Impune

A través de entrevistas, Gaby Gómez-García da voz a una historia de violencia sexual ocurrida en el Chaco boliviano, con el propósito de denunciar y evitar que el clamor de justicia se pierda en el laberinto de la burocracia. ¿Quién protege a las mujeres cuando la impunidad prevalece?
Editado por : Juan Pablo Gutiérrez

Esta historia está llena de palabras humedecidas por las lágrimas que se escabulleron disimuladas junto a la voz del abuelo Nicolás, un guaraní del chaco boliviano cuya piel acartonada por la vida, el sol y el trabajo dejaron marcados en su rostro los pliegues del cansancio y los años, reflejado también en sus manos agrietadas. Un hombre delgado y frágil que pareciera haber perdido la esperanza, la alegría y hasta sus sillas en ese tortuoso camino que demanda la justicia ordinaria. Una justicia ciega y despiadada que exige a sus víctimas exponer una y otra vez, una verdad que lacera sus propias vidas, en este caso, la vida de Aurora, su amada nieta, una niña-mujer que, a pesar de tener la valentía y fortaleza de los toborochis chaqueños, se vio forzada a abandonar su hogar, su familia, por el estigma que deja una violación en una comunidad indígena y en una ciudad pequeña. 

La historia de Aurora refleja la vida de muchas otras niñas, jóvenes y mujeres indígenas del chaco boliviano, cuyos gritos mueren ahogados en el silencio de la soledad, el miedo y la vergüenza. Está narrada en la voz de los abuelos de la víctima, los nombres son convencionales para proteger a aquellas personas que tienen todo para perder, excepto el nombre del violador, que aún permanece impune. Aurora rompió las barreras del silencio pese al miedo y la vergüenza, se armó de coraje y valentía para denunciar aquello que, sin comprender, experimentó su cuerpo de niña-mujer, sus palabras no lograron alcanzar a describir la impotencia y el dolor que sentía, y que, a pesar de haberlo gritado, permanecen ella, porque las cosas del espíritu no se olvidan ni se ponen anestesia. 

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En medio del silencio del Chaco, una historia de violencia que no debe ser olvidada. / Foto: Gaby Gómez-García Vargas.

Comenzando diciembre de 2013, Camiri amaneció con el cielo jaspeado de grises, era un día fresco que apaciguaba el calor seco y quieto chaqueño, salimos al amanecer hacia la comunidad de Eyti, parte de la capitanía del Gran Kaipependi Karovaicho (GKK). Aproximándonos a El Cruce, distinguimos la delgada silueta de Nicolás, sentado casi al borde del camino. Dejamos el carro y caminamos por la tierra menuda, seca y polvorienta. Ahí estaba Nicolás: delgado, con la cabeza encanecida, los ojos cansados y la mirada apagada, sin esperanza, tenía las manos callosas con los dedos entrelazando, bajo un sol amarillo que calaba hasta las sombras y sus poderosos rayos escupían lejos, toda posibilidad de brisa.

El abuelo Nicolás aceptó ser entrevistado con la presencia de una autoridad de su pueblo guaraní, el capitán Benito Bartolo Mburuvicha Guazu1, Zonal de la Capitanía, luego de saludarlo, me dijo:

—No quisiera estar aquí, y aquí estoy, solo porque el Mburuvicha me ha pedido. No quisiera hablar sobre las cosas que tanto he repetido, aunque siempre tengo la esperanza de encontrar justicia para mi nieta. Es difícil creer en algo y ya no tengo nada para dar, he perdido todo.

Suspiró hondo, mirándome.

Me quedé en silencio, quieta y sudorosa, envuelta en ese calor abrasador que adormece, me senté en un tronco frente a él y mirando sus ojos, dije:

—Me llamo Gabriela, yo respeto mucho a la Nación Guaraní y si le parece, me puede compartir la historia de su nieta, por ahora, quedará escrito en un papel, mi papel, espero un día poder publicarla junto a otras historias de mujeres valientes de su pueblo. Quisiera que piense que las cosas que se viven, se olvidan y a veces, hasta se transforman en el tiempo, pero, cuando escribimos con esperanza y respeto, quizás, podemos hacer que la historia se despierte un día.

—Hermana, si un día se publica, podría ser otra forma de denuncia que haga escarmentar a los malhechores, si se hacen públicos los nombres, sería como un castigo ante la sociedad. Quizás es la única forma de hacer justicia, porque con la justicia Karai2 no se ha podido y, en la comunidad, solo han hecho sufrir a mi nieta, ya no hay dónde más lastimarla, por eso, no permito que la entrevisten y no quiero que escriba su nombre ni el mío —se frota las manos y sus párpados cubren sus ojos que no lograron atrapar las pesadas lágrimas que escaparon sin permiso—. Ya estoy listo, pregunte.

—Lo llamaré Nicolás y a su nieta Aurora, como el amanecer, ¿le parece? —dije yo.

—Como el amanecer —repitió asintiendo con la cabeza y casi una sonrisa en los ojos— solo quiero un poco de justicia, cualquier justicia.

—Le escucho, cuénteme —dije yo, sintiendo la humedad de mi sudor en la espalda, mi rostro y hasta en mis manos; sentía inmensas ganas de acompañar a esos ojos permanentemente húmedos del abuelo.

—Esto pasó hace poquito más de dos años, cuando mi nieta tenía 15 años y tres meses, un 14 de noviembre, Aurora acompañó a su tía Angelita al hospital de Eyti para que le entreguen su placa dental y revisen los dientes de Aurora. Con la placa nueva, tocó a la tía esperar por mi nieta. Como demoraba más de una hora dentro del consultorio, la tía tocó la puerta del consultorio y no abrían, insistió tanto, hasta que Aurora salió, tenía los ojos llorosos, estaba angustiada y aún mareada por los efectos de la anestesia. 

Al volver a casa, bajaron del microbús para iniciar una caminata por esos senderos de tierra quieta, menuda y seca, entonces Aurora estalló en lágrimas contando a su tía que le había pasado algo extraño, algo terrible, recordaba que el doctor la había recostado en el sillón indicándole que debía sacarle una muela, para lo cual le había puesto anestesia con una mascarilla. Recordaba que se sentía muy adormecida y no podía gritar, ni hablar, tenía visiones como ráfagas que evocaban la imagen del dentista sobre ella y sentía que la empujaban de abajo hacia arriba. Abrazó a su tía, le dijo que se sentía muy lastimada y no quería ir a su casa, tenía mucho miedo y vergüenza, prefirió ir a la casa de sus abuelos. Pasado el adormecimiento, notó que tenía las muelas completas, no le extrajeron ninguna.

Cobijada en el abrazo de su tía Angelita, Aurora entró a la casa de sus abuelos llorando, buscando un refugio. Sus abuelos la abrazaron, mirando interrogantes a la tía que observaba la escena callada y quieta. El abrazo de sus abuelos fue fundamental para que Aurora, aunque opacada, pueda romper el silencio y sus recuerdos salieron a la luz como pedradas, acompañados de un sentimiento de culpa y pavor que brotaba de su magullado y tembloroso cuerpo. Los abuelos hablaron con Inés, madre de Aurora, pidiéndole que denuncie a las autoridades tradicionales. Ante la negativa de la madre, Nicolás solicitó una asamblea comunal de emergencia.

Edith, la abuela de Aurora relata así sobre la asamblea: 

—Mi nieta era la más valiente, porque se plantó frente a todos para hablar de lo que ni su madre quería hablar, para denunciar lo que muchas otras chicas callan. —Hizo una pausa de silencio para cubrir su rostro lloroso con sus manos—. Pero —lanzó un suspiro humedecido por sus lágrimas— después de hablar, nadie le ayuda, nadie le apoya, nadie le habla ni le mira igual que antes. 

* * * * *

Abriendo la caja de pandora

Cuando una mujer guaraní o de cualquier cultura denuncia, es el primer paso hacia un escenario donde ya no hay vuelta atrás, las consecuencias son inesperadas, es como abrir una caja de pandora. La denuncia de una víctima de violación, con la justicia boliviana, pareciera que pone en juicio la inocencia o culpabilidad de la víctima. La víctima expone su propia integridad, dignidad y moral. No importa si la denuncia fue planteada ante la justicia tradicional o ante la justicia ordinaria, el efecto que provoca en la vida de la víctima parece ser tan dañino como el mismo silencio.

La justicia formal, enredada en su propia oscura telaraña de lenta burocracia, hace revivir a la víctima una y mil veces un hecho del que desea y necesita alejarse y olvidar; sin embargo, debe enfrentar sin alternativa una permanente revictimización ante un público a veces morboso. En el caso de Aurora y ante la desaparición de las pruebas, su única arma fue y es su palabra.

La abuela Edith, que casi siempre guardaba silencio, tenía la mirada fija en las personas frente a ella, quizás, intentando dibujar y adivinar sus rostros en cada una de las siluetas que puede distinguir por las cataratas que cubrían sus ojos. Sin embargo, parecía ver con claridad lo sucedido y casi susurrando, levantando una gruesa rama que hacía de bastón y dijo:

—Después de que mi nieta denunció en la comunidad, cuando entraba al colegio, todos la miraban, cuando pasaba entre sus compañeras y en todas partes la señalaban, parecía que todos sabían lo que había pasado. La gente le había hecho sentir tanta vergüenza que no quería salir de su casa y no quiso volver nunca más a la escuela. —La abuela tenía la cabeza en alto, suspiraba y dejaba que sus lágrimas laven su rostro—. Dicen que estar herido es estar vivo, pero mi nieta, está herida y casi muerta por dentro.

Justicia guaraní

En asamblea zonal del 15 de noviembre de 2011, Aurora denunció al dentista Ever Miranda Ordóñez como violador, por el hecho ocurrido en el hospital de Eyti. La asamblea resolvió se castigue al culpable de acuerdo a normas comunales, llevando al violador al CEPO; además, definieron que se presente una denuncia ante la justicia ordinaria para que se lo juzgue con leyes de los karai. Acompañó este proceso una abogada del Programa de Desarrollo de Área (PDA) que apoyaba en la comunidad de Eyti, la abogada indicó que necesitaba conocer la decisión que tome la Asamblea y, en consecuencia, comprometió el apoyo del PDA con sus servicios y los gastos que se incurran en la presentación de la denuncia ante la justicia ordinaria. La asamblea determinó que la madre de Aurora presente una acusación ante la Defensoría de la Niñez y Adolescencia y que ese mismo día se haga un examen médico a Aurora.

En febrero de 2012, sorprende a los Mburuvichas de GKK la noticia de que, Inés habría presentado una solitud al fiscal de materia, desistiendo a la denuncia por violación, y, en consecuencia, Ever Gustavo Miranda Ordóñez, acusado y detenido preventivamente, solicitó audiencia de cesación de detención preventiva. La capitanía del Gran Kaipependi Karovaicho, a solicitud de los abuelitos de Aurora Zapata, convocó nuevamente a una asamblea comunal a la que citó a Inés para que explique lo sucedido.

Inés de pie frente a todos, con los hombros caídos, la mirada en el piso y estrujándose las manos huesudas y morenas, dijo: 

—El abogado del dentista acusado me llamó por teléfono para citarme en su oficina el 10 de febrero. Ese día me dijo que, por denunciar sin testigos ni pruebas, entraría a la cárcel junto con el dentista y solo se podría evitar firmando un documento de desistimiento. —Tenía la cara pálida y la voz asustada y temblorosa—. También recibí amenazas de la esposa del dentista. 

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En un rincón aislado, la tragedia de la violencia sexual se enfrenta a la indiferencia.. / Foto: Gaby Gómez-García Vargas.

Lo cierto de esta situación es que por muy valiente que sea una mujer pobre de cualquier cultura, en este caso guaraní, carga con la timidez como una inefable y fiel compañera de la pobreza que se expresa en una inseguridad metida en su piel, visible a cualquier distancia. Por si fuera poco, es como si ante estas situaciones, no tuvieran derechos, porque simplemente los desconocen. No es suficiente que existan leyes y estén vigentes, porque no todas las mujeres las conocen. Este conjunto de hechos, forman una abigarrada complejidad para que Aurora y su familia enfrenten las leyes de los karai. Adicionalmente, está el negligente funcionamiento de las instituciones que atienden estos casos, sin el personal adecuado. Estos factores fundamentales que no siempre son visibles, juegan en contra de las víctimas y en algunos casos de sus familias, a la hora de demandar justicia. 

La asamblea zonal del GKK realizada el 3 de marzo de 2012, emitió un voto resolutivo, apoyado por toda la capitanía GKK, las capitanías vecinas y el Consejo de Capitanes de Santa Cruz. Documento enviado a la jueza de instrucción de Camiri, solicitando: 1) proceder con el juicio, en el caso de violación en contra el imputado Ever Gustavo Miranda Ordóñez, 2) denunciar al dentista y a sus familiares por intimidación y hostigamiento, 3) solicitar anular la carta de desistimiento presentada por Inés el 10 de febrero y 4) anunciar que la capitanía del GKK, con todo el pueblo estará vigilante del proceso, hasta lograr justicia. 

Habiendo pasado dos años y dialogando con Benito Bartolo, se podía sentir su agotamiento ante la justicia karai. Desanimado, dijo:

—Cuando parece que avanzamos, mandan todo al principio, ya no podemos volver a comenzar, hemos puesto mucho esfuerzo vigilando que se cumpla la ley. Todos saben que el dentista paga a los abogados, a la ley. No tenemos buen abogado para que se haga cargo del caso, el seguimiento cuesta porque tenemos que viajar a Camiri y debemos pagar al abogado, mientras el dentista camina libre amenazando a la familia de Aurora y a las autoridades de la capitanía. El PDA sigue apoyando, pero el caso está como olvidado. Nos han cansado a todos, no sé qué más ofrecer —sonrió triste.

Justicia ordinaria – justicia karai

En diciembre de 2013 a casi dos años de haberse iniciado el juicio penal contra el dentista Ever Miranda Ordóñez como violador de una menor de nombre convencional, Aurora Zapata, revisé varios documentos y actas que cursan en el ministerio público, se observaron irregularidades en la documentación existente. Por ejemplo, en dos cuerpos foliados, hay varias hojas adicionales no foliadas y otras con borrones en la foliación o con tachado poniendo encima nueva numeración, principalmente en partes relacionadas con la liberación del violador. 

En el primer cuerpo, se registra la denuncia presentada el 17 de noviembre por Inés, madre de Aurora Zapata ante los Servicios Legales Integrales Municipales (SLIM), adjuntando los informes médico y forense. Hay referencia sobre un envío de muestras y recepción del informe de un laboratorio de Santa Cruz, sin embargo, el informe no está. Existen rastros de hojas arrancadas y en su lugar se adjuntaron nuevas hojas sin foliar ni coser. Las pruebas en este caso fueron borradas por quienes preservan la justicia y custodian la documentación.

El 18 de noviembre, Inés presentó la denuncia contra el violador Ever Miranda ante el Ministerio Público de la Nación Fiscalía de Materia en Camiri-Santa Cruz, por abuso deshonesto y amenazas. En la declaración policial del violador, se declara inocente. 

Tres meses después, la juez primero de instrucción mixto de Camiri dispuso la detención preventiva del violador. El 10 de febrero de 2012, consta ante el fiscal de materia un acuerdo privado entre Inés y Ever Gustavo Miranda Ordóñez, desistiendo de la denuncia por violación a su hija Aurora Zapata, por no existir elementos suficientes para afirmar que fue violada. 

Los archivos de la justicia ordinaria acumulan demasiados papeles, incluso los falseados, que hacen parte de los propios expedientes. Esta documentación termina por confundir y agotar a cualquier ciudadano que estuviera enredado en un proceso judicial y, quizás, confunde hasta a los propios abogados. Lo que es peor de esta situación es que no existen sanciones para los custodios de la documentación que hubieran permitido alterar y viciar dichos archivos.     En cada audiencia programada, el pueblo guaraní y autoridades estuvieron presente haciendo vigilia frente a la carceleta. Las audiencias fueron suspendidas muchas veces y sin justificación. Para hacer el seguimiento a la justicia karai, los guaraníes gastaron en transporte, alimentos del día y a veces hasta en hospedaje, muchas veces pagado por el abuelo Nicolás, que vendió su chaco, sus animales y hasta sus sillas, para asegurar su presencia y de las autoridades guaraníes en las audiencias, con el seguimiento y apoyo del pueblo. Tenía la esperanza de lograr que se haga justicia para su nieta.

La jueza de instrucción recibió el voto resolutivo de la Asamblea de la Capitanía del GKK el 5 de marzo.

La Defensoría de la Niñez y Adolescencia (DNA) solicitó a Ever Gustavo Miranda un informe sobre los anestésicos que utilizaba en tratamientos odontológicos. El violador informó sobre anestésicos locales de uso odontológico y limitación de uso de anestesia general. Para corroborar esta información, la DNA demandó al director del hospital de Eyti un registro al consultorio del violador, más un informe sobre el acceso que tenía el dentista a otro tipo de anestésicos. Esta autoridad se negó a emitir un informe y recomendó dirigirse al nivel departamental. 

No existen sanciones para quienes se negaron a brindar información que ponga sobre la mesa las acciones del violador Ever Gustavo Miranda Ordóñez. No existe ni se solicitó una investigación al entorno laboral del dentista, tampoco se realizó una demanda para examinar el tipo de anestesia que recibió la víctima. Consecuentemente, no existe posibilidad de juzgar al dentista por uso de anestésicos prohibidos para manipular sin un anestesista. Entonces, los secretos quedaron grabados en las paredes, los muebles y objetos de ese consultorio, junto a los cómplices del entorno laboral del violador. 

En agosto de 2012, la DNA denuncia, ante la señora juez primero de instrucción mixto y cautelar de la ciudad de Camiri, que el violador camina libremente por las calles de Camiri, quedando al descubierto la orden de libertad de Ever Gustavo Miranda Ordóñez, emitida por la juez, abogada María Inés Yañez.

* * * * *

Pareciera que cuando una víctima de violación que decide romper el silencio, pone en riesgo no solo su persona, sino la integridad de su familia que, como en este caso, terminó ocasionando la fragmentación de sus relaciones familiares, incluso las comunales, La denuncia es el primer paso que expone a la víctima en un escenario donde no hay vuelta atrás. No importa si fue hecha ante la justicia tradicional o ante la justicia ordinaria, el efecto que provoca en la vida de la víctima parece ser tan dañino como el mismo silencio. La denunciante pone en juego su propia integridad mental y física, su dignidad personal y su moral. 

En este caso, queda claro que el sinuoso camino de la justicia ordinaria, en un país con una justicia seducida por la corrupción, que no sanciona a jueces ni abogados que retuercen las leyes, no es posible esperar justicia. 

Bibliografía

Asamblea del Pueblo Guaraní (2008). Plan Estratégico de la Nación Guaraní “Situación y Estrategias”. Plan de Vida Guarani. Santa Cruz: APG.

Bazoberry, Oscar. 2003. “50 años de reforma agraria en el chaco boliviano”. En Proceso Agrario en Bolivia y América Latina. La Paz. Plural Editores.

 

1 Mburuvicha Guasu: “Es el máximo representante de las comunidades que conforman una Capitanía o Zona, es elegido también en una Asamblea”. (Plan de Vida Guaraní, 2008: 25)

2 Karai: Son los “blancos” en guaraní, corresponde a población no guaraní. “refiere a toda persona que no es de su propia cultura, con el tiempo se va haciendo extensivo a quienes no pertenecen a un pueblo indígena originario”. (Bazoberry, 2003: 147).

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