El eterno retorno de lo inquietante
¿Cómo un previsible representante de la clase media cruceña, con la vida ya trazada de antemano, puede acabar convertido en un vagabundo infame? He aquí el misterio de Entiérrate y repite (Ed. 3600, 2023) de Juan Carlos Zambrana Gutiérrez.
Entiérrate y repite es una breve novela polifónica cuyo protagonista, Róger, es una especie de Diógenes posmoderno y cocainómano. Toda la historia gira alrededor de este extraño personaje que va descendiendo desde lo humano a lo animal, desde el centro a la periferia, desde lo racional a lo fantástico, y que, para los suyos, se erige en algo así como un agujero negro, es decir, un objeto de fascinación, misterio indecible y terror primario.
Hilvanada por múltiples voces bien logradas, esta novela promete lo sobrenatural, primero, después se desliza hacia lo psicológico y lo social, para finalmente volver a la carga y dejarnos en la boca un sabor ambiguo característico de lo fantástico, como si la locura del protagonista hubiera contaminado irremediablemente la realidad de lo narrado.
Como en los cuentos de Tarántula (Ed. 3600, 2021), Juan Carlos Zambrana Gutiérrez despliega aquí un lenguaje coloquial, desenfadado y fresco, que retrata con autenticidad a la capital del Oriente boliviano. Además, a través de las distintas voces, explora diferentes registros lingüísticos, distintas clases sociales, caracterizando cada voz con pinceladas diestras. Así, cada una de las seis o siete voces que se van trenzando a lo largo de las 163 páginas de la novela están bien definidas y no caen nunca en la caricatura ni en lo patético. Lejos de ello, un humor negro intermitente recorre la novela como una especie de hilo conductor secreto. No es el único lazo que alberga con Tarántula: la novela fagocita tres cuentos de este libro dándoles un nuevo sentido, un nuevo alcance, creando una mise en abyme.
Tal vez esta novela habría ganado en profundidad si el autor hubiera desarrollado más ciertos pasajes y, especialmente, la voz del protagonista, Róger, ese Diógenes cruceño que se convierte, tanto para el lector como para los personajes que lo frecuentan o lo atisban de lejos, en un verdadero enigma. En efecto, sería un error ver en Róger a un simple drogadicto —si es que existe tal cosa—, pues las drogas no cambian a Róger, sino que lo revelan a sí mismo y a los demás. Desde el inicio hay una semilla de locura en el protagonista y la novela es la sorprendente ramificación de esa semilla.
Lo cierto es que, en Entiérrate y repite, Juan Carlos Zambrana Gutiérrez apostó por la concisión y la intensidad, por las elipsis y los silencios, y el resultado es una novela inquietante y amena, breve y rica, concisa y múltiple, y que continúa —siguiendo el mito del eterno retorno, tan caro a Nietzsche— después del punto final.
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