En busca de un Yankee Boy

Karen Veizaga nos lleva al carnaval de Uyuni en este texto que explora la historia de la fraternidad Yankee Boys y las pequeñas delicias que hacen al carnaval uyunense único en Bolivia.
Editado por : Adrián Nieve

En un juego de mesa, si me dieran la consigna de escribir tres palabras que se me vengan a la mente cuando alguien menciona Carnaval, pondría “Oruro, bebida y fiesta”. Y si jugamos lo mismo con la palabra Uyuni, escribiría “salar, frío, turismo”. Me llevé una gran sorpresa el año pasado, cuando mi amigo Fab me echó una mirada desaprobatoria al decirle que no tenía idea del Carnaval de Uyuni.

—Karencita, cómo pues no vas a ubicar el mejor carnaval de Bolivia —me dijo con el tono juguetón que suele usar conmigo—. Si no me crees, que te cuente el Rodri. Él es un Yankee Boy como mi papá.

1486
El abuelo de Rodrigo junto a otros fundadores de los Yankee Boys. Archivo personal de Rodrigo.

¿Yankee Boy? La pregunta quedó rondando en mi cabeza.

Conozco a quien llamaremos Rodrigo —aunque este no es su nombre real— hace unos catorce años, pero no lo veo con la frecuencia que me gustaría. Él vive en Santa Cruz y yo en La Paz. Con suerte coincidimos en persona una vez cada dos o tres años, donde la vida decida juntarnos. A veces chateamos sobre películas o sobre algunas cosas que nos suceden, pero no sentía que esa era la mejor forma para entender qué significaba ser un Yankee Boy.  

Las semanas que pasaron este 2025 fueron especiales porque estuvimos juntos, tanto en su ciudad de residencia como en la mía. Aunque vive en Santa Cruz, él nació en el escenario principal de esta historia: Uyuni.

—Yo creo que a un uyunense le cruzan dos cosas: el ferrocarril y el carnaval —me dice, como atesorando las memorias familiares que me está por compartir, trastocadas por los colores, el agua, las serpentinas y la música con ritmo de huayño.

La tradición carnavalera inició en Uyuni por la influencia de las personas de los alrededores. La primera comparsa de la cual Rodrigo tiene referencia es La Salineña, conformada por pobladores de la vecina Salinas. Luego se creó la Uyunense. El ingreso a estas agrupaciones se realizaba en pareja y sus integrantes eran, fundamentalmente, personas que llegaban del campo.

Con el pasar del tiempo, la industria ferroviaria funda fraternidades como Los Serruchos, que asumen muchas de las costumbres de las comparsas de antaño, sobre todo en cuanto a los ritmos y el baile en parejas.

El ferrocarril, en sus trajines, llenaba sus vagones de extranjeros procedentes de Chile y Europa. Algunos estaban de paso, pero otros se instalaban en Uyuni. Abrían fábricas de velas, de plásticos y otros, constituyéndose en un importante motor económico para el pueblo. Es así que Uyuni cimenta una identidad ferroviaria y también migrante.

—A los uyunenses nos preparan desde niños para migrar. Yo sabía desde mis once o doce años que me iría a estudiar a Sucre cuando saliera bachiller —me cuenta Rodrigo con nostalgia—. En los años 70 y 80, incluso los 90, la oferta académica en Uyuni era inexistente. Ahora ya hay universidad.

1487
El año de la rebelación de los Dandy Boys. Foto del archivo personal de Rodrigo.

Tras graduarse de la carrera de Psicología, ese espíritu migrante le permitió adaptarse a diferentes trabajos que desarrolló en Sucre, Potosí, Los Yungas, La Paz y, finalmente, Santa Cruz, donde podría decirse que se ha instalado, aunque algo me dice que la vida tiene aún muchos caminos reservados para él.

A pesar de la diversidad de climas y espacios en los que ha vivido, en sus ojos oscuros veo el arraigo a su tierra. Rodri sigue siendo un Yankee Boy, sobre todo en los carnavales.

— El Carnaval de Uyuni era el más largo y el más barato del país. Duraba como diez días, aunque ahora, por la crisis, dura menos —me dice con tristeza, mientras rememora las comparsas que, por este factor, han dejado de bailar, quizás, de manera definitiva. 

Oficialmente, el Carnaval de Uyuni comienza el jueves de compadres, cuando se realiza el agasajo a los varones en oficinas, unidades educativas y otros espacios públicos y privados.

—Antes, estaba permitido tomar en los colegios. Ahora se festejan, pero no farrean ahí —menciona Rodrigo emocionado. Los uyunenses y algunos foráneos solían llegar al pueblo en esta fecha e invertían entre 200 y 300 bolivianos para los diez días. Ahora, participar de toda la fiesta puede costar hasta 1000 bolivianos, aspecto que ha provocado que varias actividades se hayan descontinuado o que la gente ya no asista a todos los eventos.

El regocijo continúa a la semana siguiente, el jueves de comadres, festejando a las mujeres. En esta fecha y al día siguiente, viernes, es cuando Uyuni comienza a llenarse más con su gente, que retorna desde donde se encuentre, para volver a ver a la familia y los amigos con los que han crecido.

Retornar anualmente es un acontecimiento casi sagrado para un uyunense. Tanto así que ese viernes, el Carnaval continúa en otro espacio físico donde Uyuni parece haberse expandido: Oruro.

Las fraternidades suben al tren que, en siete u ocho horas, arribará a Uyuni. Los amigos se reencuentran, charlan, cantan, beben, recuerdan. El viaje es una fiesta. Los Yankee Boys, agrupación que cumple ochenta años de existencia este 2025, son los principales protagonistas, que aún llevan a cabo fielmente esta tradición.

1488
Elección de la Reina del Carnaval en el Railway Sporting Club en los años 60. Foto del archivo personal de Rodrigo.

En el pueblo, los moradores habituales y aquellos que ya han arribado por las fiestas, los esperan en la estación con pichuncho y banda, pues bailarán hasta el amanecer. Es que el espíritu de la fiesta gira en torno a las fraternidades, su identidad, los lazos que los vinculan, sus canciones en ritmo de huayño. 

“Una vez Yankee, siempre Yankee”, reza un dicho que tienen quienes pertenecen a esta fraternidad. Rodrigo es un Yankee Boy, como su papá y su abuelo lo fueron y lo seguirán siendo para las generaciones venideras, a pesar de la rebeldía, de la migración, de buscar una identidad diferente.

En 1945, el abuelo de Rodri y algunos amigos ferroviarios fundaron los Yankee Boys. La elección del nombre parece un homenaje a esa presencia extranjera en Uyuni, tanto de aquellos que echaron raíces en la pequeña ciudad, como de quienes estaban de paso hacia Antofagasta para quedarse allí o tomar el barco hasta Europa.

La tradición se afianzó con el pasar de los años y los Yankees la transmitieron a sus hijos. El joven Yankee tenía como mandato bailar en la comparsa a partir de los dieciséis años. El padre de Rodri pasó por esta misma situación. Bailó junto a ellos durante dos años consecutivos, pero no era un joven que acatara imposiciones.

—Mi papá y mi abuelo tenían una relación complicada. Mi papá era un rebelde sin causa —recuerda entre risas—. Cuando los Yankees cumplían veinticinco años, mi papá y un grupo de jóvenes se rebelan y fundan otra fraternidad, los Dandy Boys, como respuesta a los Yankee Boys.

Las personas mayores de Uyuni no estaban de acuerdo con el proceder de sus jóvenes, por lo que, incluso la misma alcaldesa de aquel entonces, Aurora Juarez, quería impedir la participación de los Dandies en la entrada. Sin embargo, ellos bailaron ese y los siguientes años, abriendo la posibilidad de que nuevas fraternidades se crearan. Aparecieron Los Trépanos, Los Sonámbulos, Alfa y Omega, Los Rumberos, Corazón Latino y otras que afianzaron a Uyuni en su tradición carnavalera, aunque algunas de ellas hoy son solo parte de los recuerdos.

El abuelo de Rodrigo buscó un trabajo para su hijo en la empresa de ferrocarriles, pero el Dandy Boy se rehusaba a creer que Uyuni fuera solo Yankees y ferroviarios. Tenía que haber algo más allá.

Huyó de casa. Se fue a trabajar a la mina en Oruro. Cuando finalizaba ese año, un amigo le ofreció trabajo como profesor en Totoral.

1489
Yankee Boys de los años 80 en la entrada. Foto del archivo personal de Rodrigo.

—Mi papá dice que vio a mi mamá debajo de una campana y, en ese mismo instante, se enamoró de ella —refiere. No estoy segura de si Rodrigo se da cuenta de que sin Yankees, Dandies, rebeldías y carnavales, él y su hermano no estarían en este mundo.

Todas las fraternidades realizan su entrada el sábado y domingo de carnaval. Cada año eligen un traje, que puede estar referido a temas variados. Para su octogésimo aniversario, los Yankee Boys eligieron la temática de soldados y enfermeras de la Guerra Civil.

Cada agrupación tiene una canción propia que cantan y bailan en la entrada, acompañados por una banda y existe también una que cantan todas las comparsas en conjunto. Para acompañarlos, puedes hacer click en este video.

 https://www.youtube.com/watch?v=Lu0HcWSxInM

—A lo largo del recorrido, jugamos con agua y no podemos cambiarnos hasta la noche. ¡Te imaginas! Con el frío de Uyuni tenemos que bailar hasta secarnos en la fiesta de la fraternidad —me cuenta riendo Rodrigo. Cada comparsa tiene su propia fiesta en un local. La crisis también ha afectado la dinámica de estos eventos, donde los invitados antes aprovechaban la barra libre. Ahora, en algunas fiestas la barra libre tiene un horario definido o, directamente, es una costumbre del pasado.

—Yo también tuve mi periodo de rebeldía —pareciera que me lo dice en un descuido—. Con mis amigos refundamos una antigua fraternidad llamada Los Rumberos y esa aventura duró quince años. Lo hicimos porque nos molestaba una especie de elitismo que había en algunas fraternidades que se daban el lujo de elegir quién bailaba y quién no. Pero es bien complejo mantener una fraternidad.

El lunes se realiza una fiesta conjunta de disfraces, donde se premia al mejor disfraz. El martes, la costumbre es visitar las casas de compañeros fraternos para ch´allar las cosas nuevas que han adquirido durante el año, al compás de una banda. El miércoles, se realiza una fiesta de gala, donde se posesiona a la directiva del próximo carnaval y a la Reina. Los jueves, las fiestas son variadas y los viernes se realiza una gran celebración en el Railway Sporting Club entre todas las comparsas. 

—A esta fiesta ibas disfrazado y te enterabas quién ganó el carnaval, qué comparsa tuvo el mejor disfraz y fue la más alegre —rememora.

1490
Yankee Boys subiendo al tren en Oruro. Foto del archivo personal de Rodrigo.

Durante el sábado, las fraternidades realizan días de campo en familia, en las afueras del pueblo o en el salar. Finalmente, llega el Domingo de Tentación, día en que se despide el carnaval hasta el nuevo año. 

—Las comparsas se concentran atrás de Uyuni. Antes, ese lugar no era poblado. Ahora han construido la cárcel por ahí —recuerda con nostalgia—. Despedimos el carnaval bailando la cacharpaya.

Al finalizar esta historia, espero estar haciendo un justo homenaje a Rodri, su familia, sus tradiciones y todas las personas de ese lugar al que se suele llamar la hija predilecta de Bolivia

https://open.spotify.com/track/3yT52D1ZHeLGT1BMWYzxAU?si=jdBU8NraS3-7JQgc8UQZfw&context=spotify%3Aalbum%3A4RLxN3ByhauhFCoaF0HPp6

—¿Qué es un Yankee Boy? —pregunto a Rodri— 

—Es un querendón de su tierra, es una persona alegre, que le encanta cuidar sus tradiciones, amiguero y simpaticón —me responde tras pensar unos segundos.

Es una persona que puede estar en cualquier parte, pero lleva a Uyuni y sus amistades en el corazón, pienso yo, agradecida por haber visto otra cara más de lo que, como seres humanos, podemos construir y atesorar. Tal vez Rodri no se ha dado cuenta de que Uyuni no es solamente un lugar al que regresan sus habitantes, sino que es como un sentimiento que vive en ellos, lo llevan consigo a dondequiera que van.

Ya lo siento en mí. He pasado todo el día cantando cual Yankee Boy: “Guillermo Tell, hombre inmortal que a los Yankees enseñó a chupar y los Yankees agradecidos están chupando para festejar”. 

1491
Los Rumberos refundados. Foto del archivo personal de Rodrigo.

¡Salud!

54 me gusta
667 vistas