Lo que fue, lo que queda y lo que será del gigante de cuatro picos

¿Recuerdas haber visto nevar en la ciudad de La Paz? Emma Sánchez lo recuerda en esta crónica en la que también revela el futuro de la nieve que cubre al famoso Illimani.
Editado por : Adrián Nieve

En el año 2017 surgió una noticia interesante: un equipo internacional de científicos tomó muestras de hielo del Illimani —nevado ubicado en La Paz, Bolivia— para llevarlas a la Antártida. ¿El motivo? El reloj y el termómetro que se han aliado en contra del emblemático gigante.

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Foto: Gbtsrl

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Solo una vez en mi vida —entre las oportunidades que se han presentado— vi nevar en la ciudad de La Paz. Tenía en ese entonces unos 5 o 6 años. Recuerdo aún los detalles: era muy entrada la noche cuando mi mamá entró corriendo al cuarto que compartíamos con mis dos hermanos: “¡Está nevando! ¡Está nevando!”, gritaba con efusividad.

Los tres nos levantamos confundidos y soñolientos, pero curiosos. Efectivamente, estaba nevando. Nevaba en la calle León Manuel Loza de la zona San Pedro. A través del marco rojo de la ventana se veían los copitos que caían de a poco, sin prisa, el blanco que los conformaba creaba un magnífico contraste con aquella noche oscura y fría, las farolas de la calle no opacaban aquella bella visión —al contrario— la resaltaban. Cinco siluetas desveladas observaban estupefactas aquel espectáculo excepcional —tómese esta palabra de forma literal, pero sobre todo tómese la raíz: excepción—.

En la ciudad de La Paz nieva muy de vez en cuando. Graniza, llueve, ventea, truena, hace frío, pero ver nevar suele ser un fenómeno inusual. La nieve siempre ha estado reservada para la cumbre paceña y para el Illimani, a cuya falda crecemos y vivimos los chukutas. Somos observadores envidiosos o, al menos, la que escribe estas líneas lo es. Aunque quiero pensar que no soy la única. De hecho, tengo la certeza de que es justamente eso lo que nos gusta del Illimani. De no ser por la nieve, ¿esta magnífica montaña habría sido retratada tantas veces? Hemos crecido fotografiando con orgullo sus lomas blancas, muchos pinceles han detallado sus texturas, muchas líneas se han escrito en su nombre y le han sido dedicadas muchas notas.

¿Y cómo podría no ser una musa, una inspiración, si sus cuatro picos se alzan con orgullo por encima de los 6000 metros de altura sobre el nivel del mar; si sus contrastes en la lejanía son un verdadero atractivo visual: ese azul océano sumado a ese blanco coco? ¿Cómo iba a pasar desapercibido el nevado más alto de la Cordillera Real?

¿Cómo no iba a convertirse en emblema de la ciudad de La Paz si corona el paisaje desde prácticamente todos los ángulos desde los cuales se lo puede observar?

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Foto: RC Noticias

La ciudad de La Paz siempre se ha caracterizado por lo impredecible de su clima. “Puedes vivir las cuatro estaciones en un solo día”, me decía hace unas semanas un amigo mientras miraba con el entrecejo fruncido el cielo soleado. Aquel día él se había enfundado con esmero en una chompa de lana. Horas atrás, según él, la bóveda azul le había prometido una jornada fría y lluviosa. Estaba claro que él había malinterpretado sus señales.

En los últimos años, esta típica bipolaridad del clima paceño no ha cambiado, pero sí han aumentado las temperaturas. Entre los años 1990 y 1996 la temperaturas medias, de acuerdo con datos recabados por el INE (Instituto Nacional de Estadística), no superaban los 13,2 °C. En los últimos meses del año 1997, sin embargo, estas superaron los 14 °C, llegando en diciembre a los 15,8 °C. En años posteriores, estos datos se convertirían en algo frecuente. En cuanto a las temperaturas máximas, el año 2023 se romperían todos los récords registrándose así en los meses de septiembre y octubre temperaturas que rozaban los 30°C según medios de comunicación locales. Este mismo fenómeno se había visto también en los años 2011 y 2016 en los cuales el calor superó los 27 °C.

Puede parecer que es solo en la ciudad y ya, pero este cambio afecta también al Illimani y a los nevados de la cordillera en general. Según pobladores de pueblos aledaños al emblemático gigante —entrevistados por Wara Vargas y otros medios de comunicación— hace 40 años —tómese en cuenta que este reportaje se realizó el año 2021— la nieve se veía cerca de las comunidades. Actualmente está cada vez más lejana: en los últimos 46 años el nevado habría perdido 47 cm de su capa blanca por año. Conforme a Los Tiempos, para el año 2009 la nieve había retrocedido ya 500 metros. Este retroceso comenzó en 1980 con una pérdida gradual, la cual continúa hasta la fecha. ANF (Agencia de Noticias Fides) sostenía, en el año 2011, que entre el 40% y el 50% de la nieve del nevado se había perdido. Para el 2030, de acuerdo con dicho medio y otros que se suman a esta afirmación, el Illimani ya no podría ser denominado “nevado”. Sin embargo, existen investigadores que aseguran que este proceso de deshielo podría tomar más tiempo debido a su altura superior a los 6000 msnm.

Actualmente y debido al aumento de las temperaturas, en los pueblos aledaños al Illimani se producen frutas como duraznos y manzanas; verduras como acelgas, choclo y cebollas, cuando en el pasado solo se podía sembrar y cosechar papa. Del mismo modo, a día de hoy, estas comunidades son azotadas por plagas de insectos las cuales antes, por causa del frío, no eran comunes.

Según expertos del BMI (Instituto Boliviano de la Montaña) y otros investigadores, el deshielo en el Illimani, pero también en otros glaciares de Los Andes, es causado no solo por el calentamiento global —potenciado por la elevación de los nevados— sino que también es el resultado de otro tipo de fenómenos. Entre estos se encuentran los siguientes:

1. El asentamiento del hollín proveniente de chaqueos y el uso de combustibles por parte de los vehículos en las copas del Illimani. Este suceso impide que el sol se refleje en la nieve causando un deterioro mucho más acelerado del hielo.

2. La Cordillera Real está ubicada en Los Andes Tropicales, esto la hace susceptible al cambio climático, ya que, a diferencia de otros glaciares, ubicados en las regiones polares, la temperatura del hielo en esta zona se encuentra cercana a los 0 °C.

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Foto: EEJC

3. El fenómeno del Niño, el cual calienta la superficie del agua del océano Pacífico. Esto genera un aumento en las temperaturas y crea climas potencialmente más secos,  lo cual —en palabras de Ricardo Zorzetto, escritor de un artículo relacionado en la revista Pesquisa– impide la llegada de la humedad desde la zona amazónica reduciendo así las precipitaciones de nieve en los glaciares.

Es por este cúmulo de razones que, el año 2017, científicos extranjeros se apresuraron a recolectar dos cilindros de hielo del Illimani, los cuales serán almacenados en una especie de biblioteca de los glaciares del mundo denominada “Memorias del hielo” en la Antártida. De acuerdo a este grupo de glaseólogos, en las muestras obtenidas del nevado que nos ocupa están almacenados 18.000 años de historia. El objetivo es conservar la información contenida en las capas de hielo, las cuales en el futuro permitirán estudiar los cambios que se produjeron en el clima y el medio ambiente por causa de los contaminantes.

Cualquiera que sea el desenlace de esta historia, no podemos evitarlo. Las cartas han sido echadas y tristemente la suerte no está de nuestro lado. Sea que se deba a las acciones irresponsables del ser humano o a cambios y factores que se producen en nuestro planeta de forma natural, no hay vuelta atrás. Podemos extrañar el frío, recordar con melancolía el antes, narrar el cómo era. Seguir llenando cuadernos, memorias y lienzos. Hacerlo, de hecho, es necesario, es la única manera de conservar lo que aún nos queda. El 2030 llegará pronto y veremos quizás un Illimani desnudo, vulnerable, ajeno, lejano, una montaña más o quizás no. Como quiera que el futuro lo dibuje: es inminente, sucederá.

Hoy con una veintena de años más, no tengo la certeza de cuándo será la próxima vez que veré nevar en esta ciudad, pero espero que la vida o el destino me conviertan una vez más en una feliz espectadora. Más aún, anhelo que ese espectáculo sea también posible para futuras generaciones.

Todo cambia, nada permanece. Esta hora, este minuto del cual gozamos justo ahora, con el cruel tic tac del reloj, será pronto pasado. Lo predecido, lo intuido, lo imaginado se convertirá en memoria, en hecho verídico, en suceso concretado. Lo que hoy es aún una imagen nítida, será mañana la historia de un abuelo, una foto en un museo.

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