El día que conocí a Arnold Schwarzenegger

Cosas tan simples como la preocupación por la alimentación de los seres queridos pueden desarrollar un cariño especial hacia una determinada persona y conservar su imagen en un álbum de recuerdos amables. En este texto, José Luis Dávila presenta a una peculiar heroína que no goza de poderes sobrenaturales, sino que cuenta, como armas en contra del olvido, con brócolis y coliflores.

Mi tía Beatriz es la heroína de mi casa. Siempre que estoy a la mesa, dispuesto para almorzar, escucho su voz: “Mateito, cómete tus arbolitos”, o sea las coliflores y brócolis. Lo tengo que hacer para que me cuente sus lindas historias de cuando estuvo en los Estados Unidos. Después de comer ella me dice con su voz lentita: “Como acabaste tus verduras te voy a contar el día que conocí a Arnold Schwarzenegger”, el actor de la película Terminator, pero para llegar a ese momento primero tengo que contarles quién es mi tía Bea.

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Ph. Congerdesign en Pixabay

Mi tía se llama Virginia Beatriz y es de la ciudad de El Alto. Cuando ella tenía tres años tuvo un accidente, se cayó de la movilidad, este accidente la dejó gravemente herida y lastimada de la columna. Todos en mi casa nos quedamos en silencio cuando recordamos esos momentos de su infancia de los que ella habla con mucha pena: “Desde ese día he pasado casi toda mi vida dentro de un hospital”. Mi tía se ha perdido de los juegos con los que se divierten muchos niños de mi edad, por eso casi nunca ha jugado de niña con mi mamá, Espe.

Mi abuela siempre ha cuidado de ella porque había momentos en que la cargaba en aguayo para llevarla al médico para que la revisen. Con pena, mi tía me cuenta: “Mateito, es horrible estar todo el tiempo en una sala de enfermos lleno de doctores y enfermeras que te hacen varios análisis y te dan pinchazos y medicinas todo el tiempo”.

Mi tía Beatriz fue a la escuela Santa María de los Ángeles en silla de ruedas hasta los catorce años. Mi abuelita lloraba todo el tiempo porque mi tía Bea estaría en silla de ruedas toda su vida. Pero llegaron a Bolivia unas personas amables que la llevaron a EEUU, era un programa de ayuda para niños que tenían serios problemas de columna. Para ello había que llevar a mi tía a los EEUU al condado de Marshall, una pequeña ciudad situada en el centro de Missouri, que se encontraba a solo 10 millas al norte de la Interestatal 70. 

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“Mateito, cómete tus arbolitos”, es la frase que hará de la tía Beatriz una heroína inolvidable. / Ph. Hans en Pixabay.

El dolor para mi familia era que mi tía tenía que ir sola sin la compañía de mi abuela ni de mi mamá. El día que mi tía partió, llovieron las lágrimas en su despedida en el aeropuerto. Al verla partir en avión, se les rompió el corazón a mi abuelita y a mi mamá, pero era para que mi tía se curara del terrible dolor de columna que no la dejaba caminar con normalidad como los otros niños.

Así que mi tía viajó, gracias a esa Fundación Internacional of Children, a los Estados Unidos. Cuando ella tenía quince años, llegó al pueblo de Marshall en el mes de enero de 1992. La familia Jaimes la recibió, hasta salió en el periódico la llegada de mi tía con el siguiente título, que apenas lo estoy traduciendo porque el periódico está en inglés: “Familia local abre hogar, corazón adolescente boliviana”. 

Los doctores del Hospital Texas Scotish Rite Hospital para niños en Dallas indicaron que tres de sus vértebras ya se habían colapsado, por lo que había que prepararla para realizarle varias cirugías correctivas. Cuando mi tía salía de las operaciones le traían helados y libros con dibujos de la inmensa Biblioteca Infantil del hospital. En una de esas visitas que hacían de sorpresa al hospital, llegó el actor de cine Arnold Schwarzenegger con dos guardaespaldas; el musculoso le sonrió y le entregó dulces, peluches y muchos regalos. Mi tía conoció ese día al gigante de la película: “Terminator” quien le dijo:

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“La familia Jaimes la recibió, hasta salió en el periódico la llegada de mi tía.” / Foto cortesía del autor.

—Go on girl you will walk again, I will come back.
(Vamos, niña, volverás a caminar. Y yo volveré)

¡Se imaginan! era el famoso Terminator quien la visitó, lástima que mi tía no tuviera una foto con Arnold Schwarzenegger porque estaba recuperándose en cama, esa sí que sería mi puerta al éxito en mi escuela. Por eso, mi tía Beatriz es mi más grande heroína, no es por el día que conoció a Arnold Schwarzenegger, sino porque a pesar de tantas cirugías en su columna ella sigue luchando en la vida para brindarnos su alegría de vivir y, aunque no me guste, sigue buscando mil maneras para que coma mis arbolitos de brócolis.

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Este texto forma parte del especial ¡Basta de supergente!