Noches de humor cuando se enamora en Santa Cruz

¿Existe algo más serio que el humor? Si bien para el 2022 pensar en stand up comedy como forma de entretenimiento es más bien algo frecuente, no siempre fue así. Pablo Osorio nos cuenta el origen de esta peculiar actividad y su desarrollo en la ciudad de Santa Cruz.

Un comediante entra a un bar y solo hay dos personas borrachas. El comediante sube, hace su rutina (nadie lo escucha), acelera su rutina, agradece a la audiencia (que ahora está dormida) y se baja de la tarima.

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En la ciudad de Sucre se encuentra la capilla de la virgen del Carmen, “la rotonda”. / Fotografía: Pablo Montero.

Esta era una noche promedio de stand up comedy al inicio del 2015 en Santa Cruz de la Sierra. El género llegó relativamente tarde, cinco años después de que comenzara en México donde ya iniciaba a ser un éxito. En Bolivia tuvo un inicio tímido, pero importante, de la mano de Javicho Soria, el primer boliviano del que tenemos registro que haya ejercido el oficio como tal. En aquel entonces, y todavía hasta ahora, la comedia estaba reservada solo para algunos elencos de teatro y los eternos café concerts.

Para marcar una diferencia entre los géneros de humor, el stand up comedy, a diferencia del sketch, el rey del humor boliviano, toma distancia de la interpretación explícita de personajes y demanda del comediante la escritura del guion que pondrá en escena.

Javicho pondría a prueba su material en un teatro de La Paz luego de triunfar en un concurso de stand up en Argentina y, desde entonces, nada sería lo mismo. Dictó talleres en el eje troncal y por donde pasó se fueron sembrando grupos de comediantes que estaban dispuestos a tomarse en serio la comedia.

En el 2016, Pedro Álvarez y yo conocimos los talleres de Javicho. Aunque ya pertenecíamos a un grupo de comediantes que de manera espontánea y experimental se había formado en Santa Cruz, su experiencia nos sirvió para entender que si queríamos que nuestra relación con la comedia funcione, teníamos que formalizar el concubinato empírico.

“Estan dap Comedy” se llamaba el club de comedia y duraría una temporada. Al disolverse, y luego de bajarnos de un escenario sin audiencia, nos cuestionamos qué hacía falta para que tuviéramos mejores noches de humor. “Necesitamos que más gente se sume”, concluimos.

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Manuel Isidoro Belzu habría mandado a edificar la capilla para agradecer el milagro que le salvó la vida. / Fotografía: Pablo Montero.

Así nacieron los primeros talleres de comedia en Santa Cruz. Nuestro objetivo era que se sumasen la mayor cantidad de voces diversas. De cada taller surgieron nuevos talentos que enriquecieron a la movida; el único espacio que teníamos era Meraki Teatro Bar, un maravilloso emprendimiento que nos abrió las puertas para que una vez al mes tuviéramos noches de open mic, un espacio donde principiantes y expertos se morían por subir a escena y domar a la audiencia. Todas eran noches mágicas. Estábamos abriendo la puerta de algo más grande.

Sin embargo, cuando todo parecía que iba a mejorar y las noches comenzaban a multiplicarse en algunos otros espacios alternativos, el drama tocó la puerta. Vino la pandemia y derrumbó el sueño. Algunos abandonaron el género, los bares cerraron, las prohibiciones se endurecieron. Todo parecía indicar que las noches de comedia habían llegado a su fin.

Hasta que Ariel Vargas, actor, emprendedor y comediante, decidió hacer un all-in y dedicó las noches de su teatro a convocar comediantes y público que quisiera reírse a pesar de la pandemia. Eran noches de risas clandestinas, un éxito, dentro de lo que en teatro y comedia entendemos por ‘éxito’. Para entonces, los comediantes se habían multiplicado en el resto del eje troncal. Éramos quince al empezar y hoy somos más de sesenta. Así, ebrio de entusiasmo, Ariel redobló la apuesta y abrió el primer club de comedia: “La Tuja”. Apenas está por cumplir su primer semestre, pero ya se dio el gusto de invitar a todos los estandaperos del país para su inauguración. El género no se detiene. Solo en Santa Cruz ya hay al menos cinco lugares fijos de stand up comedy, veinticinco comediantes y cinco productoras que están profesionalizando la industria.

Hoy un comediante entra a un bar, las mesas están ordenadas, la audiencia vino a verlo, una marca lo auspicia y el futuro parece prometerle que habrá más noches así. Que así sea.

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