Atentos a los charlatanes y polarizadores

En su columna para 88 Grados, Natalia Aparicio nos trae una advertencia importante acerca de los futuros proyectos políticos de cara a las elecciones de 2025.

Cuando no hay plata y pedirle rebajita a la casera se hace más frecuente, crecen las posibilidades de llegar a la presidencia o, mejor dicho, al fetiche más deseado de hombres arriba de los 45 años con un poquito de seguidores, con poder adquisitivo o con recuerdos de las glorias del pasado. Pero solo los audaces —o macabros, más bien— utilizarán la desgracia de la economía familiar para capitalizarla, volverla en emociones y, más tarde, en votos. 

En tiempos de crisis económica mucha más gente comienza a preguntarse qué está pasando en el país y, por ende, a buscar una solución desesperada venga de quien venga. Ese momento de cuestionamiento valiosísimo desnuda a la vez la vulnerabilidad de los votantes y la polarización afectiva se convierte en la mejor herramienta. La transición a las vísceras se vuelve moneda corriente y la charlatanería se camufla entre el sufrimiento. 

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Pero, primero, ¿qué es polarización? Para Almagro (2019) puede ser entendida como la “creciente división de las creencias y opiniones políticas (...) de una población hacia los extremos del espectro ideológico” y se convierte en afectiva cuando el odio, el rechazo y el alejamiento a la racionalidad protagonizan la arena política. Poco a poco se establece una clara línea imaginaria entre los buenos y los malos; y cualquier acercamiento a los malos significa una traición.

Para Ortuño, la polarización es más frecuente en un contexto de baja institucionalización del sistema de partidos (2023). A su vez, esto se traduce en el surgimiento de liderazgos personales con grandes influencias, los caudillos, que usualmente se sirven del populismo para consolidar su narrativa política. 

Entre 1985 y 2005, Bolivia fue multipartidista con partidos de estructuras y de fuerza orgánica pobres. Luego, a partir del 2005 para adelante, el MAS se volvió en el único partido predominante con Evo Morales como único líder y con una clara dependencia a la lealtad a Morales para tener gobernabilidad. Tal y como la coyuntura política nos ha demostrado, si no se reconoce al líder, entonces el bloqueo en la asamblea legislativa y en las carreteras, será escenario político disponible. Y con el actual declive de la imagen de Morales por sus denuncias de estupro, la posibilidad del surgimiento de otro caudillo se ensancha cada vez más; pero se hace más real aún, que sea outsider. Hace ya varios años atrás, fuera de los convencidos evistas y arcistas, va en aumento la necesidad de una persona fuera de la oposición clásica también. Poco a poco se van caldeando posturas antisistema y van creciendo grandes masas de frustrados que no se sienten identificados con ninguno. 

Un escenario perfecto va moldeándose y, en armonía con las experiencias latinoamericanas, estos outsiders alimentan su discurso de odio y “construyen su éxito electoral principalmente desde las lógicas políticas del rechazo y no tanto desde adhesiones positivas a un proyecto político” (Ortuño, 2023). Justamente lo que no necesitamos en tiempos de crisis institucional, política y económica, frente a la inacabada construcción de la identidad nacional y frente a una cohesión social inexistente profundizada por el discurso de odio también del que se sirvió el MAS por años. 

Y ante este posible acorralamiento de los votantes a elegir “el menos peor” y a escapar de las emociones negativas para votar, tenemos que tener en claro ciertos puntos de referencia. Un proyecto político sólido y que sea moderado, pero, sobre todo, pragmático para paliar la crisis puede ser un punto de partida. ¿Por qué pragmático? El proyecto político, pero principalmente económico, tendrá que superar la dicotomía de derecha e izquierda, tendrá que mantenerse vigente sin importar qué tipo de ideología sostengan los partidos discursivamente. Y tendrá que estar enfocado en la diversificación de ingresos al país para, finalmente, salir de la asfixiante dependencia a la exportación de materia prima sin valor agregado. 

Pero, ¿será que son capaces de proponer soluciones honestas y realistas? ¿Será que tienen la voluntad de cambiar el rumbo del país o quizás quieren seguir perpetuando el mismo modelo clientelar y cambiarle solo el decorado? Es difícil saberlo, aun siendo tan temprano (falta más de medio año), pero otros puntos —para usarlos y analizar con cuidado a cada uno de los aspirantes a presidentes— pueden ser: 

  1. Si este proyecto vende una guerra total con los salientes del poder, probablemente estará mintiendo. Tenemos que entender que los grupos de poder (legales e ilegales) en cualquier Estado terminan dándose la mano y negociando. Un excelente ejemplo para ilustrar este punto es el de Javier Milei tildando a Patricia Bulrich de montonera y enemiga, pero después cediéndole el Ministerio de Seguridad.
  2. Un candidato honesto dejará en claro que la crisis económica es profunda y estructural, por ende, también dejará en claro que recuperar la economía tardará mucho más que su gestión presidencial de 4 años. Según el Instituto Boliviano de Comercio Exterior (IBCE), Bolivia depende un 80% de los recursos naturales extractivos, no renovables y sin valor agregado; cambiar ese 80% es un proyecto a largo plazo. Ningún político puede hacer el milagrito de reconstruir toda nuestra economía en el corto plazo.
  3. Un préstamo internacional probablemente será la alternativa a seguir de la mayoría de los candidatos para aminorar los síntomas, al menos por un tiempo. Por lo tanto, que estos sean claros con la ruta a seguir es fundamental.
  4. La decisión sobre la subvención al diésel y los combustibles fósiles. Aun estando en un gasolinazo silencioso actualmente, si la subvención es retirada, el precio de la gasolina podría subir un 70% según el Colegio Departamental de Economistas de Tarija. ¿En qué quedarían los jubilados? ¿En qué consistirá el reajuste de pagos? Este será un tema polémico que muchos políticos tendrán miedo de encarar.
  5. Las quemas y desmontes en la Amazonía boliviana. Según la Segunda Encuesta Nacional de Polarización del Proyecto Unámonos, tan solo el 15.5% de los bolivianos prefieren priorizar la economía sobre el medio ambiente. Una propuesta que se ajuste a las preferencias de los bolivianos dirigida a la prevención de los incendios y la regulación de los desmontes tiene que estar en agenda.
  6. Relacionado al anterior punto, es necesario exigir transparencia en las inversiones de capital de la Gestora Pública. Según Stanislaw Czaplicky en Las finanzas grises del agronegocio en Bolivia y su rol en la deforestación, el 11% de los recursos están vinculados con sectores responsables de la deforestación en el país. Los recursos destinados de los aportes no son entregados directamente a las empresas agropecuarias, sino que se canalizan a través de rutas de financiamiento con bancos y fondos de inversión cerrados. Necesitamos saber qué tipo de inversiones tendrá el Estado en los próximos años.

Esta lista seguramente tendrá que ser ampliada conforme pasan los meses. Las necesidades y demandas se irán complejizando, algunos entenderemos por primera vez una crisis de esta magnitud, y otros recordarán la inflación de la década de los 80’s. Pero, más allá de las crisis y sus devastadoras consecuencias, necesitamos quedar inmunes ante la verborrea polarizante de los viejos conocidos y los nuevos por venir. 

Estemos atentos a quienes juegan a enojarnos más y construir enemigos. Quienes construyen toda la narrativa alrededor de un solo individuo como si fuera un héroe o mesías. Fichemos a quienes hablan de promesas irreales o quienes evitan tocar temas polémicos por miedo a perder votos. Pero, sobre todo, entendamos nuestro poder de voto y, aunque suena muy utópico, quizás solo la capacidad crítica nos salve de esta catástrofe. 

Bibliografía 
Souverein, J., Stolte, C., Velasco, A. (2023). Polarización política y social en Bolivia.
Ortuno, A. (2023). Explorando la polarización y la identificación política en Bolivia. 
Almagro, M. (2019). La polarización política: Polarización expresica o en actitudes.
Czaplicky, S. (2024). Las finanzas grises del agronegocio en Bolivia y su rol en la deforestación.
Loza, G. (2023). Bolivia: Desequilibrio externo ¿Transitorio o estructural?
Colegio Departamental de Economistas de Tarija (2020). "La subvención de los hidrocarburos en Bolivia"
Instituto Boliviano de Comercio Exterior (2010). IBCE E-647/2010/ NOTA DE PRENSA. 

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Este texto forma parte del especial Especial del 2024