Los videojuegos, un salvavidas personal

Los videojuegos no solo son ocio, a veces son también un apoyo invaluable. Así los vivió Álvaro Quiroga, quien nos cuenta su experiencia como gamer a lo largo de los años.
Editado por : Adrián Nieve

Las películas muestran los acontecimientos que los personajes viven de una manera estática: todo ya está escrito, desde el mundo hasta las acciones del personaje; los libros, aunque todo ya está descrito, te permiten moldear a los personajes y su mundo con la ayuda de la imaginación. Sin embargo, los juegos, aunque el mundo ya está plasmado, el “cómo” se desenvuelve el personaje a través de él es decisión tuya. Todo eso te permite experimentarlo introduciéndote en él, ya no como un testigo, sino como parte del universo.

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Fuente: Sonu Mehta

Los videojuegos han formado parte de toda mi vida. Por eso me gusta autodenominarme “video jugador de hueso colorado”, ya que disfruté de toda clase de consolas y defiendo como la mejor a cada una de ellas, desde el mítico Atari hasta el Nintendo Switch, pasando por los “tilines”. Sin embargo, la que me trae mejores recuerdos es sin duda el Super Nintendo.

En esa consola aprendí a ser tenaz mientras descubría todos los secretos de Super Mario World sin ayuda —ya que en esos tiempos las guías prácticamente no existían en Bolivia—, todo para ser recompensando con un nivel en donde te deletreaban con monedas el mensaje “You are a super player” (eres un súper jugador) y que el universo del juego cambiara a colores más otoñales: el pasto era café, los cielos más sepias e incluso los enemigos usaban máscaras con la cara del fontanero, como si fuera temporada de Halloween. En esa misma consola los juegos de rol (RPG), como La Leyenda de Zelda o Final Fantasy 6, se volvieron de mis favoritos por las historias que narraban, la magistral música que te introducía de lleno en el juego y los increíbles finales. Todo eso me enseñó que los mejores juegos no necesitan de espectaculares gráficos, sino de una gran historia acompañada de una buena banda sonora. Esa combinación tenía el poder de convertir un simple juego en algo memorable; pensamiento que no me abandona en la actualidad. 

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Fuente: Clyde Mandelin

También me fascinaba ir a los “tilines”, donde personas completamente extrañas se volvían amigos o rivales en cuestión de segundos, el lugar donde descubrí la emoción de probar un nuevo juego que instalaban en el local mientras todos esperábamos afuera emocionados a que abrieran; cosa que se trasladó a los cyber cafés más adelante, donde conocí a grandes personas que se convertirían en mis mejores amigos por mucho tiempo.  Los gritos de ánimo, desveladas y muchas risas forjaron amistades muy duraderas. Allí no eras una persona a quien juzgaban por qué te gustaban los juegos, sino que te hacían sentir parte de un selecto grupo donde todos éramos iguales y si fallabas por no tener experiencia te ayudaban indicándote cómo podías mejorar o qué estrategias utilizar para derrotar al rival. 

Todo esto me ayudó para afrontar la dureza de la vida diaria, donde los problemas en mi hogar eran el pan de cada día, así como lidiar con un padre ausente que jamás conocí. En el colegio, siempre fui el muchacho raro y tímido haciéndome presa del bullying, lo que me obligaba a cambiar de colegio muy seguido. Cómo funcionar con las personas tuve que aprenderlo por mí mismo, especialmente al tener un hogar un poco puritano, donde se condenaban muchas cosas que se alineaban con las costumbres del pasado. A la larga todo eso derivaría en la depresión que se manifestó en mi adolescencia al no saber con exactitud qué es lo que demás esperaban de mí; mis compañeros del colegio decían negro, mi familia decía blanco, pero yo permanecía en un lado gris. 

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Fuente: onlineresize.club

Sin embargo, cuando disfrutaba de los videojuegos, sentía que todo eso simplemente desaparecía por un instante. Y esos eran momentos cruciales para mí pues me permitían recargar baterías para seguir adelante. Momentos en los que solo tenía que enfrentar al villano y derrotarlo para ganar el juego. No solamente eso, sino que muchos de ellos me daban lecciones que pude aplicar en la vida real, siempre para continuar e ir tras lo que deseo. 

Gracias a ellos logré mantener viva mi imaginación y hasta crear un par de juegos de mesa, convertirme en escritor amateur, obteniendo pequeños, pero significativos, reconocimientos. Actualmente sigo jugando en diversas plataformas como Steam, Epic, Origin y un largo etcétera, realizando reseñas de videojuegos y con la idea de continuar con un par de canales de análisis que dejé abandonados. Aunque la comunidad se volvió más tóxica que cuando jugaba con los demás, eso no me desanimó a seguir probando nuevos títulos de la amplia variedad que existen. 

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Fuente: SquareSoft

Como dijo la escritora Ursula K. Le Guin, “un adulto creativo es un niño que ha sobrevivido”. Los videojuegos mantuvieron mi creatividad y me permitieron seguir con mi vida sin importar la clase de obstáculos que se pueden y podrían presentar. Puedo asegurar que los videojuegos fueron mi salvavidas en este cruel mar que es nuestro mundo.

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Este texto forma parte del especial Mi vida y los videojuegos