Consolas, juegos, memorias

¿Qué videojuegos marcaron tu niñez y adolescencia? Fabricio Callapa hace un repaso íntimo por apegos lúdicos y memorias de vida.

Contra (¿Nintendo o, mejor dicho, Creation?)

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Esas consolas arcade tenían un encanto particular. / Fotografía: Fabricio Callapa.

Recuerdo mis días de escolar en la Daniel Calvo, de primero a tercero. Recuerdo a Bolivia en el mundial 94 y la expulsión de Etcheverry, el sueño acababa en el primer partido. Recuerdo los cuartos que alquilábamos en la casa de mi tía Leo, la más pudiente de la familia, con mis otros tíos y primos. Recuerdo la autopista de autos eléctricos que mi papá compró de Chile, era de cuatro carriles y terminamos serruchándola hasta dejarla con solo dos para que la pista fuera más larga. Recuerdo que mi papá chocó un auto blanco y se adeudaron a tope. Recuerdo que se fueron con mi madre a Buenos Aires a probar suerte. Recuerdo las conferencias telefónicas de los domingos por la tarde. Recuerdo la cinta TDK negra con La Gallina dijo Eureka de Los Honguitos, también a Oblongo Nhgé, rebobinar es vivir. Recuerdo el piso del cuarto en donde vivíamos con mi abuela, era de ladrillo. Recuerdo que mi tío les regaló un Nintendo a mis primos, o mejor dicho un Creation, con 300 juegos integrados. Recuerdo que una noche mi tío echó llave su cuarto y yo me quedé viéndolos desde afuera, vi cómo jugaban y fui a llorar a mi cama. Recuerdo que mi madre prometió mandarme dinero para que me compre una consola. Recuerdo el tiempo infinito de la espera, todos los jueves sin respuesta en la tienda de electrodomésticos. Recuerdo que mi Creation tenía una caja con los personajes de Street Fighter en marca de agua, me emocionó, pero solo era fachada. Recuerdo que el mío tenía 500 juegos integrados, solo 30 originales, el resto repetidos. Recuerdo el Contra con el truco de las 30 vidas. Recuerdo sus melodías. Recuerdo que en la tapa estaban los dibujos pixelados de tipos parecidos a Stallone y Swarztchneger, o como se llamen. Recuerdo la final con monstruos tipo Alien de unas profundidades y el corazón al que debíamos disparar. Recuerdo los nombres que les poníamos a las armas. L: láser. S: súper. R: rápido. F: fulero.

Streets of rage 2 (Sega Genesis)

Recuerdo que papá vino a llevarnos a la Argentina. Recuerdo que no fui a clases durante mis trámites, falté todo febrero. Recuerdo mi primera cédula de identidad. Recuerdo las fotos del pasaporte, de mí, de mi hermana. Recuerdo nuestros números de carnet de identidad, mi hermana menor existía para estado antes que yo: Fabiana Paola Callapa Ramirez: 4067696, y Silvio Fabricio Callapa Ramirez: 4067697. Recuerdo el viaje hasta la frontera de Villazón y La Quiaca. Recuerdo cuando vi el Street Fighter Alpha quedé alucinado. Recuerdo a los policías que no dejaron pasar a mi abuela, necesitábamos mil dólares. Recuerdo que quería vender mi Creation. Recuerdo que mi padre tenía un documento válido por dos años, el resto tramitaríamos la residencia. Recuerdo que pasamos la frontera en un atardecer. Recuerdo los primeros dos años en Argentina. Recuerdo la milanesa argentina con papas fritas. Recuerdo el choripán con chimichurri. Recuerdo las ocho horas de clases. Recuerdo el oh juremos con gloria morir. Recuerdo los libros de Elige tu propia aventura, moría en casi todos. Recuerdo el partido de eliminatorias entre Argentina y Bolivia, el partido del bochorno. Recuerdo las parodias de Videomatch. Recuerdo que compré la Sega Génesis en una tienda llamada Shopping Game, allá en Pompeya. Recuerdo mis primeras clases de Inglés. Recuerdo los juegos de Sonic y sus melodías que colocaba a todo volumen. Recuerdo que Locomotion apareció en la TV como señal de prueba y abierta y luego en cable. Recuerdo que no me dejaban ver Los Caballeros del Zodiaco, para mamá eran idolatría. Recuerdo algunos capítulos de Dragon Ball. Recuerdo una serie llamada Samurai Warriors. Recuerdo un personaje llamado Tristán, desde ahí me gustó ese nombre. Recuerdo que tenía los juguetes de todos los personajes, los truchos, los Bandai costaban mucho y siempre los veía cuando pasaba por el supermercado Jumbo. Recuerdo que intercambiaba juegos de Sega con mis compañeros del cole. Recuerdo que Nico tenía sus cartuchos en cajitas grandes y elegantes, con manual incluido. Recuerdo que uno de los hijos de la señora donde trabajaba mi mamá me invitaba a jugar, pasábamos horas y horas con un juego de nombre japonés que solo hasta ahora me enteré que era Yu Yu Hakusho, jugaba con Hiei y Kurama, el bajito que parecía Gokú y el del látigo de lianas que parecía Shun de Andrómeda. Recuerdo que tuve algunos amigos solo para jugar de a dos. Recuerdo los nombres de pads, joysticks, mandos, controles, palancas. Recuerdo a Fabián con los beat‘em up. Recuerdo el Golden Axe 1 y 2. Recuerdo el Sunset Riders, la versión de Génesis solo con Billy y Cormano. Recuerdo los juegos en modo cooperativo. Recuerdo las tardes interminables jugando al Streets of Rage 2 hasta acabar todos los niveles. Recuerdo los malentendidos y las peleas que se pueden dar en mitad de una misión. Recuerdo las combinaciones. Recuerdo las manzanas y los pollos que encontrábamos después de romper un buzón o un arcade. Recuerdo las risas. Recuerdo que nos pasábamos la tarde jugando. Recuerdo que tocábamos el transformador quemante. Recuerdo el mundial del 98’ en la tele del cole. Recuerdo las clases de lenguaje con el profe Alejandro y Les Luthiers, La Payada de la Vaca. Recuerdo que tuvieron que convencerme para regresar al país. Recuerdo que me sobornaron con un Playstation. Recuerdo que no me despedí y me fui en silencio, solo mi vecino Johnny lo sabía y me regaló juegos de Playstatión, todos parecían descartes, salvo una caja vacía, la del Tekken 3. Recuerdo que para asegurarme el Play me compré unos discos, solo recuerdo el Pocket Fighters. Recuerdo que dejé algunos cartuchos de Génesis con mis compañeros y me llevé otros. Recuerdo que me inscribí a pasar Séptimo de Primaria y que los profes dijeron que les sería difícil darme el título para entrar a Secundaria.

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Todo gamer antiguo se enfrentó a enredos de cables y a un enchufe ardiente. / Fotografía: Fabricio Callapa.

Test drive off road 3 (Sony Playstation)

Recuerdo llegar a Bolivia queriendo comprarme el Playstation, en el camino, a medida que veía cualquier tienda, siempre mostraba la consola a mis padres, ellos me decían que nos haríamos mandar de Chile. Recuerdo el matrimonio de mi tía, la primera noche con todos mis primos jugando con el Super Nintendo y la Sega Génesis. Recuerdo que entré a clases en Marzo. Recuerdo el Colegio Junín, el 7º F, de Fuleros. Recuerdo que con mis primos desbloqueamos al Súper Sonic en tardes llenas de juegos y luego fue un problema el doble salto. Recuerdo las primeras tiendas de Playstation, 3 bolivianos la hora. Recuerdo probar el Pocket Fighters y que la dueña del lugar quería comprarme el disco. Recuerdo haber caminado con mi compañero Castro en un día de paro y encontrar en un videoclub de la Marzana a un chico jugando Resident Evil 2. Recuerdo las impresiones de temor que me causaba. Recuerdo los sueños de mis padres, mamá con una tienda de todo a 15 bolivianos y papá con un colectivo. Recuerdo que el colectivo vivió parado y que mi padre regresó a Buenos Aires y que el negocio de mi madre iba de mal en peor. Recuerdo el anticrético y la tienda cerrada. Recuerdo los sábados en la plazuela Tréveris ofreciendo el micro. Recuerdo la tienda y los dos cuartos en anticrético en la calle Junín. Recuerdo que cambiamos de negocio a una tienda con diez Playstation y la hora a 2 bolivianos Recuerdo que abrimos la tienda a finales de Noviembre. Recuerdo que no nos llegaron controles analógicos y con vibración. Recuerdo que se ganó muy bien. Recuerdo las veces que nos robaron. Recuerdo a los estudiantes de tecnología. Recuerdo que me apartaba una máquina para jugar. Recuerdo que no podía pasar Megaman X4. Recuerdo que mi primo Ariel sí. Recuerdo que empezamos con unos veinte juegos. Recuerdo el juego modificado del Winning Eleven 3 versión Fútbol Boliviano. Recuerdo el partido está que quema. Recuerdo la música del Test Drive Off Road 3, Incubus, Eve 6, Diesel Boy y otros. Recuerdo el Nissan Pathfinder y el Cherokee atravesando campos poligonales. Recuerdo que nadie me ganaría en ese juego. Recuerdo que nadie jugaba ese juego. Recuerdo el V-Rally y la Subaru Impreza, me gustaba porque era azul. Recuerdo los juegos de baile y las plataformas de baile hechizos de forma casera por los técnicos que convertían un mando en las cuatro flechas de aquellos años. Recuerdo los cuatro discos de Final Fantasy VIII que compramos en Potosí. Recuerdo que nos cambiamos dos tiendas abajo. Recuerdo la puerta de vidrio y madera de la primera tienda, le daba algo de clase. Recuerdo el hollín de las máquinas. Recuerdo la fea puerta de la segunda, ordinaria a más no dar. Recuerdo la estafa del anticrético de los cuartos a donde nos mudamos en la calle Paravicini. Recuerdo los anuncios del Playstation 2 en las notas de tecnología. Recuerdo que me pareció una burrada que exista una nueva consola con el denominativo de una secuela, sonaba absurdo. Recuerdo el Tekken Tag en los arcades. Recuerdo los primeros internets a 20 bolivianos la hora, ¿o me habrán engañado? Recuerdo una tienda del Shopping Florencia con la primer Sega Dreamcast. Recuerdo que recordé mi nostalgia con la Sega Génesis. Recuerdo las primeras tiendas del centro con una Dreamcast. Recuerdo The House of The Dead 2. Recuerdo la primera vez que jugamos Power Stone 2 entre cuatro jugadores, Castro, Elmer y Hugo. Recuerdo que recuperamos parte del dinero del anticrético. Recuerdo que los internets ya estaban por explosionar. Recuerdo que decidimos invertir y modernizar la tienda. Recuerdo mi primer viaje a La Paz.

Moero! Justice gakuen (Sega Dreamcast)

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Horas y horas frente a la pantalla, pulsando los controles hasta borrar la impresión. / Fotografía: Fabricio Callapa.

Recuerdo la Huyustus, ¿se escribe así?, una especie de tobogán de tiendas y casetas, con Shoppings como pasadizos de color. Recuerdo el negociar precios por docena. Recuerdo que el Playstation 2 valía 500 dólares. Recuerdo que convencí a mi madre por dos Dreamcast, allá en el 2001, aunque sabía que aquella consola no tendría futuro y Sega había anunciado su cese de producción, dos días antes o días después de mi cumpleaños. Recuerdo los días que funcionó la pantalla de la memoria, no sabía qué hacer. Recuerdo los primeros juegos que compramos: Crazy Taxi, Sonic Adventure, Dead or Alive 2, Sega Rally, Jet Set Radio, Capcom VS Snk, Resident Evil: Code Veronica, Grandia II y Shenmue. Recuerdo que el 1º Medio F, de Fuleros, pasaba a ser el 2º Medio A, de Alelados, Asnos, Adelantados o Arrechos, todos daban igual. Recuerdo La Cantata del Adelantado Don Rodrigo Díaz de Carreras, de los Singulares Eventos en los que se Vio y de Cómo se Desenvolvió en otra cinta de casete. Recuerdo mi gran descubrimiento: Los Honguitos eran Les Luthiers. Recuerdo los Cursos de Extensión de Inglés y los Cursos de Computación en la Facultad Tecnología. Recuerdo las chicas que me gustaban, me avergüenzo de esos gustos y recordarlos. Recuerdo el traslado de la tienda al Shopping Florencia. Recuerdo la portada del Project Justice, un disco con una letras super raras en japonés y los personajes que parecían salir de excursión, hace poco supe que se llamaba Rival Schools 3: Moero! Justice Gakuen. Recuerdo que siempre tenía en mente el Rival Schools en el Playstation pese a sus acartonados gráficos, la idea de una especie de Street Fighter con colegiales y base de un juego por equipos era por demás divertido. Recuerdo el modo de edición de personajes, lo jugamos mucho con el Dush, quien hacía de espectador en los juegos de terror y supervivencia, onda Silent Hill o Resident Evil. Recuerdo el juego de mesa para obtener los poderes, todos los personajes con una pinta chibi poligonal. Recuerdo haber armado casi como cuarenta personajes basados en mis compañeros y gente que conocía. Recuerdo que hacía campeonatos con los personajes editados sin tomar el control, solo dejando que la cpu haga su trabajo y muestre cuál era el mejor. Recuerdo las llamadas en tripartito. Recuerdo que tenía teléfono, llamábamos al azar y colocábamos el sound test con las voces el Project Justice en el expresivo japonés del juego, con risas y todo. Recuerdo que una señora nos puteó en quechua. Recuerdo que mis compañeros empezaron a viciosearse con el Starcraft y el internet bajó de precio y se volvió una competencia muy difícil de superar. Recuerdo jugar el Phantasy Star Online en modo Offline. Recuerdo las prácticas de Industrias de la Alimentación de mi madre. Recuerdo su accidente y los tres días de la tienda cerrada. Recuerdo a Luis Alberto acabando el Jet Set Radio, grafiteando al villano final en el centro de un edificio con un vinilo que giraba como para hacerlo más complicado, o también cumpliendo los retos del Crazy Box, turnándonos controles. Recuerdo la banda sonora con Offspring y Bad Religion. Recuerdo los setenta enemigos del disco 3 de Shenmue. Recuerdo el Hang-on del Shenmue, un juego dentro del juego. Recuerdo las sorpresas de las tragamonedas del Shenmue, coleccionismo tridimensional. Recuerdo la casa hechiza de la Jaime Mendoza. Recuerdo que mi padre regresó. Recuerdo que mis padres se separaron y luego mi madre se divorció. Recuerdo el último esfuerzo que hicieron por construir la casa con el dinero que nos quedaba. Recuerdo cómo vendieron la tienda, parte por parte, consola por consola, juego por juego. Recuerdo la casa de ladrillo. Hasta ahí...

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