En la esquina de mi casa

En Alemania la multiculturalidad es una norma, lo cual no evitó que vuelva la extrema derecha. Daniel Álvarez nos relata cómo es vivir en ese ambiente desde su opinión.
Editado por : Adrián Nieve

En Alemania los niños suelen ser muy educados y tranquilos, pero no por ello aburridos. Se la pasan jugando toda la tarde en la vereda y están acostumbrados a ver diferentes tipos de personas en las calles. La multiculturalidad en Alemania es casi una norma.

Detalle importante: aquí existen ciertas reglas puntuales con respecto a lo pasado con Hitler y esa época oscura. Entre otras, está prohibido hacer apología de los símbolos o gestos que reverencien directamente al extinto partido nacional socialista y su líder.

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Imagen: Daniel Veizaga

Llegando a mi casa, antes de doblar la esquina, veo a dos niños en sus bicicletas pequeñas que se me adelantan y doblan la esquina hacia la derecha. El gesto para doblar una esquina estando en la bicicleta, es una de esas normas que nadie salta. En ese momento puedo sentir unas risitas anodinas de ambos niños, sin malicia. Uno de ellos había levantado, tímidamente, el brazo más de lo debido y sabiéndose en un límite entre la norma y lo prohibido buscó la aprobación en su amigo, quien no dudó en imitar al primero en su dimensión lúdica. Es importante recalcar la inocencia del episodio. Dudo que ambos niños o sus familias tengan simpatía con el finado Führer. En todo caso la travesura es jugar con lo que se sabe prohibido.

Eso me hizo pensar que la misma razón es la que anima a artistas a romper ciertas reglas para crear nuevos moldes que, seguramente, también se quebrarán. Para jugar bien, uno debe (re)conocer las reglas del juego. Como diría Gadamer sobre el arte: El juego es cosa seria.

Llegué a mi casa y abrí el periódico. ¡Histórico! En los sondeos de las elecciones regionales en Turingia y Sajonia se alza el partido de extrema derecha. Me quedé pensando en aquel fragmento de radián de ángulo en la inclinación del brazo del niño, donde los límites no eran claros y los juegos infinitos.

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