La broma más grande del mundo

Quietud, sorpresa, llanto, silencio, risa, son posibles expresiones, muy válidas todas, ante la noticia de un hecho que promete una bienvenida y un cambio de rutina para una familia.
Editado por : Daniela Murillo

Julio, 2012

Al principio no lo creyó y se quedó sin habla; pero cuando se dio cuenta de que era verdad, empezó a reír como si se tratara de la broma más grande del mundo.

Febrero, 2013

Eran las 7:40 a.m., llegaba tarde a la escuela y no había visto a mi madre esa mañana. Era un martes 22 de febrero, pero podía ser cualquier día; el cielo estaba nublado, como siempre aquí, y me resultaba difícil de creer que habían pasado tantos meses desde que me avisaron que este día llegaría. Pasé las clases con normalidad: Inglés, Matemáticas, Sociales… pero, cuando fue el momento de la salida, insólitamente mi padre vino a recogerme, como no lo había hecho hace mucho tiempo. “Ya está en el hospital”, fue lo primero que dijo, refiriéndose a mi madre; así que fuimos directo hacia allí.

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“Yo solo tenía doce años cuando lo conocí: Amor, llega, y —cuando lo hace— no puedes creer que tengas tanta suerte”. /Fotografía: Claudia Murillo.

Cuando llegamos, la enfermera nos dijo que no podíamos pasar al dormitorio en el que ella se encontraba y que debíamos esperar, pues el médico la estaba examinando. Por un momento consideré que tal vez ella no se encontraba ahí, que solo se había quedado dormida en casa y que todo era una confusión. Quise contarle esta idea tan rara a mi padre mientras almorzábamos cerca del hospital, pero no dijimos ninguna palabra. Lo cierto es que él estaba nervioso y pensativo desde que supo que mi madre estaba embarazada. 

En cambio, yo me mantuve calmado; incluso de regreso pensé en lo exagerada que ambos hacían lucir a la situación. Sin embargo, cuando llegamos y la enfermera nos dijo que mi hermana ya había nacido, súbitamente cambió mi rostro; acto seguido, entré a la habitación, vi a mi madre y me sentí tranquilo nuevamente. 

Es posible que no hubiese asimilado nada de lo sucedía hasta que la vi (mi hermana, tan pequeña y frágil). Entonces vinieron a mí todos esos momentos en que mi mente había estado ocultando: los últimos nueve meses, las visitas al médico con mis padres, el día que supimos que sería una niña, las eternas discusiones por el nombre... y, justo antes de cargarla por primera vez, recordé la reacción de mi padre, aquella tarde de julio cuando mi madre nos dio la noticia: En un inicio fue escéptico, creyó que le jugaban una broma, pero luego se quedó sin palabras y guardó un largo silencio, hasta que al fin lo comprendió y empezó a reír estruendosamente, más fuerte que cualquier ruido existente en el resto de la ciudad. Lo mismo comenzaba a sucederme a mí, cuando, de pronto, entre mis brazos, ella abrió los párpados y me observó con los ojos más bellos creados, entonces supe que era verdad. Eran las 2 de la tarde de un 22 del segundo mes del año y afuera el cielo se había despejado. No pude evitar empezar a reír.

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Lo vivimos, lo sentimos, lo transmitimos, lo recordamos; a momentos, procuramos entenderlo; otras, asirlo en palabras o imágenes. /Fotografía: Daniela Murillo.

Diciembre, 2023

Yo solo tenía doce años cuando lo conocí:

Amor, llega, y —cuando lo hace— no puedes creer que tengas tanta suerte. 

A Briana
mi hermana pequeña

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Efímero o permanente, lo cierto es que el amor existe, es un hecho innegable, y se presenta ante nosotros en toda clase de formas, colores y tamaños. /Pintura: Khespy/ Fotografía: Daniela Murillo.
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