De Tocaña a La Paz: el Caporal cumple 50 años

Es una danza bien paceña: se originó en Tocaña y vio la luz en La Paz. En la reciente festivad de Jesús del Gran Poder, el Caporal celebró 50 años. En apenas medio siglo, la danza creada por los hermanos Estrada se ha convertido en embajadora de nuestra cultura, y hasta es codidiciada por países vecinos.

“¡Toda la gente me está mirando porque soy caporal!”. Así inicia uno de los caporales más populares. Con más de 5 millones de reproducciones en YouTube, es la primera opción que aparece en esta plataforma cuando se busca la palabra “caporales”. En lo personal, esa canción es el reflejo de lo que, imagino, las personas sienten cuando tienen el traje puesto y la bailan. Es una pieza de 1998, lanzada por la agrupación boliviana Tupay. De los millones de reproducciones que tiene, por lo menos cien son mías. Puedo asegurar que la próxima vez que vaya a limpiar mi casa pondré una playlist de caporales, ¡madre mía, cuánta energía!

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Vicente Estrada y su traje representativo de “Los Urus del Gran Poder”. / Fotografía del archivo personal de Vicente Estrada.

Buscando más de esta danza (en línea) noté que automáticamente después de la palabra “caporal” aparece la palabra “Perú”. El primer sentimiento es indignación, ya que como boliviana sé que esta danza ha nacido acá y fue eso lo que me animó a descubrir más de ella. Entre toda la documentación que encontré resaltaba el nombre de los hermanos Estrada Pacheco.

Pude evidenciar que, en la mayoría de los testimonios, Vicente y Víctor Estrada Pacheco han sido reconocidos como líderes y creadores de la fraternidad “Los Urus del Gran Poder”, que surge al final de la década de los sesenta del siglo pasado. Vicente Estrada es el testimonio vivo del origen del caporal; esta danza maravillosa llena de vigor y energía, de la que se ha apropiado la juventud boliviana, responde a la creación, gusto y creatividad de este gran señor.

A partir de lo investigado busqué conocer a alguno de los hermanos y conseguí concertar un encuentro con Vicente Estrada y su esposa Teresa. Ambos me abrieron sus recuerdos como uno de esos libros llenos de historias maravillosas y que algo tienen de mágicos. De esta manera, conversé con el creador de una de las danzas más emblemáticas y populares de Bolivia, que se ha internacionalizado con grandeza, a pesar de ser bastante joven. No solo ha llegado para quedarse, sino para viajar por todo el mundo y alegrar a miles de personas.

Conocer al señor Vicente ha sido inspirador, pues me contó que decidió viajar a Tocaña (la comunidad afroboliviana que está a 45 minutos del centro urbano de Coroico) en una época en la que teníamos una sociedad completamente diferente, anterior a la abolición de la esclavitud en Bolivia (que se da en 1851), en la que los capataces eran quienes lideraban y dirigían a los hermanos afrobolivianos, a 96 kilómetros de la ciudad de La Paz.

“La danza de caporales es una expresión artística dancístico-musical surgida a fines de la década de los sesenta en la ciudad de La Paz, Bolivia. Esta, como síntesis de una serie de influencias culturales, ingresó con rapidez al imaginario nacional boliviano. Este último, particularmente desde mediados de siglo XX con la Revolución Nacionalista, ha incorporado diversas prácticas en el reservorio folklórico nacional como fuente de identidad local y de distinción con otras naciones”, afirma la chilena Javiera Benavente Leiva en “Danza de caporales en el área geocultural andina: una reflexión desde el patrimonio” (2021), artículo publicado en la revista Ciencia y Cultura,

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Los hermanos Estrada a inicios de los años 70 bailando la danza que recién habían creado. /Fotografía del archivo personal de Vicente Estrada.

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“Yo he nacido frente al Gran Poder, vi cómo se armaron los grupos de la morenada que era de los bordadores, luego de la diablada, en esa época había una devoción única porque todos los viernes entrábamos a la iglesia con velitas a orar al Santo del Gran Poder y, cuando había la fiesta, había esa pequeña entrada que era en toda la redonda. Entrábamos hincados a la iglesia, había una devoción inmensa. Ese corazón de fe, ese corazón de amor quizás me ha llevado para iniciar con todo esto”, me cuenta el genio de cabello canoso, narrando la historia que ha podido cambiar nuestro país y su cultura, y que ha generado en miles de bolivianos un sinfín de emociones.

Y así fue como comenzó a revivir su historia en un café del centro de la ciudad de La Paz, acompañado de su hermosa esposa y de su tesoro, en el que guarda todos sus recuerdos representados por documentos y certificados. Se trata de un archivador de palanca con aproximadamente 500 hojas, con cada uno de los documentos bien conservados y cubiertos por un plástico “para que nada malo les pase”, dice él. Creo que ese tesoro cuenta la historia por sí solo, pero no hay nada que tenga más valor que escuchar de propia voz al creador, contando lo que sintió y experimentó cuando vio nacer esta maravillosa danza.

Los Estrada Pacheco presentaron el caporal por vez primera en un festival folklórico en el Teatro al Aire Libre de la ciudad de La Paz (Bolivia) en 1969, y en la festividad del Señor del Gran Poder de la misma ciudad el año de 1972, según una investigación del antropólogo Freddy Luis Maidana.

“Iba a muchos festivales a finales de los sesenta. Fuimos ganadores en el primer Festival del 69 cuando fundamos la fraternidad los ‘Urus del Gran Poder’. Hemos sido ganadores con la danza Kusillo, donde estaban dos lecheras, dos toros y dos kusillos; ya existía esta danza, pero hemos incentivado a nuevos pasos”, me cuenta, mientras me muestra emocionado una foto en la que se lo ve acompañado de su hermano Víctor”.

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Vicente Estrada Pacheco en los 70, con el primer traje de Caporal. / Fotografía del archivo personal de Vicente Estrada.

“Para ese entonces yo tenía 19 años; mi hermano Víctor, 21, y los menores tenían 12 o 13. Estaban en colegio, eran pequeños. Nos presentaban como ‘La danza de Kusillos de los hermanos Estrada’… Mi hermano Víctor inició conmigo. Él ha colaborado bastante, pero no estuvo tan presente por su matrimonio; no podía acompañarme a alguna gira, pero me ayudaba en otras danzas y yo bailaba con otros vecinos en nuestra fraternidad”. Desde joven, don Vicente ha sido muy inquieto, por lo que le gustaba viajar. En buena hora aceptó una invitación, tal vez la mejor de su vida, aquella que de alguna manera la llenaría.Recuerda: “En una oportunidad fuimos invitados por una fraternidad de Waca Wacas a Coroico. Víctor y yo fuimos a bailar en la festividad del 20 de octubre de Coroico, en la fiesta grande, y ahí conocí a los hermanos afros bailando… Ellos se admiraron de lo que nosotros hacíamos, realmente era un espectáculo inmenso que con el Kusillo hacíamos. No fallábamos en nada, éramos aplaudidos, viajábamos a todo lado y no nos dejaban salir del escenario”.

Don Vicente fue por esos rumbos en tres oportunidades, llevando su arte y sus pasos de baile a presentaciones. Aprovechó sus visitas para generar algunas ideas para su creación. Quién diría que cincuenta años después, el país entero estaría bailando esta danza orgullosamente boliviana, acá y al otro lado del mundo también. “En esa actividad me encontré con el capataz, él era quien los lideraba, me acuerdo que se llamaba Narciso y él me invitó a pasar un tiempo a Tocaña. Me acuerdo que quedamos en que nos encontraríamos en Coroico”.

El trato de don Vicente y Narciso consistía en un intercambio cultural y de aprendizaje. Narciso lo quería llevar para que él enseñe sus magistrales pasos de Kusillo y él pueda actualizar sus pasos de saya afroboliviana, danza que también era parte de sus presentaciones para ese entonces llamada “tundiqui”. Quince días después de aquella conversación, don Vicente estaba viajando a Coroico, al mágico encuentro con don Narciso, el capataz de Tocaña. Hace cincuenta años, la vida unió a estos dos personajes; nadie hubiera pensado lo que construirían para la cultura boliviana.

“Llegué y me quedé casi un mes aprendiendo y enseñando. Yo era muy inquieto en sacar los pasos y sacaba sin copiar de nadie todos esos pasos modernos”, me dice orgulloso, con una sonrisa, como si esos recuerdos iluminaran su corazón. Me llama la atención su esposa, que lo mira como si viera a su artista favorito, y yo no dudo que lo sea.

“Estando ahí, el capataz Narciso me dijo que me iba a quedar con Javierito y con Pancho, dos amigos afros que conocí en el lugar, y me quedé a dormir con ellos. Al día siguiente les pregunté a qué hora nos íbamos a levantar y uno de ellos me respondió que primero teníamos que escuchar el pito sonar, y de repente lo escuchamos. Eran como las cinco de la mañana, estaba todavía oscuro; cuando quise salir, me dicen que no podía aún porque el capataz tenía que pasar y que nos daríamos cuenta por los cascabelitos en sus botines. Entonces, una vez escuchamos eso, recién pudimos salir y en ese momento ya me estaba imaginando algo de cómo podía utilizar los cascabeles en un traje, aunque no tenía nada claro todavía”, recuerda don Vicente. Cómo imaginar que hace cinco décadas, los cascabeles que ese capataz utilizaba para anunciar su llegada, hoy representarían el sonido de la alegría de muchos; que ellos acompañarían pasos de baile que reconocemos dentro y fuera de Bolivia.

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Vicente Estrada y su esposa Teresa, luciendo los trajes fundacionales del caporal. / Fotografía del archivo personal de Vicente Estrada.

“Lo vi agarrar su chicote y llamaba a los demás para que vayan al lugar de trabajo. Narciso, el capataz, también llevaba un sombrero, un mantel que de sus hombros lo ponía a la cintura y se preparaba para ir a trabajar. Vi también que cuando llegaban tarde agarraba el chicote y lo utilizaba para castigar a los que se atrasaban. Muchas cosas me han inspirado; yo ya sabía que ese mantel iba a ser una faja, los cascabeles iban a estar presentes, el sombrero me gustaba, también el chicote y ahí me vino la idea de generar un nuevo traje”, me cuenta inspirado.

Para ese momento, Vicente ya sabía que volvería a La Paz con la idea de una nueva danza. Es admirable ver cómo cuenta él la historia con una añoranza que se le nota en los ojos. Recuerda los días que pasó en Tocaña sacando los pasos, inspirándose en todos los detalles que podía rescatar de las actividades que veía, los movimientos, incluso el mismo ritmo; no es de extrañar que la mayoría de las canciones con las que se baila caporal están endulzadas por los instrumentos utilizados en la saya afroboliviana.

“Una vez que nos hemos presentado con el caporal ellos pudieron verlo [los afrobolivianos]. Yo siempre he dicho la verdad y siempre he dicho que el caporal ha nacido en Tocaña con estos personajes que me han generado las ideas. He ido a tocar sus instrumentos, incluso he ido a aprender, a ver cómo es la ropa, cómo eran sus movimientos, la música de ellos me inspiró al ritmo totalmente […]. En ese entonces, su uniforme, su vestimenta era distinta, su ropa era normal para bailar la saya. Eran alegres. Ahora ya deben estar viejitos algunos, no había mucha juventud, eran los mayores los que bailaban”, me dice con nostalgia.

Ahora todo tiene sentido. Es por eso que las bailarinas que aparecen en los primeros videos que se filmaron para la danza tienen un traje blanco, como los de la saya afroboliviana original; aunque sí usan las polleras un poco más cortas, no llevan las dos trenzas que vemos ahora. Sin lugar a dudas, esta danza ha pasado por una evolución tremenda, en el vestuario, la música y hasta en los pasos de baile.

El caporal es otra maravilla artística inspirada en nuestros hermanos afrobolivianos que tanto nos han dado, a quienes les debemos el ritmo y quienes han sido la musa de esta danza. Me siento cada vez más enamorada de lo que veo y entiendo. Sentimientos encontrados se apoderan de mí al darme cuenta de que una sociedad desigual y con condiciones diferentes en la vida han inspirado algo que es sinónimo de alegría.

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Rodney Miranda, Secretario de Culturas del GAMLP, un cultor de esta danza boliviana. / Fotografía: Erick Riveros.

Introduciéndome más en esta música maravillosa que acompaña el baile, me doy cuenta de que podríamos evidenciar ciertos rasgos que delatan su influencia afroboliviana en el video de la canción “Saya” (1996), de la agrupación Tupay, donde se muestra tanto la vestimenta como el ritmo afrobolivianos; además, la misma letra va dedicada a la mujer afro.

El amor de las morenas es fuego / (Quema, quema, quema) / El amor de las morenas es fuego / (Quema, Quema, Quema) / No puedo, negra, vivir sin ti / (No puedo, negra, vivir sin ti) Con la saya te conocí / (Con la saya te conocí) / Tu piel es fuego, negra, en mi piel / (Tu piel es fuego, negra, en mi piel) / Que arde en mi cuerpo como papel / (Que arde en mi cuerpo como papel).

Me pregunto una vez más si don Vicente se habrá imaginado lo que estaba a punto de crear mientras confeccionaba su traje para la primera presentación, cuando colocaba uno a uno los cascabeles a las botas o cuando decidió que usaría un sombrero similar al del capataz. Cuando el caporal se consolidó de alguna manera al principio de los setenta del siglo XX, y poco a poco los bolivianos lo fueron conociendo, se denominaba saya caporal, y con este nombre don Vicente hizo una gira por toda Bolivia. “Con los caporales nos fuimos a los centros mineros, viajábamos a todo el interior: Cochabamba, Oruro. Estuvimos en grandes festivales, en los coliseos, cuando los coliseos eran de arena, de tierra, y la gente iba a vernos de una manera increíble. Nos veían hasta parados en Catavi, Llallagua, Uncía. Para eso ya presentábamos el kusillo y el caporal y nos animamos a entrar al Gran Poder en el 72”, hablando de su vida como la mayor evidencia de que esta danza es de Bolivia..

En 1999, Los Kjarkas lanzaron un tremendo éxito denominado “Negrita”. Claramente, la letra de la canción nos permite deducir que la música hecha para la danza del caporal está inspirada en nuestros hermanos afrobolivianos (sin embargo, no es correcto llamarla “saya”, que es un ritmo propio de la tradición cultural afroboliviana, muy distinto al del caporal).

El ritmo negro de corazón / el ritmo negro / saya boliviana, saya /saya de los Yungas / / eh, eh, eh, eh, eh, eh, eh / eh, eh, eh, eh, eh, eh, eh / El ritmo negro de corazón / el ritmo negro / saya boliviana, saya / saya de los Yungas, sabor moreno / cómo mueven las caderas / al ritmo negro / se siente fuego en la sangre / fuego en los morenos / Eh, eh, eh, eh, eh, eh, eh / eh, eh, eh, eh, eh, eh, eh / De los yungas de Bolivia / Música afroboliviana / afroboliviana / Música afroboliviana / afroboliviana, sabor moreno / vamos a bailar la saya / del ritmo negro / que no se acabe la fiesta / de los morenos / eh, eh, eh, eh, eh, eh, eh / El ritmo negro de corazón…

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Con los años los trajes se estilizaron y la presencia femenina agarró vuelo propio en el Caporal. / Fotografía: Rodrigo Quiroga.

Disfrutando esta maravillosa música desde mi escritorio, viajo en el tiempo y me imagino a don Vicente bailando y disfrutando lo que él ha creado. Él no solo ha sido distinguido por su aporte artístico en nuestro país, sino también fuera. Me cuenta todo lo que sintió mientras recibía cada uno de los reconocimientos, mientras saca de su tesoro los respaldos y recuerdos hechos fotografía de cada uno de esos momentos.

“Hace mucho me encontré en la Prefectura de Oruro con Jorge Medina, exdiputado afroboliviano. En ese evento estaban representantes de Perú, Argentina, Brasil y la UNESCO. Medina llegó con toda la saya afro y me preguntó a quiénes había conocido. Le dije que había conocido a Narciso; que él me dio las ideas, él era el capataz, era el jefe de la comunidad. Los afros dijeron que lo que contaba era la pura verdad: hace 50 años yo fui a aprender de ellos y de ahí salió el caporal”, sostiene mientras vuelve a guardar los documentos que cuida como oro.

Don Vicente ha llevado nuestra danza a Perú y que siempre ha sentido que lo han respetado como creador, que las autoridades lo conocen y lo reconocen como lo que es. Él está de acuerdo en que esta maravilla cultural viaje por el mundo y se quede donde la reciban con amor y con respeto.

“Al Perú desde el 75 he llevado bailarines caporales, en una oportunidad fuimos con el Tataque Quisbert y la Banda Eduardo Caba de la Alcaldía de La Paz. Allá me dieron un diploma de reconocimiento en estos festivales nacionales. También me fui de viaje a Cusco-Perú”, me dice mientras me muestra el Diploma de Honor en el que lo presentan como creador del Caporal-1975, invitado por la Comisión Nacional de festejos de la semana del Cusco. Recuerda cómo una autoridad peruana se emocionó hasta las lágrimas cuando fue reconocido por el arte que ha generado: “El cónsul de Lima ha llorado al ver que me han hecho la condecoración, reconociendo que la danza es boliviana. Me decía ‘esto es un sueño’”.

En Argentina también lo tratan muy bien cuando lo invitan.He sido invitado a Córdoba, en Cosquín, el anteaño pasado y me han entregado ‘El Poncho’; únicamente se entrega este regalo a los mejores artistas” […] En Argentina hay varias academias en Córdoba, Salta, Jujuy. Son argentinos y bolivianos los que bailan. Son ballets que bailan el Caporal”, dice orgulloso. Por su parte, su esposa, la señora Teresa, afirma: “En Perú, la Virgen de Candelaria también mueve a muchas fraternidades. Hacen un festival y le llaman y graban para que hable Vicente, y siempre reconocen al creador de la danza”.

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En el Gran Poder, en Oruro, en Puno o Washington, los Caporales derrochan energía en las calles. / Fotografía: Pablo Montero Ríos.

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Así como en otros países, en Bolivia también su talento es reconocido. El año 2021, en La Paz, medio millar de bailarines se dieron cita en el centro de la ciudad para bailar esta danza. Ha llamado mucho la atención el nombre que le han dado: el Caporalazo, actividad realizada con el fin de reivindicar el caporal como una danza boliviana, pero sobre todo paceña, en la cual la Secretaría Municipal de Culturas y Turismo de la Alcaldía de La Paz ha otorgado un reconocimiento a don Vicente, galardonándolo por ser el creador de la misma. “Gracias por habernos dado un aporte tan grande en la cultura, en nuestro país y fuera, porque ahora vemos Caporales en París, en Tokio, en Londres, en Estados Unidos, y esto es muy valorable. Es por eso que nosotros también le hemos hecho un reconocimiento en vida, agradeciendo su aporte a las culturas de todo un país”, refirió Rodney Miranda, Secretario Municipal de Culturas y Turismo del Gobierno Autónomo Municipal de La Paz, sobre don Vicente Estrada.

Rodney Miranda, con un criterio muy acertado a mi parecer, está mostrando al mundo cuál es el origen del Caporal y está generando este tipo de actividades para reivindicar el arte y la cultura paceña y boliviana. “El caporal es una de las cinco danzas patrimoniales de nuestro municipio. Tiene que responder a un plan de salvaguarda. Como Secretaría Municipal de Culturas empezamos con la morenada, porque, a las semanas de nuestra posesión, salió declarada patrimonio por el Perú; también nosotros hicimos una actividad para reivindicar que la morenada es nuestra. Pasó un tiempo y el Perú también nombra patrimonio de los peruanos al caporal, entonces teníamos que hacer algo mucho más mediático, que llegue al mundo entero. Creo que hemos cumplido con el objetivo; hemos planteado generar el Caporalazo con fraternidades que bailan en Oruro, en La Paz, como San Simón, Zambos Centralistas, ENAF y también invitamos a los fraternos del Gran Poder. Invitamos a quienes bailan en la entrada Universitaria y a los que participan en las entradas zonales”, me cuenta emocionado, recordando lo que se vivió.

Este evento ha sido una vitrina de Bolivia para el mundo, ya que muchos medios de comunicación internacionales se han interesado por esta actividad. El evento ha tenido gran cobertura; estaba CNN, la Cadena Globo y muchas otras estaciones internacionales, mostrando qué es el caporal y cuáles son los orígenes, afirma Miranda.

El caporal no solo ha sumado a la cultura boliviana, sino también que se ha convertido en un generador de empleos y un elemento que mueve la economía de nuestro país. “Todo lo que es cultura mueve la economía, no solo el caporal. Tenemos artesanos, tenemos bordadores, tenemos zapateros, que se reactivan económicamente a través de manifestaciones culturales. Un claro ejemplo de ello es la presentación del Gran Poder que, en tres horas, en una mini entrada que se realizó para mostrar al mundo que el Gran Poder sí se va a llevar adelante, ha movido aproximadamente 2,1 millones de bolivianos entre todos los sectores que están involucrados en las culturas; sin lugar a dudas, la cultura es un dinamizador económico muy importante por el cual el municipio está apostando”, afirma el Secretario Municipal de Culturas y Turismo de La Paz.

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La gente que baila caporal no deja de añadir elementos que enriquecen la iconografía de esta danza. / Fotografía: Rodrigo Quiroga.

Grande es el agradecimiento por haber generado esto que se ha convertido en un fenómeno mundial, gracias al sonido de los cascabeles, que no importa en qué lugar del mundo los escuchemos: nos transporta a nuestras raíces y a nuestra cultura.

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Año tras año, miles de jóvenes bolivianos también se dan cita en Oruro y en la entrada del Gran Poder, para bailar esta danza. Cada uno de ellos vive una experiencia única y se han dejado enamorar por el caporal y lo que conlleva, como es el caso de Stefany Peducassé, quien actualmente es guía en la fraternidad “Mi Viejo San Simón” en la ciudad de La Paz. Ella, orgullosa por su agrupación afirma: "‘Mi Viejo San Simón’ es bien conocido en Inglaterra, en Londres, en Estados Unidos y ver eso me llena de orgullo por mi fraternidad, por el caporal. Quiero que se vea en varios países, así se sabe que el caporal es boliviano y se exterioriza nuestra cultura. Esto me llena de orgullo. Me gustaría que se difunda el caporal”.

El caporal y sus características han enamorado e impresionado a propios y extraños, tal es el caso de Guillermo Amado Londerman. Él vive acá en Bolivia hace 24 años, es peruano, pero nacionalizado boliviano. Tiene 36 años y diez de ellos ha bailado caporal. La gente queda fascinada con nuestra cultura y la magia que ve en nuestras danzas, en especial el caporal, ya que los movimientos llenos de energía, sumados a los sutiles movimientos sensuales en las mujeres, son todo un boom para extranjeros y nuestros compatriotas. Londerman cuenta: “El año 2004 participé por primera vez, lo hice porque me estaba yendo a vivir fuera del país. Tenía como asignatura pendiente hacerlo y me animé a bailar caporales en la Entrada Universitaria. Al regresar, asistí al carnaval de Oruro por primera vez. Un año después me animé a bailar ahí también. Son 10 años en total que bailo en la fraternidad ‘Zambos Caporales’”.

Guillermo Londerman es un chico alto, y muy guapo por cierto; el típico caporal al que en las graderías del carnaval de Oruro le piden a gritos un beso, mientras lo aplauden al verlo bailar. Con respecto a los orígenes no tiene problemas con que se baile nuestra danza en muchos lugares del mundo, pero considera que se la debe respetar como boliviana. “Pienso que como bolivianos deberían estar muy orgullosos de esta danza y de su cultura, pero también creo que no se la ha representado muy bien en otros países; creo que si se lo hace debería ser una representación fiel a la original. No solamente en Perú, sino también en Chile han intentado hacer suya esta danza, adueñarse de ella como tal. A mí me parece perfecto que se difunda, que muchos más países la bailen y la disfruten como danza boliviana, pero hay que saber respetar su origen si se la utiliza para difundir la cultura de otro país. Sé que el caporal se originó gracias a los hermanos Estrada a finales de los 60, en representación al capataz de afrobolivianos”.

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Hoy en día aún se puede encontara alguna fraternidad que mantiene el aire original del traje caporal. / Fotografía: Rodrigo Quiroga.

La distancia no fue impedimento para conversar con Isabel Reyna Frías Pérez, nacida en Lima Perú, quien se ha enamorado de esta danza que conoció en su país. “Bailo caporal hace 19 años aproximadamente, en un grupo que se llama ‘Caporales Centralistas’ en el bloque ‘Inmortales’. Es una asociación cultural de manera esporádica, en la cual ensayamos todo el año para ir a bailarle a la mamita Candelaria en Puno. A los 16 años ingresé a un elenco de danza denominado ‘Altiplano del Perú’, ahí nos dieron un taller de caporal, que fue dirigido por uno de los fundadores del caporal acá en Puno, Eduardo Aguirre. Él es reconocido como uno de los mejores bailarines del caporal. Esta experiencia me llevó a ‘Los Caporales Centralistas”. En cuanto al origen de la danza, conozco la versión que tenemos acá en Perú”, añadió, y yo me quedé con las ganas de conocer la historia que manejan allá, pero no he recibido respuesta al respecto.

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Hace cincuenta años, Vicente Estrada viajaba a Tocaña en busca de inspiración. Quién iba a imaginar que su viaje traería consigo el nacimiento de un fenómeno, de algo maravilloso que hoy disfrutan bolivianos y no bolivianos, y que hoy esta danza viaja por el mundo y se queda por donde va.

Muchos de mis entrevistados dicen que, cuando ellos bailan, gran parte del público se pone a llorar por la emoción. Me costaba creerlo y, siendo sincera, me parecía una exageración. Hasta que me encontré escribiendo sobre el caporal y escuchando las obras de arte que se han generado en consecuencia de esta gran muestra cultural, y mis lágrimas no han parado de caer al recibir como un balde de agua fría las emociones que genera ver tanta riqueza artística: el baile, los pasos, la música, todo lo que el caporal ha inspirado, y me llena de orgullo. ¡Gracias, don Vicente! Gracias por dejarnos un legado invaluable, gracias por dejar viajar su ingenio y creatividad, por permitir que personas de todo el mundo empiecen a bailar al escuchar los cascabeles y disfruten de la energía que desprende con su arte. Tenga por seguro que más de uno está orgulloso de lo que usted ha construido: una historia de alegría.

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