Charlas breves con escritores: Sebastián Morales Escoffier I

¿Qué hay detrás del libro? ¿Quién es ese autor o autora que nos cautiva? En estas breves charlas iremos explorando a fondo la vida y obra de diferentes autores. Esta semana tendremos nuestra primera charla con el autor Sebastián Morales Escoffier, a propósito de su libro de investigación La invención de lo posible: historia(s) de la institución-cine digital en Bolivia (2003-2019), uno de los dos libros destacados del mes de febrero de la Editorial 3600.

¿Quién es Sebastián Morales? Cuéntanos un poco de tu trayectoria.
Yo he trabajado haciendo crítica de cine durante 15 años. He sido coordinador y fundador del Programa de cine y producción audiovisual de la UMSA. He ocupado ese puesto alrededor de 5 años y soy docente de las materias de historia del cine.  Además, doy clases en la carrera de Filosofía y Comunicación social.  

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Foto: Jail Ibáñez

¿Qué es lo que más te apasiona del cine? 
En este momento de mi vida me considero más un educador. Es por ahí que entra mi pasión por el cine. Creo que el cine es una gran herramienta para el diálogo, para poder compartir miradas.  Mirar el mundo de otra manera también. Me gusta mucho una frase de Gilles Deleuze.  Él dice que la filosofía hace que la vida se potencie. Yo pienso exactamente eso con el cine. Es básicamente lo que hace un educador, transformar la mirada de sus estudiantes (y, por supuesto, la suya propia)

¿Cómo fue que empezaste con la crítica de cine y de qué manera te formaste en ella?
Empecé a escribir crítica de cine por el año 2009 en una revista digital llamada Cinemacine, que ya no existe. He sido parte del cuerpo fundador de la revista a pesar de que no he llegado a ser editor. Ha habido algún momento dentro de la revista que yo era básicamente el principal colaborador.

Trataba de escribir una crítica a la semana y con eso alimentaba la página. Ese era un ejercicio para darme disciplina tanto en el momento de ver películas, de pensarlas, como de escribir sobre ellas. De repente con la intención de crear un público para la crítica de cine. 

Yo creo que esa ha sido mi escuela. He aprendido qué es lo que quería hacer con la crítica del cine y cuando dejé de escribir también lo hice sabiendo por qué. La revista empezó a decaer por la falta de contenidos y porque los editores tenían otros intereses. Entonces decidí crear mi propio blog que duró también un par de años. Hasta que me convencí que no me interesaba la actualidad y la inmediatividad propia de la crítica de cine. Quería tener lecturas más pausadas, me gustaba más la investigación. Quería encontrar relaciones más profundas sobre las películas. En esta etapa de mi vida me gustaba mucho hacer análisis planos por plano de las películas bolivianas, ver cómo funcionaban desde dentro.

¿Alguna vez diste el salto a hacer cine o planeas hacerlo? 
La verdad no me interesa dedicarme a hacer películas. Por varias razones. La principal de ellas tiene que ver con un argumento central de mi nuevo libro. Hay que entender el cine no como el conjunto de todas las películas sino como un sistema. En tanto sistema no solo los cineastas hacen cine, sino también los distribuidores, los exhibidores, los investigadores, etcétera. Las películas existen solo si se habla de ellas. Eso es algo que a veces los cineastas no comprenden. El que escribe una crítica, el que hace una investigación, buena o mala, aporta a la visibilidad y, sobre todo, a que la película se mantenga vigente en el tiempo. 

El arte —sobre todo el cine— es ingrato. En Bolivia hacer una película cuesta entre 2 hasta 8 años. Para que esté en cartelera, con suerte, por dos semanas. Entonces las películas tienen que existir de otra manera. Obviamente recorriendo festivales, pero también en los comentarios de la gente que habla, escribe e investiga sobre esas películas. Yo creo que mi labor en el cine tiene que ver con esto. Con la posibilidad de que las películas vivan en el tiempo. Ser también una especie de mediador entre la obra y el público. Básicamente lo que me interesa es ser un formador dentro de este sistema que es el cine.

Cuéntanos un poco acerca tu anterior libro. En pocas palabras, qué buscabas mostrarles a tus lectores. 
El anterior libro era un texto básicamente de estética. Es decir, buscaba encontrar relaciones formales dentro de las películas. Con esto me refiero a encontrar movimientos de cámara, descripciones de espacios, narraciones, personajes, etcétera, similares en un corpus determinado. El libro se llamaba Una estética del encierro y la idea era mostrar cómo una serie de películas utilizaba similares gestos formales para describir espacios de encierro. 

Es decir, la idea era mostrar que varias películas bolivianas se obsesionan con pensar la sociedad, el país, etcétera, como un espacio de encierro. Para esto me centré sobre todo en cuatro cineastas: Juan Carlos Valdivia, Eddy Vázquez, Martín Boulocq y Diego Mondaca. Ese es un texto que utilizaba la metodología del análisis plano por plano y la comparación de los filmes. Las búsquedas formales dentro de una película solo pueden hacerse a partir de esta metodología.

¿Cómo nace La invención de lo posible?
La invención de lo posible tiene otra perspectiva. Con Una estética del encierro me di cuenta que solo me había limitado al estudio de las películas. Pero las películas tienen un largo proceso antes de aparecer. En un país como Bolivia esto no es del todo evidente y cada una de ellas tiene sus particularidades. Entonces yo quería dejar de lado esta perspectiva estética del análisis más bien formal para hacer una historia del cine boliviano. Pero entendiendo que en nuestra historiografía hay siempre una limitación.

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Foto: Cinescape

Las historias que tenemos se basan sobre todo en las películas. Cuentan las sinopsis, quiénes han sido los directores, los años, anécdotas y alguno que otro comentario, más al estilo de la crítica periodística. Pero yo partía de la idea de que el cine es un sistema que incluye determinados modos de producir, distribuir, legitimar y espacios de formación, entre otros. 

Yo quería hacer una historia del cine, pero no de las películas. Quería ver cómo podía aparecer un objeto tan poco probable como una película en Bolivia. Hablo de “improbable” por todas las dificultades que implica hacerlo. El libro quería mostrar que, aunque existen esas dificultades (que los cineastas siempre las mencionan), también hay posibilidades. Si no fuera así, no habría películas bolivianas. Entonces yo quería enfocarme en entender cómo fue posible que, en este periodo de tiempo determinado del surgimiento de lo digital, hayan aparecido películas. 

En todo caso no me convencía la respuesta fácil que daban algunos críticos e investigadores a esta pregunta. Ellos plantean que hay más películas en el cine digital porque es más barato. No porque aparezca un nuevo objeto, en este caso las cámaras, es suficiente para que aparezcan películas. Las cámaras no hacen las películas. Las hacen las personas. A mí me interesaba saber de dónde surgían estas personas, como construían complicidades creativas y cómo lograban los medios para hacer películas, sabiendo que, aunque se rodará en digital, hacer un filme sigue siendo algo bastante caro.

¿De qué maneras te gustaría que este libro impacte en el panorama artístico-cultural de Bolivia? 
Esa es una pregunta bastante compleja porque en realidad es difícil saber cómo un libro puede impactar en un panorama artístico cultural en Bolivia. Me interesa, desde la investigación, aportar a la historia del cine en Bolivia. Esto por una razón básica. El formato de filmación digital es muchísimo más frágil que el celuloide. Eso quiere decir que no es improbable pensar que alguna de las películas que cito en el libro vayan directamente a desaparecer. Por razones banales como que se ha quemado un disco duro o que el filme no ha sido adecuadamente conservado.

Entonces el libro también es un ejercicio de memoria. Pero no al estilo de un Alfonso Gumucio que quiere dar cuenta de todo lo existente. Sino más bien de plantear conexiones. Valorar unas cosas más que otras, subrayar procesos que han sido más importantes que otros. Esto por otra característica de lo digital. Con lo digital se produce mucho más de lo que podremos algún día ver. Entonces tenemos que ser selectivos en la memoria. Y esto a partir de criterios conceptuales bien claros. Esto es lo que he querido hacer con el libro: plantear relaciones complejas dentro de las películas, proponer criterios conceptuales y dar cuenta de una historia del cine en el que se vayan cruzando los elementos del sistema que trato de describir. 

Con esto quiero decir que si pienso en un aporte del libro es entender el cine boliviano de una manera diferente. Lo que más me interesa —y esto lo hablaba con Hugo Boero— es tratar de tener una metodología para trabajar con objetos tan frágiles como es el arte o el cine en Bolivia.

¿Ya notaste algún impacto de tu libro entre la comunidad de cineastas y cinéfilos?
Por el momento no. Es un libro largo. Aunque no es necesario leerlo de principio a final. Cada capítulo habla de una posible trayectoria del cine boliviano y uno puede abordarlo de diferentes formas. Así que imagino que las repercusiones vendrán después. Ojalá sean positivas, pero también las negativas son bienvenidas porque ayudan a crecer y hacer existir el libro en el tiempo. Solo de lo que no se habla desaparece. 

El cine es una industria que genera empleo en distintas áreas y estratos de la economía boliviana, ¿crees que este libro y su análisis e investigación puedan ser útiles para otro sector artístico dentro de Bolivia?
Yo uso el cine como objeto de estudio en tanto sistema complejo. Esto porque es lo que más conozco, más he analizado y más he vivido. Pero sin duda hay un sistema- teatro, un sistema- danza, un sistema-pintura, etcétera. A veces tenemos la idea de que el arte solo es cuestión de los artistas y esto es, básicamente, un ejercicio de endogamia. El que hace teatro va a hacer teatro. El que hace cine va a hacer cine. Pero hay lugares intermedios: el que escribe sobre cine, el que se forma, el que simplemente quiere ver una película. A veces nos olvidamos que todo ese conjunto de cosas forma un sistema y eso es el arte. Entonces yo siento que este libro puede ayudar a entender que el arte va más allá de lo que hace el artista. Es algo mucho más complejo.

A tu criterio, ¿qué es lo más atrayente de hacer cine en un contexto tan sui generis como el boliviano? 
Creo que lo más atrayente de hacer cine en un contexto como el boliviano es la libertad. Como dice Juan Pablo Piñeiro en sus clases de guión: a nadie se le obliga a estudiar cine, a nadie se le obliga a hacer películas en Bolivia. Es difícil hacer películas. cualquiera que lo haya intentado sabe todas las dificultades que eso implica. Pero al mismo tiempo tú puedes hacer, si lo logras, la película que tú deseas hacer. Por eso es tan lindo el cine en países no institucionalizados como Bolivia. Porque no hay precisamente normas de cómo se tiene que hacer una película. A veces los cineastas exigen la necesidad de industrializar el cine boliviano. Pero industrializar también implica estandarizar. Eso quiere decir un nivel de calidad, pero también quiere decir que hay una serialización de las cosas, en este caso de las películas. En Bolivia, no hay razón alguna por la que una película deba parecerse a la otra. Así que los cineastas tienen la libertad de poder hablar desde su subjetividad y hacerlo con la libertad que no necesariamente tiene, por ejemplo, un cineasta en Estados Unidos.

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Imagen: Editorial 3600

¿Es posible vivir solo siendo artista en Bolivia? 
Eso habría que preguntarles a los artistas.  Pero probablemente la respuesta sea que no. Pero las competencias que construye un artista al pensar, al crear una obra de arte, son muy útiles para la sociedad en otros espacios. Para la formación, para el fomento de la creatividad en diferentes espacios, etcétera.

El libro está lleno de referencias a muchas películas, ¿algún lugar o forma a la que podamos recurrir para verlas todas? 
Muchas veces se piensa que es casi imposible ver películas bolivianas y siempre en las redes sociales se pregunta dónde se pueden ver. Bueno la película primero pasa por las salas, pero la gente no va a verla.

Las películas más antiguas que aparecen referenciadas en el libro, por suerte, son fácilmente encontrables. De hecho, yo hice mi visionado de ellas al hacer el libro gracias a esto. Están en la plataforma BoliviaCine. Ahí están todas las películas más o menos actuales del cine boliviano, salvo de repente las de Sanjinés. Así que no hay razón para no ver el cine boliviano o pensar que ese cine no existe.

¿Qué clase de lectores crees tú que se beneficiarán más de leer este libro? 
Bueno los primeros que se van a beneficiar con la lectura del libro son los que están cercanos al cine. Me gustaría mucho que los cineastas o los futuros cineastas puedan leer el texto. Yo creo que les va a dar muchas luces de cómo se hacen efectivamente las películas en Bolivia.  Eso les va a permitir abrir un poco más su panorama más allá de cuestiones prácticas.  La idea es pensar en la realización de una película desde un marco conceptual.

También les va a interesar a los cinéfilos que no necesariamente quieren hacer películas, pero quieren entender cómo funciona este sistema cine en Bolivia. Y, finalmente, pienso que a historiadores, filósofos y artistas de otras áreas les podría llegar a ser interesante el libro. Porque más allá de hacer una historia del cine de Bolivia, lo que propongo también es un modelo para hacer, para analizar objetos frágiles desde una perspectiva compleja. Imagino que investigadores de otras áreas pueden llegar a estar interesados a pensar este método de trabajo.

Ahora que pasó un tiempo desde que lo escribiste, ¿qué es lo que más te resuena de este libro? Cuéntanos qué te gusta, qué te disgusta y qué cosas te parecen curiosas.
Bueno creo que lo que más me gusta del libro ahora es que es bastante completo.  Es un libro que analiza muchas cosas que permiten no solo entender el pasado del cine, sino también hace una pequeña proyección hacia el futuro. Como todo producto ligado al cine en Bolivia, obviamente, me disgusta un poco que no haya circulado tanto como las expectativas que tenía. 

¿Estás escribiendo algún libro nuevo? ¿Qué estás preparando para el futuro?    
Por el momento no. La escritura del libro ha sido bastante larga y pesada. Considero que los resultados de una investigación no solo tienen que darse en forma de libros o de papers.  Una investigación de este tamaño necesita otros medios para moverse. Eso es lo que voy a tratar ahora de hacer. Encontrar formas de que el libro llegue a otro tipo de públicos. Al final de cuentas el trabajo de un investigador es también el de difundir, de divulgar. Por el momento estoy experimentando un poquito haciendo Tiktoks para llegar a un público un poco más joven que, de repente, no le interesaría directamente leer el libro, pero sí le picaría la curiosidad de saber cómo es el cine que se produce en Bolivia.

Seguramente más adelante emprenderé un proyecto de investigación. Uno más pequeño, más manejable y que probablemente sea el desarrollo más a profundidad de un capítulo del libro. Me gustaría hacer historias más específicas. Me llama la atención, por ejemplo, hacer una historia de las escuelas de cine en Bolivia. Esto es un capítulo del libro, pero me gustaría analizar qué es lo que ha pasado en estos 120 años de cine en Bolivia en relación a las escuelas. Considero que es ahí donde aparecen nuevos cineastas y me gustaría mucho saber cuál ha sido la motivación a lo largo de la historia de los que han decidido hacer escuelas de cine y cuáles han sido sus resultados. Este interés tiene que ver por mi función que tuve antes de coordinador del Programa de cine de la UMSA y ahora como docente. Para saber qué es lo que se espera de una formación en cine, que para muchos es excesivamente masiva. La idea es ver que eso tiene sentido analizando la historia de nuestro cine . 

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