Microcuentos paceños

Una ronda de microcuentos, realizados en el taller de Oficios del relato, que rinden un variado homenaje a la ciudad de La Paz, cerrando el mes aniversario de la hoyada.
Editado por : Daniela Renjel

Es tu cumpleaños

Nos encontramos en el Prado a las diez de la mañana. Traes una perrita k´ala. Te propongo comer unas salteñitas. Sé que te gusta el picante. Subimos por la Potosí e ingresamos en la confitería. Después de la verbena, la ciudad esta desierta. Decidimos nuestro rumbo por la Illimani y dejar que la perrita camine sola. Me tomas de la mano y vemos cómo ese minúsculo y frágil retoño repugnante resortea por el adoquín delante nuestro. Quiero huir. Pero me abrazas por la cintura mientras clavas tu mirada en mí. Sonreímos solidariamente antes del beso debutante. En aquel instante, en una de esas callejas, hacia arriba o hacia abajo se desvió la perrita.

Lástima que la hayamos encontrado tan trabajosamente. Se nos fue la cita. O, para mejor consuelo, fue parte de ella. Me prometes recompensarme mañana con más salteñas o quizá unos helados de canela con empanadas que venden cerca de tu casa. Mientras acaricio a la perrita, pienso que a mí tampoco me gustan las correas.

Autor: Rafael Velásquez Valeriano


1234
Foto: Culture Trip

 

Lanza

La pobre niña no sabía qué camino tomar. “El baño”, pensó, “si logro llegar al baño puedo encontrar la salida”, así que dio vuelta a la izquierda, bajó por el camino oscuro y siguió a las palomas cual piedras blancas. La pobre niña no encontró el baño, pero la buena Ariadna quiso que encontrase una salida de todas formas. Salió directamente a la plaza de San Francisco, pero no se relajó hasta que estuvo frente a la iglesia. Una vez allí, mirando atrás, se dijo: “No sé si esconde un Minotauro, pero estoy segura de que si se sigue bajando uno encuentra la entrada a los infiernos”.

Autora: Elisabet Valeria Gutierrez Amador


 

Al pie de la letra

El Ekeko comprendió muy bien su deseo. Lo pidió con tal fervor que se hizo pequeñito pequeñito y cupo al fin en la casa y el auto que compró.

Autora: Emma Angélica Sánchez Castro


 

Metamorfosis

A las seis de la mañana toma la forma y el pelaje del Jucumari para afrontar las duras horas matutinas de su hábitat. En las dos horas siguientes su cuerpo evoluciona a una forma más diminuta, pero abrigada, tomando forma de vicuña. Si es por viento o por tormenta, pretenderá emplumarse para salir volando cuando la lluvia caiga a las diez de la mañana. Y al medio día, como pollo pelado, se quitará pelos y plumas para tostarse al calor no-caliente de la hoyada. A la hora del té, es raro en verdad —pero no loco— pensar que podría nevar y el animal se ha de vestir de nuevo, para que, finalmente, en la noche, llueva a gusto mientras la criatura regrese a su nido. 

El animal altiplánico se denomina Homus Paceñis. 

Autora: Wara Torrez


 

Ch’alla

Cuando el sahumerio terminó, el ekeko ya no estaba allí.

Autora: Ninón Irene Llano Guibarra


 

Estadio Hernando Siles

Silencio total, la tensión nos pesa en el ambiente, solo espero volver a casa. Me encuentro en el Siles con otros más... ¿Todos listos? ¡Ya! 

Esa noche del ochenta, los que caminamos con el testamento bajo el brazo morimos, sin elegir si queríamos como esclavos vivir.

Autor: Denis Pozo Ferrufino


 

La historia sin fin

—¡Compañeros! ¡¿Qué queremos?! 
—¡Nada!
—¡¿Cuándo?!
—¡Ahora!
—¡¿Para cuándo, carajo?!
—¡Para siempre, carajo!

Explosiones y llantos, una niebla cubrió todo. Pasado esto, de entre la niebla surgió una valiente voz.

—¡Helado frigooooooo heladoooo!

Autor: David Montecinos


 

[…]

Existe un reloj junto a la plaza del estudiante. Frente a este, él pregunta:
—¿Por qué está adelantado?
—Hora boliviana –le respondí sin mucho interés.
—Entonces va muy adelantado.
Un día sonaron sirenas y la (falsa) hora boliviana murió.

Autora: Nayra Luisa Huanca Huanca

1235
Foto: Culture Trip

 

La estatua de Cristóbal Colon

Un día le pregunte a mi padre si las estatuas sentían frío; él me miro con una particular confusión dibujada en su rostro, seguramente se cuestionó si acaso la inversión que depositaba en mi colegio particular realmente valía la pena. Entonces yo le dije: “Mira esa cabeza, de tanto frio ennegreció y hasta la nariz se le cayó”

Autora: Iris Andrea Cabrera


 

Desayuno

Los albañiles llegaron a trabajar. Encontraron una taza sucia con restos de café y medio queso con pan al lado del hueco. Pero el sullu no se había movido de donde lo sepultaron.

Autor: Josué Ronald Viscarra Limachi


 

Tiwanaku

Por siglos, el Sol y la Luna entraban por su propia puerta para unirse. Ahora, ella lo espera siempre. La puerta de él está rota y sin función.

Autor: Oliver Condori


 

El fondo de la muela

Los picos como colmillos, un diente picado, su aura y el escalar por lugares que ya están derrumbándose. El miedo de resbalar y caerse me invade. Me llevan más adentro por donde las sombras invaden la mía, ya no me siento. El olor de animal quemado, latas rotas, botellas de alcohol y una mancha enorme debajo de las paredes de piedras sugieren mi destino.

Autora: Dévora Causín


 

La Junta Tuitiva

Dicen que un 16 de julio alguien se rebeló contra los franceses y declaró su lealtad a Fernando VII. Fue ahorcado.

Cincuenta años después, alguien dijo que el rebelde portaba una tea, así él y otros fueron convertidos en estatuas con motivos libertarios. 

Sin importar lo que nadie diga, doscientos años después, todos olvidaron a Fernando VII y en su lugar cada año desfilan antorchas artificiales.

Autora: Virnia Patzi Mamani


 

La Paz

Sin paz desde 1548.

Autor: Miguel Astorga

81 me gusta
592 vistas