La noche que llegó al fin del viaje
Tenía que ser una obra maestra del crimen, tal como la etiquetó Paul Valéry. Una de estas obras que llegan hasta el final, mas allá de la dicotomía del bien y el mal, más allá del blanco y del negro. Una obra que va penetrando hasta las entrañas y al salir deja cicatrices imborrables, heridas interiores insanables. Es un tatuaje indeleble. Céline escribió esta monstruosidad. Y fue un verdadero viaje maldito.
Un siglo. Cien años pueden verse resumidos con tanta ironía y tanto pesimismo que hasta Orwell puede resbalarse y, sin caerse, dejar una huella tan evidente. El sentido trágico de la vida tiene una luz cóncava, como si fuera el reflejo de un espejo mal colgado a una pared imaginaria; es Baudelaire que se pone sus guantes rosados y va enfrentando a la mezquindad burguesa de un siglo sin ilusiones. Millones de cruces en cementerios helados, aquí y allá, mal sembrados por toda la vieja Europa, la Europa que ya detestaron Paul Gauguin y Arthur Rimbaud. El Voyage es la imagen concreta de un paralizante éxtasis del progreso. Y de pronto fue escándalo, el escándalo de un siglo tan breve como violento. Viaje al fin de la noche, de la noche más insomne de la humanidad.
Pero, ¿quiénes fueron Bardamu, Robinson y Parapine, alter egos del escritor o, simplemente la “Vieille France” con Vichy oculta, Juana de Arco que mira de reojo a Napoleón Bonaparte, la grandeur que se desmorona con Pétain, y con un Zola ad hoc que reverdece a Dreyfus? Tantos pisos de lecturas siguen ofreciéndome esta novela aplastadora. Del velador nadie mueve la edición en italiano de Corbaccio, la edición que en 1992 volvió a ofrecer su lectura a moros y a cristianos, debajo de ella está una edición espléndidamente traducida por Carlos Manzano por Edhasa. Tres momentos esenciales de un siglo: la carnicería de la guerra, la brutalidad colonial en África (unas tinieblas de un corazón que no había aún dejado de latir…) y la llegada del embrutecimiento causado por la modernité, con sus cadenas de montajes fordistas en Detroit y una pequeña burguesía que desde aquel momento no deja de cometer sus cínicas y miserables atrocidades cotidianas.
¡Y que viaje el Voyage!, viaje con un lenguaje que va columpiándose continuamente con una puntuación que abre el camino a la Beat Generation, al be bop, a la trompeta de Miles Davis y al sax de Charlie Parker, a una música nueva, a la pintura de Jackson Pollock. ¿Jergas y neologismos? Es el cambio de ritmo que va imponiéndose a través de un nuevo lenguaje, la máquina que violentamente está preparando el agridulce de nuestra entropía. Un Voyage hasta donde “todo lo interesante ocurre en la sombra, no cabe duda. No se sabe nada de la historia auténtica de los hombres”.
Henry Miller que lee el Voyage no es un oxímoron, son las dos caras de la misma moneda. Una cara que protesta en contra de la vida moderna y una cara que ofrece casi en su totalidad lo opuesto. La cruz y la delicia de un siglo abrumador: el hombre que lucha porque siente adentro la lucha o porque es obligado a luchar y el hombre feliz que disfruta del marasmo y goza de él, disfruta con él. Como yo, los lectores del Voyage, encontramos las imperfecciones del ser humano llevadas a una literatura que jamás se borrará.
Buscando la más grande pena posible, Bardamu, se convierte en sí mismo. Va construyendo con masoquismo el personaje celiniano por excelencia, escapándose cada vez de una posición, de una situación, poniéndose continuamente en juego, atraído por una cognición del dolor que se puede vivir solo si se practica hasta el final. Y “final” es la palabra clave de esta novela, como el fin del arte, como el fin de la vida. Este final frente al bucólico Sena que retrata aquel “cabo de luz que acaba en la noche”.
Esta novela es la que cambió la lectura (¿o se trata de la literatura?) del siglo XX: “Por allí, donde señalaba, sólo había noche, como en todos lados, una noche enorme que se tragaba la carretera a dos pasos de nosotros, hasta el punto de que sólo destacaba de la negrura un trocito de carretera del tamaño de la lengua”.

