Michis científicos
La importancia y relevancia de los animales domésticos es algo muy trascendental en la historia de la humanidad. Hoy en día, muchas personas afirman que prefieren la compañía de una mascota que la de otra persona y hasta se ve de manera cada vez más frecuente que la gente considera que tener un perro o un gato es suficiente para considerar que ha formado una familia. Pero, a pesar de que nos gusta pensar que todo lo que sucede hoy en día es novedoso, la verdad es que tanto perros como gatos han estado allí, a nuestro lado, como familia, a lo largo de la historia.
En esta ocasión, vamos a escoger primero a uno: hablemos de gatos. Y para los que prefieren a los caninos, habrá otro artículo, no se preocupen.
Entonces, hay que enfocarnos. La pregunta es: ¿existieron gatos que hayan, de alguna manera, ayudado a los humanos? Es más, vamos un poco más allá: ¿existieron gatos que hayan ayudado al desarrollo de la ciencia?
La respuesta es, tierna y sorprendentemente, que ¡sí! Hoy aprenderemos un poco de las bellas y curiosas anécdotas de michis científicos.
Sir Isaac Newton, ¿team gatos?
No hay mejor manera de comenzar que el curioso enlace entre uno de los mayores representantes de la Física y los mininos. Se dice que Newton, en sus largas horas de trabajo en una estancia en Cambridge, era frecuentemente molestado por una gata que, encima, había dado luz a sus crías hace poco. Los michis distraían al ermitaño científico constantemente al rascar la puerta, pues querían salir. Pero, una vez que Newton les abría la puerta, casi inmediatamente sonaban de nuevo los arañazos, a lo que Isaac tenía que, otra vez, abrir la puerta para permitirles entrar. Se dice que esto fue tan persistente que Newton decidió abrir un par de pequeños agujeros en la puerta de su oficina. Uno para la madre y un hueco menor para que pase la camada. Incluso tapó las puertitas con fieltro para que no entre excesiva luz y no perjudicar sus experimentos.
Es por eso que muchos atribuyen a Newton no solo el descubrimiento de la gravedad, sino también la invención de las gateras (puertas para gatos). Lamentablemente esto no es cierto. Estas gateras existieron desde mucho antes e incluso se encuentran cuadros antiguos con estos huecos para los michis.
Hay gente que duda de la veracidad de esta bonita anécdota acerca de Newton, pero como dice J.M. Wright en las primeras menciones de este relato: “Sea verdadera o falsa esta historia, lo que es cierto indiscutiblemente es que, en su puerta, hasta el día de hoy, se ven dos agujeros de las dimensiones adecuadas para que pasen respectivamente gatos y gatitos”.
Macek, la musa de Nikola Tesla
Nikola Tesla es uno de los científicos e inventores más romantizados en la actualidad pues no faltan razones para ello. Fue un filántropo impresionante, con un genio increíble, cuyas contribuciones a la tecnología y al entendimiento de la electricidad y el magnetismo son, hasta el día de hoy, invaluables. Pero, ¿cómo empezó esta obsesión con la electricidad que lo hizo el genio que hoy admiramos? En palabras del propio Tesla, a su querido gato de la infancia: Macek.
Macek (gato en serbio) era un gato negro al cual Nikola le guardaba mucho cariño cuando era niño. En una carta, Tesla relata que, en un frío día de invierno, se acumuló tanta estática en la atmósfera que, al anochecer, arrojar bolas de nieve generaba pequeñas chispas y que incluso caminar por la nieve dejaba huellas luminosas. Era fascinante, pero lo que realmente impactó al científico fue la estática que se generaba al acariciar la espalda de su querido gato Macek. Tesla nos comenta que la luz generada era como un milagro que lo dejó sin habla: “La espalda de Macek era como un manto de luz y mi mano producía una lluvia de chispas lo suficientemente fuerte para que se escuche por toda la casa”. La vaga respuesta sobre qué causó ese fenómeno se la dio su padre: eso era electricidad. Tesla concluye recordando que mientras él acariciaba a su michi, su madre le regañaba (“¡Deja de jugar con el gato que puedes iniciar un incendio!”), él se preguntaba si acaso la naturaleza era un gato gigante. Y, si lo fuera, ¿quién o qué acariciaba su espalda para crear esas luces? “’Solo puede ser Dios’, concluí con apenas tres años, ya filosofando”, dijo alguna vez Tesla, cuya pasión por la electricidad nació en la espalda de Macek en esa noche llena de estática.
F.D.C Willard, el gato que publicó un artículo de física
Cuando te digan que los científicos son muy serios, recuerda esta anécdota en particular: Hetherington y su gato.
En el año 1975, el físico Jack Hetherington estaba tratando de publicar un artículo de física de partículas en el Physical Review Letters. Jack escribió el artículo en tercera persona, con palabras como “nosotros”, “investigamos”, “concluimos”, etcétera. Hoy en día es normal escribir siempre en tercera persona, pero al parecer en esos años eran un poco más quisquillosos.
Entonces, a la hora de recibir las correcciones, lo más observado fue ese detalle. Y ya sea porque no se podía escribir un artículo en solitario o porque Jack no quiso reescribir todo el artículo en primera persona, al físico de la Universidad de Michigan (curiosa coincidencia, la universidad de los “Michis”, Michi-gan ¿verdad?) no se le ocurrió mejor solución que añadir un segundo autor al artículo, un colaborador secreto llamado F.D.C. Willard. ¿Quién era este misterioso físico? ¡Nada más y nada menos que su gato Chester!
El nombre nace por el nombre científico del gato (Felis Domesticus), de donde vienen la F y la D; la C es por el nombre del gato, Chester. Finalmente, el apellido Willard viene del nombre del padre de Chester. Increíblemente, ¡el artículo fue publicado! Y un par de años después, tras la insistencia de muchos colegas que habían leído el mismo, Hetherington dio a conocer a su curioso colaborador. En una convención científica entregó copias del artículo firmadas por los autores. Sobre el nombre de F.D.C. Willard se encontraba una huella de gato.
Lo mejor es que la comunidad científica no se enfadó con Hetherington y, es más, aceptaron una segunda publicación del gato, donde muchos otros científicos adjuntaron agradecimientos al felino por sus valiosos aportes en las discusiones.
El famosísimo gato de Schrödinger.
De manera peculiar en la naturaleza de este artículo, no podía omitir al más famoso gato de la ciencia. Y digo “de manera peculiar” porque, a diferencia de los otros tres ejemplos, el gato de Schrödinger no existió.
¡Así es! El gato de Schrödinger no es real, es un experimento mental que Erwin Schrödinger propuso en los días en que se estaba desarrollando la Mecánica Cuántica.
Para entender el experimento mental (forma elegante de decir “imaginemos algo bien loco”), hay que poner en contexto lo que estaba sucediendo en el mundo de la física en la década de 1930. En esos años ya existían avanzados experimentos a nivel atómico que mostraban fenómenos super interesantes y peculiares. Al parecer suceden cosas muy, pero muy, locas a nivel atómico y nadie sabía el motivo de ello. Entonces se armaron dos equipos: el equipo de Bohr, un gran físico que interpretó lo que sucedía en el mundo cuántico como que todo eran probabilidades (lo que ahora llamamos la convención de Copenhague), y, por otro lado, el equipo de Einstein, quienes refutaban esa interpretación y la atacaban buscándole contradicciones o paradojas.
En ese contexto es que Schrödinger (que era team Einstein) propuso al experimento mental de un gato encerrado en una caja. Dentro de la caja imaginamos un dispositivo conectado a un detector de radiación. Junto al detector ponemos un átomo radiactivo que tiene 50% de posibilidades de emitir radiación y 50% de posibilidades de no emitir nada. Si el detector se activa, libera el veneno dentro de la caja, matando al gato; si el detector no se activa, el gato sigue vivo. Schrödinger criticaba a la interpretación de Copenhague diciendo que, si fuera cierta, el gato de Schrödinger tras un tiempo, ¡estaría vivo y muerto al mismo tiempo! Entonces Schrödinger trataba de ridiculizar esa interpretación de la mecánica cuántica con una paradoja protagonizada por un gato.
¿La ciencia de los michis o los michis en la ciencia?
No sé ustedes, pero a mí me encanta pensar en científicos que tuvieron un gato. ¿Cuánto les inspiró este bello animal? Me gusta imaginar a Newton siendo frotado en su pie por su gatita mientras trabajaba en las leyes del movimiento, me encanta visualizar a Tesla jugando con la estática del pelaje de su gato, me fascina pensar en Hetherington poniendo la patita de Chester con tinta para que firme su artículo científico.
El tener mascotas es algo tan antiguo como la civilización. Nuestros compañeros todo este tiempo han estado allí, también durante estos hitos de nuestro progreso científico. Seguramente hay un montón de anécdotas con gatos en política, arte e historia, lo que demuestra cuán fuertemente entrelazadas están sus vidas con las nuestras. Así sean nuestra inspiración, una ayuda directa o simplemente estén a nuestro lado, los gatos no pueden evitar tratar de quitarnos protagonismo y hacerse notar.
¿Y ustedes? ¿Tienen algún minino que les sirva de musa? ¿Está cerca de ustedes un michi con el que compartirían sus éxitos?


