, siempre reflexivo, Vadik dice en su redes: “Creo en la obra. ¿Qué más dejamos? En estos 30 años grabé más 150 canciones en 12 discos y varias colaboraciones, hice música, para cine y tv, tuve la fortuna de compartir con grandes músicos. Y soy un convencido de que la música es un arte colectivo. Nadie hace nada solo y, por lo mismo, este concierto implica el trabajo con músicos talentosísimo de la ciudad de Cochabamba, Matheo Cuellar Abud, Yan Salvador y Gustavo Perez Donoso, con quienes hemos estado compartiendo en estos últimos años y el reencuentro con grandes músicos invitados, a quienes admiro por su trabajo musical y que han estado siempre cerca de mi trabajo: la cantautora e investigadora musical Jenny Cárdenas Villanueva, un referente de la canción boliviana por varias generaciones; Gonzalo Gomez, el rocanrol en persona, contundente guitarrista, boliviano por decisión, quien además fue ingeniero de grabación en varios de mis álbumes; Tere Morales, una voz generosa que alumbra recintos y cuida la tradición de las cantoras de nuestras tierras; Gabo Guzman Davalos, un hermano de música y vida, un corazón de seis cuerdas; y SegaleZ, un cantautor sensible y trabajador y un músico sólido y abundante en recursos. (…) Espero nos puedan apoyar con este emprendimiento y con esta celebración de mis 30 años de música, y darme impulso para seguir en este camino, que muchas veces puede ser ingrato o contracorriente, pero que te llena el alma cuando estás en un escenario o ves convertida la materia de la imaginación em una canción concreta que todo el mundo puede escuchar”.
Definitivamente, es una oportunidad, para quienes no lo conocen, de acercarse a la obra de uno de los cantautores más prolíficos y consolidados de Bolivia, y para quienes ya disfrutan su música, de poder escucharla en vivo, en la intimidad de un teatro donde se soplarán 30 velitas de una carrera meritoria.
* Vadik Barrón (La Paz, 1973) es poeta, cantautor y gestor cultural. Ha publicado varios discos y libros, y se ha presentado en escenarios de Bolivia, Latinoamérica y Europa. Su obra se caracteriza por la fusión de poesía y canción, y por una defensa constante de la composición original como acto de identidad cultural.

