Prueba un poco: 'Jam session' literaria

Más reseñas en “Autores leyendo autores”, una iniciativa de 88 Grados, La Trini y La Ramona en la que escritores de Editorial 3600 reseñan libros de sus colegas. ¿Te imaginas una jam session literaria? Adrián Nieve cuenta como el sumergirse en “Prueba un poco" de Alan Santos, una colección de cuentos que te hará sentir la música de las palabras.
Editado por : Fernanda Verdesoto Ardaya

A todos nos gusta la música, pero no todos entendemos lo que significa componerla. ¿Cómo es crear un disco? Entre componer cada canción, producirla, grabarla, hay todo un proceso que una gran parte de la población ignora y que solo disfrutan como producto final. Todos hemos escuchado un álbum, pero no todos apreciamos las complejidades implicadas en crearlo.

Y eso que producir un disco es una experiencia estructurada, para la cual existen protocolos y hasta tutoriales, en un mundo donde se ha hecho más fácil que produzcas y publiques tu música desde casa. Obvio, no todos saben tocar un instrumento, no todos pueden hacer música, así que por mucho que la experiencia se haya vuelto más común, igual es difícil lograr que todo el mundo sepa —o le interese saber— lo que esto implica. 

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Imagen: 88 Grados

Si ese es el caso con grabar un disco, es todavía más desconocido el feeling de jamear, que significa improvisar colectivamente, generalmente en grupo y sin una partitura fija. Algo que incluso resulta extraño para ciertos músicos que no se acostumbran —o de plano no quieren—tocar música de forma espontánea, explorando ideas melódicas, rítmicas o armónicas en el momento. Porque jamear es eso: tocar a manera de experimentación o simple disfrute entre músicos. Es una práctica creativa y colaborativa, donde lo importante no es tanto tocar una canción conocida, sino crear música en el presente.

Los más famosos entre los jameadores son los jazzistas. Entre los discos más legendarios de este estilo musical tenemos jam sessions de Charlie Parker y Miles Davis que salieron a vivir el presente y dejaron huellas históricas. No pasaron por todos los protocolos de componer y grabar un disco, sino que se pusieron a crear música en el presente, la cual fue grabada y así pasó a la posteridad. 

Hoy, al escuchar esas grabaciones, se puede sentir la energía de los músicos que la crearon. Hay un caos interesante en medio de esas improvisaciones que se queda contigo en forma de sensaciones. No siempre lo entiendes del todo, pero vaya que lo sientes y lo vives mientras lo escuchas. 

Y, después de terminar de leer Prueba un poco del autor Alan Santos, no puedo evitar pensar que acabo de vivir algo cercano a una jam session literaria. 

Cuento versus novela

¿Cuál es la gran diferencia entre cuento y novela? El espacio. Así de simple. Si un cuento se alarga demasiado o trata de establecer más de una sola tensión central en su trama, inmediatamente se lo considera como una pequeña novela. 

No lo digo yo, lo dijo Cortázar cuando, haciendo alusión al boxeo, afirmó que en la novela se gana la pelea por puntos, mientras que en el cuento se gana por knock out. Es decir, la novela tiene espacio para construir sorpresas y desarrollar personajes. El apego y la tensión se van construyendo alrededor de personajes y sucesos que vas conociendo poco a poco. Mientras que el cuento tiene que generar sensaciones casi de inmediato, en poco espacio, y sin complicarse demasiado, sin distraernos con otros sucesos y personajes que nos alejen de la trama principal. Dicho de otra manera, escribir una novela es conectar varios golpes, mientras que escribir un cuento es noquear de un solo golpe. 

Suena simple, pero no es algo que siempre se cumpla. Hay excelentes cuentos con más de una sola tensión central, así como hay cuentos que ni con un millón de golpes te noquean, cuentos tan cargados o tan vacíos que no te hacen sentir nada. Claro, no es sencillo escribir un buen cuento, es algo que hasta el mejor de los escritores no puede lograr con facilidad. Porque, más que nada, un buen cuento tiene que hacerte sentir algo desde el principio, tiene que dejarte con la sensación de que hay algo más allá de ti y tus historias, aquello que se encuentra en las líneas que acabas de leer.

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Imagen: 88 Grados

Un buen cuento hace mucho con poco. 

Sensaciones

Eso es lo que logra Alan Santos con Prueba un poco, un libro de cuentos que se siente como una jam session hecha literatura. 

A lo largo de dieciséis cuentos, repartidos en 115 páginas, Santos mezcla ciencia ficción con modernidad y lo paranormal, para crear relatos cortos que nos sumergen en las perspectivas de sus personajes y nos zambullen en sus mundos. No es que Santos dedica páginas enteras a narrar los contextos en los que se desarrollan sus historias, todo lo contrario, a veces nos enteramos del contexto por cómo es narrado el protagonista, dejando un espacio para que nuestra imaginación vuele. 

Es en ese vuelo que Santos crea un montón de imágenes y situaciones imposibles que te obligan a meterte en la narración. Quieres entender más, quieres saber qué va a pasar, quieres sentir por completo las emociones evocadas por los personajes de estos cuentos. Sin querer, conectas. 

En medio del caos de imágenes, conceptos, ideas y recursos literarios, algo suena en estos cuentos que te mete en su ritmo. Un ritmo ecléctico y dominado por sensaciones, porque eso es cada cuento de este libro:  una sensación, la invitación a un momento específico en las vidas de personajes de mundos imposibles.

Y quizás ese sea uno de los aciertos que más disfruté de los cuentos de Santos: no se molesta en que entiendas al mundo o al personaje, si bien eso es posible, no es el enfoque. Lo principal a entender es el momento al que accedemos. Lo inmediato, lo que sucede, el presente mismo, nada más. Eso, a mi entender, es algo que logran pocos escritores: que sus textos creen una percepción de presente tan poderosa que es posible entender lo que sucede a través de sensaciones.

Por lo mismo, es difícil revelar las tramas de los cuentos, porque no se entra a ellos buscando la historia, sino esperando sorpresas, que leerlos genere algo en ti.       

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Imagen: 88 Grados

Silencio de domingo

Siento que alguien más versado en música o poesía podría disfrutar de la prosa de Santos de una manera más completa, pero no puedo quejarme de la experiencia que tuve al leerlo. Fue una lectura rápida y voraz, un par de horas en un parque mientras mi perra Ciri corría alocada por el pasto y el sol matutino me mantenía sin frío en una mañana de domingo, es decir, en el silencio absoluto de una ciudad que está de ch’aki.

Ya entonces pude notar que, si bien los cuentos de Prueba un poco no necesariamente te noquean, al menos se hacen sentir, tienen un algo que los delata como especiales: tal como con un disco, las sensaciones se quedan contigo, se hacen un tanto inolvidables. 

Fue sorprendente sentir cómo cada cuento podía dejar una huella que de alguna forma se conectaba con la del siguiente cuento. Ninguno de los cuales parece estar unido por temáticas sino por estilo, como pasa cuando se escucha un jam de jazz y vas escuchando cómo cada músico arranca en soledad y se va uniendo a una gran estructura que forman colectivamente. Esto Santos lo logra él solo con su escritura. No es polifonía, es la potencia y carisma que suelen tener los cuentos pensados para ser relatados exclusivamente de manera oral. En el silencio de aquella mañana, pude escuchar los cuentos de Santos mientras los leía y eso hizo que la experiencia sea importante y entretenida, dejándome pendiente el experimento de leerlos en voz alta algún día, pues tengo el presentimiento de que eso aportará otro tipo de sensaciones.

En pocas palabras, Prueba un poco es un libro en donde no importan las tramas sino las sensaciones, un logro escrito que se siente musical y que es sencillo de leer, que nos sumerge en varias realidades y nos ayuda a olvidar todo lo que nos rodea. Algo así como esa pequeña magia que sucede cuando pones a Miles Davis improvisando y, simplemente, te dedicas a escuchar.

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