Noches de ópera en La Paz: Cavalleria rusticana/I Pagliacci

“¿Vamos a la ópera?”, no es algo que se suele escuchar en la ciudad de La Paz, pero en este texto, Fernanda Verdesoto reseña y analiza la puesta en escena de Cavalleria rusticana e I pagliacci, dos óperas que Épica Producción Artística puso en escena a fines de octubre en el teatro municipal “Alberto Saavedra Pérez”.
Editado por : Adrián Nieve

En la actualidad, en Bolivia, en la Bolivia actual, la ópera tiene un lugar muy escondido, infravalorado, o tal vez es una víctima del prejuicio: “No es lo mío”, “no se entiende”, “es muy antiguo”, se suele escuchar y hasta tal vez yo misma lo dije alguna vez. 

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Foto: Gabriela Aranibar De la Rocha

Pero, ¡qué lindo ver —por primera vez en mucho tiempo— el Teatro Municipal lleno, con gente de todas las edades, para ver y apreciar ópera! Esto lo logró Épica Producción Artística con las obras Cavalleria rusticana e I Pagliacci de las que nunca en mi vida había escuchado antes, pese a que son muy famosas desde que fueron presentadas por primera vez a finales del siglo XIX. 

Hay algo que tenemos que tener en cuenta sobre las óperas que datan desde hace más de un siglo: estas obras son melodramas. Por lo tanto, tenemos que estar preparados para encontrarnos con pasiones exageradas, celos, traiciones, llantos y muertes prematuras. Hoy en día, podríamos decir que hemos pasado la página con este tipo de historias. Sin embargo, cuando añadimos una producción inmensa y el canto, es otra cosa. Esto lo digo desde mi lugar de espectadora, como oyente, porque de música y técnicas de canto sé poco y nada: la ópera, con la proyección que debe adquirir cada voz, con los agudos y altos tonos, debe ser pasional, debe incluir ese dolor exagerado que nos da el melodrama. Entonces, estas historias de amores cruzados y de traiciones a un matrimonio por un verdadero amor tienen que ser contadas con la pasión que trae la ópera. 

En el caso de Cavalleria rusticana, se trata de una traición amorosa que atraviesa dos parejas. Se desarrolla un pueblo pequeño, con costumbres de pueblo pequeño y murmuraciones de pueblo pequeño. Ya con esto estoy diciendo mucho en cómo estas infidelidades matrimoniales se vuelven problema de todos. El amorío entre Lola y Turiddu, la venganza de Alfio, la desolación y “vergüenza” de Santuzza se convierte, poco a poco, en el problema de todos.  Pueblo chico… dicen. Y en esta obra es claro.

¿Cómo nos introducimos en una pequeña villa italiana en 1890? La producción supo hacerlo muy bien con la escenografía y el vestuario, con una casa pequeña, con la iglesia, con el fondo rural, por un lado, y con una treintena de actores y actrices que nos transportaron a la idiosincrasia y costumbres del espacio y el tiempo en el que se desarrolla la obra. Tanto en el texto, como en esta representación, entendemos la importancia de una fiesta religiosa como la Pascua, así como la reunión social con vino después de esta. La comunidad está presente en todo, hasta en lo privado. 

La historia de amor y traición de estas dos parejas se vuelve más intensa por la situación en la que están. Santuzza y Turiddu no están casados y Santuzza lo entregó todo a esta relación, es decir, cuerpo y alma. Por esto mismo, creo que todo el trabajo que realizaron Andrea González D’Alencar como Santuzza y Giovanno Salas como Alfio fue espectacular. Ellos interpretaron a los traicionados, los descorazonados y, con sus respectivas voces y actuaciones, me llevaron a empatizar con su situación. Creo que la ópera es ese lugar donde estos cantantes tienen carta verde para exagerar y mostrarse en todo su dolor, su amor y su agonía, aunque nunca llegar a lo ridículo y creo que González y Salas lo lograron en su punto. Porque, si algo tendría que observar en Cavalleria rusticana es que, por más que el canto me haya puesto piel de gallinita por la proyección y la coordinación de las voces, se necesitó más entrenamiento actoral, sobre todo en las escenas grupales. 

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Foto: Gabriela Aranibar De la Rocha

En el caso de I Pagliacci, me quedé encantada con la historia y cómo hubo esta puesta en abismo (representación de una obra dentro de una obra) de este paralelismo del triángulo amoroso de la Commedia dell’ arte (Arlequín, Colombina y Pierrot) con los payasos de esta obra. 

De nuevo nos encontramos en la Italia rural del siglo XIX, donde, después de las fiestas religiosas y las fiestas vineras, el único entretenimiento eran las troupes artísticas andantes que giran de villa en villa. Empieza con el personaje, el prólogo, que ya nos anuncia la tragedia amorosa que se viene, así como lo hacían las tragedias griegas e isabelinas. Asimismo, la primera escena nos trae la belleza y encanto que solían aportar los circos ambulantes de pueblo, con trapecistas, acróbatas, cómicos, y, claro, los payasos. Todo esto nos trajo esta puesta en escena, un pequeño circo decimonónico en pleno Teatro Municipal, que dejó sonriendo a más de un espectador.  

Para las siguientes escenas, no podían faltar el triángulo y la traición amorosa. Nedda, que está casada con Canio, se enamora de Silvio, un habitante del pueblo de turno de la gira circense. Y se arma un culebrón de esos que nos dejan enganchadísimos y alentando a la pareja “traidora”. En todo esto, Tonio, un payaso jorobado malvado (porque intenta violar a Nedda) les rompe la burbuja acusando a la pareja con el marido. 

Es un quilombo gigante. 

El esposo traicionado, implora de manera furibunda por el nombre del traidor para poder saber la identidad de a quién va a asesinar. ¿Enganchados ya? Ahora imagínenselo con payasos y circos ambulantes. Los artistas circenses de la obra, poco a poco, se disfrazan de los payasos de la Commedia dell’ arte: Nedda es Colombina y Canio, poco a poco, se va convirtiendo en Pierrot, así como en el antiguo teatro de máscaras del siglo XVI. 

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Foto: Gabriela Aranibar De la Rocha

Creo que la puesta en escena de I Pagliacci fue más entretenida, primero por el circo que montaron, sus colores, toda la coordinación en escena, pero, sobre todo, por las actuaciones y cantos que nos dieron todos los protagonistas. Me parece que fue en esta puesta que hubo más movimiento, pero, sobre todo, más pasión, de esas que nos encanta ver, pero nos da vergüenza admitirlo. 

Hacer ópera en Bolivia no debe ser una tarea fácil. En estos casos, eso de tener disponibles alrededor de cien actores y actrices, varios directores y directoras, asistentes, escenógrafos, vestuaristas en completa coordinación con una orquesta que fue excelente (me daban ganas de estar en primera fila para meter mi cabeza al foso y espiarlos de vez en cuando), en fin, tener todo eso en Bolivia suena un complicado. De poder, se puede y clarito fue en las noches del 27, 28 y 29 de octubre en el Muni. Insisto: si bien faltó hacer un par de ajustes, como la coordinación de los subtítulos, en algunos casos enfocarse un poco más en la técnica actoral y ofrecer una ficha técnica al público… igual se puede afirmar que en Bolivia se puede hacer producciones de ópera exitosas y de buena calidad. 

Si todavía tenemos excusas para no ir a la ópera, como las que dije antes: “No es lo mío”, “no se entiende”, “es muy antiguo”, solo queda admitir que, efectivamente, son historias que ya hemos escuchado antes, probablemente en la novela de media tarde, pero son narraciones y puntos de vista del siglo XIX que no podemos borrar de la historia artística. Si no se entiende el idioma o los cantos tan altos, tampoco está mal, a mí me pasó de olvidarme de los subtítulos y solo ver a la gente en escena, como el cuerpo se complementa a la voz. 

Y si todavía, después de verlo, puedes decir que no es lo tuyo, igual no sabré si creerte. A todos nos gusta un poco de melodrama de vez en cuando…     

Ficha técnica
Dirección escénica: Giovanno Salas Koch 
Producción: Adriana Antequera /Épica Producción Artística 
Dirección General: Maestro Pedro Carrillo
Asistencia de dirección escénica coral: Sasha Salaverry 
Asistencia de dirección: Sergio Rojas Montoya 

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Foto: Gabriela Aranibar De la Rocha

Cavalleria rusticana
Solistas: 

Turiddu: Pablo Estrada Agramont 
Santuzza: Alejandra González D’Alencar
Alfio: Giovanno Salas Koch 
Mama Lucia: Beatrice Peñaranda Montalvo
Lola: Vivian Lineo

I plagliacci 
Canio: José Luis Duarte y Carlos Sarmiento 
Nedda: Giovanna Montaño 
Silvio: Marcos Callisaya y Reynaldo Flores 
Beppe: Fernando Véliz 
Tonio: Diego Altamirano
El Prólogo: Maestro Ricardo Estrada 

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