Conspiraciencia
Hoy en día los conspiranoicos son un tema bastante vigente. Es probable que, en mayor o menor medida, todos hayamos sido o seamos algo conspiracionistas o, como mínimo, conozcamos a alguien así. Desde terraplanistas, negacionistas, anti-vacunas hasta astrólogos, alquimistas o numerólogos: existe una vasta variedad de creencias y formas de pensar que tratan de ir en contra de lo comúnmente aceptado.
Más allá de lo que creamos o no (tratemos de ser respetuosos con todas las personas), actualmente se caricaturiza tanto al “rebelde loco” conspiracionista como al científico “cerrado de mente”. Unos llaman “ignorantes” al otro bando, “ovejas de rebaño” les responden del frente. El hecho es que nos cuesta evitar parcializar y ahora vemos como casi imposible que un científico pueda ser también conspiracionista, o que un conspiranoico pueda aportar algo a la comunidad científica.
Nada más lejos de la realidad. Hoy aprenderemos algo de varios casos en que personajes históricos con creencias bastante “esotéricas” fueron también científicos muy productivos y respetados. Desde conspiranoicos redimidos hasta científicos ocultistas, aventurémonos en más anécdotas curiosas que nos demuestran que lo que en el presente vemos como dos personas diametralmente opuestas, pueden en realidad convivir en una misma cabeza.
De numerólogo a héroe
Comencemos con el caso de Johann Jakob Balmer, un matemático suizo del siglo 19, que tuvo una vida académica tranquila y la mayor parte de su vida la pasó como profesor de escuela, dando clases de matemáticas y caligrafía, y ciertas veces alguna materia en la universidad. Pero el buen Balmer tenía un pasatiempo peculiar: ¡Era un numerólogo total!
¿Y qué es la numerología?
La numerología es un conjunto de creencias que buscan conexiones ocultas entre números, relaciones y medidas. Aquí algunos me dirán: “Eso suena a matemáticas”, y no están del todo equivocados. La peculiaridad de la numerología es que, la gran mayoría de las veces, buscan las conexiones ocultas mediante la adivinación, las fuerzas espirituales o cosas por el estilo. Balmer, particularmente, estaba obsesionado con encontrar patrones numéricos en los números de pasos de las pirámides, o en encontrar el verdadero número de la bestia, o las medidas de un templo mencionado en el libro de Ezequiel de la Biblia.
Balmer dedicó décadas a esos estudios numerológicos, pero a sus 60 años le comentó a un amigo físico que “ya se le agotaron las cosas para hacer”. Su amigo, que seguramente tenía tiempo rompiéndose la cabeza con un problema no resuelto de la física, le sugirió: “Si te interesan tanto los números, ve que puedes lograr de este set de números que vienen del espectro del Hidrógeno”.
El espectro del hidrógeno es un fenómeno en el cuál, si emites luz desde una fuente que tenga hidrógeno, salen unas luces de colores precisos y a cierta distancia entre sí, como un código de barras de diferentes colores. Ese espectro ya se conocía hacía muchos años, pero entender una relación matemática o fórmula que describa la distancia entre esas barras, y cuántas puede haber, era un problema que los físicos no podían resolver por varias décadas.
Balmer le hizo caso a su amigo y se puso a estudiar las líneas del espectro del hidrógeno. Un par de años después, en 1885, Balmer publicaría su primer artículo científico. Una publicación donde proponía una fórmula para describir precisamente las líneas del espectro del hidrógeno. Todos estos años de búsqueda de patrones numéricos le dieron un entrenamiento brutal que le permitió resolver este problema. No dio ninguna explicación teórica del por qué funcionaba su fórmula, pero era evidente que funcionaba y muy bien. Ya en el siglo XX, el desarrollo de la mecánica cuántica pudo dar fundamento teórico a la fórmula de Balmer, que aún hoy en día es bastante usada en la ciencia moderna.
Así, Balmer pudo usar su “entrenamiento” numerólogo y aportar algo sustancial y muy relevante a la ciencia moderna. ¿Redención de un conspiranoico? ¿Confirmación de la utilidad de la numerología? Me gusta pensar que lo que estudiemos a profundidad puede tener una utilidad si lo sabemos aplicar correctamente.
De día soy uno, pero de noche soy otro
Ahora veamos un caso doble, dos científicos muy respetados, con aportes enormes al conocimiento humano y al desarrollo de la sociedad. Pero con un oscuro secreto, puesto que ambos no solo dedicaban su tiempo a estudiar la ciencia convencional, sino también a investigaciones más “esotéricas”.
Primero, el famoso Sir Isaac Newton, creador del cálculo diferencial, de las leyes de la mecánica, la ley de gravitación universal, óptica, matemáticas e incluso aportes en mecánica de fluidos. Todo eso lo logró relativamente joven, le dedicó aproximadamente entre 5 y 8 años a la ciencia.
Pero lo increíble, es que le dedicó entre 20 y 30 años al estudio de la alquimia. Newton se obsesionó fuertemente con la alquimia, dedicó casi todos sus recursos y muchos de sus mejores años a buscar avances en su laboratorio.
La alquimia es una antiquísima disciplina filosófica que se centra en la transmutación de la materia, la búsqueda de la famosa piedra filosofal y el elixir de la vida. La alquimia combina elementos de la actual química, física, medicina, astrología y esoterismo. El alquimista, al buscar transmutar (o transformar) objetos o metales, sufre a su vez una transformación propia. Y bueno, los alquimistas fueron muy famosos por ser super herméticos, encerrando sus avances entre una maraña de simbología avanzada, códigos y secretos.
Newton no fue la excepción, existen diversos libros, notas e incluso cartas que demuestran que se metió de lleno a investigar los secretos alquímicos. No sabemos qué logros obtuvo en esa área. Sí existen registros de anotaciones con palabras como “eureka” o “esto es muy interesante”, así que resultados obtuvo, pero cuan útiles o relevantes fueron, solo quedan en el terreno de la especulación.
Otro caso similar, pero más moderno, fue el del célebre Nikola Tesla, inventor e ingeniero, con grandes aportes al conocimiento y dominio del electromagnetismo. Además de inventor de diversas patentes e inventos como la corriente alterna, el motor de inducción, el control remoto, la bobina Tesla, lámparas fluorescentes, y aportes a la radiocomunicación y el radar. Se puede decir, sin temor a equivocarse, que Tesla sentó las bases del uso moderno de la electricidad.
Pero Tesla tenía creencias poco convencionales —por decirlo de alguna manera—, pues es conocida su obsesión con el número tres y su fuerte interés por la energía cósmica. También afirmaba que podía comunicarse con extraterrestres y que había descubierto una forma de energía ilimitada. La figura de Nikola Tesla está envuelta hoy en día entre nubes de idealismo. Es tanto lo que se dice de él que ya su persona ronda el mito.
Es cierto que tenía muchas creencias peculiares, pero estas también lo llevaron a hacer investigaciones que resultaron en callejones sin salida. Aunque mucha gente quiere creer que Tesla tenía inventos mágicos inimaginables, lo cierto es que malgastó muchos recursos en varias pruebas poco fructíferas. Pero quizá parte de su genio (que le permitió dar tantos aportes e inventos) estaba ligado a esas ideas fuera de lo común, que le permitieron desarrollar muchas cosas benéficas para la sociedad.
Conclusiones
Existen muchos casos más de “conspiranoicos” científicos que valdría la pena mencionar al menos anecdóticamente. Como Pitágoras y su creencia en la divinidad del número, pero que igual aportó con el famoso teorema que lleva su nombre; Paracelso, otro alquimista que decía poder crear homúnculos (humanos artificiales), pero dio grandes aportes a la medicina; o Carl Jung y su creencia en la sincronicidad universal, pero con grandes aportes a la psicología y al psicoanálisis.
Todos estos ejemplos nos pueden enseñar que, aunque tengamos creencias o enfoques poco “científicos”, la curiosidad, buscar patrones, o la pasión por buscar verdades ocultas pueden llevarnos a descubrimientos importantes. La ciencia y el misticismo no siempre están en conflicto, aunque parezcan opuestos, a veces la línea que los separa es muy tenue y sutil.
Así que, la próxima vez que se topen con un conspiranoico, o si ustedes mismos piensan que hay cosas ocultas, no piensen que ello es algo tonto o malo por si solo (aunque si hay casos de estafadores, también hay casos sinceros), toda búsqueda de la verdad puede ser fructífera si se la sabe dirigir de la manera correcta.

