Breve reseña de “La tumba de los dioses”

Atrapado por la novela La tumba de los dioses, Darwin Pinto nos cuenta su experiencia al leer este libro escrito por el autor cruceño Tito Saldaña, en una reseña que invita a conseguir este libro como sea.
Editado por : Adrián Nieve

“¿Cuánta destrucción puede ejecutar el hombre antes de detenerse?”, esa pregunta se lee dentro de la novela en boca de un personaje. Sin duda es una pregunta válida que puede aplicarse casi para cualquier aspecto de la vida humana dentro y fuera de la historia. A mi juicio, es la pregunta sobre la que gira el libro.

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Imagen: Editorial 3600

Esta novela trae un mensaje potente, trae una crítica profunda y trae un horror que no
queda encerrado en sus páginas, sino que bien puede estar dentro de la persona que tenés al lado, o quizá puede estar en alguien de tu familia o de la mía o —peor— adentro de vos mismo, solo que aún no lo sabés, pero lo sabrás. O lo sabés, pero nosotros no y eso está bien. Por ahora.

La literatura tiene como esencia natural su capacidad de darnos vuelta, de exponer en la intimidad de nuestra lectura solitaria esos rincones oscuros de nuestra memoria, de nuestros deseos o de nuestro ser, esa parte de nosotros que sale una vez cada tanto; porque de lo contrario, estaríamos presos. La literatura es capaz de mostrarnos aquello que ha estado ahí toda la vida, pero que no sabemos qué nombre darle y por eso no existe. La literatura, además de entretener, enamorar, sorprender, o no hacer absolutamente nada, también le da nombre a las cosas y las cosas —una vez nombradas— ya existen y se dejan ver y nos sorprenden y entendemos el porqué de lo inexplicable. Y entonces nos maravillamos o somos tragados por el espanto.

En esta novela existe un padre invisible que halla un pretexto, una madre presente que hace lo mejor que puede, pero no le alcanza; unos hermanos que se extravían en la abundancia o en la carencia del corazón lastimado por la familia rota. De hecho, hay tres hermanos (Milton, Ernesto y Luciana) que se extravían en la geografía verde, alucinante, alucinatoria y nueva de aquel sitio temido por los lugareños, al que esa familia rota, sin saberlo nunca, ha sido enviada para morir —y algunos morirán ahí—. Se trata de un lugar temible que luego comenzará a descomponerse como una criatura, pero antes temerá a uno de los hermanos, que es igual al otro, porque son gemelos idénticos, pero son distintos, porque uno es un ser humano conectado a las cosas y a la vida, al sexo, al trabajo duro, a la nobleza de un corazón simple; pero el otro es el mal, a secas.

En esta novela existe un bosque que es bello en árboles, pero peligroso en animales; existe un pueblo muy raro en donde la única ley es la de la fuerza del sabio, pero asesino, capataz; y también la de un demonio con patas y falo de burro, que además es el
sacerdote corruptor que engaña con la fe, destroza la naturaleza y cobra en lingotes de oro. En esta historia también existen muchachas etéreas que parecen extraídas de cuentos de hadas, que sin embargo hacen el amor —o lo que sea que sea eso que hacen— como entusiastas pupilas de burdel. O sea, bien.

La novela está cargada de símbolos ocultos y símbolos expuestos, está cargada de nobleza y de la auténtica búsqueda del amor por parte de algunos personajes, pero también de bajezas, de envidia, de heridas que impulsan al asesinato, por parte de otros.

Finalmente, este mundo nuevo que el padre invisible suponía acabaría con esta su carga, poco a poco va cediendo al destino, a la maldición o lo que sea, y se va entregando a la maldad y a la psicopatía de uno de los hermanos que se sueña intelectual, pero no puede escribir un buen poema porque es un ser horrible. Y todo el mundo sabe que no se puede dar, lo que no se tiene.

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Imagen: Editorial 3600

Confieso que llegué a odiarlo y esperé con justificada malicia que alguien le diera su merecido al estilo en que el héroe siempre derrota al villano, salva al mundo y victorioso camina hacia al horizonte cargando a la chica en sus brazos.

El final del libro es sorpresivo y hace justicia a esa frase que está dentro de la novela:
¿“Cuánta destrucción debe ejecutar el hombre antes de detenerse”?

El final del libro responde a esa pregunta de manera completa e inapelable.

 

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