Una (más) polémica geek

En la primera entrega de 88 Grados, Adrián Nieve se preguntaba si el cine nacional podrá alguna vez entrar a la conversación entre distribuidoras, que hacen su agosto con la franquicia del MCU (Marvel Cinematic Universe), mientras DC se hunde en la nostalgia. La autora responde que primero hay que entender de qué va la conversación. (Pelea, pelea… gritan los demás)

Voy dudando a la sala de cine. Thor Ragnarok fue un bodrio, y Taika Waititi es el peor director de la historia. Sin embargo, hay buenas reseñas de gente en la que confío (a Accorsi le gustó, y algunos fans también…), y he decidido creerles. Quienes asistimos a la iglesia marveliana, sabemos que nuestros dioses están en constante evolución. Como los griegos y los hindúes antes que nosotros, la línea entre dios y superhéroe está muy difuminada, y escuchamos sus historias por la misma razón por la que los mitos griegos y el Ramayana mantienen aún su fuerza y su poder: estudiamos sus vidas para saber quiénes somos nosotros y quiénes podemos ser. Sus vidas son potencialidad pura. Salgo de Thor: Love and Thunder con lágrimas en los ojos y la mente poblada de más estrellas que las fotografiadas por el telescopio James Webb, y me alegro de haber asistido a esta ceremonia.

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Los fanáticos están divididos en cuanto a Thor Ragnarok. ¿A ti te gustó?

Ah, Thor, ¡cómo has evolucionado! Desde tus ridículos inicios con ese casco alado hasta hoy, tus iteraciones son cada vez mejores. Especialmente desde que Mark Miller se metió contigo, y te hizo activista de Green Peace para Avenger Ultimates. La tierra tiene un protector, un dios que la ama y no quiere verla muerta por la ambición del ser humano, y eres tú. Jason Aaron supo hacerlo aún mejor, y su adaptación cinematográfica le hace justicia.

Adrián Nieve también (espero) vino a verte, como lo hizo para Spiderman, y para Batman. Yo directamente no fui al cine para el hombre murciélago, y solo por curiosidad me busqué una versión pirata para dar mi respuesta a la pregunta de Adrián: ¿por qué ya nadie va al cine para ver a Batman?

DC y Marvel, como los Montesco y los Capuleto, han vivido siempre en guerra. Muchas veces han peleado por presentarnos personajes similares, que apenas cambiaban de nombre y de color de disfraz. Ambas casas se nutrían esencialmente de la misma mezcla maravillosa de historias, mitologías y actitudes. Diana de Themyscira, por ejemplo, es una de las amazonas de la mitología griega, que trajo consigo una visión predominantemente feminista a este personaje, icónico ahora que cumple 80 años. Thor, de la mitología nórdica, vino para quedarse también y nuestra fascinación con los asgardianos no para de crecer. 

Inclusive se dan crossovers entre ambas franquicias. Wonder Woman visita los reinos nórdicos y los X-Men se alían con la Liga de la Justicia, todo vale en los terrenos de nuestra fértil imaginación.

Los caminos de estas casas se bifurcaron cuando decidieron lanzarse a la gran pantalla. En su momento, pudimos ver iteraciones espectaculares de personajes icónicos: el Batman de Tim Burton y su cohorte de fascinantes villanos sigue siendo, para mí, la mejor de todas. Y los 4 Fantásticos, Hulk, Spiderman tenían todos puntos a favor, en una época noventera y pipoquera que no se preocupaba acerca de la representación racial ni la interdependencia de poderes, ni de nada de lo que angustia a un guionista contemporáneo.

En realidad, yo miraba a Batman y Robin pelearse con villanos de pacotilla en la televisión, y rogaba por disfrazarme al estilo de Lynda Carter, LA mujer maravilla para mi época.

Sin embargo, algo cambió hace dos décadas atrás. Algo que tiene que ver con un cambio de timón de la propia empresa Marvel y sus guionistas, que la genialidad de Jack Kirby y Stan Lee permitieron desde sus inicios, allá en el punto de conjunción donde se unen historietas y películas, y que tiene que ver no sólo con el multiverso como concepto meta narrativo, sino principalmente con la libertad creativa a la hora de cambiar a los personajes.

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La imagen clásica de Thor, la de los cómics, con el casco alado que tanto le desagrada a la autora de este texto.

Es en los cómics donde se define el universo, y es por escuchar a las nuevas tendencias y decidir articularlas al universo cinematográfico que Marvel generó la fórmula ganadora. La que atraviesa millones de salas, cientos de shows y más de dos docenas de películas articuladas a un solo universo narrativo. La que escucha con atención a guionistas cuando proponen Spidermans latinos del Bronx y pakistanas musulmanas superheroínas, como la maravillosa Khamala Khan (Brian Michael Bendis, creador de Miles Morales, también creó a Keli Quintela, una Green Lantern nacida en La Paz, hacker boliviana y creadora de robots…).

Douglas Wolk, que se leyó los 27.000 títulos existentes de Marvel (medio millón de páginas y contando, a partir de 1961), lo define muy bien: se trata del universo narrativo auto contenido y continuo más extenso del mundo.

Hasta ahora, solo Wolk ha estado tan loco como para emprender la titánica tarea de leérselo entero. Ni siquiera los barbudos estudiosos de la Torá pueden presumir de tanto: su religión no es tan variada y vasta como la nuestra.

En esta multiplicidad de voces y propuestas, un aficionado a los cómics se planteó un desafío. Escuchar lo que se proponía y presentarlo para la adaptación, uniendo las historias del cine como desde hace 60 años se hacía con las historietas. Su ambición rindió fruto, y este aficionado se convirtió en el referente de la industria: Kevin Feige, quien ostenta el título de Marvel Studios Chief Creative Officer, o sea, el geek mejor pagado del mundo.

¿Y qué pasa con el universo DC? Quienes nos quedamos con las adaptaciones a dibujos animados, o pensamos todavía que la Broma Macabra es el más trepidante de sus relatos, sabemos que hay una enorme distancia entre lo que se propone en la línea editorial y lo que se consigue en la gran pantalla. Si bien la Liga de la Justicia tuvo un alcance moderado y Wonder Woman está bien representada, Batman camina dando tumbos. (Adrián: Pattinson da pena con su joroba y sus aires de emo). Selina Kyle, Hiedra Venenosa, Harley Quinn, merecen más. Batwoman, Nightwing, Nubia, también, y la lista podría seguir. James Gunn hizo un intento pasable con la segunda parte de los miembros del Escuadrón Suicida, pero lo que falta, de lo que adolece este universo es de coherencia narrativa y tolerancia con las distintas propuestas creativas.

No se puede asistir a una iglesia donde los sacerdotes no se ponen de acuerdo.

En un mundo multi-étnico, variado, diferente, se adscriben a una fórmula centrada en lo occidental y blanco, políticamente correcto. En un universo de políticas cambiantes y propuestas que se suman para dar cabida a las diferencias, sus personajes siguen sufriendo en ciudades heteronormadas, blancas y lluviosas, que dan grima y aburren (o deprimen) espantosamente. Ahí sale bien librado el Guasón, porque muestra a la sociedad americana su reflejo enloquecido, pero poco más.

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Keli Quintela, una chucuta en el universo DC.

Mi hijo nunca vio Batman. ¡Santo cielo! Apenas tolera los dibujitos animados de los jóvenes titanes. No supo asustarse con un pingüino de dientes podridos, que come pescado crudo, ni con Michelle Pfeiffer, tan hábil a la hora de parecer frágil y mortal. Se ha disfrazado de Batman sin pensarlo dos veces, pero no sé si empezará alguna vez a leer sus historietas. Eso sí, se sabe el soundtrack de Spiderman: Into de Spiderverse de memoria.

Batman está maniatado en las aguas profundas y oscuras del thriller psicológico, y no puede plantearse siquiera lo que Marvel supo ser: la nueva voz de nuestros tiempos.

¿Y qué pasa con Bolivia? Tenemos mucho para dar. Por el momento, nuestra voz se ahoga ante un mar tan vasto de sensibilidades. Cuando adaptemos a la historieta a De Cuando en Cuando Saturnina, hablemos.

Mientras tanto seguiremos absorbiendo pasivos la conversación que se desarrolla por fuera de nuestras fronteras, sin aportar mucho a la palestra. América Chávez y la familia Mirabal de Encanto pueden ser pasos en la dirección correcta, pero estamos muy lejos aún de saber quiénes somos, ni quiénes podríamos llegar a ser. Somos potencialidad innata, todavía.

Eso sí, Wonder Woman fue un golazo.

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