Apuntes sobre la escritura a mano (escritos en computadora, previamente escritos a mano)
Me levanté del escritorio, satisfecho por haber concluido mi primera tarea de segundo básico en aproximadamente quince minutos. Eran tres líneas verticales escritas en la primera fila de la página, comenzando desde arriba, con lápiz azul, desde el extremo izquierdo y con la duración de tres cuadriculados consecutivos. Todo en un cuadernito pequeño de tapas de cartón. Estaba listo para dedicarme a cualquier cosa no escolar cuando mi hermano fue (oportunamente) el que me dio la mala noticia:
—Esa no es tu tarea. Esa es la muestra. Tienes que llenar toda la hoja con esas líneas.
—No es cierto.
—Sí, es cierto. Si fueran tres líneas no sería tarea.
No iba a rendirme sin pelear. Esperé a la noche para consultar a mis papás. Ratificaron la sentencia. La tarea era llenar toda una página con esas rayitas. Y, además, debían ser rectas. Así que no hubo tecito. La casa estaba en silencio. Papá, que era el último en irse a dormir, me encontró en la mesa del comedor terminando de dibujar la última de las líneas a las once y cuarenta, alternando sollozos con rabia. Pero siempre con más lágrimas que furia.
Como suele suceder con la tarea o el trabajo, la escritura manual se configuró en clave de castigo. La tarea, en dosis normales, era escribir la misma palabra un número determinado de veces para que, además de entrenar a la mano, se ayude a afinar la memoria. En ese entonces, los cuadernos de caligrafía venían con dibujos, entonces no solo escribías la palabra "rana", sino que tenías que dibujarla, más o menos, bien. Era un conmovedor cincuenta-cincuenta. Cursos más arriba, la siguiente ración era la escritura de oraciones. En líneas rectas, sin errores o palabras de más, pero sobre todo cada vez con menos dibujos.
La suma del dolor fue copiar cuentos del libro de cuentos. Lo único claro que saqué en ese momento era que algunos tenían pocas palabras y eran muy buenos, mientras que otros podían dar vueltas y vueltas sin aterrizar nunca. El común denominador en todos los niveles era el castigo por no hacer la tarea o hacerla mal: más palabras, más oraciones y más cuentos. Visto ahora, no suena tan mal. Problema aparte fue el tipo de letra: En los primeros cursos se practica el baile de curvas que es la letra carta. Luego, por motivos no investigados, se dispuso el paso a la letra script: Signos separados con base en un círculo y líneas rectas. Sigo sin ser apto en ninguna.
Por eso pienso en el acto de escribir a mano y qué lugar tiene hoy. A mí me sucede en lugares donde no se puede escribir a mano. En la calle, apachurrado por otros peatones, cruzando la avenida, cuando el rojo se vuelve verde, o en esos bancos largos de los velorios. Escribo algo que tiene que pasar al papel para no quedarse en “qué buenas ideas tengo” o “esto se me ocurrió a mí nomás”. Ambas son una garantía para que la oración o el dato se pierdan en la nada. Es necesario anotar esas cositas para no perderlas.
Cosas indispensables como la billetera o las llaves permanecen quietas en un rincón de la casa, esperando que las levanten para ser usadas en la vida de las personas. Tal cual, los insumos para escribir a mano esperan en silencio en los escritorios para ser sacados cada día. Estos insumos son:
- Libreta de bolsillo: Del tamaño de los bolsillos del saco.
- Cualquier utensilio de escritura con tinta: puntabola, bolígrafo, micropunta, birome, etcétera. El denominativo varía dependiendo del lugar de origen del escritor.
- Papeles sueltos: Cuadros de papel de color rescatados de la escritura formal, cortados con guillotina.
- Doblado del papel: Se juntan las esquinas opuestas del papel, hasta que las esquinas se encuentren, conservando las letras escritas siempre hacia dentro.
- Bolsillo: De fondo ancho, para que ingresen la libreta y los papeles sueltos sin que hagan la involuntaria transición a “papeles arrugados” (basuritas).
Cumplida la forma, se debe revisar el contenido. La naturaleza de esta escritura suele ser temporal. Cada papel es un puente entre lo que ocurre en el momento vivo en que nace una idea, y lo que sucederá después en el momento de la escritura.
A continuación un detalle de los tipos de anotación manual y temporal:
- Horas: En numeral y separando las cifras con dos puntos uno encima del otro, al lado de una palabra que otorgue contexto a lo que va a suceder a la hora mencionada.
- Direcciones: Inútiles a futuro, pues la ausencia de referencias generales que permitan una ubicación verdaderamente eficiente (ciudad, número de calle, zona) terminan convertidas en códigos anecdóticos de lugares.
- Nombres (con sus apellidos): recordatorio de la gente que se acercó, pero que no puede quedarse. Útiles para el momento en que la memoria sigue el proceso natural de olvidar rostros y denominativos.
Estas anotaciones a mano no son valiosas por sí mismas, sino solo trazos que forman letras y ya. Es la idea que llevan a cuestas la que le da un valor. Visto sin romance, cada anotación tal vez sea base de un cuento, relato o novela. Es muy probable que los ejemplos mencionados no sucedan nunca. Pero también es probable que sí.
Para concluir, otra historia. Luego de escribir mi primera dirección de correo electrónico (una mezcla de términos que aludía a personajes del comic o la ciencia ficción) anoté la clave en un papel que estaba a mano. La intención era tener en correcto respaldo la clave para contar con ella en caso del muy probable olvido. Salí de la página, volví a entrar, esperé diez minutos a que cargue, escribí la dirección y, luego, en el espacio correspondiente, dejé la clave. No funcionó. Un nuevo intento. Tampoco funcionó. Lo intenté dos veces más con mismos resultados, y la única novedad de una advertencia sobre el inminente bloqueo de la cuenta en caso de intentar y fallar nuevamente. Revisé el papel. Los cuatros y los nueves eran idénticos, elevando sus brazos hacia arriba y juntando las puntas. Los unos y los sietes tenían el mismo copete. Los quince minutos de internet que me habían costado quince bolivianos de los de entonces llegaban a su fin. Los ahorros de tres semanas de recreos fueron gastados en crear una cuenta de correo cuya bandeja de entrada hasta la presente fecha permanece vacía, sin más contenido que un correo generado por el sistema para dar la bienvenida a los usuarios que sí recuerdan sus claves. Restando a mi edad actual la que tenía en ese dulce recuerdo, esto pasó hace veintiséis años.
(Cochabamba, Julio 29, 2022. Ampliado el 30 de julio de 2023. Concluido el 21 de agosto de 2023).

