Juana Quispe Apaza, la primera mujer concejala de Ancoraimes

El caso de la concejala Juana Quispe Apaza, asesinada mientras cumplía con sus funciones, es uno de los más estremecedores en la historia de Bolivia. A través de este texto, Lidia Hilari va haciendo un recorrido por la vida de la concejala demostrando, por un lado, las muchas veces que tuvo que soportar acoso y violencia política; y, por otro, esa faceta tan humana que la hizo querida y apreciada entre parte de la población.
Editado por : Lourdes Reynaga

Te obligaron a dejar tu historia inconclusa, tu lucha inacabada.
Nos enseñaste que no solo sirve ser valiente y
con mucho coraje sino también a que debemos ser pacientes. 
  ¡Jallalla Juana Quispe Apaza!.

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Ph. NomeVisualizzato en Pixabay.

Juana Quispe Apaza es un emblema: una mujer aguerrida, de raíces aymaras, que rompió estereotipos y venció todas las adversidades para luchar por su pueblo y llegar a ser elegida como concejala; sin embargo, fue acosada, agredida, violentada, engañada y asesinada. Pretendieron silenciar a una mujer valiente e inclaudicable, pero no lo lograron, su voz se hizo eco y despertó el coraje de muchas otras mujeres. La voz de Juana no pudo ser silenciada ni siquiera por la muerte, ya que su asesinato impulsó la promulgación de la Ley 243 contra el Acoso y Violencia Política hacia las Mujeres. 

GÉNESIS DE UNA GRAN MUJER. Llojllata Laymini, así se llama la pequeña comunidad, parte de la provincia Omasuyos, donde nació Juana Quispe Apaza. El tiempo de viaje por carretera, desde la terminal de Rio Seco hasta la comunidad, es de aproximadamente tres horas.

El altiplano en su máximo esplendor se refleja en Llojllata Laymini. El camino que lleva hasta esta comunidad es de tierra, polvo, piedra, como todo lo que uno alcanza a ver cuando se sitúa al centro. Mucho más aun, en los meses cuando no hay lluvia: todo se seca, solo está la paja brava, el sonido del viento sibilante que cuenta historias de antes, de illas, apus, achachilas… Allí el tiempo pareciera no transcurrir, un año es igual al anterior, y el que viene posiblemente será igual. Algunos hijos se quedan, la mayor parte de los jóvenes abandona el pueblo en busca de días mejores, no diremos sueños porque esos son casi inalcanzables para quienes las oportunidades son negadas. Hay quienes dicen que las oportunidades uno las crea, sin embargo cuando alguien se desarrolla en un ambiente donde se depende del clima, que algunos años es bueno; otros, malo; donde cae la helada y todo lo sembrado se muere, y los animales enferman, entonces también las esperanzas desfallecen.

Las escasas casas que persisten están hechas de adobe y paja; los techos, de madera y ramas de eucalipto, así fue siempre, aunque ahora se ve algunas pequeñas construcciones de ladrillo y calamina. La comunidad, actualmente, cuenta con veinticinco habitantes, otros veinticinco llegan al lugar de vez en cuando y el restante de la población son los que residen en la ciudad de La Paz o en algún otro departamento. Llojllata Laimini es un pueblo muy valeroso, cuna de gente valiente y fuerte, allí nació y se destacó una líder indígena digna de ser recordada por muchos. 

SU FAMILIA. Al rememorar la infancia de Juana en esta parte del cuadro altiplánico de Bolivia, es inminente hablar primero de sus progenitores. Eugenio Quispe Villanueva, así se llamaba su padre, fue un ser increíblemente trabajador. En esos años, no había mejor casa que la de su familia; cuando alguien visitaba Llojllata Laymini, fácilmente veía esa preciosa edificación que había sido construida por sus propias manos. Era de un piso, de adobe grueso, pintada de color verde esmeralda, sus ventanas tenían vidrios y los marcos eran de madera de eucalipto, una puerta imponente, los pisos también eran de madera de eucalipto, los techos se lucían por las relucientes calaminas. Los muebles, en su mayoría, fueron construidos por este señor que estaba lleno de habilidades y virtudes.

Su madre se llamaba Marcela Apaza, y era una mujer de mucho temple. Esta pareja fue muy próspera, poseía establos llenos de animales: ovejas, cientos de ellas, vacas, burros, conejos, llamas, cerdos. Tenía el único molino de la comunidad, que también fue construido por este señor Eugenio, artesanal pero muy práctico, se trataba de enormes ruedas de roca sólida que giraban vigorosamente triturando los granos que traían los comunarios: quinua, cebada, cañahua, etc. Poseían varias hectáreas de tierra fértil donde sembraban: papa, cebolla, quinua, pasto, cebada, alfa alfa, etc. 

Dios bendijo su hogar con cuatro preciosas hijas: Benedicta, Juana, Francisca y Margarita. Según Leandra Quispe, hermana de Eugenio, todo iba viento en popa hasta que Eugenio enfermó de tanto trabajar, cabe destacar que en el altiplano el día comienza de noche, como a las cinco de la madrugada inicia todo. Le diagnosticaron pulmonía en un grado muy avanzado, él tomó la decisión de volver a casa, renunció a todo tratamiento médico, tenía sueños premonitorios que eran muy certeros y ya sabía lo que le iba a suceder. 

Leonarda Quispe, hermana mayor de Eugenio, indica que él escribió su testamento, fabricó su propio ataúd, se despidió a su manera de todos, tenía 32 años. Su esposa en ese momento estaba en gestación; su hija mayor Benedicta tenía diez años; Juana, ocho; Francisca, seis y Margarita dos años, cuando el gran Eugenio Quispe Villanueva falleció. Pasaron unos meses, Marcela tuvo dificultades en el parto, las mujeres del altiplano, generalmente, traen a sus hijos a este mundo en su casa, con la ayuda de alguien de confianza, no acostumbran a ir a un maternológico. Entonces, trágicamente, Marcela perdió la vida dando a luz, al que podría haber sido el único varoncito de la familia, que también murió al nacer.

ORFANDAD DE JUANA. Las pequeñas quedaron huérfanas de padre y madre; todo cambió para ellas, tenían una vida planeada, sin carencias, llenas de amor y, de repente, se vieron desoladas, sin esos pilares que guiaban sus vidas. La abuela paterna que era una persona muy dulce pero ya de avanzada edad, analfabeta, de habla aymara, se hizo cargo de las niñas. Las hermanas de Eugenio, Leandra y Leonarda, arguyen que ellas eran muy jóvenes, vivían en la ciudad, también tenían sus propias familias y anonadadas por todo lo sucedido, solo atinaron a enviar constantemente víveres a las niñas y a la abuela en el único camión que viajaba hasta Llojllata Laymini, un camión llamado “Santiaguito”. Ellas, las hermanas, también eran analfabetas y de habla aymara. El cuadro era por demás dramático, y no faltaron personas del pueblo y alrededores que se aprovecharon de la situación, por lo que poco a poco el ganado y pertenencias de aquella próspera familia fueron mermando al punto de que ya no tenían casi nada. 

Años después, Juana y sus hermanas, convertidas en adolescentes, decidieron marcharse a la ciudad a trabajar. Ella tenía una gran calidez humana, al dejar su pueblo se trajo consigo a una ovejita bebé que cargaba en un hermoso aguayo de pampa roja, alimentaba a este animalito con un biberón, no la descuidaba en ningún momento, la conservó por mucho tiempo. Según sus tías, cuando las jóvenes estaban establecidas en La Paz, decidieron vender una casa que sus padres habían comprado y que las hermanas de Eugenio ayudaron a edificar en la ciudad, en la zona de Achachicala. Ellas invirtieron bien el dinero, se compraron terrenos en la ciudad de El Alto, se casaron y construyeron sus casas. Sin embargo, viajaban constantemente al lugar que nunca pudieron olvidar, Llojllata Laymini. El retorno a donde uno nació, aunque sea como fuere, es inexplicable, es una fuerza que empuja con persistencia al regreso, es como dice la canción de la gran poeta y cantautora boliviana Matilde Cazasola: “con qué yerbas me cautivas, dulce tierra…”. 

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Después de más de una década, finalmente los asesinos de la concejala Juana Quispe fueron sentenciados. / Imagen cortesía de Muy Waso.

La actividad económica que Juana realizaba en la ciudad era la del comercio, se casó muy joven con alguien de la ciudad, él se llama Germán Orihuela, con quien fueron padres de un hijo, que se convirtió en lo más importante de sus vidas. Germán se dedicaba a la fabricación de calzados y Juana los vendía por las mañanas, ella tenía un puesto de venta en la asociación de comerciantes “mañaneras” de la calle Tumusla. Era una familia muy joven, sin embargo, muy trabajadora, por lo tanto, próspera.

NACE UNA LÍDER. Aquellas niñas que la vida golpeó tan duramente ya estaban transformadas en mujeres fuertes y erguidas, como los frondosos árboles de eucalipto que rodeaban aquella hermosa casa que sus padres habían construido. No obstante, Juana, con la rebeldía que la caracterizaba, similar a la paja brava, indomable porque aunque la pises se levanta y no muere, fue la que tomó la firme decisión de hacer algo por cambiar la suerte de abandono que tenía el pueblo que la vio nacer. Asistió a reuniones donde inmediatamente se notaron sus dotes de líder, lo cual incomodó a más de uno; es que estamos hablando de la parte occidental de Bolivia, donde el patriarcado es evidente, es donde la mayoría de las mujeres obedece lo que el varón manda y admira lo que él hace. Sin embargo, también se ganó el cariño de varios y la nombraron Secretaria General del Sindicato Agrario de Llojllata Laymini. Cargo que ejerció con bastante entereza y dedicación.

Leandra, Leonarda y las hijas de Eugenio donaron a la comunidad un terreno amplio para la construcción de una cancha de fútbol. Este espacio deportivo, con el paso del tiempo, se fue deteriorando, sin embargo, Juana, como autoridad originaria empezó a embellecer la cancha, inició con la construcción de graderías, que por cierto, hasta ahora están inconclusas. Había creado fosas para que los comunarios se dedicaran a la crianza de truchas, que hasta ahora persisten, ayudó a muchas personas a tramitar sus documentos para recibir el bono que se les otorga a personas de la tercera edad, también agilizó trámites para que las personas discapacitadas de la comunidad accedieran a la cooperación mensual del gobierno y en la construcción de sus casas. Todo eso logró y otros proyectos más que se quedaron simplemente en eso, proyectos.

JUANA CONCEJALA. Según las hermanas de Eugenio, el horizonte se abría muy prometedor a Juana Quispe Apaza pues fue convocada para ser dirigente de la Federación Departamental única de Mujeres Campesinas Indígenas Originarias de La Paz “Bartolina Sisa”. Cuando estaba empezando a brillar con todas sus cualidades de mujer valerosa, sensible pero de carácter fuerte, se postuló a las elecciones del Municipio de Ancoraimes en abril del año 2010, invitada por el ex Alcalde Froilan Mamani, quien era parte de la agrupación Tupak Katari. Logró ganar por amplia mayoría una de las concejalías, 70 % de los votos la favorecieron. La comunidad de Llojllata Laymini y la agrupación ciudadana que la respaldaba, presentes en la plaza de Ancoraimes, festejaron junto a Juana, todos con la esperanza de días mejores para la comunidad y el pueblo en general.

ODISEA DE JUANA. Posteriormente, de acuerdo con las palabras de Casio Villanueva Torrez, quien es primo hermano de Eugenio Quispe Villanueva, Juana se presentó a la alcaldía el 30 de mayo del año 2010, se desarrollaría la primera sesión del Concejo Municipal pero no la dejaron ingresar, se hizo presente el ego machista del nuevo alcalde Félix Huanca y del representante de los concejales Pastor Cutili. Ellos habían convocado a varias personas, muchas de ellas pertenecientes al partido del MAS, como el alcalde que chicote en mano y con palabras ofensivas le impidieron el acceso. Ese fue el inicio de la viacrucis de Juana, quien sufrió una serie de vejámenes físicos y psicológicos, de parte de esas autoridades y sus seguidores. 

Las hermanas de Eugenio, Leandra y Leonarda, entre lágrimas, rabia e impotencia mencionan que en las reuniones desarrolladas en la plaza de Ancoraimes, públicamente era atacada por la familia del entonces alcalde Félix Huanca; fue arrastrada de las trenzas por todo el perímetro del lugar, sin que nadie pudiera defenderla, debido a la turba de gente que Félix Huanca movilizaba desde Sotalaya, comunidad donde nació el burgomaestre de aquel entonces. Leandra Quispe, añade: “Esta gente, llunk´us y contratados del Félix Huanca, totalmente le maltrataban a la Juana, manejaban un papel, querían que firme para que renuncie a su trabajo en la Alcaldía y ella no quería firmar, más que un hombre ha aguantado. Cuántas veces yo le dicho, hija fírmaselos, por qué te haces lastimar así, tu abuelo siempre nos encargaba que no hay que meterse en cosas de política…”. 

A pesar de todo lo mencionado y más, Juana nunca se rindió ni claudicó ante lo que consideraba correcto, persistió en su lucha por encontrar justicia. Inició una batalla legal, presentando habeas corpus, un amparo constitucional, los cuales salieron a su favor en septiembre del mismo año. Frente a esto, el rechazo y la furia de Félix Huanca y su séquito se acrecentaron, continuaban sin dejarla ejercer su labor de concejala, entonces presentó una demanda penal en contra de los que no le permitían cumplir con su trabajo. Esta demanda se dilató bastante debido a la ausencia maliciosa de los demandados. Luego de su batalla sin pausa contra los enormes monstruos que a veces los seres humanos somos, logró que se le reivindicaran sus derechos y se le restituyera su curul de concejala de Ancoraimes, esto sucedió el año 2012. 

NO MURIÓ, LA ASESINARON. Recién pasados exactos 32 días de ya estar trabajando en la Alcaldía, recibió una invitación amable del Alcalde y su grupo afín, para acompañar una marcha, celebrando el día del akulliku en la ciudad de La Paz. Inocentemente aceptó la invitación, desconociendo el trasfondo de este acto. Era el 12 de marzo del año 2012, las tías de Juana relatan que ella tenía una “gran amiga” que parecía sincera, sin embargo, había sido contratada para lograr ganarse toda la confianza de Juana, la acompañaba muy seguido. Según lo que se supo, esta señora llamada Exalta Arismendi, contaba con un sueldo y su trabajo era disfrazarse de oveja y fingir amistad.

Llegado el día, asistió con la debida formalidad que la caracterizaba, vistiendo su pollera de bayeta roja, manta color tierra, chompa y blusa de lana blanca de oveja, agüayo sawuta con pampa roja y su sombrero negro. Finalizó la marcha en la plaza Abaroa, todos akullikaban y alguien se aproximó a Juana, claramente ya sabemos quién fue, le ofreció acompañarle en el retorno a su casa, esta persona que se convirtió en muy de su confianza, llena de malicia, con facilidad logró que Juana acepte y ese fue su viaje final. Abordaron un minibús, estaban otros hombres en esa movilidad quienes cobardemente la redujeron, la ahorcaron hasta dejarla sin aliento, aparentemente con el cinturón de seguridad. Concluido su crimen, arrojaron el cuerpo inerte de esta valerosa mujer a una quebrada, muy cerca al rio Orkojahuira.

Los hechos hablaban por sí solos, una mujer había sido asesinada; pero, al parecer, ningún crimen es perfecto, por más planificado que sea. Ellos, los asesinos, pretendían que el cuerpo desapareciera en el rio, sin embargo, eso no ocurrió. Se hizo el levantamiento del cadáver, la denuncia fue hecha, se difundió por varios medios y conmovió a propios y extraños. Según comenta Casio Villanueva, incluso el alcalde Félix Huanca, promotor del asesinato, convocó a una gran marcha en la ciudad pidiendo justicia para Juana Quispe Apaza. Qué ironías de la vida.

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“Juana Quispe Apaza es un ejemplo de líder indígena que nunca se dejó intimidar, jamás dio un paso atrás. ¡Paz en su tumba y jallalla, Juana Quispe Apaza!” / Imagen tomada de Urgente.bo, nota: “Juana Quispe padeció un viacrucis antes de ser asesinada.

ONCE AÑOS DESPUÉS. Finalmente, el día jueves cuatro de enero del año dos mil veinticuatro, luego de once largos años de desesperante espera se dictaría la sentencia condenatoria o absolutoria del caso emblemático de Juana Quispe Apaza. Nos situamos desde las ocho y treinta de la mañana en el piso cuatro del edificio anexo B, ubicado en la calle Potosí de la ciudad de La Paz, cerca de la puerta del Tribunal de Sentencia Penal número cuatro; estuvimos varios de la familia de Juana y también de los familiares de los demandados. Existía un fuerte resguardo policial, no nos permitieron el acceso a la sala. Ingresaron como demandantes: la Dra. Valkiria Lira (abogada ad honorem), Francisca Quispe (hermana de Juana) y Margarita Quispe (hermana de Juana). Ingresaron como demandados, cada uno con su abogado: Félix Huanca, Pastor Cutili, Basilia Ramos y Exalta Arismendi. 

Ese día fue muy extraño, fue uno de esos días en los que no sabes si llorar a gritos o reír a carcajadas, alrededor había mucha gente esperando una sentencia, eran hijos, hermanos, padres, madres, ancianos, nietos, de los demandados y demandantes. Lo triste es que todos eran de provincia, gente humilde, la mayoría de ellos inocentes, deberíamos haber estado abrazados todos como hermanos que somos. Esto me recuerda el caso de Caín y Abel de la biblia y cómo se habrían sentido sus familiares.

Cuando marcaba el reloj exactamente las tres de la tarde, luego de varias horas de espera, por fin se abrió la puerta de la sala número cuatro. Primero salieron la Dra. Lira acompañada de las hermanas de Juana, nosotros nos colocamos junto a ellas para resguardarlas y en el camino nos comunicó la Dra. Valkiria el resultado: treinta años de prisión a Félix Huanca por asesinato, treinta años de prisión para Pastor Cutili por asesinato, quince años de prisión para Basilia Ramos por complicidad y dos años de prisión para Exalta Arismendi por no colaborar con la justicia. Todos nos quedamos en silencio, todos teníamos los sentimientos encontrados. De repente le pregunto a la doctora, ¿Cómo se siente al saber esta sentencia después de tanto tiempo? Y contesta lo siguiente: “es como si hubiera corrido muchos kilómetros y por fin llegas a la meta, así se siente y que uno cumplió con su deber”, los ojos le brillaban de la emoción, así que todos optamos solo por llorar intensamente diciendo “ahora descansa en paz, Juana”.

Afuera, en el atrio del Tribunal se encontraban muchos medios de comunicación, a los que atendieron gentilmente la Dra. Lira, Casio Villanueva (tío de Juana que coadyuvó los once años de buscar justicia) y las hermanas de Juana. Los agradecimientos son infinitos a muchísimas personas a las que conmovió este caso. Casio Villanueva, hace referencia a algunas en especial que sin esperar nada a cambio, es más contribuyendo con su tiempo y muchas veces hasta económicamente, colaboraron en el esclarecimiento del asesinato a Juana Quispe Apaza: agradecemos a la Dra. Valkiria Lira, quien con mucha inteligencia nos guió durante todos estos años, ad honorem. Agradecemos a la Licenciada Eulogia Tapia, socióloga, una gran líder indígena con quien fuimos a denunciar este caso hasta Colorado, Estados Unidos, a las oficinas de la CIDH (Comisión Interamericana de Derechos Humanos). Agradecemos a Mary Marca y a todas las mujeres valientes del observatorio de la violencia a la mujer que asistieron a todas las audiencias y nos defendieron. Agradecemos al Ex Defensor del Pueblo Licenciado Rolando Villena (que descanse en paz) quien incluso sacó una Resolución Defensoríal para que este caso se sentencie. Agradecemos a los medios de comunicación, que siempre han estado detrás de nosotros, sin esa presión, especialmente en estos días, no se habría podido dictar esta sentencia. Agradecemos a toda la familia de Juana Quispe por su apoyo durante todo este largo proceso que, con fe decimos, hoy termina. 

Pretendieron silenciar a una mujer valiente, sin embargo, despertaron el coraje de muchas mujeres valientes. El asesinato de Juana Quispe, impulsó la promulgación de la ley 243; fue el 28 de mayo del año 2012, cuando la Asamblea Legislativa Plurinacional decreta la Ley contra el Acoso y Violencia Política hacia las Mujeres. Toda la persecución y violencia sufrida por Juana Quispe Apaza no fue en vano. 

Juana Quispe Apaza es un ejemplo de líder indígena que nunca se dejó intimidar, jamás dio un paso atrás. Ahora, seguro está con sus padres, allá en el alaxpacha, muy convencida de que la justicia humana es frágil y lenta, pero la justicia divina es certera. ¡Paz en su tumba y jallalla, Juana Quispe Apaza! 

Fuentes:
Leandra Quispe Villanueva (Tía)
Leonarda Quispe Villanueva (Tía)
Casio Villanueva (Tío)
Lidia Hilari Quispe (Prima)

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