Cuecas de antimateria

Alan Santos nos transmite todo aquello que vivió mientras escuchaba 'De desamor', álbum de cuecas del músico Daniel Álvarez Veizaga.
Editado por : Adrián Nieve

¿Podemos suponer que el desamor es antiamor? Cueca: danza atrevida de dos fuerzas que, de acercarse demasiado, tienen el poder de aniquilarse entre sí. Las siguientes apreciaciones del álbum de cueca De desamor de Daniel Alvarez Veizaga son y no son válidas a la vez, como partituras dentro de una caja de Schrödinger: la interpretación —la verdad única— dependerá del observador. 

Existe un universo en el que la cueca desafía las leyes de la armonía clásica. Se libera, átona, de la camisa de fuerza hecha de un compás de seis octavos. El tempo vaga, es libre y libertino. Habla con clusters y disonancias, con piano piano y forte fortissimo

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Imposible no imaginar a un viajero cósmico que entrega un misterioso aparato receptor a un intérprete destinado a revelarnos ese universo. Que oiga el que quiera oir. Cual buen vino, las cuecas de antimateria tienen sutiles matices y aromas que cualquier buen catador de cueca distinguiría. ¿Noches de Schoenberg? ¿Delirios de Roncal? ¿Pesadillas de Debussy? 

Hay pasajes en los que el receptor parece distorsionar la señal y aparecen cadencias y escalas familiares en nuestro universo. Estos momentos son inusuales, tanto como una aurora austral en el cielo del centro de Sucre de finales del siglo XIX. 

Sobre el lenguaje: la creencia popular de que la música es uno universal cae debido a la fuerza de gravedad. Está, de forma irremediable, construida sobre los cimientos de la experiencia —existencia— de quien escucha. Hay lingüistas que creen imposible la reconstrucción de una lengua muerta, ¿qué sucedería si estas cuecas fueran la única prueba del paso de nuestra especie por este planeta? ¿Podría reconstruirse la esencia de la misma por medio de? 

Hay dialectos de cueca que aún no se han inventado o premoniciones que construirán nuevos idiomas a partir del que hoy conocemos. En un universo —este— donde las acciones del presente afectan a las futuras y son determinadas por las del pasado, ¿podemos imaginar uno donde el tiempo fluya al revés? 

La película Cloud Atlas de Lana Wachowski, Tom Tykwer y Lilly Wachowski narra la historia de un personaje que se desdobla en distintas líneas temporales, reinterpreta su existencia por medio de acciones que determinan transformaciones en su multidimensionalidad. Imagino a un hombre que despierta y ha olvidado una melodía onírica, a un músico de jazz que improvisa estas cuecas y que es parte de esta historia en un trance, al último androide de este planeta: va a interpretar la última cueca. Del cielo cae un pluma, un copo de nieve, el misil de gracia. Un dedo sobre una tecla negra y, después, otro sobre una blanca: una cadencia tan simple y solemne como la muerte y la vida. 

Hay quien dice que lo opuesto al amor es el odio, también hay quien afirma que es el miedo. El desamor y el antiamor, sin embargo, parecen complementarios; opuestos en un círculo cromático. Ambos conviven en catorce cuecas escritas en las partituras que están dentro de la caja de Schrödinger. ¿Alguien se atreve a abrir la caja?

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