En busca de su cuerpo - Recapitulación de las tinieblas, reencuentro y diálogo con una voluntaria ucraniana un año después de recorrer Kiev juntos

Milán Gonzales nos acerca al frente de guerra con esta entrevista a una joven ucraniana y cómo el conflicto cambió su vida.
Editado por : Adrián Nieve

El 28 de marzo de 2022, tras 8 horas de viaje en tren, llegué a la estación central de Kiev, me tocó esperar como una hora hasta que Sasha, un voluntario ucraniano, se acercara para ofrecer llevarme a mi primer destino: la zona en la que habían impactado los primeros misiles rusos. El voluntario me dejó al inicio del puente Norte, tocaba atravesarlo a pie mientras los militares realizaban controles, estaba permitido caminar entre dos personas como máximo, los vehículos podrían esperar dos a tres horas para conseguir pasar el puente. Una hora después de sentir la brisa helada del río Dnieper en todo el cuerpo, llegué al otro lado y tocó esperar media hora más haciendo autostop hasta que una vagoneta se detuvo; con señales le indique al buen samaritano dónde me dirigía, esos días tener internet era otra historia, él comprendió que iba donde había comenzado el ataque ruso, en las entrañas de Troieschchyna.

Tras una conversación básica, entre señas y ucraniano, el excoronel, quien me había mostrado sus credenciales y comentado que había hecho dos tours a Afganistán, me dejó con precisión militar en el lugar indicado tras pasar diversos Blockposts; de no tener la matrícula que llevaba, nos hubiera demandado dos horas extra de espera. Caminé hasta un parque, me senté en una banca para tomar aire en esa gélida mañana, digiriendo un sándwich en medio del silencio tan extraño como la incertidumbre del peligro permanente. Recuperé fuerzas para dar encuentro a Mariia Borysenko, joven ucraniana hija de un militar fallecido, casada con un oficial a quien conocería al día siguiente tras caminar durante la mañana para comprender la invasión desde sus ojos. 

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Esta es la charla de nuestro reencuentro.

Nos conocimos en Troieschchyna, zona de Kiev, que fue atacada al inicio de la invasión rusa ¿Sigues viviendo allí?

R. Sí, estoy en la misma casa. No encuentro razón para dejar el lugar donde nací, especialmente en tiempos difíciles. Esa es mi visión, permanecer fuerte y ayudar a los civiles de toda manera posible. Seguiré haciendo mi trabajo y firmaré un contrato con los militares. No deseo huir. 

Durante esos días también hablamos con su esposo. Él forma parte del ejército ucraniano. ¿Cómo está ahora?

R. Está bien. En el frente, realizando tareas de combate. Nos divorciamos, pero eso no nos impide avanzar hacia la victoria, seguimos en comunicación.

El 24 de febrero de 2022 comenzó la pesadilla, ¿cómo vio afectada su vida desde entonces

R. Creo que estaba preparada para ello. Como el 90% de mi entorno familiar, así como círculo de amigos está conformado por militares, comprendí que se avecina una guerra a gran escala. La mayoría estamos preparados. Quiero subrayar que la guerra con rusia (escribo con minúscula a propósito, en vista de que ese país no existe para mí), ¡lleva ya nueve años! 

Durante nuestro encuentro nos comentó que iba a empezar a estudiar otra carrera para apoyar a quienes sufren las secuelas del conflicto, ¿qué pasó con esos planes?

R. Durante este año me he centrado en el voluntariado, he dejado de lado la idea de estudiar algo nuevo por ahora. Estoy centrada en el ejército. Mis acciones están dirigidas a formar parte de la milicia ucraniana lo antes posible. 

Su padre fue un militar que sirvió a su país y también apoyó otras causas como la guerra de Afganistán. Aprendió mucho de él sobre el ejército. ¿Qué opina de la actual situación militar entre Ucrania y Rusia?

R. Entiendo que cuando una persona tiene un tumor canceroso, hay que extirparlo para que no se extienda a otros órganos. Esa es la alegoría sobre rusia. No conseguirán ninguna de mis tierras, no conquistarán nuestra nación. Están perdiendo, primero como humanos y también en la guerra que ocasionaron. 

Hay cientos de mensajes del presidente Zelenskyy, con el ánimo de explicar mejor la situación. Uno de ellos muestra muchos cadáveres, mientras comenta que esa es la vida normal en Ucrania el día de hoy. Una vida normal en un escenario anormal. ¿Cuáles son sus impresiones al respecto?

R. El señor presidente hace lo que puede. En toda mi vida no he conocido a un presidente que permanezca tan valientemente junto a la gente y a los militares como lo hace él. Hacemos todo lo posible para continuar la vida en circunstancias horribles y mantenernos económicamente, sea como sea.

Usted expresó en nuestra primera entrevista que reza y va a la iglesia ¿En qué medida le ayuda la fe?

R. Cuando vives a diario en una total pesadilla, con viajes regulares a diferentes frentes de batalla, cuando sientes la muerte respirándote en la nuca… ¿qué más puedes hacer? Ayudar, ser voluntaria, mantenerme fuerte y rezar. Eso es todo. 

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¿Cree que Putin utilizará armas nucleares contra Ucrania? 

R. Toda acción tiene consecuencias. No creo que su búnker resista la respuesta de otros países después de usar armas nucleares en Ucrania. 

¿Cómo protege su mente y corazón de todo este mal?

R.  Perdí a mi hermana en esta guerra hace una semanas. Fui en busca de su cuerpo, me trasladé a la línea del frente y busqué allí. No tengo miedo, no me importa perder la vida. Lo único que me queda es el sentimiento de venganza y dolor. Esas son todas las emociones que siento ahora. 

Vivir ayudando a salvar otras vidas, entre disparos y viajes por las ciudades atacadas. Incluso después de la noche más oscura, siempre hay un amanecer. El amanecer de Ucrania seguramente llegará pronto. 

¿Qué opina de los gobiernos como el boliviano que se abstiene de votar contra la invasión rusa? 

R.  Países como Polonia y los de la zona báltica son muy conscientes de la gravedad de la guerra y de lo que está pasando en Ucrania. Muestran su preocupación con hechos, no solo con palabras. 

Sobre los otros países solo puedo decir que con el tiempo uno toma conciencia de sus actos, a veces muy tarde.

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