El autor se llama Jason (cómic noruego al por mayor)

Se llama John Arne Sæterøy, pero el mundo lo conoce como Jason. Mejor dicho, el mundo conoce sus cómics, los cuales Carlao Delgado disecciona en este texto.
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Imagen: Jason

Desde que cerré las tapas de la revista no dejo de pensar en lo desesperante que es vivir. En cómo escucho el reloj de la sala mientras anhelo que algo maravilloso me suceda. En la dolorosa sensación de esperar sentado a que llegue el milagro y lo único que llega es el ruido de los autos desde la calle. Pienso que me llené de alcohol, cigarrillos y música, pero nada llena el enorme vacío de estar vivo. La revista sigue en la mesa. Es No me dejes nunca del autor noruego Jason. 

Su nombre completo es John Arne Sæterøy. Nunca intenté pronunciarlo correctamente, porque el autor noruego ya tomó una medida que nos facilitó la vida a todos menos a él. Su nombre artístico sería solamente “Jason”. Así: Jason, a secas. Ahora traten de buscarlo en internet con este último nombre. 

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Imagen: Jason

No hará falta. Es mejor buscarlo por el nombre de sus cómics. Ya les mencioné a No me dejes nunca, pero otros que son arrasadoramente buenos son Yo maté a Adolf Hitler, ¿Por qué está haciendo esto?, El loro de Frida Kahlo o El Último Mosquetero. Son solo algunas de sus aventuras, pues para alegría nuestra es un autor bastante prolífico. Y me pregunto: qué lo hace meritorio de que dejemos nuestras ruidosas ocupaciones y nos aventuremos a descubrir por qué una historieta puede dejar un campo desolado donde antes solo había curiosidad. Ahí vamos. 

La base de su escritura son historias interesantes, muy bien contadas, pero en las que la desolación y el silencio son los ingredientes predilectos. Jason sazona cada cuadro con ellos, ya sea que la aventura lleve al espacio o a la época de las cavernas. Sus personajes con carita animal no tienen un pasado histórico, sus vidas pasan con tranquila rutina, e incluso su porvenir parece igual de indiferente. Cuando recrea a personalidades como el Mosquetero Athos, Frida Kahlo o Ernest Hemingway, al final del día todos parecen listos para volver a su rutina de hacerse una taza de té y buscar algo interesante en la televisión para una noche sin eventualidades. Y en esa calmada falta de expectativas, la afilada cuchilla de la trama corta y rasga con los tajos oblicuos y zigzagueantes de la aventura. Su única promesa: si las cosas salen bien, volverás a la rutina de antes, pero no volverás a ser tú mismo. 

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Imagen: Jason

Sumen a eso su estilo. Líneas claras, directas y sencillas. Su mundo está a la mano. Una casa es una casa y un platillo volador es un vehículo extraterrestre. No utiliza cuadros en la esquina de la viñeta para guiar al lector. A veces ni necesita que sus personajes digan algo. Su mundo de lápiz es blanco y negro, y aunque algunas historias sean coloreadas, Jason no es pretencioso con los colores. Deja que la hoja respire, y nos libra de saturadores detalles o de severos entintados. La vida de sus personajes y su silencio deben ser la principal distracción del lector. Como el ballet, es algo hermoso, pero triste. 

Así como los ven, los personajes antropomorfos fabrican sus propios cohetes para viajar al espacio. O se las arreglan para terminar viajando en el tiempo, para cambiarlo, para tratar de evitar lo inevitable sin saber que a veces los cambios son para peor, incluso los que quieren corregir los errores del pasado. O crían a hijos que les mandan por el correo, les enseñan todo lo que saben y al final los tienen que ayudar a construir un avión con un solo pasajero para, literalmente, dejar el nido paterno. Veamos algunas de sus piezas predilectas:

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Imagen: Jason

No me dejes nunca
Hemingway, Fitzgerald, Joyce y los grandes autores de la época dorada de Francia conviven en una rutina tratando de sobrevivir como… dibujantes de cómics. Luchan por llegar a fin de mes, pagar la renta, alimentar a sus hijos y, pese a ser grandes autores muy reconocidos, el dinero no alcanza. Entonces Hemingway (siempre Hemingway) piensa en una solución: asaltar un banco. Mostrando las diferentes partes desde los ojos de cada personaje, esta historia es una aventura maravillosa de las que tenemos que leer de un tirón para no perder la emoción trepidante del asalto al banco por parte de los jóvenes autores. 

¿Por qué está haciendo esto?
¿Cuántas cosas interesantes puede uno contar en su vida? ¿Tres? ¿Cuatro? Un joven con el corazón roto se pregunta esto cuando de repente un asesino mata a su amigo confundiéndolo con él, y de paso lo incrimina. Ahora nuestro protagonista debe huir de la ley, sus perseguidores y tratar de limpiar su nombre. Aquí la visión es desde la de un mismo personaje y su lucha contra un mundo que se puso en su contra de la noche a la mañana. Y en medio de todo recibe la ayuda de una desconocida. 

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Imagen: Jason

Yo maté a Adolf Hitler
En un mundo donde los sicarios son respetados profesionales, contratados por cualquiera persona que los pueda pagar, un hombre le ofrece al protagonista un contrato inusual y único: viajar en el tiempo al pasado para matar a Adolf Hitler en plena Segunda Guerra Mundial. La trampa: la máquina del tiempo solo tiene suficiente energía para viajar al pasado y volver una sola vez, luego de eso le tomará cincuenta años volver a cargarse. Pero las cosas en el pasado no salen como se esperaba, y cincuenta años pasan en un parpadeo cuando el protagonista se propone cumplir con su misión. El viaje en el tiempo recibe un giro con esta historia donde lo único que no puede recuperarse con la ciencia es la oportunidad de ser feliz. 

El último mosquetero
Athos, el último de los míticos tres mosqueteros, se enfrenta ante la más grande amenaza para la humanidad: una raza alienígena que planea destruir nuestro planeta. No es un hombre de ciencia, no maneja naves espaciales ni tiene un ejército apoyándolo. Solamente es un caballero con una espada y su juramento de proteger a Francia, y con ella, a toda la humanidad. Una joya del cómic de aventura donde la mayor arma contra los males del universo son las pequeñas decisiones diarias de las personas normales. 

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Imagen: Jason

A manera de conclusión, y para darle un fin a esta historia, luego volví a tomar el cómic de la mesa. Ahora es una de las lecturas a las que vuelvo siempre. La desesperación no era porque la lectura de Jason me hubiera descubierto un mundo terrible y monótono. No, era porque luego de leerlo me di cuenta que esa siempre fue nuestra patria. Como pasa con los buenos autores, Jason se luce con su arte, y también ofrece textos que cuestionan. Sacude la base ideológica sobre la que cada persona apoya sus opiniones, y como delicadas piezas de porcelana esas creencias caen al suelo y se quiebran, dejando un espacio libre que no sabemos cómo llenar.

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“¿Por qué está haciendo esto?” / Imagen: Jason
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“Yo maté a Adolf Hitler” / Imagen: Jason
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“El último mosquetero” / Imagen: Jason
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Imagen: Jason
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