Una construcción fuera de norma en Calacoto
Había una vez, un gran espacio verde de casi cuatro mil quinientos metros cuadrados atrapados por un cerco de adobe y la propia topografía del lugar. Era un territorio forrado por un pasto salvaje creciendo entre arbustos y hierbas en torno a centenarios y frondosos árboles de pino, con troncos tan gruesos que no cabían en un abrazo. Las copas de los pinos rozaban las paredes del vecino edificio Paradiso hasta las ventanas de los departamentos del cuarto piso. En alguna esquina próxima a la plaza Max Fernández, se encontraba una pequeña casa donde por muchos años funcionó el Centro Prana. Este mágico lugar, ubicado en la prolongación del pasaje Ignacio Cordero, próximo a la calle 21 de Calacoto, fue arrollado por la empresa constructora Disdema S. R. L., que lo reemplazó por enormes moles de cemento, construidas fuera de norma.
Durante el encierro de la pandemia, el terreno verde colindante con el edificio Paradiso posibilitaba que los atardeceres llegaran acompañados de bandadas de loros que anunciaban el ocaso. Se aproximaban con sus cánticos, que al oído humano son solo garridos, y se perdían entre el follaje de los árboles. En días de lluvia, se abrían algunas ventanas de los edificios colindantes con el enorme terreno, dejando pasar a sus hogares el olor a tierra húmeda, a hierba y a pino, en pleno centro de Calacoto. Esos árboles añejos, como el mejor vino, regalaban a la plaza Max Fernández, sus enormes ramas hasta confundirse con los árboles de la misma placita.
Para sorpresa de los vecinos, un día y al siguiente y al siguiente día, las puertas de la casita del Centro Prana quedaron cerradas. Así, se hizo un silencio de pisadas vacías, puertas cerradas y hojas de los árboles caídas que llenaron el piso del espacioso atrio que precedía a la casita. Los asientos frente al ingreso se convirtieron en el lugar preferido de los enamorados y, por las mañanas, era el lugar para el encuentro de señoras copuchando, cargando entre las manos sus bolsas de tibias marraquetas.
Algún momento del año 2019, el terreno que da hacia el pasaje Cordero apareció con un amplio portón de calamina y un letrero que anunciaba “propiedad privada”, frenando así, el paso a los aventureros que acortaban su camino por los senderos abiertos entre la verde maleza. A finales del mismo año, se podía ver desde los edificios vecinos cómo comenzaban a caer alguno de esos árboles centenarios, con una rapidez de esas que no permiten reaccionar a tiempo. En un intento por salvar alguno de los últimos árboles, aunque no los más viejos, varios vecinos enviaron cartas al subalcalde Oscar Sogliano y a la Empresa Municipal de Áreas Verdes Parques y Forestación, medida inútil porque no sirvió para frenar el atropello. Los troncos fueron triturados por la maquinaria pesada y las aves desaparecieron al quedar sin hogar.
El año 2020, la empresa constructora Disdema inició excavaciones en ese rincón de la Zona Sur, que alguna vez albergara tanta vida silvestre. El incansable trabajo de obreros y de maquinaria pesada, cavando de manera continua en gran parte del perímetro de su vecino edificio Paradiso en tiempos de lluvia, provocó la preocupación y nerviosismo de quienes lo habitaban. A medida que las excavaciones se profundizaban sin poner puntales ni muros de contención intermedios, nació en los vecinos colindantes un sentimiento semejante a uno de los más temidos monstruos acechadores de desgracia.
Las permanentes lluvias de enero, que acompañaron los días de las excavaciones, obligaron a los copropietarios de Paradiso a pedir ayuda a Oscar Sogliano, subalcalde de la Zona Sur, solicitud que dio vueltas infinitas entre los escritorios de dicha subalcaldía. Después de una larga y silenciosa espera, recibieron respuesta de la Unidad de Infraestructura y Fiscalización Territorial, quienes enviaron a un inspector. Finalmente, la tarde del 30 de enero de 2020, el lote en construcción amaneció precintado y en su portón tenía una orden municipal para paralización de obra.
El aviso pegado en el portón del terreno, parecía no tener ningún impacto, ya que la maquinaria pesada continuó excavando, cumpliendo fielmente con el movimiento de tierras y el exterminio de árboles. Una segunda medida de la Subalcaldía fue poner pasacalles en el ingreso y en la salida del pasaje Ignacio Cordero para frenar la circulación de maquinaria pesada. Sin embargo, la constructora continuó las excavaciones con el uso de pequeños y ruidosos Bobcat y la retroexcavadora ubicada al interior del lote. Lo notable de esta situación es que puso y pone sobre el tapete la endeble institucionalidad del Gobierno Municipal paceño y su consecuente falta de autoridad frente a esta empresa constructora. Asimismo, deja ver el proceder de Disdema S. R. L. ausente de toda ética y respeto frente a las normas municipales y a la ciudad.
Después de la copiosa lluvia del 13 de enero de 2020, el terreno con movimiento de tierras quedó anegado y el agua acumulada se filtró hasta los parqueos del segundo subsuelo de Paradiso. Esa misma noche, una representante del edificio contactó a la empresa Disdema y solicitó que se presenten en el mismo para valorar los daños que ocasionaron con las excavaciones, aparentemente descontroladas; además, pidió que muestren la orden municipal para excavar en época de lluvias y expliquen las previsiones y recaudos estructurales que tomaron en el perímetro del edificio Paradiso, que colinda su lote. La misma noche lluviosa, se apersonaron Fabio Marín, hijo del propietario, acompañado de un hombre que, a la pregunta de si era ingeniero, dijo “soy constructor”, luego se supo que era el portero de la obra.
Como una acción oportuna, los miembros del directorio de Paradiso se reunieron con el propietario del terreno y de la empresa constructora Disdema, el señor Julio Marín, en nombre de su empresa, se comprometió a: 1) contratar un seguro para el edificio Paradiso, 2) pagar honorarios de un ingeniero de confianza de los copropietarios de Paradiso, para asesorar a su directorio en las obras relacionadas con las excavaciones y la urgente construcción de un muro de contención en todo el perímetro del edificio y, 3) dejar 4 m de retiro respecto de Paradiso. En ese momento, nadie sospechó que construiría dos pisos, pegados al muro del inmueble, bajo la mirada cómplice y convenientemente ausente del Gobierno Municipal.
Este acuerdo permitió al directorio de Paradiso contratar al Ing. Antonio Zelaya, que fue acompañado por el Arq. Jorge Ríos. Por su parte Disdema, en esa coyuntura, contrató al Ing. Manuel Escalante. Este equipo de profesionales, con larga trayectoria en construcciones, identificó los problemas y tomó las medidas correctivas oportunamente para evitar mayores daños.
La ventaja del edificio Paradiso es que está construido sobre una losa radier bastante profunda, situación que evitó una desgracia en el peor momento. Julio Marín explicó que tenía previsto realizar muros anclados de arriba hacia abajo, pero, por su alto costo, decidió no excavar más en el perímetro de Paradiso y separarse 9 m. En dicha separación construiría tres plataformas cada 3 m edificando un muro de contención en cada plataforma con una altura aproximada de 3,20 m, en forma escalonada.
Resuelto el tema del riesgo estructural del edificio Paradiso respecto de las excavaciones en el lote vecino, se avizoraron nuevos problemas, uno de los más importantes que afectó y afecta grave y directamente a las familias que habitan cuatro departamentos del segundo piso y a las oficinas del primer piso: la arbitraria construcción sin retiro y fuera de toda norma que ejecutó Disdema. Un enorme muro que dice corresponder a su sótano, y que, sin embargo, es una pared de ladrillo compacta pegada al muro del edificio vecino, con una altura que sobresale del nivel de planta baja cubriendo hasta el segundo piso de los departamentos de Paradiso.
El directorio del edificio afectado presentó una denuncia documentada con fotografías a Vladimir Ávila, subalcalde de la Zona Sur. Finalmente, el 19 de marzo de 2024, el Gobierno Autónomo Municipal de La Paz emitió una “Resolución Administrativa Macrodistrital de Fiscalización Técnica Territorial Nº14/2024, Subalcaldía de la Zona Sur, Macrodistrito V mediante la cual sanciona al Sr. Fabio Marín Cusicanqui, Representante Legal de la Empresa Constructora Disdema S. R. L., con la demolición de 4.877,64 m2 construidos sin autorización municipal, por infracción en área máxima a edificar y altura máxima de fachada”, que debió ser cumplida en un plazo de diez días, de lo contrario la empresa debía pagar una multa pecuniaria por el incumplimiento a la ejecución de la demolición.
Sobre la “multa pecuniaria por construcciones fuera de norma”, esta parece ser un gran negocio, pues favorece tanto a las arcas municipales como a las de la empresa constructora, pero no a la ciudad ni a quienes la habitan. Sobre este tema, la concejal Yelka Maric denunció en conferencia de prensa del 28 de mayo que “hay decisiones que favorecen construcciones ilegales y con multas ridículas y, más que sanciones, son invitaciones a construir no solo fuera de norma, sino también más pisos fuera de norma”, medida con la cual se abren las puertas a loteadores, avasalladores y a cualquier constructor inescrupuloso. Esta situación, que toca vivir a los paceños en diferentes barrios de la ciudad, no es más que la consecuencia de la normativa emitida por las actuales autoridades municipales a la cabeza de Iván Arias, a quien, según el comentario de algunos copropietarios del edificio, solo le interesa llenar sus bolsillos, sin importar el costo de destruir la ciudad.
Este atropello, sufrido por los habitantes de Paradiso, ha obligado a su directorio a enviar cartas al alcalde Iván Arias y a Vladimir Ávila, subalcalde de la Zona Sur, demandando que hagan cumplir con el retiro obligatorio que debe existir en toda edificación de la zona de Calacoto. Circularon muchas cartas y recibieron muchos informes que no aclararon esta situación. Por una parte, Vladimir Ávila señaló que la Subalcaldía solamente supervisa lo que aprueba la Secretaría de Planificación. Por esta razón, Jorge Ríos, arquitecto de Paradiso y Edwin Castro, administrador del mismo, realizaron consultas y reuniones tanto con la Subalcaldía de la Zona Sur, como con la Secretaría Municipal de Planificación.
Los representantes de Paradiso se reunieron con la Arq. Patricia Belmonte, analista técnico de la Dirección de Desarrollo y Administración Territorial, de la Secretaría Municipal de Planificación, quien puso como marco de referencia que, el proyecto que ejecuta Disdema fue aprobado el 23 de marzo de 2023 y que la norma señala que se puede construir hasta siete pisos, pero, hasta ese momento, llevaba edificados doce pisos. Sin embargo, los representantes del edificio reiteraron que el objetivo de la reunión era solicitar que el Gobierno Municipal haga cumplir la norma referida al retiro de tres metros, en todo el perímetro del edificio Paradiso.
De acuerdo a los planos de la empresa constructora, el Gobierno Municipal aprobó cinco sótanos y como tales debían estar al nivel del piso, sin distinguirse en la superficie. Sin embargo, los “sótanos” sobresalen en dos pisos al ras de los límites de su lote, vulnerando el retiro que debe existir con su vecino. La Arq. Belmonte mencionó que la empresa Disdema tiene un proceso administrativo sancionado para demoler 4.877,64 m2; por tanto, la construcción que ejecutan no corresponde a la aprobación de sus planos, y los incentivos que se les otorgaron no debieron sobrepasar los dos pisos. Por tanto, aunque paguen la multa, al no ejecutar la demolición, “no podrán acceder a los planos de una obra terminada, que son los planos As Built”, requisito para sus probables compradores.
Los copropietarios de Paradiso, a través de su directorio y de profesionales que contrataron, realizaron innumerables gestiones ante el Gobierno Municipal de La Paz, solicitando se respeten las normas emitidas por la propia institución municipal. Sin embargo, tropezaron con un laberinto burocrático, semejante a un enorme entramado que se debe seguir para que se apliquen dichas normas. Quizás el camino para evitar las irregularidades sea la simplificación de los procesos administrativos y la transparencia en todos los trámites.
El único tema de interés que los copropietarios de Paradiso exigen al Gobierno Municipal es que haga cumplir la norma municipal del retiro obligatorio de tres metros entre el muro perimetral de la construcción de Julio Marín con el edificio Paradiso. Los copropietarios consideran que la edificación sobre el retiro vulnera toda norma, por tanto, debe ser demolida aplicando la Ley de Suelos Urbanos y la Ley del Procedimiento Administrativo, en relación con el principio de legalidad y presunción de legitimidad.
El área más afectada de Paradiso es el bloque A, más próximo a la calle 21 de Calacoto, los propietarios de departamentos del segundo piso, quedaron casi aislados con un muro cercano frente a sus ventanas. Estas familias desocuparon sus departamentos manteniéndolos cerrados por más de un año, finalmente, el más grande fue recientemente vendido por debajo del precio adquirido. En el bloque B, más próximo a la Plaza Max Fernández, el dueño del departamento pequeño lo mantiene cerrado y, el departamento grande está ocupado por una pareja de la tercera edad, cuya propietaria, señala que “al abrir las ventanas de los dormitorios siento la hostilidad de las rejas vecinas tan próxima que dejan una sensación de estar atrapada y no pareciera estar viviendo en un segundo piso”. Es evidente que el respeto a las normas y la generosidad son fundamentales a la hora de diseñar, aspectos ausentes en Disdema.
Toda normativa municipal generalmente debiera ayudar a preservar una buena calidad de vida de los habitantes en las ciudades. Sin embargo, una norma que permite “pagar por salirse de la norma” es lapidaria, no solo para la ciudad, sino para la propia institucionalidad municipal, constituyéndose en una medida que llama a la corrupción, al regularizar planos o edificaciones fuera de norma con el pago de multas pecuniarias. Actualmente, cada centímetro de suelo se aprovecha para fines privados y comerciales, a veces con nefastas consecuencias, que, como en este caso, justifica el abuso a las leyes y el daño constante a la ciudad donde sus habitantes se ahogan, también afectan a la población que respeta las normas en busca de un buen proyecto inteligente que pueda dotar a la ciudad de un carácter acorde al entramado urbano.

